Examen de conciencia

El examen de conciencia es una revisión tranquila y sincera de nuestros pensamientos, palabras, obras y omisiones a la luz de la ley de Dios, que hacemos antes de confesarnos para reconocer nuestros pecados y arrepentirnos de ellos. Se suele hacer repasando los diez mandamientos, los mandamientos de la Iglesia y los siete pecados capitales. Abajo tiene un examen para adultos y otro para niños.
El examen de conciencia es el primer paso de una buena confesión. Antes de arrodillarnos ante el sacerdote, nos sentamos un rato en silencio con Dios y miramos con sinceridad nuestra vida: lo que hemos hecho, lo que hemos dejado de hacer y las veces en que hemos amado mal. No es para asustarnos. En la parábola de Cristo, el padre salió corriendo al encuentro de su hijo antes de que el muchacho terminara su discurso. Examinamos la conciencia para volver a casa del mismo modo, sabiendo qué llevamos en las manos.
En esta página encontrará una oración para empezar, un examen completo para adultos, otro más sencillo para niños, los pasos de la confesión y el acto de contrición. Puede imprimirla y llevarla a la iglesia.

Cómo hacer el examen de conciencia
El Catecismo de la Iglesia Católica (1454) dice que conviene preparar la confesión "mediante un examen de conciencia hecho a la luz de la Palabra de Dios", y señala dónde buscar: los diez mandamientos, el Sermón de la montaña y las enseñanzas de los apóstoles. La tradición catequística añade los mandamientos de la Iglesia, los pecados capitales y los deberes propios de cada estado de vida.
En la práctica:
- Busque un lugar tranquilo, en casa o en la iglesia, y aparte el celular.
- Pida luz. Pídale al Espíritu Santo que le muestre sus pecados y a la Virgen que le ayude a ser sincero.
- Recuerde su última buena confesión. ¿Calló algo grave? ¿Cumplió la penitencia?
- Repase despacio las preguntas de abajo. No hace falta responderlas todas; deténgase donde el corazón se le encoja.
- Anote los pecados graves y, como pueda, cuántas veces. Unas palabras en un papelito bastan.
- Haga un acto de dolor y proponga, con la gracia de Dios, cambiar, sobre todo en el pecado en que más cae.
El catecismo de siempre resume en cinco cosas lo necesario para confesarse bien: examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia. El examen es solo la primera, pero prepara todas las demás.
Oración antes del examen
Esta oración viene del Devocionario cotidiano publicado en Buenos Aires en 1893, en su sección para la confesión. La copiamos con la ortografía actualizada:
Espíritu Santo, manantial de luz, venid a ayudarme a conocer todos mis pecados. Manifestádmelos tan distintamente como lo haréis Vos cuando pareciere ante la soberana justicia. Dadme a conocer el mal que haya cometido, o el bien que hubiere omitido, el número y gravedad de mis culpas e infidelidades en el servicio de Dios, cuantas culpas respecto del prójimo, y cuantas en el cumplimiento de mi estado.
Dios de verdad, no permitáis me seduzca o ciegue el amor desordenado de mí mismo; rasgad el tupido velo que ante mis ojos pone, para que nada me estorbe conocerme a mí mismo; y al propio tiempo que me deis el conocimiento de mí mismo y de mis pecados, inspiradme un santo odio y aborrecimiento suyo. Formad en mí la resolución de no cometerlos ya: y quebrantad la dureza de mi corazón, encendiendo en él el fuego de vuestro divino amor.

