Apariciones de la Virgen de Guadalupe

Ilustración al estilo de pintura al óleo de un indígena con tilma blanca que camina al amanecer hacia un cerro pedregoso, sobre cuya cumbre brilla una luz dorada y vuelan pájaros

Las apariciones de la Virgen de Guadalupe fueron cinco: cuatro a San Juan Diego en el cerro del Tepeyac, entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531, y una a su tío Juan Bernardino. Las narra el Nican Mopohua, un texto en náhuatl impreso en 1649. Terminaron con la imagen de la Virgen en la tilma de Juan Diego. Es una aparición aprobada por la Iglesia.

Las apariciones de la Virgen de Guadalupe, en pocas palabras

Las apariciones de la Virgen de Guadalupe ocurrieron en el cerro del Tepeyac, al norte de la Ciudad de México, entre el sábado 9 y el martes 12 de diciembre de 1531. La Virgen María se apareció cuatro veces a Juan Diego Cuauhtlatoatzin, un indígena bautizado pocos años antes, y una vez a su tío Juan Bernardino. Pidió que se le construyera un templo en ese lugar y, como señal para el obispo, dejó su imagen en la tilma de Juan Diego.

Así se reparten los días, según el Nican Mopohua:

  1. Sábado 9 de diciembre, de madrugada: primera aparición. La Señora se presenta y pide un templo. Primera visita al obispo.
  2. Sábado 9, al caer la tarde: segunda aparición. Juan Diego le cuenta que el obispo no le creyó.
  3. Domingo 10: segunda visita al obispo, que pide una señal. Por la tarde, tercera aparición: la Virgen promete la señal para el día siguiente.
  4. Lunes 11: Juan Diego no vuelve; su tío está muriendo.
  5. Martes 12, antes del alba: cuarta aparición. Las rosas en la cumbre. La imagen aparece en la tilma ante el obispo. Ese mismo día, quinta aparición: la Virgen sana a Juan Bernardino y le dice su nombre, Santa María de Guadalupe.

Lo que sigue es el relato completo, en el orden del Nican Mopohua, con algunas de sus palabras. Al final explicamos de dónde viene ese texto, qué traducción citamos y qué discuten los historiadores. Para la imagen, la basílica y la fiesta, vea nuestra página principal sobre la Virgen de Guadalupe.

Pintura de Juan Correa de la Virgen de Guadalupe coronada, entre San Miguel y San Gabriel y una orla de rosas, con pequeñas escenas de las apariciones en las esquinas
Juan Correa pintó a la Virgen de Guadalupe coronada, entre los arcángeles San Miguel y San Gabriel, con las apariciones en las esquinas. ⓘ

Juan Diego y el México de 1531

El Nican Mopohua empieza recordando que habían pasado diez años desde la toma de la ciudad de México, que ya había paz y que la fe empezaba a brotar. Juan Diego vivía en Cuauhtitlán, al norte del lago. La biografía que el Vaticano publicó para su canonización dice que nació hacia 1474, que su nombre náhuatl significa "águila que habla" y que él y su esposa, María Lucía, se bautizaron con los franciscanos llegados en 1524. Ella murió en 1529. Juan Diego, ya viudo, caminaba hasta Tlatelolco para la misa y el catecismo.

El obispo de México era fray Juan de Zumárraga, un franciscano vasco llegado en 1528. Todavía no estaba consagrado (lo sería en 1533), y gobernaba una Iglesia joven en medio de grandes tensiones entre conquistadores, frailes e indígenas.

La primera aparición: sábado 9 de diciembre

Era sábado, muy de madrugada. Al llegar al pie del Tepeyac, cuando apenas despuntaba el alba, Juan Diego oyó en la cumbre un canto de pájaros más hermoso que el de cualquier ave que conocía. Se detuvo y se preguntó si soñaba, si estaba acaso en la "tierra florida" de la que hablaban los ancianos. Cuando el canto cesó, oyó que lo llamaban desde arriba, con ternura, por su nombre.

Subió. En la cumbre lo esperaba una joven de pie. Sus vestiduras resplandecían como el sol; la roca en que estaba parecía lanzar rayos de luz, y los nopales y mezquites brillaban como esmeraldas y oro. Juan Diego se postró. Ella le preguntó a dónde iba, y él le contestó que a Tlatelolco, a las cosas de Dios.

Ilustración en estilo de arte popular de San Juan Diego, arrodillado entre nopales y magueyes, ante la Virgen rodeada de rayos dorados al amanecer
San Juan Diego se encuentra con la Señora en la cumbre del Tepeyac, el 9 de diciembre de 1531.

