Novena a la Inmaculada Concepción

La novena a la Inmaculada Concepción son nueve días de oración a la Virgen María para prepararnos a su fiesta del 8 de diciembre. Se reza tradicionalmente del 29 de noviembre al 7 de diciembre. Aquí damos completa una novena tradicional impresa en Guatemala en 1913, con la oración y la jaculatoria propias de cada día.
La novena a la Inmaculada Concepción es nuestra preparación para la fiesta de la Purísima, el 8 de diciembre. Durante nueve días, del 29 de noviembre al 7 de diciembre, volvemos cada noche a la Virgen sin pecado concebida y le pedimos un corazón limpio como el suyo, justo cuando empieza el Adviento. La que damos aquí es una novena tradicional, completa, tomada de un devocionario impreso en Guatemala con licencia eclesiástica de 1913, que todavía conserva el sabor de las novenas españolas y americanas de los siglos anteriores.
Cómo rezar la novena a la Inmaculada Concepción
El librito propone el mismo orden para los nueve días:
- La señal de la cruz y el acto de contrición.
- La oración inicial, igual todos los días.
- La canción y la consideración del día: una estrofa y una breve meditación para leer despacio.
- La petición: aquí cada uno pide, en silencio o en voz alta, la gracia que desea alcanzar por intercesión de la Virgen.
- Las tres Avemarías, iguales todos los días.
- La oración propia del día y su jaculatoria, una frase breve para repetir a lo largo de la jornada.
- La oración final y el alabado, iguales todos los días.
El preámbulo del librito pide además tres cosas para estos días: empezar la novena con una buena confesión y comulgar los días que aconseje el confesor; dedicar un rato a la oración, o si no hay tiempo, rezar el rosario; y hacer cada día alguna obra buena por amor a la Virgen, "como guardar silencio, ayunar, dar limosna, hacer algún acto de humildad", o privarse de algo, "aunque no sea más que dejar un bocado del plato que más le gustare".

Oración inicial (para todos los días)
Hecha la señal de la cruz y el acto de contrición, se dice:
¡Oh Reina purísima de los Ángeles y de los hombres! Mil gracias y alabanzas os doy, porque a la puerta de la vida hallasteis la dracma preciosa que perdimos todos en nuestro primer principio, hallando a la gracia que os salió al encuentro y a la Divinidad que os esperaba en los umbrales de la naturaleza, recibiendo vuestras potencias en el primer instante de su ser al nobilísimo objeto que las estrenó, porque se criaban sólo para él. Ruégoos, purísima Señora, que pues no hubo en vuestra Concepción ser sin conocer a Dios, ni conocimiento sin amor, ni amor sin merecimiento, hagáis que yo conozca a mi buen Padre Dios, para que conociéndole le ame, amándole le posea y poseyéndole le goce por toda la eternidad. Amén.
Las tres Avemarías (para todos los días)
Después de la consideración y la petición, se rezan estas tres Avemarías, que el librito atribuye a Santa Gertrudis. Cada invocación va seguida de un Ave María completo; el texto del Ave María está en su página.
Dios te salve, María, Hija de Dios Padre. ¡Oh Señora mía, Santa María! Así como Dios Padre por su omnipotencia te hizo potentísima, así yo te suplico me asistas en la hora de mi muerte, expeliendo y quitando todo lo que fuere contrario.
Dios te salve, María, Madre de Dios Hijo. ¡Oh Señora mía, Santa María! Así como tu Hijo santísimo se dignó darte tanta claridad y conocimiento, de suerte que alumbras a todo el Cielo con tus luces, así yo te suplico que en la hora de mi muerte me alumbres e ilustres mi alma con el verdadero conocimiento de la fe, corroborándola, de suerte que no la manche alguna ignorancia o error.
Dios te salve, María, Esposa del Espíritu Santo. ¡Oh Señora mía, Santa María! Así como el Espíritu Santo te infundió totalmente su amor, así yo te suplico te dignes darme en la hora de mi muerte la dulcedumbre del amor divino, con el cual toda cosa amarga me sea suavísima. Amén.
Los nueve días de la novena
Cada día tiene una canción de cinco versos que termina con el mismo estribillo, "Sois concebida, María, sin pecado original", y una consideración que compara a María con una figura del Antiguo Testamento o con una imagen de la gracia. Damos aquí el tema de cada consideración, la oración del día completa y su jaculatoria.
Día primero (29 de noviembre): Eva y María
La consideración contrapone a Eva, que perdió la gracia, y a María, que nunca la perdió. El librito recuerda que el ángel saludó a María con Ave, el nombre de Eva al revés.
¡Oh Jesús, Esposo purísimo de las Vírgenes, dueño amorosísimo de mi alma! Por el amor de la Reina de las Vírgenes María Santísima, Aurora hermosa que puso término a nuestra desgracia y dio principio a nuestro remedio en las luces primeras de su ser inmaculado, os suplico se ahuyenten de mi alma las tinieblas de la culpa y reinen sólo en ella las luces de la gracia, para ser esposa y digna morada vuestra. Amén.
Jaculatoria: Ave María, gratia plena (Dios te salve, María, llena de gracia).

