Alma de Cristo

Ilustración en estilo óleo de una mujer arrodillada en un banco de una iglesia colonial después de comulgar, con los ojos cerrados y las manos juntas, y el sagrario iluminado al fondo

El Alma de Cristo es una breve oración a Jesús que comienza "Alma de Cristo, santifícame; Cuerpo de Cristo, sálvame" y que rezamos sobre todo en acción de gracias después de comulgar. Es una oración latina, el Anima Christi, de la primera mitad del siglo XIV. San Ignacio de Loyola la amó y la recomendó en sus Ejercicios espirituales, pero no la escribió.

El Alma de Cristo es una de las oraciones más antiguas y más queridas para después de la comunión. Cabe en el minuto que sigue a recibir la Eucaristía, y cada una de sus líneas habla directamente a Jesús. Muchos la aprendimos de una estampa guardada en el misal o de una abuela que la rezaba en voz baja al volver del altar. Aquí está completa en español y en latín, con su verdadero origen, la huella que dejó en España mucho antes de San Ignacio y la oración que el santo sí escribió: "Tomad, Señor, y recibid".

La oración Alma de Cristo

Este es el texto que se reza comúnmente en español, traducción tradicional del Anima Christi latino:

Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame. Agua del costado de Cristo, lávame. Pasión de Cristo, confórtame. ¡Oh, buen Jesús!, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de ti. Del maligno enemigo, defiéndeme. En la hora de mi muerte, llámame, y mándame ir a ti, para que con tus santos te alabe por los siglos de los siglos. Amén.

Algunos devocionarios dicen "No permitas que me separe de ti" o "Del enemigo malo, defiéndeme". Es la misma oración.

El Alma de Cristo en latín

Anima Christi, sanctifica me. Corpus Christi, salva me. Sanguis Christi, inebria me. Aqua lateris Christi, lava me. Passio Christi, conforta me. O bone Iesu, exaudi me. Intra tua vulnera absconde me. Ne permittas me separari a te. Ab hoste maligno defende me. In hora mortis meae voca me. Et iube me venire ad te, ut cum Sanctis tuis laudem te in saecula saeculorum. Amen.

En latín la oración rima: me, me, me. Por eso era tan fácil aprenderla de memoria en los siglos en que pocos sabían leer.

Cristo resucitado, coronado de espinas y con aureola dorada, de pie en el sepulcro abierto ante la cruz, mostrando la herida del costado, con un pequeño fraile arrodillado a su lado
El Varón de Dolores de Michele Giambono (hacia 1430): Cristo resucitado muestra la herida del costado, de donde brotaron la sangre y el agua que nombra la oración. ⓘThe Man of Sorrows

Qué pedimos en el Alma de Cristo

La oración recorre a Cristo entero y toda su Pasión, y pide a cada parte que haga su obra en nosotros.

Alma, Cuerpo, Sangre. Comienza por la Eucaristía. En la comunión recibimos a Cristo todo entero, su Cuerpo, su Sangre, su alma y su divinidad. Las primeras líneas son casi una letanía del don que acabamos de recibir: que tu alma me haga santo, que tu cuerpo me salve, que tu sangre me llene hasta sacarme de mí por amor.

El agua del costado. En el Calvario, "uno de los soldados con la lanza le abrió el costado, y al instante salió sangre y agua" (Juan 19, 34, en la traducción de Félix Torres Amat). Los Padres de la Iglesia vieron en esa sangre y esa agua los sacramentos de la Eucaristía y del Bautismo, que nacen del costado abierto de Cristo. "Agua del costado de Cristo, lávame" pide que se renueve en nosotros la limpieza del Bautismo.

La Pasión y las llagas. "Dentro de tus llagas, escóndeme" es quizá la línea más tierna de todas las oraciones católicas. Trata las heridas de Cristo resucitado como un refugio. Santo Tomás metió en ellas la mano; nosotros pedimos que nos escondan.

La perseverancia y la muerte. El final mira hacia adelante: que nunca me aparte de ti, que me defiendas del enemigo, y que en la hora de mi muerte me llames para alabarte con tus santos para siempre. Es toda una vida cristiana en trece líneas.

Ilustración en acuarela de un joven y su abuelo arrodillados en silencio en una parroquia sencilla después de recibir la comunión
Un joven y su abuelo dan gracias en silencio después de comulgar.