Entonces la Señora le dijo quién era. La biografía vaticana resume sus palabras así: se presentó como "la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios". Le pidió que se le construyera allí un templo, donde mostraría todo su amor, su compasión, su auxilio y su defensa, y donde escucharía el llanto y las tristezas de todos los que acudieran a ella. Y lo envió al palacio del obispo de México para que le contara todo lo que había visto y oído.

La primera visita al obispo

Juan Diego bajó del cerro y tomó la calzada que lleva derecho a México. En el palacio del obispo tuvo que esperar mucho tiempo. Al fin lo recibieron. Zumárraga escuchó todo el mensaje, pero, dice el relato, "como que no del todo le dio crédito". Le pidió que volviera otro día, con calma, para oírlo desde el principio.

Ilustración al estilo de grabado antiguo de Juan Diego, arrodillado con su tilma, que habla con el obispo franciscano Zumárraga, sentado en una sala colonial sencilla
El obispo Zumárraga escucha a Juan Diego, sin terminar de creerle.

La segunda aparición: la tarde del 9 de diciembre

Juan Diego regresó triste al Tepeyac al caer la tarde y encontró a la Señora esperándolo en el mismo lugar. Le contó lo que había pasado y le hizo una petición que conmueve hasta hoy: que mandara a otra persona, a alguno de los nobles, alguien conocido y respetado, porque a él no le iban a creer. En la traducción de Mons. José Luis Guerrero Rosado que publica la Basílica, Juan Diego se describe a sí mismo con imágenes del cargador indígena: "soy mecapal, soy cacaxtle, soy cola, soy ala". El mecapal es la banda de cuero que se apoya en la frente para cargar, y el cacaxtle, el armazón de madera donde se lleva la carga a la espalda. Es decir: soy alguien que carga lo de otros, no alguien que manda.

La Virgen le respondió que no le faltaban servidores ni mensajeros, pero que era necesario que fuera precisamente él. Y le pidió que volviera a ver al obispo al día siguiente.

Domingo 10: el obispo pide una señal

El domingo, muy temprano, Juan Diego fue a misa y al catecismo en Tlatelolco, y hacia las diez de la mañana se presentó de nuevo en el palacio. Esta vez, de rodillas y llorando, repitió el mensaje. Zumárraga le hizo muchas preguntas sobre dónde la había visto y cómo era, y todo lo que oyó le pareció coherente. Pero le dijo que no bastaba su palabra: necesitaba una señal de que era de verdad la Reina del Cielo quien lo enviaba. Juan Diego, sin dudar, le pidió que dijera qué señal quería, porque él iría a pedírsela.

El obispo mandó a algunos criados de confianza que lo siguieran. Lo perdieron de vista junto al puente de madera, cerca del Tepeyac, y volvieron enojados, diciendo que Juan Diego mentía o soñaba, y que si volvía había que castigarlo.

La tercera aparición

Mientras tanto, Juan Diego estaba de nuevo ante la Virgen y le contaba la respuesta del obispo. Ella le dijo que estaba bien, que volviera al día siguiente para llevarle la señal, y le prometió que le pagaría su cansancio y su trabajo.

Lunes 11: el tío que se muere

Pero el lunes Juan Diego no volvió. Al llegar a casa había encontrado muy grave a su tío, Juan Bernardino. Pasó el día buscando médicos, sin resultado. Por la noche, el enfermo le pidió que fuera de madrugada a Tlatelolco a traer un sacerdote que lo confesara y lo preparara para morir.

La cuarta aparición: martes 12 de diciembre

El martes, todavía de noche, Juan Diego salió hacia Tlatelolco. Al acercarse al Tepeyac pensó que, si pasaba por el camino de siempre, la Señora lo detendría para que llevara la señal, y él tenía prisa por su tío. Así que rodeó el cerro por el otro lado, por el oriente. El Nican Mopohua lo cuenta con ternura: pensó que, por dar la vuelta, no lo vería Aquella que siempre nos está mirando. La Virgen bajó del cerro y le salió al paso.

Ilustración al estilo de pintura al óleo de la Virgen que baja por la ladera del cerro, todavía de noche, al encuentro de Juan Diego, que había tomado otro camino
La Virgen baja por la ladera al encuentro de Juan Diego, que había tomado otro camino para no retrasarse.

