Novena a San José

La novena a San José son nueve días de oración para pedir su intercesión, casi siempre del 10 al 18 de marzo, para terminar en la víspera de su solemnidad, el 19 de marzo. La forma tradicional reza cada día los siete dolores y gozos de San José, con un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria después de cada uno.
La novena a San José es la oración de nueve días con la que la Iglesia se prepara para la fiesta del padre de la Sagrada Familia. Cada marzo, en parroquias y en casas, contamos los días que faltan para el 19 y le llevamos a José las cosas que él conoció bien en Nazaret: el trabajo y la falta de trabajo, la casa, los hijos, la enfermedad y el miedo a morir mal. La novena que damos aquí es la tradicional de los siete dolores y gozos, tal como se rezaba en una capilla de Sevilla a comienzos del siglo XIX.
Oraciones de la novena a San José
El texto viene de un folletito titulado Devoción cotidiana a los siete dolores y siete gozos principales que tuvo en su vida el patriarca Señor San Joseph, "según se practica en su capilla, calle Manteros", reimpreso en Sevilla en 1814 y otra vez en 1825. Dice que está sacado de los elogios que compusieron dos jesuitas, Francisco García y Juan Nadasi. Lo conserva la Biblioteca de la Universidad de Sevilla. Hemos modernizado la ortografía (José en vez de Joseph, cuando en vez de quando) sin tocar las palabras, y mantenemos el trato de "vos" con que el devocionario se dirige al santo.
Rece todo una vez al día durante nueve días, con una sola intención.
Para empezar
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
El folleto abre con un acto de contrición en verso, el famoso soneto que atribuye a San Francisco Javier. Hoy se considera de autor desconocido, del siglo XVI o XVII, pero ningún texto en castellano dice mejor por qué amamos a Dios:
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
porque aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
Los siete dolores y gozos de San José
Después de cada uno se reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.
I. Santísimo José, Esposo de María, Madre de Jesús, ofrézcoos estas oraciones al dolor que sentisteis cuando, viendo encinta a vuestra purísima Esposa e ignorando el misterio, no queriendo infamarla, la quisisteis dejar ocultamente. Y al gozo que llenó vuestro corazón cuando, apareciéndoos el ángel del Señor, os dijo: José, hijo de David, no temáis vivir con María tu Esposa, porque lo que ha concebido en su vientre no es obra de varón, sino del Espíritu Santo; parirá un Hijo, y llamarásle Jesús, porque ha de salvar a su pueblo de los pecados. Duélome, oh castísimo José, de vuestro dolor, y gózome de vuestro gozo; y suplícoos que juntamente con María roguéis a Jesús me salve de mis pecados, para que después de esta vida merezca verle en la eterna en vuestra compañía. Amén.
II. Santísimo José, Esposo de María, Madre de Jesús, ofrézcoos estas oraciones al dolor que sentisteis viendo al Hijo de Dios y de la Virgen albergado en un establo y reclinado en un pesebre entre bestias, con gran desamparo, desabrigo y pobreza, por no hallar otra mejor posada, cuna y regalo. Y al gozo que sentisteis viéndolo celebrar de los ángeles, que cantaban: Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad; y conocido y adorado de los pastores como Salvador y Mesías prometido, y Dios y Señor de cielo y tierra. Duélome, oh castísimo José, de vuestro dolor, y gózome de vuestro gozo; y suplícoos que juntamente con María roguéis por mí a Jesús me conceda espíritu de verdadera pobreza, humildad y mortificación, para que, naciendo él en mí acá en la tierra, merezca yo merecer a él en el cielo. Amén.
III. Santísimo José, Esposo de María, Madre de Jesús, ofrézcoos estas oraciones al dolor que sentisteis viendo a Jesús, niño de ocho días, derramar sangre con gran dolor en la circuncisión, y con divisa de pecador al Santo de los santos. Y al gozo que tuvisteis cuando, por cumplir lo que os había mandado el Señor por su ángel, le pusisteis el nombre de Jesús, que significa Salvador, sabiendo que había de salvar al género humano. Duélome, oh castísimo José, de vuestro dolor, y gózome de vuestro gozo; y os ruego humildemente que juntamente con María pidáis a Jesús que sea para mí Jesús y Salvador, para que, circuncidando yo mis malas inclinaciones y mortificando mis pasiones, libre de todos mis pecados, merezca gozar de la salud que vino a traer al mundo. Amén.
