Acto de contrición

El acto de contrición es la oración con la que le decimos a Dios que nos duele haberlo ofendido y que, con su gracia, no queremos volver a pecar. En el mundo hispano la forma tradicional comienza "Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero". La rezamos en la confesión, cada noche y siempre que caemos.
Muchos lo aprendimos de niños, de rodillas, la víspera de la primera confesión, y todavía podemos rezarlo medio dormidos. El acto de contrición es la oración más sencilla de la Iglesia para pedir perdón: le decimos a Dios que nos duele haberlo ofendido, le decimos por qué, y le prometemos, apoyados en su gracia, que queremos cambiar. En el mundo de habla hispana la forma tradicional es el "Señor mío Jesucristo". Aquí la tiene completa, con su historia, lo que significa cada parte, la contrición perfecta e imperfecta y cuándo rezarla.
El acto de contrición: "Señor mío Jesucristo"
Este es el acto de contrición tradicional tal como lo imprime el catecismo del P. Jerónimo de Ripalda en su edición de Buenos Aires de 1894, en la ortografía de entonces:
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Criador y Redentor mío, por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido: propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme, y cumplir la penitencia que me fuere impuesta: ofrézcoos mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y así como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita, me los perdonaréis por los merecimientos de vuestra preciosa Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme, y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
Recémoslo ahora despacio, una vez, como si fuera la primera.
Muchas parroquias y devocionarios de hoy lo imprimen con pequeños cambios: "Creador, Padre y Redentor mío", el tuteo en lugar del vos ("por ser tú quien eres") y a veces sin la segunda mitad, la que ofrece a Dios "mi vida, obras y trabajos". El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005) recoge una de esas formas con la nota "tradición española". Todas dicen lo mismo, y cualquiera de ellas vale en el confesionario.

De dónde viene el acto de contrición
Nadie sabe quién escribió el "Señor mío Jesucristo". Lo que sí sabemos es por dónde llegó a nuestras casas: por los catecismos.
Después del Concilio de Trento, los jesuitas españoles Gaspar Astete y Jerónimo de Ripalda escribieron dos catecismos breves de preguntas y respuestas que se enseñaron durante más de tres siglos en España, en América y en Filipinas. En el capítulo sobre la contrición, el de Ripalda explica qué es el dolor de los pecados, por qué es mejor la contrición que la atrición y cuándo conviene hacerla. Después el discípulo pregunta con qué palabras puede rezarla, y el maestro responde, en la edición impresa en México en 1754 (cuya ortografía modernizamos aquí): "paréceme que podéis decir de esta manera, hablando con Cristo Señor nuestro, considerándole puesto en una cruz". Y sigue el "Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Criador y Redentor mío...".
Ese detalle explica el tono de toda la oración. No es una fórmula para leer: es lo que uno dice mirando el crucifijo. Por eso empieza llamando a Jesús "Dios y Hombre verdadero" y termina hablando de su Sangre, su Pasión y su Muerte.

En Italia el acto de dolor tiene autor conocido. El papa Francisco, en un discurso a confesores del 8 de marzo de 2024, lo llamó "una oración sencilla y rica, que pertenece al patrimonio del santo Pueblo fiel de Dios", y añadió: "su autor es el gran San Alfonso María de Ligorio, maestro de teología moral".

Qué dice el acto de contrición, parte por parte
La oración es corta, pero está construida con cuidado. Sigue la definición de contrición que el Catecismo (n. 1451) toma del Concilio de Trento: "un dolor del alma y una detestación del pecado cometido con la resolución de no volver a pecar". Cada parte de esa definición está en la oración.
"Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Criador y Redentor mío." Empezamos por mirar a quién hemos ofendido: al que nos creó y al que murió por nosotros. El pecado no es solo romper una norma. Es herir a una Persona que nos ama.
"Por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas." Esta es la razón más alta del arrepentimiento: que Dios es bueno y lo amamos. Aquí está la contrición perfecta, la que nace del amor.
"Me pesa de todo corazón de haberos ofendido." "Me pesa" quiere decir me duele, me arrepiento. Y "de todo corazón": el dolor tiene que ser interior, no solo de labios.
"Propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos." Es el propósito de enmienda. No basta con no querer pecar; hay que apartarse de lo que nos lleva al pecado: un lugar, una compañía, una costumbre.
"Y de confesarme, y cumplir la penitencia que me fuere impuesta." El arrepentimiento nos lleva al sacramento. Quien se duele de verdad quiere confesarse.
"Ofrézcoos mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados." Le entregamos a Dios lo de cada día, el trabajo y el cansancio, para reparar el mal que hicimos.
"Y así como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita." La oración termina en confianza, no en miedo. Pedimos perdón "por los merecimientos de vuestra preciosa Sangre", no por los nuestros, y pedimos la gracia de perseverar "hasta la muerte".
El papa Francisco, en aquel discurso de 2024, explicó que el propósito expresa "un propósito, no una promesa", porque "ninguno de nosotros puede prometer a Dios no pecar más". Lo que se requiere "no es una garantía de impecabilidad, sino un propósito actual, hecho con recta intención en el momento de la confesión".