¿Quién escribió el Alma de Cristo?

Una oración del siglo XIV

Durante mucho tiempo se la llamó "la oración de San Ignacio". No lo es. En 1922 el historiador jesuita Zacarías García Villada resumió en la revista Estudios Eclesiásticos lo que habían encontrado los investigadores: la oración aparece en libros de horas y devocionarios del siglo XIV y del XV, mucho antes del santo. El himnólogo inglés James Mearns la halló en un manuscrito del Museo Británico que fecha hacia 1370; otros estudiosos, en un manuscrito alemán fechado en 1317 y en el testimonio de la mística Margarita Ebner, que ya la rezaba a mediados del siglo XIV.

¿Y el autor? Algunos manuscritos, como uno de la Biblioteca Vaticana procedente de Heidelberg, dicen que la compuso el papa Juan XXII y que la enriqueció con indulgencias en Aviñón, el Jueves Santo de 1330. García Villada lo recoge con cautela y concluye que "la cuestión del autor... está aún por resolver". Lo honesto es decir eso: no sabemos quién la escribió, pero en la década de 1330 ya era una oración querida e indulgenciada.

Fotografía sepia de los enormes muros de piedra y las torres cuadradas del Palacio de los Papas de Aviñón, sobre una plaza vacía
Édouard Baldus fotografió hacia 1859 el Palacio de los Papas de Aviñón, donde vivían los papas cuando el Alma de Cristo empezó a difundirse. ⓘAvignon, Palais des Papes

El Alma de Cristo en España antes de San Ignacio

García Villada quiso saber si la oración había llegado a España antes del santo, y buscó en los manuscritos. Lo que encontró es una pequeña historia propia de nuestra lengua.

En el Alcázar de Sevilla, en la portada del salón que hoy se llama de Carlos V, hay una inscripción en letra del siglo XIV, probablemente de los últimos años del rey Pedro I, que murió en 1369, con las invocaciones principales de la oración en un latín castellanizado: "Anima Criste, santifícame. Corpus Criste, sálvame...". En la Biblioteca Nacional de Madrid examinó más de veinticinco libros de horas y la encontró en cinco del siglo XV, varios con añadidos como "Sudor vultus Christi, sana me" (sudor del rostro de Cristo, sáname) y "Pone me iuxta te" (ponme junto a ti). Uno de ellos, de origen español, promete perdones "a quien dixiere el Anima Christi quando alçaren el cáliz", es decir, al alzar el cáliz en la misa.

Y en 1524 se imprimió en Alcalá de Henares, en la Exposición del Pater Noster de fray Diego de Deza, una traducción castellana "algo libre", presentada como "oración muy devota a la elevación del Corpus Christi". Cuando el joven Íñigo de Loyola se convirtió, en 1521, el Alma de Cristo ya se rezaba en España.

Por qué se la atribuyó a San Ignacio

San Ignacio de Loyola (1491-1556) llevó esta oración consigo toda la vida. En sus Ejercicios espirituales, al terminar ciertos coloquios, manda rezar un Avemaría, un Padre Nuestro o un Anima Christi, sin copiar ninguno de los tres. La edición crítica de los Ejercicios (Madrid, 1919) lo explica: la oración no está en el autógrafo, pero San Ignacio manda rezarla varias veces, lo que prueba que era más antigua y que todos la conocían.

Retrato en blanco y negro de un hombre de barba corta, con bonete negro, ropa oscura de sacerdote y una fina aureola, que mira hacia un lado con expresión serena
Retrato de San Ignacio de Loyola atribuido a Jacopino del Conte, pintado hacia 1556, el año de su muerte. ⓘPortrait of St. Ignatius of Loyola

Las primeras ediciones de los Ejercicios solo la nombraban. Según la misma edición crítica, la primera que imprimió el texto completo fue la de Vilna, en 1583; hacia 1592 un jesuita, el padre Fabiano Quadrantino, pidió que se pusiera en el libro, y desde entonces aparece en casi todas las ediciones. Como el libro era de Ignacio, los lectores supusieron que todo lo que contenía era suyo. El error tiene algo de justicia: los jesuitas llevaron el Alma de Cristo a todas partes, también a América. Una edición mexicana de los Ejercicios, impresa en 1846 para la Casa de Ejercicios de San Felipe Neri, trae el Anima Christi en latín entre sus oraciones.