Juan Diego, avergonzado, la saludó con cortesía, le preguntó cómo había amanecido y le explicó que su tío se moría y que iba por un sacerdote; que después volvería. Entonces la Virgen le dijo las palabras más amadas de toda la historia guadalupana. En la versión castellana del bachiller Luis Becerra Tanco, del siglo XVII:

Oye, hijo mío, lo que te digo ahora: no te moleste ni aflija cosa alguna, ni temas enfermedad, ni otro accidente penoso, ni dolor. ¿No estoy aquí yo, que soy tu Madre? ¿No estás debajo de mi sombra y amparo? ¿No soy yo vida y salud? ¿No estás en mi regazo, y corres por mi cuenta? ¿Tienes necesidad de otra cosa?

La traducción moderna de Mons. Guerrero Rosado, más cercana a la forma náhuatl, dice en el versículo 119: "¿Acaso no estoy yo aquí, yo que tengo el honor de ser tu madre? ¿Acaso no estás bajo mi sombra, bajo mi amparo?". La primera pregunta, Cuix amo nican nica nimonantzin?, es seguramente la frase en náhuatl más conocida del mundo.

La Virgen le aseguró que su tío no moriría de esa enfermedad y que ya estaba sano. Juan Diego, consolado, le pidió que lo enviara ya con la señal.

Las rosas en la helada

La Señora le mandó subir a la cumbre, donde la había visto la primera vez, y cortar las flores que encontrara. Arriba, en un lugar de riscos, abrojos, nopales y mezquites, donde en diciembre la helada lo quema todo, Juan Diego encontró flores variadas y hermosas, abiertas antes de su tiempo, perfumadas y cubiertas de rocío. Las cortó, llenó con ellas el hueco de su tilma y bajó. La Virgen las tomó en sus manos, las volvió a acomodar en la tilma y le dijo que esa era la señal, y que solo delante del obispo desplegara su tilma.

Ilustración en acuarela de Juan Diego que corta rosas de Castilla, cubiertas de escarcha y rocío, entre piedras y nopales en la cumbre del cerro
Juan Diego corta las rosas que encontró en la cumbre del Tepeyac en plena helada.

El Nican Mopohua habla de "flores" en general; los relatos castellanos del siglo XVII las llaman rosas de Castilla, y así han quedado en la memoria de la Iglesia.

La imagen ante el obispo

En el palacio, los criados no querían anunciarlo. Lo hicieron esperar mucho tiempo y luego, al ver que llevaba algo en la tilma, se le acercaron. Él les mostró un poco las flores. Tres veces quisieron tomarlas, y no pudieron: dice el relato que, al querer agarrarlas, ya no veían flores, sino algo como pintado o bordado en la tela. Fueron a avisar al obispo, y Zumárraga comprendió que esa era la señal.

Pintura de Juan Correa: Juan Diego, de pie, sostiene abierta su tilma con la imagen de la Virgen de Guadalupe ante el obispo arrodillado y varios caballeros y un niño, con rosas en el suelo
Juan Correa pintó el momento en que Juan Diego abre su tilma con la imagen ante el obispo arrodillado. ⓘThe Fourth Apparition of the Virgin of Guadalupe

Juan Diego entró, se arrodilló, contó de nuevo todo lo que había vivido y desplegó su tilma blanca. Las flores cayeron al suelo y, en ese instante, apareció en la tela la imagen de la siempre Virgen María, Madre de Dios, "tal como ahora tenemos la dicha de conservarla", dice el relato. El obispo y todos los presentes cayeron de rodillas. Zumárraga, llorando, pidió perdón por no haber cumplido antes la voluntad de la Virgen. Desató la tilma del cuello de Juan Diego y la llevó a su oratorio.

Ilustración al estilo de icono de Juan Diego que abre su tilma con la imagen de la Virgen ante el obispo Zumárraga, arrodillado, mientras las rosas caen al suelo
Las rosas caen de la tilma y aparece la imagen ante el obispo Zumárraga.

La quinta aparición: Juan Bernardino sanado

Al día siguiente, Juan Diego mostró al obispo y a su gente el lugar donde la Señora quería su templo, y después pidió permiso para ir a ver a su tío. Lo acompañaron hasta su casa. Encontraron a Juan Bernardino contento y sin ningún dolor. El anciano contó que, a la misma hora en que su sobrino hablaba con la Virgen, ella se le había aparecido también, en la misma forma, y lo había sanado. Y le había dicho cómo quería que se llamara su imagen: Santa María de Guadalupe.