Examen de conciencia para adultos
Ponemos cada mandamiento en la forma en que generaciones de católicos de habla hispana lo aprendieron de memoria, tal como lo imprime el devocionario de 1893. Las preguntas que siguen son nuestras, escritas para ayudarle a mirar con honradez la vida de todos los días. Una pregunta no es una acusación; muchas no tendrán que ver con usted.
1. Amar a Dios sobre todas las cosas
- ¿He rezado? ¿Le dedico a Dios algo de tiempo cada día, o solo me acuerdo de él cuando necesito algo?
- ¿He dudado o negado a propósito una verdad de la fe, o me he avergonzado de decir que soy católico?
- ¿He puesto algo por delante de Dios: el dinero, el trabajo, el éxito, el placer, una relación, el celular?
- ¿He consultado adivinos, horóscopos, cartas, brujería o limpias, o he confiado en amuletos y supersticiones?
- ¿He comulgado sabiendo que estaba en pecado mortal, o me he confesado mal callando un pecado grave?
- ¿He desesperado de la misericordia de Dios, o he abusado de ella pecando porque "Dios me perdona de todas formas"?
2. No jurar su santo nombre en vano
- ¿He usado el nombre de Dios, de Jesús o de la Virgen sin respeto, con enojo o como grosería?
- ¿He blasfemado o hablado con desprecio de Dios, de los santos, de la Iglesia o de las cosas sagradas?
- ¿He jurado en falso, o he dejado de cumplir una promesa o una manda hecha a Dios?
- ¿Me he burlado de la religión o de las personas que la practican?
3. Santificar las fiestas
- ¿He faltado a Misa el domingo o un día de precepto por mi culpa?
- ¿He llegado tarde o me he ido antes sin motivo, o he estado distraído a propósito en la Misa?
- ¿He convertido el domingo en un día de trabajo o de compras pudiendo descansar y dedicarlo a Dios y a mi familia?
4. Honrar padre y madre
- ¿He sido irrespetuoso o duro con mis padres, o los he descuidado en su vejez o enfermedad?
- Como padre o madre, ¿he dejado de enseñar la fe a mis hijos, de rezar con ellos, de corregirlos con amor o de darles buen ejemplo?
- Como esposo o esposa, ¿he sido impaciente, áspero o indiferente con mi cónyuge?
- ¿He desobedecido o despreciado a la autoridad legítima en el trabajo, en la Iglesia o en la sociedad?
5. No matar
- ¿He hecho daño físico a alguien, o le he deseado mal?
- ¿He tenido, aconsejado o ayudado a un aborto, o he apoyado la eutanasia? (El sacerdote puede absolver este pecado; no tenga miedo de confesarlo.)
- ¿He guardado rencor, me he negado a perdonar o he alimentado el odio?
- ¿He sido cruel al hablar, he humillado a alguien o lo he llevado a pecar con mi mal ejemplo?
- ¿He abusado del alcohol o de las drogas, he manejado de forma imprudente o he descuidado mi salud?
6. No fornicar
- ¿He sido infiel a mi cónyuge, de obra o en el corazón?
- ¿He tenido relaciones sexuales fuera del matrimonio?
- ¿He visto pornografía o material impuro, o me he entretenido a propósito en pensamientos impuros?
- ¿He cometido actos impuros solo o con otras personas?
- ¿Me he vestido, he hablado o he bromeado de un modo que buscaba llevar a otros al pecado?
7. No hurtar
- ¿He tomado lo que no es mío, en el trabajo, en una tienda, en internet o en casa?
- ¿He hecho trampa en impuestos, gastos, exámenes o contratos?
- ¿He perdido el tiempo de mi patrón, o he dejado de pagar un salario justo o una deuda?
- ¿He dañado algo ajeno sin repararlo?
- ¿He sido avaro o tacaño con los pobres?
8. No levantar falso testimonio ni mentir
- ¿He mentido, aunque sean mentiras "pequeñas", para quedar bien o salir de un apuro?
- ¿He chismeado, difundido rumores o revelado sin necesidad los defectos de otros?
- ¿He dañado la buena fama de alguien? ¿He intentado repararla?
- ¿He juzgado a otros a la ligera, o he sido hipócrita?
9. No desear la mujer de tu prójimo
- ¿He consentido a propósito el deseo de una persona que no es mi cónyuge?
- ¿He dejado que la imaginación se detenga en cosas impuras en lugar de apartarla?
10. No codiciar los bienes ajenos
- ¿He tenido envidia de lo que tienen otros: su dinero, su casa, su físico, su éxito o su familia?
- ¿He estado tan apegado a mis cosas que no dejan sitio para Dios y para el prójimo?
- ¿He sido desagradecido con lo que Dios me ha dado?
El devocionario de 1893 cierra la lista con las palabras que todos aprendimos de niños: "Estos diez mandamientos se encierran en dos: en servir y amar a Dios sobre todas las cosas, y a tu prójimo como a ti mismo".

