Oraciones católicas

Ilustración de estilo óleo de feligreses de todas las edades arrodillados en las bancas de madera de una vieja iglesia, una mujer con un devocionario abierto, mientras entra la luz de la mañana

Las oraciones católicas empiezan por unas pocas que todo católico aprende de niño: la señal de la cruz, el Padre nuestro, el Ave María, el Gloria, el Credo y el acto de contrición. Aquí están completas, junto con la Salve, el Ángel de la guarda y la oración por los difuntos, y después las formas de oración que la Iglesia nos da: novenas, letanías, coronillas y el Rosario.

Toda la vida de oración de un católico descansa en unas pocas oraciones breves, aprendidas de memoria, muchas veces en las rodillas de la mamá o de la abuela. Las rezamos en la misa, junto a la cama, en la mesa, en el autobús y en la hora de la muerte. Aquí están completas, con las palabras que han rezado generaciones de católicos de lengua española, y con una nota sobre el origen de cada una. Más abajo encontrará cómo rezamos a los santos, las formas de oración que la Iglesia nos ha dejado y todas las oraciones en español de este sitio.

Las oraciones católicas básicas

Salvo que se indique otra cosa, los textos están tomados del apéndice de oraciones comunes del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, que la Santa Sede publicó en 2005. Son las mismas palabras que se rezan en México, en Colombia, en el Perú, en España y en las parroquias hispanas de los Estados Unidos. Dos de ellas, la señal de la cruz con las tres cruces y el "Señor mío Jesucristo", las damos como las enseñaba el catecismo del jesuita Jerónimo de Ripalda, publicado por primera vez en 1591 y reimpreso durante siglos a ambos lados del Atlántico; seguimos una edición impresa en Guatemala en 1826, con la ortografía actualizada.

La señal de la cruz

Con ella empezamos y terminamos casi toda oración. La forma breve, la que hacemos al entrar en la iglesia o antes de comer, es esta:

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

En América Latina y en España muchos aprendimos además a santiguarnos con tres cruces pequeñas. El catecismo de Ripalda lo explica: la primera en la frente, "porque nos libre Dios de los malos pensamientos"; la segunda en la boca, "de las malas palabras"; la tercera en el pecho, "de las malas obras". Y se dice así:

Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

La costumbre es antiquísima. Hacia el año 211, Tertuliano de Cartago escribía que los cristianos, en todas las acciones ordinarias de la vida, trazaban la señal de la cruz sobre la frente.

Ilustración en estilo tinta de una abuela que, a la puerta de la iglesia, enseña a su nieta a santiguarse haciendo tres cruces en la frente, la boca y el pecho
Ilustración de una abuela que enseña a su nieta a santiguarse con tres cruces a la puerta de la iglesia.

El Padre nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Es la oración que Jesús dio a sus discípulos cuando le pidieron: "Señor, enséñanos a orar" (Lucas 11, 1). Su forma más completa está en el Sermón de la Montaña (Mateo 6, 9-13), y de ella nace toda otra oración cristiana. Su historia, el texto antiguo del catecismo, el latín y el sentido de cada petición están en la página del Padre nuestro.

Jesús, con túnica blanca, de pie y con los brazos abiertos en una ladera sobre una ciudad, enseña a un círculo de discípulos sentados envueltos en mantos blancos
El Padre nuestro de James Tissot (1886-1894) imagina a Jesús en una ladera, con una ciudad a sus pies, enseñando a orar a sus discípulos. ⓘEl Padre nuestro (Le Pater Noster)

El Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

La primera mitad es Escritura: el saludo del ángel Gabriel (Lucas 1, 28) y las palabras de Santa Isabel a María (Lucas 1, 42). La segunda, "Santa María, Madre de Dios", la fue formando la Iglesia a fines de la Edad Media; la Enciclopedia Católica anota que, en la liturgia, el Ave terminaba en "Jesús, Amén" hasta el Breviario romano de 1568. Más en la página del Ave María.