Día segundo (30 de noviembre): la reina Ester
Así como el rey Asuero libró a Ester de la ley que condenaba a muerte a quien se presentaba ante él sin ser llamado, Dios libró a María de la ley común del pecado, por los méritos previstos de la cruz de Cristo.
¡Oh Divino Asuero, Jesús y Rey omnipotente! Por el amor con que librasteis de las leyes comunes de la naturaleza a vuestra querida Ester, María Santísima, os suplico que, pues traigo arrastrando la soga de mis delitos, por lo cual me comprenden todas las leyes, me deis lágrimas de verdadera contrición, con que rompa las duras prisiones de la culpa y goce, por los méritos de mi Señora la siempre Virgen María, de la libertad de hijo vuestro. Amén.
Jaculatoria: Ea, pues, Señora, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos.
Día tercero (1 de diciembre): la aurora
El pecado, que no puede mirar al Sol, que es Cristo, tampoco puede ver a la aurora, que es María.
¡Jesús soberano y divino Autor de la gracia!, que quisisteis que no sola huyera del Sol de vuestra justicia la culpa, sino que también ordenasteis que huyera de la Aurora querida de vuestra gracia: yo os suplico humildemente me libréis de la furia de este Dragón, que busca cómo tragarme. Válgame, Señor, el sagrado nombre de María Santísima, para no ser despojo de su crueldad, sino triunfo de la poderosísima protección de María. Amén.
Jaculatoria: Mater admirabilis, ora pro nobis (Madre admirable, ruega por nosotros).
Día cuarto (2 de diciembre): el instrumento afinado
El pecado de Adán desafinó la armonía de la creación; Dios la restableció uniendo su Palabra a nuestra naturaleza en el seno purísimo de María.
¡Oh altísimo e incomprensible Dios, Rey y Señor mío! Digno sois de toda gloria y alabanza por haber escogido a María Santísima por instrumento en que se templasen vuestras justísimas iras, que nuestros desconciertos merecían. Suplícote humildemente, por este sonoro instrumento, templéis de tal manera mis potencias y sentidos, que merezca ser proporcionado y perfecto instrumento de vuestras alabanzas. Amén.
Jaculatoria: Gózate, María, porque recibiste gozo del Ángel y diste a la luz del mundo al Hijo de Dios. Gózate, María, porque eres Virgen y Madre de Dios. Gózate, María, porque toda criatura en el Cielo y en la tierra te alaba.

Día quinto (3 de diciembre): la flor de la harina
De María, "cándida flor de la harina", se formó el Cuerpo de Cristo que recibimos en la Eucaristía. La consideración invita a comulgar con pureza de alma y de cuerpo.
¡Oh Dios del Amor, mi Jesús Sacramentado, tierno amante de la pureza! Yo os suplico, de lo íntimo de mi alma, que por los méritos de mi Señora la siempre Virgen María, quien suministró la más pura materia para el Sacramento de vuestro amor, me purifiquéis de tal manera que pueda llegar dignamente a recibiros en este Santísimo Sacramento y consiga con vuestra gracia sus admirables efectos. Amén.
Jaculatoria: Dios te salve, Madre de Piedad, Triclinio de la Santísima Trinidad.
Día sexto (4 de diciembre): la Reina de los Ángeles
Si Dios creó en gracia a los ángeles, que habían de ser sus siervos, ¿cuánta gracia daría a la que es su Reina?
¡Oh Verbo Divino y Sabiduría infinita!, que creasteis a los Ángeles en gracia para que fuesen dignos ministros de vuestra grandeza y siervos de vuestra querida Madre y Reina nuestra: yo os suplico humildemente me deis gracia para que, viviendo en la tierra como ángel en el Cielo, merezca ser, como lo deseo, digno esclavo de María Santísima, mi amada Señora. Amén.
Jaculatoria: María es Madre del Señor y Tabernáculo de la Santísima Trinidad. Bendito sea quien tal dignidad le dio. Amén.