IV. Santísimo José, Esposo de María, Madre de Jesús, ofrézcoos estas oraciones al dolor que sentisteis cuando, presentando a Jesús en el templo de Jerusalén, oísteis profetizar al santo Simeón los trabajos que había de padecer el Hijo y el cuchillo de dolor que había de traspasar el alma de la Madre, el cual fue espada de dos filos que atravesó vuestro corazón. Y al gozo que sentisteis viéndole conocido del santo anciano por verdadero Dios y Mesías prometido en la Ley, venido para remedio y resurrección de muchos, y de la santa viuda Ana, que, reconociéndole también por Mesías, prorrumpió en alabanzas del Niño a todos los que esperaban la redención de Israel. Duélome, oh castísimo José, de vuestro dolor, y gózome de vuestro gozo; y suplícoos que, intercediendo también María, me alcancéis de Jesús que yo le conozca, alabe y glorifique como a mi Señor y Redentor, y que si cayere por alguna culpa, sea levantado por su gracia y consiga la vida eterna. Amén.
V. Santísimo José, Esposo de María, Madre de Jesús, ofrézcoos estas oraciones al dolor que sentisteis cuando os mandó el ángel que tomaseis al Niño y a la Madre, huyeseis a Egipto y estuvieseis allí hasta que os avisase otra vez, porque Herodes había de buscar al Niño para quitarle la vida. Y al gozo que tuvisteis cuando, al entrar en Egipto, se cayeron los ídolos de aquel reino, por ver que el Dios verdadero triunfaba de los dioses falsos y que empezaba ya el Niño Dios a destruir la idolatría. Duélome, oh castísimo José, de vuestro dolor, y gózome de vuestro gozo; y os ruego que juntamente con María intercedáis con Jesús para que me libre de mis enemigos, mundo, demonio y carne, y me dé paciencia en mis trabajos y quebrantos, y obediencia a Dios en todo lo que me mandare por sí o por medio de sus ministros, para que, adorándole en espíritu y verdad en esta vida, merezca gozarle en la gloria eterna. Amén.
VI. Santísimo José, Esposo de María, Madre de Jesús, ofrézcoos estas oraciones al dolor que sentisteis cuando, mandándoos el ángel que volvieseis de Egipto a la tierra de Israel, sabiendo que reinaba en Judea Arquelao, temisteis que quisiese quitar la vida al Niño, como Herodes su padre. Y al gozo que tuvisteis cuando, quitado todo temor, os mandó el ángel ir a las partes de Galilea. Duélome, oh castísimo José, de vuestro dolor, y gózome de vuestro gozo; y os ruego que, intercediendo también María, me alcancéis de Jesús que yo obedezca a Dios sin temor de los hombres, y camine a la bienaventuranza, donde, libre de todos mis enemigos, vea a Dios y le alabe por toda la eternidad. Amén.
VII. Santísimo José, Esposo de María, Madre de Jesús, ofrézcoos estas oraciones al dolor que sentisteis cuando, volviendo del templo de Jerusalén, perdisteis al Niño Jesús sin poderle hallar por espacio de tres días. Y al gozo que llenó vuestro corazón cuando, volviendo a Jerusalén con la Santísima Virgen, le hallasteis después de tres días sentado entre los doctores, oyéndolos y preguntándolos, espantándose todos los que le oían de su prudencia y sabiduría. Duélome, oh castísimo José, de vuestro dolor, y gózome de vuestro gozo; y os ruego que, intercediendo juntamente María, me alcancéis de Jesús que yo no le pierda jamás por alguna culpa, y si le perdiere, le halle luego por la gracia, y me abrace con él en la gloria por toda la eternidad. Amén.
En la segunda oración, "merezca yo merecer a él en el cielo" es la lectura de las dos ediciones sevillanas, la de 1814 y la de 1825; la dejamos como está.
La décima y el estribillo
En la capilla de la calle Manteros, después de cada oración se cantaba o se recitaba una décima, y todos repetían los dos últimos versos. Esta es la del segundo dolor y gozo:
En un establo nacido,
del temporal lastimado,
vio a Dios infante humanado
tu corazón afligido:
pero luego complacido
le mirabas festejado,
de monarcas adorado,
de ángeles y hombres servido.
Y pues siento verte herido,
y me place tu alegría:
*Tu patrocinio me ampare,
y el de tu Esposa María.*
Aunque se rece a solas, vale la pena terminar cada uno de los siete con el estribillo: "Tu patrocinio me ampare, y el de tu Esposa María".