Una joven con ropas arrugadas, sentada al borde de su cama en una habitación sencilla, levanta la mirada hacia una alta columna de luz dorada
La Anunciación de Henry Ossawa Tanner (1898) muestra a la joven María en el momento en que Gabriel la saluda, con el ángel pintado como una columna de luz. ⓘ

El Gloria

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Es una doxología, un breve himno de alabanza a la Santísima Trinidad. Lo decimos al final de cada salmo en la Liturgia de las Horas y al final de cada decena del Rosario. Vea el Gloria al Padre.

El Credo de los Apóstoles

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Una tradición medieval contaba que los doce apóstoles lo compusieron juntos, cada uno con un artículo. Lo cierto es que una forma muy antigua de este Credo era ya en Roma la profesión de fe del bautismo. Lo rezamos al comenzar el Rosario y siempre que renovamos la fe de nuestro bautismo. En la misa del domingo se reza, por lo general, el Credo de Nicea, más largo. Vea el Credo católico.

Ancho tapiz flamenco lleno de figuras en escenas que van de la creación a la crucifixión, con apóstoles de pie entre ellas
Un tapiz flamenco de 1475-1500, en el Museo de Bellas Artes de Boston, ilustra los cuatro primeros artículos del Credo, con los apóstoles entre las escenas. ⓘ

El acto de contrición: Señor mío Jesucristo

Este es el acto de contrición tal como lo trae el catecismo de Ripalda en la edición de 1826, "hablando con Cristo Señor nuestro, considerándolo puesto en una cruz":

Señor mío Jesucristo, Dios, Hombre verdadero, Criador y Redentor mío, por ser vos quien sois, y porque os amo, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; propongo de enmendarme y confesarme a su tiempo, y ofrezco cuanto hiciere en satisfacción de mis pecados, y confío en vuestra bondad que me perdonaréis por vuestra preciosa sangre, y me daréis gracia para nunca más pecar. Amén.

Lo rezamos en el confesionario, después de decir los pecados, y cada noche antes de dormir. Muchas parroquias enseñan una forma más larga o una más breve; cualquier forma sincera que exprese dolor por el pecado y propósito de enmienda es buena. Más formas y su historia en el acto de contrición.

Un anciano con manto rojo se inclina y apoya las manos sobre la espalda de un hijo arrodillado y harapiento, mientras otros miran desde la penumbra
El regreso del hijo pródigo de Rembrandt (hacia 1668): las manos del padre descansan sobre la espalda del hijo que ha vuelto a casa, la parábola que hay detrás de todo acto de contrición. ⓘ

La Salve

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh, clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

Es una antífona latina del siglo XI, la Salve Regina, que los monasterios cantan al terminar el día desde hace casi mil años y que rezamos al final del Rosario. Su historia y la invocación final están en la Salve.

Una Virgen María alta y coronada, con vestido rojo, abre su manto azul oscuro sobre un pequeño círculo de hombres y mujeres arrodillados, sobre fondo de oro
La Virgen de la Misericordia de Piero della Francesca (1460-1462) muestra a la "Madre de misericordia" que cobija a los fieles bajo su manto. ⓘVirgen de la Misericordia (tabla central del Políptico de la Misericordia)

Bajo tu amparo

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!

Es una de las oraciones a la Virgen más antiguas que se conocen, de los primeros siglos de la Iglesia, y la Iglesia la reza todavía en griego, en latín y en todas las lenguas.

Ángel de Dios (oración al Ángel de la guarda)

Ángel de Dios, que eres mi custodio, pues la bondad divina me ha encomendado a ti, ilumíname, guárdame, defiéndeme y gobiérname. Amén.

Es la traducción del Angele Dei latino. Muchas familias de América Latina enseñan a los niños, además, la rima que comienza "Ángel de mi guarda, dulce compañía"; las dos piden lo mismo. Vea la oración al Ángel de la guarda.

La bendición de la mesa

Antes de comer, la familia hace la señal de la cruz y da gracias a Dios por los alimentos y por quienes los prepararon; al terminar, muchos rezan también por los que no tienen qué comer y por los difuntos. Las fórmulas tradicionales están en la bendición de la mesa.