Día séptimo (5 de diciembre): toda hermosa
En el Cantar de los Cantares el esposo dice a la amada que es toda hermosa y que no hay mancha en ella. La consideración lo aplica a María, la obra más bella de Dios.
¡Oh Artífice Soberano y Dios Omnipotente! Por el amor de aquella hermosísima criatura en quien desde vuestra eternidad os estáis complaciendo, os suplico se quite de mi alma la fealdad de la culpa y sea restituida a la hermosura de la gracia, por una verdadera confesión con que de hijo de ira pase a ser objeto de vuestros agrados. Amén.
Jaculatoria: Toda hermosa eres, María, y no hay mácula original en ti.
Día octavo (6 de diciembre): el dogma de 1854
Este día, añadido después de 1854, celebra que el beato Pío IX, "después de haber escuchado el voto de más de seiscientos Obispos y Arzobispos del Orbe Católico", definió la Inmaculada Concepción como verdad revelada por Dios, en la bula Ineffabilis Deus. La historia completa del dogma está en nuestra página de la Inmaculada Concepción.
¡Oh Rey Supremo del Universo! Vos habéis querido que en los cielos y en la tierra se alabe y se venere este admirable misterio, y nos habéis concedido el deseo de nuestros corazones, haciendo que nuestra Madre la Iglesia nos proponga para nuestra creencia el misterio de la pureza original de María entre las verdades reveladas por Vos. Haced, Señor, que mi alma sepa reconocer vuestros beneficios y adorar vuestros arcanos, para que con una fe viva pueda alabar y reverenciar dignamente en la tierra el privilegio singular de la Concepción Inmaculada de María, que los Ángeles y los Santos celebran en el Cielo. Amén.
Jaculatoria: Bendita y alabada sea la Purísima Concepción de la siempre Virgen María, mi Señora. Amén. (El librito cuenta que el Maestro Ávila, San Juan de Ávila, la aconsejó a una persona tentada contra la castidad.)
Día noveno (7 de diciembre): la Madre que Dios eligió
Si cualquiera de nosotros pudiera escoger a su madre, escogería a la más perfecta. Dios pudo hacerlo, y la hizo sin mancha. La última canción recuerda al franciscano Duns Escoto, el gran defensor de la Inmaculada.
¡Oh Dios infinitamente Poderoso, Amante y Sabio!, que pudiendo y sabiendo quisisteis hacer en María Santísima ostentación gloriosa de vuestros atributos, haciéndola tan hermosa, formándola tan limpia y creándola tan perfecta: yo os suplico, Señor, con todas las fuerzas de mi corazón, me consuma en amor hacia María Santísima, mi Señora, me abrase en deseos de servirla y gaste toda mi vida en contemplar sus perfecciones, hasta daros las cabales gracias de obra tan perfecta en la eternidad de la gloria. Amén.
Jaculatoria: Hazme digno de alabarte, ¡oh Virgen sagrada! Dadme virtud contra tus enemigos.

Oración final y alabado (para todos los días)
Antes del alabado se dice:
V. ¡Oh María concebida sin pecado! R. Rogad por nosotros que recurrimos a Vos.
¡Oh Dios infinitamente santo, misericordioso y sabio, que quisisteis que María fuese Inmaculada para preparar en su castísimo vientre una digna habitación a vuestro Hijo Unigénito, que es el Salvador del mundo, esplendor de vuestra eterna gloria y viva imagen de vuestra sustancia! Os suplicamos, Señor, que así como por los méritos previstos de la muerte de vuestro amado Jesús preservasteis de toda mancha a su purísima Madre, así también nos concedáis por su intercesión llegar a vuestra divina presencia libres de todo pecado, por medio del mismo Jesucristo Nuestro Señor, Hijo vuestro, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén.
Y se termina cantando o rezando el alabado:
Toda hermosa eres, María, desde tu instante primero, pues la mancha original no tuvo en tu ser derecho.
Tú eres de los pecadores la gloria y sumo contento; tú eres de Israel la alegría y honra del cristiano pueblo.
Tú eres de Jerusalén la Abogada, a cuyo esfuerzo, ¡oh María!, deben todas tan favorables decretos.
¡Oh prudentísima Virgen, de la castidad espejo! ¡Oh clementísima Madre!, abriga a todo tu gremio.
Ruega por nosotros, pía, y tu intercesión sea presto, porque nos confiera gracias Jesucristo, Señor nuestro.
Por tu inmaculado ser, Virgen y Madre del Verbo, del enemigo maligno déjanos, Señora, exentos.
El librito trae también unos gozos a la Purísima, cuyo estribillo muchos cantan al final de cada día:
Sin pecado original fue, ¡oh Virgen!, tu Concepción: líbranos de todo mal, consuela nuestra aflicción.

