Comunión espiritual

Ilustración en acuarela de una anciana sentada en su cama con un rosario en las manos, que mira un pequeño crucifijo mientras entra la luz de la mañana por la ventana

La comunión espiritual es un acto de amor en el que deseamos ardientemente recibir a Jesús en la Eucaristía cuando no podemos comulgar, y lo abrazamos "como si ya hubiese venido". La oración más conocida es la de San Alfonso María de Ligorio: "Jesús mío, creo que estáis en el Santísimo Sacramento: os amo sobre todas las cosas..."

Hay días en que no podemos comulgar: una enfermedad, la distancia, un viaje, una misa perdida o un día entre semana en que el templo está cerrado. La Iglesia nunca nos ha pedido que dejemos de desear a Jesús en esos días. Nos da la comunión espiritual, una oración breve con la que le pedimos que venga a nuestro corazón por el deseo, hasta que podamos recibirlo de nuevo en el sacramento.

La oración de la comunión espiritual

Este es el acto de comunión espiritual de San Alfonso María de Ligorio, tal como lo publicó en Madrid en 1803 la traducción de sus Visitas al Santísimo Sacramento hecha por Sor María de Córdoba y Pacheco, religiosa franciscana de Málaga. Solo hemos puesto al día los acentos:

Jesús mío, creo que estáis en el Santísimo Sacramento: os amo sobre todas las cosas, y os deseo con toda mi alma; y pues que ahora no puedo recibiros sacramentado, venid a lo menos espiritualmente a mi corazón: como si ya hubieseis venido, os abrazo, y con Vos toda me uno; no permitáis que jamás me separe de Vos.

La traductora era una monja y escribió "toda me uno"; un hombre dice "todo me uno". En la misma página trae una forma más breve:

Jesús mío, os creo en el Santísimo Sacramento: os amo, y os deseo, venid a mi corazón; yo os abrazo, no os separéis jamás de mí.

Hoy la mayoría la reza tuteando a Jesús, con pequeñas variantes: "Creo, Jesús mío, que estás en el Santísimo Sacramento. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma...". Es la misma oración de San Alfonso.

Ilustración en estilo grabado de fieles del siglo XVIII arrodillados en una iglesia española ante la custodia expuesta entre muchas velas, durante las Cuarenta Horas
San Alfonso escribió sus Visitas para las horas de adoración: fieles del siglo XVIII ante el Santísimo expuesto durante las Cuarenta Horas.

La fórmula de los escolapios

En España y en América se reza también una fórmula más breve, que los padres escolapios enseñaban a los niños de sus colegios. San Josemaría Escrivá la aprendió en 1912, en el colegio de Barbastro, al prepararse para su primera comunión, y la repitió toda su vida:

Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos.

Dibujo a tinta de un sacerdote con sotana que enseña a rezar a un grupo de niños arrodillados en la capilla de un colegio de principios del siglo XX
Un sacerdote enseña a rezar a los niños de un colegio antes de su primera comunión.

¿Qué es la comunión espiritual?

San Alfonso lo explica en una frase, tomada de Santo Tomás de Aquino. En la traducción de 1803: "Consiste la comunión espiritual en un ardiente deseo de recibir a Jesucristo sacramentado, y en quererse unir con él íntimamente, como si se hubiera recibido".

La Iglesia lo enseña desde hace siglos. El Concilio de Trento, en su decreto sobre la Eucaristía de 1551, dice que los Padres distinguieron "tres modos de recibirle". En la traducción de López de Ayala (1785): algunos lo reciben "solo sacramentalmente, como son los pecadores"; otros "solo espiritualmente, es a saber aquellos que recibiendo con el deseo este celeste pan, perciben con la viveza de su fe que obra por amor, su fruto y utilidades"; y los terceros, los mejores, lo reciben "sacramental y espiritualmente a un mismo tiempo".

La comunión espiritual no sustituye a la misa. Es el deseo que nos devuelve a ella.