Ilustración al estilo de fresco de Juan Bernardino, un anciano indígena, que se incorpora sano en su petate mientras una luz suave llena su humilde casa
Juan Bernardino se incorpora sano en su petate, en la quinta aparición.

La curación de Juan Bernardino la marcamos como tradicional: la narra el Nican Mopohua y la conserva la tradición de la Iglesia, pero no existe un expediente de aquella época que la documente.

Lo que pasó después

El obispo hospedó a tío y sobrino unos días en su casa, mientras se levantaba en el Tepeyac la primera ermita. Luego trasladó la imagen a la iglesia mayor, y, dice el relato, toda la ciudad se puso en movimiento para verla. Según la biografía vaticana, Juan Diego dejó su casa y sus tierras y, con permiso del obispo, se fue a vivir en una pobre casa junto a la ermita, para barrerla y recibir a los peregrinos. Murió en 1548, con fama de santidad. La Iglesia celebra a San Juan Diego el 9 de diciembre.

Pintura colonial ovalada de Juan Diego de pie, que sostiene abierta su tilma con la imagen de la Virgen de Guadalupe, mientras caen rosas a sus pies
Una pintura de 1737 muestra a Juan Diego con su tilma abierta y las rosas cayendo a sus pies. ⓘSt. Juan Diego with the ayate

De dónde viene el relato: el Nican Mopohua

Casi todo lo que sabemos de las apariciones viene del Nican Mopohua, que toma su nombre de sus primeras palabras en náhuatl: "Aquí se narra". Se imprimió en 1649 en un librito llamado Huei tlamahuiçoltica ("Por un gran milagro"), que publicó en la imprenta de Juan Ruyz el capellán del santuario, Luis Laso de la Vega. Un año antes, en 1648, el sacerdote Miguel Sánchez había publicado en castellano el primer libro sobre las apariciones, Imagen de la Virgen María.

Portada impresa en náhuatl con el encabezado HVEI TLAMAHVIÇOLTICA, un grabado de la Virgen de Guadalupe entre rayos y el año 1649 al pie
Portada del Huei tlamahuiçoltica (1649), el libro en náhuatl que contiene el Nican Mopohua. ⓘLuis Laso de la Vega, Title page of Huei tlamahuiçoltica, which contains the Nican Mopohua

¿Quién lo escribió? La Basílica lo atribuye a Antonio Valeriano (muerto en 1605), el sabio nahua del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, y lo fecha hacia 1556, con el historiador Miguel León-Portilla; la biografía vaticana de Juan Diego sigue la misma opinión. El historiador Stafford Poole, sacerdote vicentino, sostuvo en cambio que el texto tomó forma en el siglo XVII, bajo Laso de la Vega.

Las traducciones al castellano. Según la propia Basílica, Fernando de Alva Ixtlilxóchitl hizo una versión libre en el siglo XVII, y el bachiller Luis Becerra Tanco, uno de los testigos de las Informaciones de 1666, hizo otra; su relato se imprimió en 1675 con el título Felicidad de México. Lorenzo Boturini mandó hacer una traducción literal en el siglo XVIII. En 1926 se publicó la cuidadosa traducción de Primo Feliciano Velázquez. Después vinieron las de Ángel María Garibay, Mario Rojas, Guillermo Ortiz de Montellano, José Luis Guerrero Rosado y Miguel León-Portilla.

Qué edición citamos. Las palabras de la Virgen del 12 de diciembre que reproducimos completas vienen de Becerra Tanco, en la edición mexicana de 1883 de su obra, que es de dominio público. Las traducciones del siglo XX y XXI siguen protegidas por derechos de autor, así que de la versión de Mons. Guerrero Rosado, la que publica la Basílica en su sitio, citamos solo frases breves. El resto de esta página resume el relato con nuestras propias palabras, siguiendo esa traducción. Quien quiera leer el texto completo, en náhuatl y en castellano, lo encuentra en el sitio de la Basílica.

Otros documentos y el debate histórico

La fe de la Iglesia en Guadalupe tiene casi quinientos años, y el debate de los historiadores sobre el origen del relato, más de doscientos. Estas son, en breve, las piezas que cada parte pone sobre la mesa.

El silencio de Zumárraga. No se conserva ningún escrito del obispo, que murió en 1548, que hable de las apariciones o de la imagen. El historiador Joaquín García Icazbalceta hizo de ese silencio el centro de una carta privada de 1883 en la que dudaba del relato. Los defensores de la tradición responden que buena parte de la correspondencia de Zumárraga se perdió.