Ilustración en estilo tinta de Íñigo de Loyola rezando arrodillado en una cueva junto a un río, con un rosario en las manos y un cuaderno sobre una piedra
Ilustración de Íñigo de Loyola rezando en la cueva de Manresa en 1522, donde nacieron los Ejercicios espirituales.
Portada impresa con el título Exercitia Spiritualia, el monograma IHS dentro de un sol radiante y la fecha M.D.XLVIII
La portada de la primera edición de los Ejercicios espirituales, impresa en Roma en 1548. ⓘSt. Ignatius of Loyola, Title page of the first edition of the Spiritual Exercises

Una versión antigua más larga

Los añadidos medievales que encontró García Villada no desaparecieron del todo. El Devocionario carmelitano impreso en Madrid en 1899, con licencia del obispo de Madrid-Alcalá, propone rezar al comulgar esta forma ampliada, que copiamos tal como la imprimió:

Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame. Corazón de Cristo, inflámame. Sangre preciosísima de Cristo, embriágame. Agua del costado de Cristo, lávame. Sudor copiosísimo del rostro de Cristo, vivifícame. Pasión de Cristo, confórtame. ¡Oh mi buen Jesús, óyeme! Del enemigo malo defiéndeme. En la hora de mi muerte llámame. Y mándame ir a Ti. Para que con tus Ángeles y Santos te alabe y bendiga por todos los siglos de los siglos. Amén.

El mismo devocionario aconseja, antes de rezarla, cerrar "los ojos del alma a todo lo terreno" y decirla "con el corazón más que con los labios". Sigue siendo un buen consejo.

Cómo rezar el Alma de Cristo

  • Después de comulgar. Es su lugar tradicional. Al volver a su sitio, arrodíllese o siéntese en silencio, cierre los ojos y rece despacio, deteniéndose en la línea que hoy le hable más. La Iglesia la sigue contando entre sus oraciones indulgenciadas: el Enchiridion Indulgentiarum (2004), en la concesión 8, concede indulgencia parcial a la acción de gracias después de la comunión y nombra el Anima Christi como primer ejemplo. Vea también qué es la indulgencia plenaria.
  • Ante el Santísimo, en una visita breve o en la adoración.
  • Cuando no puede comulgar, junto con una comunión espiritual.
  • En un retiro, sobre todo en los ejercicios ignacianos, donde se reza en los coloquios.
  • Junto a un enfermo grave. Las últimas líneas, "en la hora de mi muerte, llámame, y mándame ir a ti", son una oración preciosa para rezar con un moribundo, o por nosotros mismos.
Ilustración en estilo grabado de un grupo de hombres arrodillados en la capilla de una casa de ejercicios en México en el siglo XIX, mientras un sacerdote reza ante el altar
Ilustración de una casa de ejercicios en la Ciudad de México hacia 1840, donde los ejercitantes rezaban el Alma de Cristo en los coloquios.

Domenichino pintó en 1614 La última comunión de San Jerónimo: el anciano doctor de la Iglesia, sostenido por sus discípulos, recibe por última vez la Eucaristía. Es la escena que el final de la oración pide para cada uno de nosotros.

Pintura de un anciano casi desnudo, sostenido por sus compañeros, que recibe la comunión de manos de un sacerdote con vestiduras doradas, con ángeles que vuelan sobre la escena
La última comunión de San Jerónimo, de Domenichino (1614), en la Pinacoteca Vaticana. ⓘThe Last Communion of Saint Jerome
Ilustración en estilo óleo de un sacerdote que lleva la comunión a un anciano enfermo en su casa, mientras la familia reza junto a la cama
Ilustración de un sacerdote que lleva la comunión a un anciano enfermo mientras su familia reza junto a la cama.

"Tomad, Señor, y recibid": la oración que sí escribió San Ignacio

Si el Alma de Cristo es la oración que San Ignacio tomó prestada, el "Tomad, Señor, y recibid" es la que escribió. Está al final de los Ejercicios espirituales, en la "Contemplación para alcanzar amor" (n. 234). Después de considerar todo lo que Dios ha hecho y dado, el ejercitante se ofrece a sí mismo "como quien ofrece afectándose mucho". Este es el texto del autógrafo español de San Ignacio, según la edición de 1919, con la ortografía apenas modernizada:

Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; vos me lo distes, a vos, Señor, lo torno; todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad; dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta.