Cristo en el centro de una larga mesa blanca levanta la Hostia sobre un cáliz, rodeado de los doce apóstoles, con una jarra y una jofaina en el suelo
Juan de Juanes pintó hacia 1562 la Última Cena, con Cristo que levanta la Hostia en la mesa donde nos dio la Eucaristía. ⓘThe Last Supper

Los santos y la comunión espiritual

San Juan Pablo II escribió en Ecclesia de Eucharistia (2003) que la práctica de la comunión espiritual está "felizmente difundida desde hace siglos en la Iglesia y recomendada por Santos maestros de vida espiritual". Y citó a Santa Teresa de Jesús, que en el Camino de perfección aconsejaba a sus monjas: "Cuando no comulgáredes y oyéredes misa, podéis comulgar espiritualmente, que es de grandísimo provecho".

Santa Teresa con capa blanca de carmelita y velo oscuro, arrodillada con las manos abiertas, mira hacia una paloma blanca que vuela hacia ella
Rubens pintó en 1614 a Santa Teresa ante la paloma del Espíritu Santo. Ella enseñó a sus monjas a comulgar espiritualmente. ⓘSt. Teresa of Ávila's Vision of the Dove

San Alfonso reúne más testigos. Cuenta que la beata Águeda de la Cruz hacía la comunión espiritual doscientas veces al día, y que el padre Pedro Fabro, primer compañero de San Ignacio, decía que comulgar espiritualmente ayudaba muchísimo a comulgar bien en el sacramento. Cuenta también que el Señor mostró a Sor Paula Marisca, fundadora de un monasterio en Nápoles, dos vasos preciosos: uno de oro, donde guardaba sus comuniones sacramentales, y otro de plata, donde guardaba las espirituales. Es una revelación privada reportada, que San Alfonso transmite según la vida de la religiosa; la Iglesia no se ha pronunciado sobre ella. Y él mismo añade que basta saber que el Concilio de Trento alaba la comunión espiritual y anima a los fieles a practicarla.

Cuándo hacer la comunión espiritual

  • Cuando no puede ir a misa, por enfermedad, edad, viaje, mal tiempo o por cuidar a alguien en casa. Muchos enfermos la rezan mientras siguen la misa por radio o por televisión.
  • En la misa, cuando no va a comulgar. Benedicto XVI escribió en Sacramentum caritatis (2007) que, aun cuando no es posible acercarse a la comunión sacramental, "es bueno cultivar el deseo de la plena unión con Cristo, practicando, por ejemplo, la comunión espiritual".
  • En una visita al Santísimo o en la adoración. San Alfonso aconseja hacerla al principio, a la mitad y al final de cada visita y de cada misa.
  • A cualquier hora. La beata Juana de la Cruz, cuenta San Alfonso, decía que se puede hacer sin que nadie lo vea, sin ayuno y sin licencia del director: "con solo hacer un acto de amor está todo hecho".
Ilustración en acuarela de un matrimonio de ancianos que sigue la misa desde la sala de su casa, ella con un rosario y él con las manos juntas
Un matrimonio de ancianos sigue la misa desde su casa y hace la comunión espiritual.

Un albañil a la hora de la comida, una enfermera en el turno de noche, una madre despierta con su bebé: cualquiera puede hacer una comunión espiritual en pocos segundos, delante de un sagrario o lejos de él.

Ilustración al estilo de pintura al óleo de un albañil con casco en la mano que se detiene un momento en la puerta abierta de una iglesia y mira hacia el sagrario
Un trabajador se detiene un momento en la puerta de la iglesia y saluda a Jesús en el sagrario.

Una advertencia, en el espíritu de Trento: la comunión espiritual supone una fe viva "que obra por amor". Quien sabe que está en pecado grave no debe quedarse en el deseo, sino hacer un acto de contrición y confesarse, para poder recibir pronto al Señor en el sacramento.