Las Informaciones de 1556. El 6 de septiembre de 1556 el arzobispo Alonso de Montúfar predicó a favor de la devoción al Tepeyac. Dos días después, el provincial franciscano Francisco de Bustamante la atacó desde el púlpito y, según la investigación que mandó hacer Montúfar, dijo que la imagen la había pintado un indio llamado Marcos. Ninguna de las dos partes menciona a Juan Diego ni las apariciones. Los defensores responden que aquel pleito era sobre la devoción y no sobre el origen de la imagen, y que prueba que el santuario ya era muy conocido veinticinco años después de 1531.

Tonantzin. El franciscano Bernardino de Sahagún escribió hacia 1570 que la gente acudía al Tepeyac desde lejos llamando a la Virgen Tonantzin, "nuestra venerada madre", y temía que fuera la pervivencia de una diosa antigua. Poole dudó que hubiera allí un santuario indígena importante antes de la conquista.

Testimonios indígenas. La Basílica presenta varios documentos que mencionan a la Señora del Tepeyac: anales en náhuatl que anotan, en el año 1556, que "bajó la noble señora a Tepeyácac"; un testamento de Cuauhtitlán de 1559 que menciona a Juan Diego y "una cosa prodigiosa allá en el Tepeyácac"; y el llamado Códice Escalada, con una escena de la aparición y una fecha de 1548, dado a conocer en la década de 1990 y cuya autenticidad discuten algunos especialistas.

Las Informaciones de 1666. En 1666 las autoridades eclesiásticas tomaron declaración jurada a ancianos indígenas y españoles para pedir a Roma una fiesta propia. Quienes defienden la tradición ven en ellos una memoria oral que llega al siglo XVI; los críticos notan que son posteriores a los libros de 1648 y 1649.

Ninguno de estos argumentos ha convencido a todos. La Iglesia, por su parte, no ha hecho depender su devoción de cerrar este debate.

Pintura novohispana de la Virgen de Guadalupe con cuatro pequeñas escenas de las apariciones a Juan Diego en las esquinas
Nicolás Enríquez rodeó la imagen con las cuatro apariciones a Juan Diego en esta pintura de 1773. ⓘThe Virgin of Guadalupe with the Four Apparitions

¿Aprobó la Iglesia las apariciones de Guadalupe?

Sí: la de Guadalupe es una aparición aprobada. En el siglo XVI no existían los procesos que hoy sigue la Iglesia para examinar una aparición, pero los papas la han reconocido con hechos durante casi tres siglos. En 1754 Benedicto XIV proclamó a la Virgen de Guadalupe patrona de la Nueva España y le concedió misa y oficio propios para el 12 de diciembre. León XIII mandó coronar la imagen en 1895. San Juan Pablo II beatificó a Juan Diego en 1990 y lo canonizó en 2002 en la misma basílica, y en Ecclesia in America escribió que la aparición de María a Juan Diego en 1531 "tuvo una repercusión decisiva para la evangelización".

Como toda revelación privada, la aparición no forma parte del depósito de la fe y nadie está obligado a creerla. Pero la Iglesia nos invita a honrar a la Virgen bajo este título, y millones de católicos de todo el continente lo hacen cada día.

El mensaje de las apariciones

Lo que la Virgen pide en el Tepeyac es sencillo: una "casita", un templo donde mostrar a su Hijo y escuchar a sus hijos. No trae un secreto ni un castigo. Escoge a un indígena pobre, viudo, que se siente mecapal y cacaxtle, y lo hace su mensajero ante el obispo español. Le habla en su lengua, con las palabras de cariño del náhuatl. Y cuando él tiene miedo por la vida de su tío, le recuerda que es su madre.

San Juan Pablo II resumió en Ecclesia in America lo que la Iglesia ve en Guadalupe: "un gran ejemplo de evangelización perfectamente inculturada". Pidámosle a la Virgen de Guadalupe, como Juan Diego, que nos tome bajo su sombra y su amparo. Si quiere rezarle, la oración a la Virgen de Guadalupe y la novena a la Virgen de Guadalupe, que empieza el 3 de diciembre, son buenos lugares para empezar.

Los lugares de las apariciones hoy

Quien visita el Tepeyac puede recorrer el escenario de toda la historia. En la cumbre está la Capilla del Cerrito, donde, según la tradición, Juan Diego cortó las flores. Al pie del cerro, la Capilla del Pocito guarda un manantial, y la Capilla de Indios marca el lugar donde, por tradición, vivió Juan Diego junto a la primera ermita. La tilma está en la basílica nueva, abierta en 1976; la historia de la tela está en la tilma de la Virgen de Guadalupe.