En latín se la llama Suscipe, "Recibe". Muchos rezan las dos juntas después de comulgar: el Alma de Cristo pide a Jesús que se nos dé; el "Tomad, Señor" nos devuelve a él. Primero recibimos y luego nos ofrecemos.

Celebramos a San Ignacio el 31 de julio. San Ignacio de Loyola, ruega por nosotros.

Otras oraciones que acompañan bien a esta: la comunión espiritual, la oración al Sagrado Corazón de Jesús y la oración de San Francisco, que, como el Alma de Cristo, lleva el nombre de un santo que no la escribió. Encuentre más en nuestra guía de oraciones católicas.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la oración Alma de Cristo?

Es una oración breve dirigida a Jesús, que en latín se llama Anima Christi. En cada línea nombra algo de Cristo, su alma, su cuerpo, su sangre, el agua de su costado y su Pasión, y le pide que obre en nosotros: "Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame". Se reza sobre todo en acción de gracias después de comulgar.

¿Quién escribió el Alma de Cristo?

No se sabe. Algunos manuscritos medievales la atribuyen al papa Juan XXII, que en Aviñón la enriqueció con indulgencias, según esos códices el Jueves Santo de 1330. Pero los estudiosos, como el jesuita Zacarías García Villada en 1922, concluyen que la cuestión del autor sigue sin resolverse. Lo seguro es que ya circulaba en la primera mitad del siglo XIV.

¿El Alma de Cristo es de San Ignacio de Loyola?

No. Ya existía unos ciento cincuenta años antes de que naciera San Ignacio, en 1491. Él la rezaba y en sus Ejercicios espirituales manda decirla varias veces sin copiar el texto, señal de que todos la sabían. Las ediciones posteriores de los Ejercicios la imprimieron completa, la primera en Vilna en 1583, y de ahí viene la confusión.

¿Cuándo se reza el Alma de Cristo?

Tradicionalmente, después de comulgar, en el rato de acción de gracias. También se reza ante el Santísimo, en una visita o en la adoración, en los retiros ignacianos, cuando no podemos comulgar, junto con una comunión espiritual, y junto a un enfermo grave, por las líneas finales: "En la hora de mi muerte, llámame".

¿Qué significa \"Sangre de Cristo, embriágame\"?

Embriagar es llenar a alguien hasta sacarlo de sí. La oración pide que la Sangre de Cristo recibida en la Eucaristía nos colme tanto que el amor nos lleve más allá de nosotros mismos, como los Padres de la Iglesia hablaban de la "sobria embriaguez" del Espíritu. Algunas versiones dicen "Sangre de Cristo, embriágame de amor".

¿El Alma de Cristo tiene indulgencia?

Sí. El Enchiridion Indulgentiarum (2004), en la concesión 8, concede indulgencia parcial al fiel que, después de comulgar, reza devotamente una oración de acción de gracias, y nombra en primer lugar el Anima Christi. Desde el siglo XIV la oración ha estado unida a indulgencias, empezando por las de Juan XXII.

Fuentes

  1. Zacarías García Villada, S.I., "Nota sobre el origen y el autor del Anima Christi", Estudios Eclesiásticos 1, n. 4 (1922), pp. 376-379. Manuscritos españoles del Anima Christi, la inscripción del Alcázar de Sevilla y la traducción de 1524
  2. Monumenta Ignatiana, serie 2: Exercitia spiritualia Sancti Ignatii de Loyola et eorum directoria (Madrid, 1919), texto autógrafo. "Tomad, Señor, y recibid" en el autógrafo; nota sobre el Anima Christi y la edición de Vilna de 1583
  3. Devocionario carmelitano, arreglado por un devoto carmelita (Madrid: Librería Católica de Gregorio del Amo, 1899). El Alma de Cristo ampliada que se rezaba al comulgar
  4. Sebastián Izquierdo, S.I., Ejercicios espirituales de nuestro padre San Ignacio (México: Imprenta de Luis Abadiano y Valdés, 1846)
  5. La Sagrada Biblia, traducida de la Vulgata latina al español por Félix Torres Amat (1823-1825), Internet Archive
  6. Catholic Encyclopedia (1907): Anima Christi
  7. Penitenciaría Apostólica, Enchiridion Indulgentiarum, 4.ª edición (2004), concesión 8