Oración a la Divina Providencia

La oración a la Divina Providencia es una súplica a la Santísima Trinidad, que gobierna todo con amor de Padre, para que no nos falte lo necesario. En México se reza sobre todo el día primero de cada mes. La forma más antigua que podemos ofrecer completa está en un devocionario impreso en México en 1836, "útil para todos los días, y en especial para el día primero de cada mes".
La oración a la Divina Providencia es la súplica confiada que dirigimos a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que cuida de nosotros mejor de lo que nosotros mismos sabríamos hacerlo. En México y entre los mexicanos de Estados Unidos es costumbre rezarla el día primero de cada mes, para pedir que en la casa no falten el techo, la ropa y el pan, y para dar gracias por el mes que terminó. Aquí ofrecemos el texto tradicional más antiguo que hemos podido encontrar completo, de 1836, con su acto de contrición, y explicamos qué es la Providencia y cómo rezarle.
La oración a la Divina Providencia (texto de 1836)
Esta es la "Oración" del devocionario Devoción a la Divina Providencia, útil para todos los días, y en especial para el día primero de cada mes, impreso en México por Hipólito Lagarza en 1836. La damos completa, con la ortografía actualizada:
Dios y Señor nuestro, Padre, Hijo y Espíritu Santo, cuya Providencia no yerra en todo lo que dispone, y nada acontece que no lo ordene con bondad y rectitud inefable: rendidamente os pedimos y suplicamos que apartéis de nosotros todo lo que nos puede ser perjudicial, y nos concedáis todo lo que nos pueda ser más provechoso. Es así que en vuestra unidad de esencias y trinidad de personas podéis, Señor, sabéis y queréis gobernar las cosas de modo que cedan en gloria vuestra y en bien de los que amáis: sean todas las acciones y acontecimientos de nuestra vida tales en favor y gracia, que nos hagáis que en nada faltemos a procurar vuestra gloria, y en nada sintamos ni experimentemos perjuicio de nuestras almas; que nos mantengáis la vida como convenga, y que en todo caso nos libréis de muerte desprevenida. Sea, Señor y Dios nuestro, favor de vuestra misericordia el que siempre vivamos en vuestra gracia, que así seremos dichosos, hasta ir a reconocer y adorar vuestra amable Providencia en la eterna bienaventuranza. Amén.
Fíjese en lo que pide. No pide riqueza ni suerte. Pide que Dios aparte lo que nos hace daño y nos dé lo que de verdad nos conviene, aunque no sea lo que nosotros habríamos escogido; que nos conserve la vida "como convenga"; que no nos sorprenda la muerte sin estar preparados, y que vivamos siempre en gracia. Es la misma confianza del Padre Nuestro: "hágase tu voluntad" y "danos hoy nuestro pan de cada día".

El acto de contrición de la Divina Providencia
El devocionario de 1836 empieza la devoción con un acto de contrición en verso, seguido de "tres Padre nuestros gloriados y un Credo", es decir, tres Padrenuestros con su Gloria al Padre y el Credo. Es notable que este mismo acto de contrición en verso se sigue rezando hoy: aparece casi palabra por palabra, con la misma indicación de los tres Padrenuestros y el Credo, en las hojas y páginas católicas actuales de la devoción del primero de mes. Este es el texto de 1836:
Si un corazón contrito y humillado, si un pecador perverso, arrepentido, si un hombre ciego, loco, prostituido, si un esclavo perpetuo del pecado puede aguardar perdón de un juez airado, puede aplacar a un Padre que ha ofendido, puede desagraviar a un Dios que ha sido su Criador, Redentor crucificado; hoy se postra a sus plantas con temor, hoy implora su gracia y su bondad, mirando sus excesos con horror; el perdón solicita a su maldad, el indulto le pide un pecador, y esto espera por gracia y de piedad.
Después se rezan tres Padrenuestros, cada uno con su Gloria al Padre, y el Credo. Puede encontrar los textos completos en nuestras páginas del Padre Nuestro y del Credo.
¿De dónde viene esta devoción?
El devocionario mexicano de 1836
La Biblioteca de la Universidad de Tsukuba, en Japón, conserva entre los libros que fueron del presidente Porfirio Díaz un tomito de catorce novenas y devociones impresas en México entre 1804 y 1837. El primero es la Devoción a la Divina Providencia, "útil para todos los días, y en especial para el día primero de cada mes", impresa en 1836 "a expensas de un fiel devoto" en el taller de Hipólito Lagarza, en la calle de Ortega número 22. La portada anuncia que esa edición "lleva el Cántico de la Santísima Trinidad".