Oración final para todos los días
El folleto termina con la antífona y la oración latinas de la antigua fiesta de San José, y después con esta oración "para todos los días". Aquí es donde, cada día, se presenta la petición de la novena.
Santísimo José, que entre todos los justos merecisteis el renombre de Padre de Cristo y Esposo de María, y que, siendo de todos los siglos uno solo el que hubiese de llamarse así, fuisteis vos escogido a tan alta dignidad, y correspondisteis tan plenamente a ella que llenasteis todo el grande espacio de tanta obligación con la alteza de vuestros méritos y virtudes: suplícoos con todo rendimiento yo, miserable pecador, por lo inefable de todas ellas, y por la gloria que gozáis, y gozo accidental que tenéis siempre que os llamamos Padre de Cristo y Esposo de María, y por todo lo que puede mover vuestra intercesión y mi cortedad no puede comprender, me alcancéis del Señor el logro de las misericordias ofrecidas a vuestros devotos, en especial una nueva fervorosa devoción a María Santísima, Señora nuestra, vuestra queridísima Esposa; y a la hora de mi muerte ahuyentéis de mí los espíritus malignos, y me ayudéis a que acabe la vida en amistad de Dios y mucha gracia suya; y desde ahora acierte a hacer una muy pura y entera confesión de mis culpas, con firme y verdadera contrición, que dure toda la vida, hasta llegar a la eternidad, donde para siempre, en vuestra compañía, alabe al Señor. Amén.
(Aquí se hace la petición de la novena.)
Antes de esa oración, el devocionario trae en latín el versículo "Ruega por nosotros, San José. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo" y la colecta de la antigua misa del 19 de marzo: Sanctissimae Genitricis tuae Sponsi, quaesumus, Domine, meritis adiuvemur, ut, quod possibilitas nostra non obtinet, eius nobis intercessione donetur. En castellano, en traducción nuestra: "Te pedimos, Señor, que nos ayuden los méritos del Esposo de tu Santísima Madre, para que lo que nuestras fuerzas no alcanzan, se nos conceda por su intercesión".
Si quiere añadir la oración de León XIII, "A ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación", la encontrará completa en la encíclica Quamquam pluries en el sitio del Vaticano y en nuestra página de la oración a San José.
Cuándo rezar la novena a San José
Del 10 al 18 de marzo
La novena más común va del 10 al 18 de marzo y termina en la víspera de la solemnidad de San José, Esposo de la Virgen María, el 19 de marzo. En 2027 empieza el miércoles 10, el día de la semana que la Iglesia dedica desde hace siglos a San José, y la fiesta cae el viernes 19. Cuando el 19 de marzo coincide con un domingo de Cuaresma o con la Semana Santa, la solemnidad se traslada; en ese caso, corra los nueve días según el calendario de su diócesis.
Marzo es el mes de San José. En la encíclica Quamquam pluries, de 1889, León XIII escribió que es "una práctica saludable y verdaderamente laudable" consagrar el mes de marzo al santo Patriarca "por medio de diarios ejercicios de piedad", y pidió que, donde eso no fuera fácil, se celebrara al menos un triduo en la iglesia principal de cada parroquia antes de la fiesta. La novena es el tramo final de ese mes.