Una anciana con cofia blanca junta las manos en oración ante una mesa con pan, pescado y una jarra, mientras un gato tira del mantel
Anciana bendiciendo la mesa de Nicolaes Maes (hacia 1656), llamada "La oración sin fin": reza tanto tiempo sobre su comida que el gato le tira del mantel. ⓘAnciana bendiciendo la mesa, llamada "La oración sin fin"

El descanso eterno (oración por los difuntos)

Dale, Señor, el descanso eterno. Brille para él la luz perpetua. Descanse en paz. Amén.

En latín es el Requiem aeternam, el canto con que comenzaba la antigua misa de difuntos. Lo rezamos en los funerales y junto a las tumbas, al pasar frente a un cementerio y durante todo noviembre, el mes de las almas. Cuando se reza por varios difuntos se dice "dales", "brille para ellos" y "descansen en paz". Más oraciones en oración por los difuntos, oración por las almas del purgatorio y el Día de los Fieles Difuntos.

Una anciana con chal oscuro está de pie, con la cabeza inclinada, junto al muro de un cementerio adornado con una corona, bajo árboles desnudos de otoño
Día de los Fieles Difuntos, de Jakub Schikaneder (1888): una anciana reza junto al muro de un cementerio a fines del otoño. ⓘ

Cómo rezamos a los santos

La comunión de los santos

En el Credo decimos: "Creo en... la comunión de los santos". La Iglesia es una sola familia en Cristo, en la tierra, en el purgatorio y en el cielo, y la muerte no rompe ese lazo. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que los santos "contemplan a Dios, lo alaban y no dejan de cuidar de aquéllos que han quedado en la tierra", y que "su intercesión es su más alto servicio al plan de Dios" (n. 2683).

Por eso, cuando le rezamos a un santo, hacemos lo mismo que cuando le pedimos a alguien de la parroquia que rece por nosotros: pedimos a alguien cercano a Dios que le lleve nuestra necesidad. Los santos no conceden gracias por su propio poder; toda gracia viene de Dios, y ellos rezan con nosotros y por nosotros. El Catecismo lo dice con claridad: "Podemos y debemos rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero". Solo a Dios adoramos; a los santos los honramos y les pedimos su oración.

Filas y filas de santos con aureola, profetas, mártires, obispos, monjes y santas mujeres con ropas de colores vivos, todos mirando en la misma dirección sobre fondo de oro
Los precursores de Cristo con santos y mártires, de Fra Angelico (hacia 1423-1424): filas y filas de santos, una imagen de la comunión de los santos. ⓘLos precursores de Cristo con santos y mártires (predela del retablo de Fiesole)

Cómo rezarle a un santo

No hay una fórmula que uno tenga que acertar. Este es un modo sencillo que muchos aprendimos:

  1. Póngase en la presencia de Dios. Haga la señal de la cruz.
  2. Salude al santo y dígale su necesidad. Hable con sencillez: "San Antonio, perdí las llaves y voy tarde al trabajo", o "Santa Mónica, mi hijo se ha alejado de la fe".
  3. Pídale que ruegue a Dios por usted, y pida la gracia de aceptar la voluntad de Dios, sea cual sea la respuesta.
  4. Use una oración tradicional, si quiere. Muchos santos tienen la suya, y algunos tienen una novena: nueve días de oración por una intención.
  5. Termine con un Padre nuestro, un Ave María y un Gloria, y dé gracias a Dios. Cuando la oración sea escuchada, vuelva a dar las gracias.

Muchos encienden una veladora como signo de su oración, que sigue ardiendo cuando ellos ya se han ido. Una invocación breve también es oración: "San José, ruega por nosotros". "San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla". "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros". Hagamos de estas pequeñas oraciones una costumbre a lo largo del día.

Ilustración de estilo óleo de un hombre de mediana edad que enciende una veladora ante una imagen de San José en una capilla lateral
Ilustración de un hombre que enciende una veladora ante una imagen de San José en una capilla lateral.