Visitantes que suben una amplia escalinata de piedra hacia la fachada labrada de la capilla en la cumbre del cerro del Tepeyac
La escalinata que sube a la Capilla del Cerrito, en la cumbre del Tepeyac, donde la tradición sitúa las rosas. ⓘ

Preguntas frecuentes

¿Cuántas apariciones tuvo la Virgen de Guadalupe?

Cinco según el Nican Mopohua: cuatro a Juan Diego (la mañana y la tarde del sábado 9 de diciembre de 1531, la tarde del domingo 10 y la madrugada del martes 12) y una a su tío, Juan Bernardino, el mismo 12 de diciembre. Algunos autores cuentan la escena ante el obispo como otra aparición, porque en ella apareció la imagen.

¿Qué le dijo la Virgen de Guadalupe a Juan Diego?

Le dijo que era la siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios, y le pidió que el obispo le levantara un templo en el Tepeyac, donde ella escucharía y remediaría las penas de todos los que acudieran a ella. El 12 de diciembre, cuando él estaba angustiado por su tío, le dijo: "¿No estoy aquí yo, que soy tu Madre?"

¿Qué es el Nican Mopohua?

Es el relato en náhuatl de las apariciones. Su nombre son sus primeras palabras, "Aquí se narra". Se imprimió en 1649 en el libro Huei tlamahuiçoltica de Luis Laso de la Vega. La Basílica lo atribuye a Antonio Valeriano, sabio indígena que murió en 1605; otros historiadores creen que se escribió en el siglo XVII.

¿Por qué el obispo no le creyó a Juan Diego?

Fray Juan de Zumárraga lo escuchó con bondad, pero no quiso tomar una decisión solo por la palabra de un hombre sencillo. Lo examinó con cuidado y le pidió una señal. Esa señal fueron las rosas y la imagen en la tilma.

¿Qué flores llevó Juan Diego en su tilma?

El Nican Mopohua habla de flores diversas y preciosas que no eran de la estación, cortadas en una cumbre de piedras y espinas en plena helada. La tradición posterior, desde los relatos del siglo XVII, las llama rosas de Castilla.

¿Dónde se apareció la Virgen de Guadalupe?

En el cerro del Tepeyac, entonces a las afueras de la Ciudad de México y hoy dentro de ella, en la alcaldía Gustavo A. Madero. La Capilla del Cerrito marca en la cumbre el lugar de las flores, y a los pies del cerro están la antigua y la nueva basílica.

¿Está aprobada por la Iglesia la aparición de Guadalupe?

Sí. Los papas la han aprobado con hechos: Benedicto XIV le dio misa y oficio propios en 1754, León XIII hizo coronar la imagen en 1895 y San Juan Pablo II canonizó a Juan Diego en 2002. Como toda revelación privada, no obliga a creer, pero la Iglesia la honra como pocas.

¿Existen pruebas históricas de las apariciones?

Es un tema discutido. Defensores de la tradición señalan las Informaciones de 1556 y de 1666, testamentos indígenas y anales que mencionan a la Señora del Tepeyac. Los críticos señalan que no se conserva ningún escrito de Zumárraga sobre las apariciones y que los relatos impresos son de 1648 y 1649. La fe de la Iglesia no depende de resolver ese debate.

Fuentes

  1. Basílica de Santa María de Guadalupe: El Relato (Nican Mopohua en náhuatl, con la traducción de Mons. José Luis Guerrero Rosado). Se cita brevemente el versículo 119 y la frase del versículo 55
  2. Basílica de Santa María de Guadalupe: Documentos históricos (Nican Mopohua, Informaciones de 1556, traducciones)
  3. Luis Becerra Tanco, Felicidad de México (1675), Internet Archive
  4. Luis Becerra Tanco, Nuestra Señora de Guadalupe y origen de su milagrosa imagen (México, 1883), Internet Archive. Edición de ortografía moderna; de aquí se citan las palabras de la Virgen del 12 de diciembre
  5. Luis Laso de la Vega, Huei tlamahuiçoltica (México, 1649), Internet Archive
  6. Vaticano: Juan Diego Cuauhtlatoatzin, biografía (2002)
  7. Stafford Poole, "Guadalupe, Virgin of", Encyclopedia of Latin American History and Culture (Encyclopedia.com)
  8. Vaticano: Juan Pablo II, Ecclesia in America, n. 11 (22 de enero de 1999)