Del 22 al 30 de abril
La segunda novena termina en la víspera del 1 de mayo, memoria de San José Obrero, que Pío XII instituyó en 1955. Es la novena del trabajo: por un empleo, por un sueldo justo, por un negocio en apuros, por los que trabajan en condiciones duras.
En cualquier momento del año
Pío IX aprobó en 1876 la novena a San José en cualquier época del año, como recoge la Raccolta de 1910. No hace falta esperar a marzo cuando llega la carta de despido o se vence el contrato de alquiler. Se puede empezar hoy.

Los siete dolores y gozos, escena por escena
El corazón de esta novena es un recorrido por los Evangelios junto a José. Cada uno de los siete recuerda un momento en que José sufrió, la alegría que vino después, y pide una gracia que le corresponde. La devoción es anterior al devocionario de 1814, que ya la toma de autores jesuitas del siglo XVII, y los papas del siglo XIX la enriquecieron con indulgencias, como recoge la Raccolta. Ayuda tener una escena en la mente para cada uno.
El primero es la duda de José al saber que María esperaba un hijo, su decisión de dejarla en secreto para no exponerla, y el ángel que le habla en sueños: "José, hijo de David, no temas" (Mt 1, 20).
El segundo es la pobreza del establo de Belén y el canto de los ángeles en la Nochebuena.

El tercero es la circuncisión al octavo día, cuando el Niño derramó su primera sangre y recibió el nombre de Jesús. Fue José quien se lo puso, como le había dicho el ángel (Mt 1, 21).

El cuarto es la presentación en el templo: Simeón toma al Niño en brazos, anuncia a María una espada de dolor y, al mismo tiempo, lo llama "luz para alumbrar a las naciones" (Lc 2, 32).

El quinto es la huida a Egipto de noche. El gozo es la tradición, recogida por los antiguos, de que los ídolos de Egipto cayeron al paso del Niño. La petición es muy práctica: paciencia en los trabajos y quebrantos.

El sexto es el regreso de Egipto, ensombrecido por la noticia de que Arquelao, hijo de Herodes, reinaba en Judea, y la orden del ángel de ir a Galilea (Mt 2, 22-23). Pide obedecer a Dios "sin temor de los hombres", una buena oración para quien no duerme por miedo.

El séptimo son los tres días de búsqueda del Niño perdido y el encuentro en el templo entre los doctores. Cierra la novena pidiendo no perder nunca a Jesús, y, si lo perdemos, buscarlo como lo buscó José.

Lo que Santa Teresa aprendió de San José
Nadie hizo tanto por la devoción a San José en el mundo de habla hispana como Santa Teresa de Jesús. En el capítulo 6 de su Libro de la vida cuenta que, enferma y paralizada, "tomé por abogado y señor al glorioso San José y encomendéme mucho a él", y que se curó. Y añade una frase que todo el que hace esta novena debería leer: "No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer".
A los que dudan les pide una sola cosa: "Sólo pido por amor de Dios que lo pruebe quien no me creyere". Y a los que no saben rezar les da un consejo: "Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso Santo por maestro y no errará en el camino". Su primer convento reformado, en Ávila, se llamó de San José, y desde allí la devoción se extendió con los carmelitas por España y América. El papa Francisco recordó su ejemplo en la carta Patris corde de 2020.

Cómo rezar bien la novena a San José
- Elija una sola intención y manténgala los nueve días. Si le ayuda, escríbala.
- Rece a la misma hora cada día: al levantarse, en el camino al trabajo o en familia después de la cena. Los siete dolores y gozos con sus Padrenuestros llevan unos veinte minutos.
- Únala a los sacramentos. Muchos se confiesan durante la novena y van a misa el 19 de marzo. El mismo devocionario de 1814 termina pidiendo "una muy pura y entera confesión" de las culpas.
- Pida también por otros. José es patrono de la Iglesia universal, de los trabajadores y de la buena muerte; es bueno recordar a los moribundos y a los desempleados junto con las propias necesidades.
- Dé gracias al terminar, sea cual sea la respuesta. Santa Teresa decía que, si lo que pedía no era lo mejor, San José lo enderezaba para su mayor bien.