Contrición perfecta e imperfecta
El acto de contrición junta dos clases de dolor, y la Iglesia les da nombre.
La contrición perfecta, enseña el Catecismo, es la que "brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas" (n. 1452). Perdona los pecados veniales, y "obtiene también el perdón de los pecados mortales, si comprende la firme resolución de recurrir tan pronto sea posible a la confesión sacramental".
La contrición imperfecta, también llamada atrición, "es también un don de Dios, un impulso del Espíritu Santo", y "nace de la consideración de la fealdad del pecado o del temor de la condenación eterna" (n. 1453). Por sí misma no alcanza el perdón de los pecados graves, pero dispone a obtenerlo en la confesión.
Nadie tiene que esperar a sentir un dolor perfecto para ir a confesarse. Vamos con el dolor que tenemos, y el sacramento lo completa. Y el arrepentimiento no se mide por las lágrimas: está en la voluntad. Si le duele haber ofendido a Dios y quiere evitar el pecado, tiene lo que la oración pide.

Otras formas del acto de contrición
La Iglesia nunca ha atado el arrepentimiento a una sola fórmula. El Compendio del Catecismo trae, junto a la forma española, un acto de contrición más breve que comienza "Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todos mis pecados y los aborrezco", y la versión latina, el Actus contritionis, que empieza así:
Deus meus, ex toto corde pænitet me ómnium meórum peccatórum, éaque detéstor...
En muchos lugares se enseña también otro acto que empieza "Pésame, Dios mío...", y el Ritual de la Penitencia aprobado por cada conferencia episcopal ofrece al penitente varias oraciones, muchas tomadas de la Escritura. Sus textos oficiales en español pertenecen a las conferencias episcopales, y los encontrará en las tarjetas que hay en muchos confesionarios o en su parroquia. Todas están aprobadas y ninguna es mejor que las demás. Rece la que sepa.
La más breve de todas es la del publicano del Evangelio, que se quedó al fondo del Templo, sin atreverse a levantar los ojos, golpeándose el pecho y pidiendo a Dios compasión porque era pecador (Lucas 18, 13). Jesús dijo que ese hombre volvió a su casa justificado.

Cuándo rezar el acto de contrición
En la confesión
Después de decir sus pecados y de recibir el consejo y la penitencia, el sacerdote le pedirá que rece un acto de contrición. Dígalo en voz alta, con sencillez, y después él le dará la absolución. Si se pone nervioso y se le olvidan las palabras, no pasa nada: dígaselo al confesor y él le ayudará. Para prepararse bien, vea nuestro examen de conciencia y el Yo confieso.

Cada noche
Las antiguas oraciones de la noche terminaban siempre igual: un breve repaso del día y el acto de contrición. Es una costumbre que vale la pena recuperar. Si en ese repaso encuentra un pecado grave, haga un acto de contrición perfecta y propóngase confesarse pronto. Después duerma en paz. Puede ver también nuestra oración de la noche.

En peligro de muerte
Aquí el acto de contrición importa más que nunca. Si alguien está muriendo y no hay sacerdote, un acto de contrición perfecta, con el deseo de confesarse si fuera posible, reconcilia el alma con Dios (CEC 1452). El papa Francisco lo recordó en marzo de 2020, cuando muchos no podían salir de casa durante la pandemia: "si no encuentras un sacerdote para confesarte, habla con Dios, es tu Padre", y "pídele perdón de todo corazón, con el Acto de dolor y prométele: 'Me confesaré después, pero perdóname ahora'".
Rece el acto de contrición junto a los moribundos. Dígalo despacio a su oído, aunque ya no puedan responder.