Los mandamientos de la Iglesia
El Catecismo (2041) dice que los mandamientos de la Iglesia buscan garantizar a los fieles "el mínimo indispensable en el espíritu de oración y en el esfuerzo moral". Pregúntese:
- "Oír misa entera los domingos y demás fiestas de precepto y no realizar trabajos serviles" (2042). ¿Lo he cumplido?
- "Confesar los pecados al menos una vez al año" (2042). ¿Hace más de un año que no me confieso?
- "Recibir el sacramento de la Eucaristía al menos por Pascua" (2042). ¿Comulgué en el tiempo de Pascua?
- "Abstenerse de comer carne y ayunar en los días establecidos por la Iglesia" (2043). ¿Ayuné el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, y guardé la abstinencia de carne los viernes de Cuaresma? (Vea ayuno y abstinencia.)
- "Ayudar a la Iglesia en sus necesidades" (2043). ¿Sostengo a mi parroquia y a los pobres según mis posibilidades?
Los siete pecados capitales
El Catecismo (1866) explica que se llaman capitales "porque generan otros pecados, otros vicios". Busque su "pasión dominante", la que le hace tropezar más a menudo.
- Soberbia: ¿He sido arrogante, vanidoso, incapaz de reconocer un error o despreciativo con los demás?
- Avaricia: ¿He amado el dinero y las cosas más que a las personas?
- Lujuria: vea el sexto y el noveno mandamiento.
- Ira: ¿He perdido los estribos, he gritado, me he encerrado en el resentimiento o he buscado venganza?
- Gula: ¿He comido o bebido con exceso?
- Envidia: ¿Me ha entristecido el bien ajeno o me he alegrado del fracaso de otro?
- Pereza: ¿He sido flojo en mi trabajo, en la oración o en mis obligaciones?
Los deberes de mi estado
Por último, piense en las personas concretas que Dios le ha confiado. Un padre, una esposa, un estudiante, un sacerdote, una enfermera, un patrón y un empleado tienen deberes distintos. ¿He hecho mi trabajo con honradez y bien? ¿He tenido paciencia con los que viven más cerca de mí? ¿He descuidado a alguien que depende de mí?

Examen de conciencia para niños
Esta versión sencilla es para los niños que se preparan para la primera confesión y para los pequeños que ya se confiesan. Uno de los papás puede leer las preguntas en voz alta y dejar que el niño piense cada una en silencio. Recuérdele que Dios lo quiere mucho y que se alegra cuando venimos a pedirle perdón.
Amar a Dios
- ¿Recé por la mañana y por la noche?
- ¿Fui a Misa el domingo y traté de poner atención?
- ¿Dije el nombre de Dios o de Jesús de mala manera?
Amar a mi familia
- ¿Obedecí a mi mamá y a mi papá, a mis maestros y a los adultos que me cuidan?
- ¿Contesté feo, azoté puertas o hice berrinches?
- ¿Fui malo con mis hermanos?
- ¿Ayudé en casa cuando me lo pidieron?
Amar a los demás
- ¿Le pegué, empujé o lastimé a alguien?
- ¿Insulté a alguien, me burlé de él o lo dejé fuera a propósito?
- ¿Me quedé enojado sin querer perdonar?
- ¿Compartí mis cosas?
Decir la verdad
- ¿Dije mentiras?
- ¿Tomé algo que no era mío? ¿Lo devolví?
- ¿Hice trampa en un juego o en la escuela?
- ¿Vi en una pantalla cosas que sabía que eran malas?
Ser bueno por dentro
- ¿Tuve envidia de lo que tienen otros niños?
- ¿Fui flojo con la tarea o con mis quehaceres?
- ¿Anduve de mal humor y sin dar gracias?
Cuando el niño esté listo, ayúdelo a ensayar las palabras de la confesión y una oración corta de arrepentimiento. Muchos niños dicen sencillamente, con sus propias palabras: "Jesús mío, perdóname; me arrepiento de mis pecados y no quiero volver a hacerlos".