La Iglesia anima esta práctica con una indulgencia: el Enchiridion Indulgentiarum (2004), en su concesión 8, concede indulgencia parcial a quien hace un acto de comunión espiritual con cualquier fórmula piadosa. Lo que es la indulgencia y cómo se gana está explicado en la página de la indulgencia plenaria.

Una pequeña capilla con bancas de madera frente a un altar donde una custodia dorada con el Santísimo Sacramento está en un nicho tallado entre dos ángeles pintados, con una vela roja encendida
El Santísimo Sacramento expuesto en una custodia, en una pequeña capilla de Piqua, Ohio: San Alfonso pedía terminar cada visita con una comunión espiritual. ⓘ

Oraciones relacionadas

Después de una comunión espiritual, muchos rezan el Alma de Cristo, "Alma de Cristo, santifícame", como lo harían después de comulgar. Otras oraciones para el día están en las oraciones católicas.

San Alfonso María de Ligorio, doctor de la Iglesia, ruega por nosotros, para que siempre deseemos a Jesús en el Santísimo Sacramento.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la comunión espiritual?

Es un ardiente deseo de recibir a Jesús en la Eucaristía, hecho con fe y amor cuando no podemos comulgar sacramentalmente. San Alfonso María de Ligorio, siguiendo a Santo Tomás, la define como el deseo de recibir a Jesucristo sacramentado y de unirse a él íntimamente, como si ya se lo hubiera recibido.

¿Cuál es la oración de la comunión espiritual?

La más conocida es la de San Alfonso. En la traducción española de 1803 dice: "Jesús mío, creo que estáis en el Santísimo Sacramento: os amo sobre todas las cosas, y os deseo con toda mi alma; y pues que ahora no puedo recibiros sacramentado, venid a lo menos espiritualmente a mi corazón: como si ya hubieseis venido, os abrazo, y con Vos toda me uno; no permitáis que jamás me separe de Vos".

¿La comunión espiritual sustituye a la comunión?

No. No reemplaza a la misa ni cumple el precepto de comulgar por Pascua. Es una gracia verdadera y un deseo que nos lleva de vuelta al altar. Benedicto XVI la recomendó para quienes participan en la misa sin poder acercarse a comulgar.

¿Puedo hacer la comunión espiritual si estoy en pecado grave?

El Concilio de Trento habla de quienes reciben el pan del cielo con el deseo y con una fe viva "que obra por amor", lo que supone un alma unida a Dios. Quien tiene conciencia de pecado grave debe empezar con un acto de contrición y confesarse en cuanto pueda. Desear a Jesús y pedir su misericordia siempre es bueno: es el primer paso de regreso.

¿Cuántas veces se puede hacer la comunión espiritual?

Todas las que se quiera. San Alfonso cita a la beata Juana de la Cruz: se puede hacer sin que nadie lo vea, sin ayuno y sin permiso del director, a cualquier hora del día o de la noche. Recomendaba hacerla en cada visita al Santísimo y en cada misa.

Fuentes

  1. San Alfonso María de Ligorio, Exercicio eucarístico, ó Visitas al Santísimo Sacramento y la Virgen María, trad. Sor María de Córdoba y Pacheco (Madrid: Gerónimo Ortega, 1803), "De la comunión espiritual", Internet Archive
  2. El sacrosanto y ecuménico Concilio de Trento, trad. Ignacio López de Ayala (Madrid: Imprenta Real, 1785), sesión XIII, cap. 8, Internet Archive
  3. San Juan Pablo II, Carta encíclica Ecclesia de Eucharistia (17 de abril de 2003), n. 34
  4. Benedicto XVI, Exhortación apostólica Sacramentum caritatis (22 de febrero de 2007), n. 55
  5. Opus Dei: La comunión espiritual que repetía san Josemaría. Origen escolapio de la fórmula "Yo quisiera, Señor, recibiros..."
  6. Penitenciaría Apostólica, Enchiridion Indulgentiarum, 4.ª ed. (2004), concesión 8