El Buen Ladrón es el patrono de ese momento. No tenía nada que ofrecer más que su arrepentimiento, y bastó: "Hoy estarás conmigo en el paraíso".
Cómo enseñar el acto de contrición a los niños
La mayoría de las parroquias lo enseñan antes de la primera confesión, hacia los siete u ocho años. Estos pasos ayudan:
- Explíquelo primero. Dígales que es la manera de pedirle perdón a Dios, y que Dios siempre perdona cuando estamos arrepentidos de verdad.
- Una frase cada noche. Añada una parte en las oraciones de la noche hasta que lo sepan entero.
- Explique las palabras difíciles. "Me pesa" quiere decir me duele. "Propongo" quiere decir que de verdad quiero intentarlo. "Ocasiones" son las cosas que nos llevan a portarnos mal.
- Récelo con ellos, en voz alta, cada noche. Los niños imitan lo que hacemos mucho más que lo que les decimos.
Terminemos como la Iglesia termina cada día, con las palabras de siempre: Señor mío Jesucristo, me pesa de todo corazón de haberos ofendido. Para más oraciones, visite nuestras oraciones católicas.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el acto de contrición completo?
La forma tradicional en español, tal como la imprime el catecismo del P. Jerónimo de Ripalda (edición de Buenos Aires, 1894), dice: "Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Criador y Redentor mío, por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido: propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme, y cumplir la penitencia que me fuere impuesta...". El texto completo está más arriba en esta página.
¿Cuál es el acto de contrición corto?
No hay una sola fórmula oficial breve. Muchos rezan la primera parte del "Señor mío Jesucristo" hasta "me pesa de todo corazón de haberos ofendido", y añaden el propósito: "propongo firmemente nunca más pecar". También vale la oración del publicano del Evangelio, que pide a Dios compasión porque es pecador (Lucas 18, 13). Lo esencial es el dolor sincero y el propósito de enmienda.
¿Tengo que decir el acto de contrición de memoria en la confesión?
No. La Iglesia aprueba varias fórmulas y el sacerdote no toma examen. Si no recuerda las palabras, dígalo con sencillez: el confesor le ayudará, o puede decir con sus propias palabras que se arrepiente de sus pecados porque ofenden a Dios y que quiere cambiar con su gracia.
¿Qué diferencia hay entre contrición perfecta e imperfecta?
La contrición perfecta nace del amor a Dios amado sobre todas las cosas; la imperfecta, o atrición, nace de considerar la fealdad del pecado o del temor al castigo. El Catecismo enseña que las dos son don de Dios. La imperfecta basta para confesarse bien; la perfecta, si incluye el propósito de confesarse cuanto antes, obtiene el perdón incluso de los pecados mortales (CEC 1452-1453).
¿El acto de contrición perdona los pecados sin confesarse?
Un acto de contrición perfecta perdona los pecados veniales y también los mortales si lleva consigo la firme resolución de confesarse lo antes posible (CEC 1452). No sustituye a la confesión: antes de comulgar hay que confesar los pecados graves. Por eso conviene rezarlo cada noche y, sobre todo, en peligro de muerte cuando no hay sacerdote.
¿Quién escribió el acto de contrición?
No se conoce el autor del "Señor mío Jesucristo". Ya aparece en el catecismo del jesuita Jerónimo de Ripalda en una edición impresa en México en 1754, y desde allí lo aprendieron generaciones de niños en España y en América. El Compendio del Catecismo de 2005 lo recoge como "tradición española". El acto de dolor que se reza en Italia, en cambio, tiene autor conocido: San Alfonso María de Ligorio, según el papa Francisco.
Fuentes
- Gerónimo de Ripalda, Catecismo y exposición breve de la doctrina cristiana (México: Imprenta del Nuevo Rezado de doña María de Ribera, 1754), John Carter Brown Library (Internet Archive). El acto de contrición "Señor mío Jesucristo" en el capítulo sobre la contrición, propuesto para rezarlo "hablando con Christo Señor nuestro, considerándole puesto en una Cruz"
- Gerónimo Ripalda, Catecismo y esposición breve de la doctrina cristiana (Buenos Aires: Leo Mihau, 1894), University of Illinois (Internet Archive). El texto del acto de contrición que reproducimos, entre el Yo pecador y el modo de rezar el Rosario
- Catecismo de la Iglesia Católica, 1422-1498: el sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación. La contrición (1451-1453) y el acto de contrición perfecta antes de comulgar (1457)
- Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), Apéndice A: Oraciones comunes. El Acto de Contrición, el "Señor mío Jesucristo" como "tradición española" y el Actus contritionis en latín
- Francisco, Discurso a los participantes en el curso sobre el Fuero Interno (8 de marzo de 2024). San Alfonso María de Ligorio, autor del acto de dolor italiano; el propósito no es una promesa
- Francisco, homilía en Santa Marta: Volver a Dios es volver al abrazo del Padre (20 de marzo de 2020). El acto de dolor cuando no se puede encontrar un sacerdote