Una palabra para quien sufre de escrúpulos
Hay personas que se examinan demasiado. Temen que cada pensamiento haya sido pecado mortal, que olvidaron algo o que el sacerdote no las entendió. Si es su caso, tenga ánimo: no está solo, y los santos recorrieron este camino. San Alfonso María de Ligorio, patrono de los confesores y de los moralistas, sufrió él mismo una larga noche de escrúpulos.
Recuerde lo que la Iglesia enseña de verdad. Para que un pecado sea mortal se requieren tres condiciones juntas: "materia grave", "pleno conocimiento" y "deliberado consentimiento" (Catecismo 1857). Los sentimientos, los miedos y los pensamientos no queridos que usted no eligió no son pecados. El Catecismo (1860) añade que "los impulsos de la sensibilidad, las pasiones" y "las presiones exteriores o los trastornos patológicos" pueden disminuir la responsabilidad. Y si olvida algo de buena fe, queda perdonado: cuando los fieles se esfuerzan por confesar todos los pecados que recuerdan, "no se puede dudar que están presentando ante la misericordia divina para su perdón todos los pecados que han cometido" (1456).
Use un examen breve, no uno largo. Escoja un confesor fijo y siga su consejo, aunque la angustia le discuta. Y vaya en paz.
Cómo confesarse paso a paso
Las palabras cambian un poco de un país a otro, y el sacerdote le ayudará con gusto si se le olvidan. Puede confesarse cara a cara o detrás de la rejilla.
- Examine su conciencia con la guía de arriba.
- Acérquese al confesionario y haga la señal de la cruz. En muchos países se saluda con las palabras de siempre: "Ave María Purísima", y el sacerdote responde: "Sin pecado concebida".
- Empiece: "Padre, hace (tanto tiempo) que no me confieso", o "Bendígame, Padre, porque he pecado".
- Diga sus pecados. Los mortales, por su especie y, como pueda, por su número. Puede añadir los veniales. Ayuda decir su estado de vida ("soy casada y tengo tres hijos", "soy estudiante").
- Termine con dolor: "De estos y de todos los pecados de mi vida me arrepiento".
- Escuche el consejo del sacerdote y acepte la penitencia que le dé, de ordinario unas oraciones o una obra de caridad.
- Rece el acto de contrición (abajo).
- Reciba la absolución. El sacerdote extiende la mano y reza la fórmula de la absolución, que termina: "Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo". Responda: "Amén".
- Vaya en paz y cumpla pronto la penitencia. Si sus pecados dañaron a alguien, el Catecismo (1459) nos recuerda que hay que hacer lo posible por repararlo, "por ejemplo, restituir las cosas robadas, restablecer la reputación del que ha sido calumniado".



El acto de contrición: Señor mío Jesucristo
Este es el acto de contrición que han rezado generaciones de católicos de España y de América, tal como lo imprime el Devocionario cotidiano de 1893, con la ortografía actualizada:
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mío; por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos; confesarme, y cumplir la penitencia que me fuere impuesta; ofrézcoos mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis por los merecimientos de vuestra preciosísima sangre, pasión y muerte, y me daréis gracia para enmendarme, y para perseverar en vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
La oración nace del amor: "por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas". El Catecismo (1452) llama "contrición perfecta" al dolor que brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas, e "imperfecta" al que nace de la fealdad del pecado o del temor del castigo. Pero la imperfecta "es también un don de Dios, un impulso del Espíritu Santo" (1453), y basta para el sacramento, que la lleva a su plenitud. Empezamos desde donde estamos y le pedimos a Dios que haga más amoroso nuestro dolor.
En muchas parroquias se usan también otros actos de contrición más breves, y el sacerdote acepta cualquier palabra sincera de dolor y propósito. Si se le olvida, dígaselo; él le ayudará. Más historia y otras formas en acto de contrición.
La confesión en la vida de los santos
Los santos amaron este sacramento desde los dos lados de la rejilla. San Juan María Vianney, el cura de Ars y patrono de los párrocos, llegaba a pasar hasta dieciséis horas diarias en el confesionario, porque la gente venía a verlo de toda Francia. San Pío de Pietrelcina confesaba durante largas horas cada día en San Giovanni Rotondo. San Ignacio de Loyola enseñó a sus hijos un breve examen diario: unos minutos cada noche para dar gracias a Dios y repasar el día, una costumbre que hace mucho más fácil el examen antes de confesarse.


En las misiones populares de nuestros pueblos, el sacerdote llegaba a veces a una capilla lejana y pasaba el día entero confesando, a la sombra de un árbol o junto al muro de adobe. Muchas iglesias antiguas de Europa y de América conservan sus confesionarios originales, a menudo tallados con esmero, señal de lo central que ha sido siempre este sacramento en la vida de la parroquia.