¿A qué santo le rezo?

Cualquier santo puede rezar por cualquier necesidad, y el que usted quiere es un buen lugar para empezar: su santo patrono, el santo de su nombre o el de la parroquia donde fue bautizado. La Iglesia ha pedido también desde hace siglos la ayuda de ciertos santos en ciertas necesidades, muchas veces por algo de su vida. Acudimos a San Judas Tadeo en los casos difíciles y desesperados, a San Antonio de Padua para encontrar lo perdido, a San José por los trabajadores, los padres de familia y la buena muerte, y a San Miguel Arcángel en la lucha contra el mal. Y en toda necesidad acudimos a la Madre, a la Virgen de Guadalupe y a la Virgen en todas sus advocaciones. Busque a los santos patronos, encuentre al santo de hoy o conozca a los santos católicos más queridos.

Las formas de la oración católica

El Catecismo distingue tres grandes expresiones de la oración: la oración vocal, la meditación y la oración contemplativa. La oración vocal, la que se dice con palabras, es "un elemento indispensable de la vida cristiana", porque Jesús mismo enseñó a sus discípulos una oración vocal, el Padre nuestro (n. 2701). Y cita a Santa Teresa de Jesús: "La oración se hace interior en la medida en que tomamos conciencia de Aquél 'a quien hablamos'" (n. 2704). Las oraciones de esta página son oraciones vocales. Con los siglos, la Iglesia las ha reunido en formas más amplias.

Dibujo en blanco y negro sobre papel azul de dos manos unidas en oración, con los puños de las mangas a la vista
Manos que oran, de Alberto Durero (hacia 1508), un estudio para un apóstol de un retablo. ⓘManos que oran (estudio para un apóstol del retablo Heller)

Novenas

Una novena son nueve días de oración por una intención, a imitación de los nueve días que los apóstoles pasaron en oración con María entre la Ascensión y Pentecostés. Algunas están unidas a una fiesta y comienzan nueve días antes; otras se pueden rezar en cualquier momento. La página de novenas católicas explica su historia, cómo rezar una y cuándo empiezan las principales.

Letanías

Una letanía es una larga cadena de invocaciones breves, cada una con la misma respuesta: "ruega por nosotros", "ten piedad de nosotros". El ritmo de llamada y respuesta las hace muy buenas para rezar en voz alta y en grupo. La más conocida es la letanía de la Virgen, las Letanías lauretanas, que en muchas casas se reza al final del Rosario.

El Rosario y las coronillas

Una coronilla es un conjunto de oraciones que se cuentan con cuentas. La más amada es el Rosario, que une el Padre nuestro, el Ave María y el Gloria a la contemplación de la vida de Cristo en los misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos. Vea cómo rezar el Rosario, el Santo Rosario de hoy con los misterios que tocan cada día, y también la Coronilla de la Divina Misericordia y la coronilla a San Miguel Arcángel.

Ilustración en estilo acuarela de una familia que reza unida en la sala de su casa ante un pequeño altar con la Virgen, una veladora y flores
Ilustración de una familia que reza unida en la sala de su casa ante un pequeño altar con la Virgen.

Oraciones para cada hora y cada tiempo

Algunas oraciones pertenecen a una hora del día: la oración de la mañana al despertar, el Ángelus por la mañana, al mediodía y por la tarde, la bendición de la mesa al comer y la oración de la noche con el examen de conciencia antes de dormir. Otras pertenecen a un tiempo del año, como el Vía Crucis en Cuaresma o la Novena de Aguinaldos y las Posadas en diciembre. Cuando no podemos comulgar, podemos hacer una comunión espiritual.

Todas las oraciones en español

Cada página da el texto completo, citado de una fuente publicada que nombramos, con el origen de la oración y el momento de rezarla.

Oraciones a la Virgen María

Oraciones a Jesús y para la vida diaria

Oraciones a los santos y a los ángeles

Oraciones por las necesidades

Por los difuntos

Recemos unos por otros mientras las usamos. San Pablo pedía lo mismo a sus comunidades, cuando les rogaba que oraran por él (1 Tesalonicenses 5, 25).