El papa Francisco contó en Patris corde que desde hace más de cuarenta años reza cada día, después de Laudes, una oración a San José tomada de un devocionario francés del siglo XIX, que empieza: "Glorioso patriarca san José, cuyo poder sabe hacer posibles las cosas imposibles, ven en mi ayuda en estos momentos de angustia y dificultad". El texto completo está en la nota 10 de la carta, en el sitio del Vaticano.
Páginas relacionadas
- San José: su vida en los Evangelios, sus símbolos en el arte y sus fiestas.
- Oración a San José: la oración de León XIII y otras oraciones tradicionales.
- Novenas católicas: todas nuestras novenas, con sus fechas.
- Novena a San Judas Tadeo, para las causas difíciles.
San José, ruega por nosotros.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se empieza la novena a San José?
Para terminar en la víspera de su solemnidad, se empieza el 10 de marzo y se termina el 18. En 2027 la novena va del miércoles 10 al jueves 18 de marzo, y la fiesta cae el viernes 19. Para San José Obrero, el 1 de mayo, se reza del 22 al 30 de abril. También se puede empezar cualquier día del año, cuando la necesidad lo pida.
¿Qué se reza en la novena a San José?
No hay un texto único oficial. La forma tradicional son los siete dolores y gozos de San José: siete oraciones que recuerdan un momento de la vida de José, cada una seguida de un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria. En esta página damos el texto de un devocionario impreso en Sevilla en 1814, con la oración final para todos los días.
¿Hay una novena a San José que nunca falla?
Ninguna oración trae garantía, y la Iglesia nunca ha prometido que una novena produzca un resultado determinado. Las estampas que dicen que una oración a San José "nunca ha fallado", o que se encontró en el año 50 y libra de la muerte repentina, repiten leyendas sin fundamento. Pedimos a San José que interceda por nosotros y confiamos en que Dios responde como más nos conviene.
¿Puedo rezar la novena a San José para pedir trabajo o una casa?
Sí. San José es patrono de los trabajadores y de las familias, y desde siempre los fieles le confían sus preocupaciones por el trabajo, el dinero y la vivienda. La novena de abril, antes de San José Obrero, es la que muchos rezan por un empleo.
¿Qué pasa si me salto un día?
Retómela y termínela. La novena es una forma de perseverar en la oración, no una fórmula que se pierde por un descuido.
¿Por qué se dedica marzo a San José?
Porque su solemnidad es el 19 de marzo. En la encíclica Quamquam pluries (1889), León XIII llamó "práctica saludable y verdaderamente laudable" consagrar el mes de marzo al santo Patriarca con ejercicios diarios de piedad. La novena son los últimos nueve días de ese mes.
Fuentes
- Devoción cotidiana a los siete dolores y siete gozos principales que tuvo en su vida el patriarca Señor San Joseph (Sevilla: Félix de la Puerta, 1814), Biblioteca de la Universidad de Sevilla, Internet Archive. Texto de los siete dolores y gozos, la décima, el estribillo, la oración para todos los días y el soneto "No me mueve, mi Dios"; ortografía modernizada
- Septenario o devoción cotidiana a los siete dolores y siete gozos que tuvo en su vida el patriarca señor San José (Sevilla: Bartolomé Caro Hernández, 1825), Biblioteca de la Universidad de Sevilla, Internet Archive. Segunda edición del mismo texto, usada para cotejar
- León XIII, encíclica Quamquam pluries (15 de agosto de 1889)
- Francisco, carta apostólica Patris corde (8 de diciembre de 2020)
- Santa Teresa de Jesús, Libro de la vida, capítulo 6 (texto de dominio público en textos.info)
- The Raccolta, or Collection of Indulgenced Prayers and Good Works (Londres y Nueva York, 1910), Internet Archive. La aprobación de Pío IX para hacer la novena en cualquier época del año (n. 301), en inglés