Después de la confesión
Al salir, arrodíllese un momento y dele gracias a Dios. Cumpla la penitencia cuanto antes. Luego rece con sus palabras, o con las de San Juan: "Si confesamos humildemente nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonárnoslos, y lavarnos de toda iniquidad" (1 Juan 1, 9, Torres Amat). Volvamos a nuestra vida con el corazón ligero, como el hijo pródigo: "Estando todavía lejos, avistóle su padre, y enterneciéronsele las entrañas, y corriendo a su encuentro, le echó los brazos al cuello" (Lucas 15, 20, Torres Amat).
Para seguir rezando, vea nuestras oraciones católicas, la coronilla de la Divina Misericordia y la indulgencia plenaria.
Preguntas frecuentes
¿Cómo se hace un examen de conciencia?
Busque un lugar tranquilo, pida luz al Espíritu Santo y recuerde su última buena confesión. Luego repase despacio los diez mandamientos, los mandamientos de la Iglesia y los pecados capitales, con las preguntas de esta página. Anote los pecados graves y, como pueda, cuántas veces; arrepiéntase y proponga cambiar con la ayuda de Dios. Bastan diez o quince minutos.
¿Qué se dice al confesarse?
En muchos países se empieza con el saludo tradicional: Ave María Purísima, a lo que el sacerdote responde: Sin pecado concebida. Luego se dice cuánto tiempo hace de la última confesión y se dicen los pecados, los graves por su especie y número. Se escucha el consejo y la penitencia, se reza el acto de contrición y se recibe la absolución.
¿Qué pasa si olvido un pecado en la confesión?
Si de verdad lo olvidó, queda perdonado con los demás. El Catecismo (1456) enseña que cuando los fieles se esfuerzan por confesar todos los pecados que recuerdan, los presentan todos ante la misericordia divina. Si después recuerda un pecado grave, dígalo en su próxima confesión. Callar a propósito un pecado grave es otra cosa: haría inválida la confesión.
¿Cuál es la diferencia entre pecado mortal y venial?
El pecado mortal rompe nuestra amistad con Dios. Según el Catecismo (1857), requiere tres condiciones a la vez: materia grave, pleno conocimiento y deliberado consentimiento. El pecado venial es una falta menor que debilita la caridad pero no la destruye. Los pecados mortales deben confesarse antes de comulgar; confesar los veniales no es obligatorio, pero sí muy recomendable.
¿Cada cuánto hay que confesarse?
La Iglesia manda confesar los pecados graves al menos una vez al año, y siempre antes de comulgar si se tiene conciencia de pecado mortal. Muchos fieles se confiesan cada mes, como aconsejan los santos, porque la confesión frecuente forma la conciencia y cura las faltas pequeñas antes de que crezcan.
¿Qué es el acto de contrición?
Es una oración breve de arrepentimiento que se reza en la confesión después de recibir la penitencia. En los países de habla hispana la forma tradicional es el Señor mío Jesucristo, que está completo en esta página. Cualquier oración sincera de dolor con propósito de enmienda es válida.
¿Hay un examen de conciencia para niños?
Sí. Los niños que se preparan para la primera confesión necesitan preguntas sencillas, con sus propias palabras: ¿Recé? ¿Obedecí a mis papás? ¿Dije la verdad? ¿Compartí? El examen para niños de esta página es lo bastante corto para leerlo en voz alta con ellos.
¿El sacerdote puede contar lo que le confieso?
Nunca. El Catecismo (1467) enseña que todo sacerdote que oye confesiones está obligado a guardar un secreto absoluto sobre los pecados confesados, bajo penas muy severas. Ese secreto, que no admite excepción, se llama sigilo sacramental.
Fuentes
- Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1422-1498 (el sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación). La contrición perfecta e imperfecta (1451-1453), el examen de conciencia (1454), la confesión (1456-1457), la satisfacción (1459) y el sigilo (1467)
- Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1846-1876 (el pecado). Las condiciones del pecado mortal (1857-1860) y los pecados capitales (1866)
- Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2030-2051 (los mandamientos de la Iglesia)
- Devocionario cotidiano para asistir al santo sacrificio de la misa y para recibir los santos sacramentos de la penitencia y sagrada comunión (Buenos Aires, 1893), Internet Archive. Textos de la oración antes del examen, los diez mandamientos y el acto de contrición Señor mío Jesucristo (ortografía actualizada)
- La Sagrada Biblia, traducida de la Vulgata por Félix Torres Amat (1823-1825), Internet Archive. Lucas 15, 20 y 1 Juan 1, 9 (ortografía actualizada)