En esta sección

Preguntas frecuentes

¿Cuáles son las oraciones básicas del católico?

Las que todo católico aprende primero son la señal de la cruz, el Padre nuestro, el Ave María, el Gloria, el Credo y el acto de contrición (el "Señor mío Jesucristo"). Muchas familias añaden la Salve, el Ángel de la guarda, la bendición de la mesa y el "Dale, Señor, el descanso eterno" por los difuntos. Todas están completas en esta página o en su página propia.

¿Cuáles son las tres oraciones más importantes?

La Iglesia nunca las ha clasificado oficialmente, pero las más rezadas son el Padre nuestro, el Ave María y el Gloria. El Padre nuestro es la oración que enseñó el mismo Jesús, y el Catecismo lo llama, con Tertuliano, "el resumen de todo el Evangelio". Las tres juntas forman cada decena del Rosario.

¿Por qué los católicos rezamos a los santos?

Les pedimos a los santos que recen por nosotros, como le pedimos a un amigo que rece por nosotros, porque la muerte no rompe la comunión de la Iglesia. El Catecismo enseña que los santos "no dejan de cuidar de aquéllos que han quedado en la tierra" y que "podemos y debemos rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero" (n. 2683). Solo a Dios adoramos; a los santos los honramos y les pedimos su oración.

¿Cómo se le reza a un santo?

Háblele con sencillez, como a un amigo en la presencia de Dios: salúdelo, cuéntele su necesidad y pídale que ruegue a Dios por usted. Muchos usan una oración tradicional o una novena, encienden una veladora y terminan con un Padre nuestro, un Ave María y un Gloria. Una sola línea, "San José, ruega por nosotros", ya es una verdadera oración.

¿Qué diferencia hay entre una oración, una novena y una letanía?

Una oración puede ser un solo acto de hablar con Dios. Una novena es una oración, o un grupo de oraciones, que se repite nueve días seguidos por una intención. Una letanía es una larga serie de invocaciones breves, cada una con la misma respuesta, como "ruega por nosotros" o "ten piedad de nosotros". Una coronilla es un conjunto de oraciones que se cuentan con cuentas, como la Coronilla de la Divina Misericordia.

¿Cuál es el acto de contrición correcto?

Cualquier forma aprobada es correcta. La Iglesia nunca ha exigido una redacción única, y el confesor acepta cualquier oración sincera que exprese dolor por el pecado y el propósito de no volver a pecar. La que damos aquí es el "Señor mío Jesucristo" del catecismo del Padre Ripalda; muchas parroquias enseñan también una forma más breve.

¿Puedo rezar con mis propias palabras?

Sí. Las oraciones de siempre nos enseñan a orar, y la Iglesia las guarda como un tesoro, pero Dios escucha toda palabra sincera. El Catecismo dice, con San Juan Crisóstomo, que "que nuestra oración se oiga no depende de la cantidad de palabras, sino del fervor de nuestras almas" (n. 2700).

Fuentes

  1. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), apéndice: Oraciones comunes; y el Símbolo de los Apóstoles. texto del Padre nuestro, Ave María, Gloria, Credo, Salve, Ángel de Dios, Descanso eterno y Bajo tu amparo
  2. Jerónimo de Ripalda, Catecismo y breve exposición de la doctrina cristiana (Guatemala, 1826). la señal de la cruz con las tres cruces y el acto de contrición \"Señor mío Jesucristo\"
  3. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2683-2696: maestros y lugares de oración (la intercesión de los santos)
  4. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2700-2724: expresiones de la oración (la oración vocal)
  5. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2761-2776: el Padre nuestro, "resumen de todo el Evangelio"
  6. Herbert Thurston, Apostles' Creed, Catholic Encyclopedia, vol. 1 (1907)
  7. Tertuliano, De corona, cap. 3 (traducción inglesa en New Advent)
  8. Herbert Thurston, Avemaría, Enciclopedia Católica (traducción de la edición de 1910)