De dónde viene esta novena
El texto de esta página es el del folleto Novena a la purísima Concepción de María Santísima, Reina de los ángeles y de los hombres, impreso en la ciudad de Guatemala por la Tipografía Sánchez & De Guise con licencia de la autoridad eclesiástica, registrada el 25 de julio de 1913 y firmada por el secretario J. Luis Montenegro y Flores. El ejemplar digitalizado en el Internet Archive parece una reimpresión posterior de esa edición. El autor no se nombra. Las oraciones, las canciones y las anécdotas de santos que trae son mucho más antiguas: el estilo barroco y las fuentes que cita (Santa Gertrudis, Santa Brígida, la Venerable María de Jesús de Ágreda, Fray Bernardino de Bustos) son los de las novenas españolas y americanas del siglo XVIII. Solo el octavo día se reescribió después de la definición del dogma en 1854. Hemos modernizado los acentos y la puntuación; las palabras son las del folleto.
Hemos dejado fuera dos cosas. La primera, el relato del preámbulo, tomado de Fray Bernardino de Bustos, sobre una religiosa que en éxtasis habría oído a Cristo prometer el perdón de todos los pecados a quien celebre con devoción la fiesta de la Concepción. Es una revelación privada tradicional que la Iglesia nunca ha hecho suya como promesa; el perdón de los pecados nos llega por la confesión, y el mismo folleto pide empezar la novena confesándose. La segunda, las consideraciones completas de cada día, que resumimos arriba porque son largas y muy recargadas. Quien quiera leerlas puede abrir el folleto en el Internet Archive.
La Inmaculada, el Adviento y Lourdes
La novena cae siempre en los primeros días del Adviento, y no es casualidad que la Iglesia ponga la fiesta de la Purísima en este tiempo. María es la primera que esperó a Cristo, y la gracia que la preservó del pecado fue la preparación de Dios para que su Hijo tuviera una casa limpia. Rezar la novena es pedir esa misma preparación para nosotros.
Cuatro años después de la definición del dogma, el 25 de marzo de 1858, la Virgen se presentó en Lourdes a Santa Bernardita con las palabras "Que soy era Immaculada Councepciou", "Yo soy la Inmaculada Concepción". Sobre la gruta se levanta hoy la basílica de la Inmaculada Concepción.

Si quiere seguir rezando después del 8 de diciembre, el 9 celebramos a San Juan Diego y el 12 a la Virgen de Guadalupe, cuya novena empieza el 3 de diciembre. Otras novenas para todo el año están en nuestra página de novenas.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se empieza la novena a la Inmaculada Concepción?
El 29 de noviembre, para terminar el 7 de diciembre, la víspera de la solemnidad del 8 de diciembre. Si empieza más tarde, no se preocupe: puede terminarla el mismo día de la fiesta o después. La novena se puede rezar también en cualquier otra época del año.
¿Cómo se reza la novena a la Inmaculada?
Cada día se hace la señal de la cruz y el acto de contrición, se reza la oración inicial, se lee la canción y la consideración del día, se hace la petición, se rezan las tres Avemarías, la oración propia del día y la jaculatoria, y se termina con la oración final y el alabado. Todo el texto está en esta página.
¿Qué pasa si me salto un día de la novena?
Retómela donde la dejó y termínela. La novena es una manera de perseverar en la oración, no una fórmula que falla por un olvido.
¿Es lo mismo la novena a la Inmaculada que la novena de la Medalla Milagrosa?
No. Las dos honran a María sin pecado concebida, pero la de la Medalla Milagrosa se reza para la fiesta del 27 de noviembre y tiene sus propias oraciones. Muchas parroquias rezan una y enseguida la otra, porque las fechas casi se tocan.
¿La novena a la Inmaculada tiene promesas?
La Iglesia no ha aprobado ninguna promesa de resultado seguro para esta novena. Algunos devocionarios antiguos, como el que reproducimos, cuentan revelaciones privadas que prometen el perdón de los pecados a quien celebre la fiesta; son relatos tradicionales, no enseñanza de la Iglesia. El perdón de los pecados lo da Dios en el sacramento de la confesión, y por eso el mismo librito pide empezar la novena confesándose.
Fuentes
- Novena a la purísima Concepción de María Santísima, Reina de los ángeles y de los hombres (Guatemala: Tipografía Sánchez & De Guise; licencia eclesiástica del 25 de julio de 1913), Internet Archive. Texto de todas las oraciones de esta página
- Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 490-493: La Inmaculada Concepción (Santa Sede)
- Frederick G. Holweck, "Inmaculada Concepción", Enciclopedia Católica (traducción de la edición inglesa de 1910)
- Joseph Hilgers, "Novena", Catholic Encyclopedia (1911), en inglés
- Santuario de Lourdes: Las apariciones (25 de marzo de 1858)