El librito trae, en este orden, una nota de indulgencias, el acto de contrición en verso con los tres Padrenuestros y el Credo, un largo "Himno a la Divina Providencia", la oración que damos arriba y un "Cántico a la Santísima y augustísima Trinidad", cuyas estrofas terminan todas en "Dios santo, santo, santo". La nota de indulgencias dice que fray José María de Jesús Belaunzarán, obispo de Monterrey, en nombre propio y de los demás obispos de la república, concedió doscientos días de indulgencia por cada palabra de ese devocionario, por un decreto dado en México el 27 de febrero de 1835. Esas indulgencias "de días" pertenecen al régimen anterior a la reforma de 1967, pero muestran que la devoción ya era conocida y recomendada por los obispos mexicanos hace casi dos siglos.
El himno tiene versos que suenan muy de nuestra tierra. Habla a la mano de Dios así:
Tú en verde caña cuajas la mazorca; tú doras las espigas en el campo, tú las frutas endulzas, y tú vistes de esmeraldas los montes y los prados.
La oración de hoy: "casa, vestido y sustento"
La oración que más se reza hoy el primero de mes es otra, más breve. Se dirige a la Santísima Trinidad, le pide que en la familia no falten casa, vestido y sustento, salud y buen camino, y termina con una confesión de confianza: en ti creo, en ti espero, en ti confío. Desde la Fe, el semanario de la Arquidiócesis de México, la recomienda para dar gracias y pedir lo necesario cada primero de mes. No sabemos quién la escribió ni cuándo, y no hemos encontrado una edición antigua que la contenga; circula en estampas, empaques de veladoras y páginas en internet, con muchas variantes. Por eso no la reproducimos aquí. Es una oración buena y sencilla, y quien la sepa de memoria puede seguir rezándola con toda confianza.
Una devoción de toda la Iglesia
La confianza en la Providencia no es solo mexicana. En España se imprimían a mediados del siglo XIX hojas con "actos de fe, esperanza y caridad a la Providencia divina", con indulgencias concedidas por el cardenal arzobispo de Toledo y varios obispos. Su acto de esperanza dice así, con la ortografía actualizada:
Espero con la mayor seguridad, apoyado en la fe, que todos los sucesos que en esta vida me ocurran, como emanados de vuestro divino e infinito poder, son y serán para bien mío, porque deseáis mi salvación, y tengo tanta esperanza que así me sucederá: que hace nacer en mi alma la más grande conformidad con ellos.
¿Qué es la Divina Providencia?
La Divina Providencia no es una santa ni una advocación de la Virgen. Es Dios mismo en cuanto nos cuida. La palabra viene del latín providere, "ver de antemano" y "proveer": Dios ve lo que necesitamos antes que nosotros y lo provee como un padre. El Catecismo llama divina providencia a "las disposiciones por las que Dios conduce la obra de su creación" hacia su perfección (n. 302), y enseña que esa solicitud "es concreta e inmediata" y se ocupa "de las cosas más pequeñas hasta los grandes acontecimientos del mundo y de la historia" (n. 303).
Jesús nos enseñó esta confianza en el Sermón de la Montaña. Lo damos en la traducción de Félix Torres Amat, publicada en 1825 y reimpresa en Barcelona en 1884 (Mateo 6,25-33):
En razón de esto os digo, no os acongojéis por el cuidado de hallar qué comer para sustentar vuestra vida, o de dónde sacaréis vestidos para cubrir vuestro cuerpo. Qué ¿no vale más la vida o el alma que el alimento: y el cuerpo que el vestido? Mirad las aves del cielo, cómo no siembran, ni siegan, ni tienen graneros: y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Pues no valéis vosotros mucho más sin comparación que ellas? Y ¿quién de vosotros a fuerza de discursos puede añadir un codo a su estatura? Y acerca del vestido ¿a qué propósito inquietaros? Contemplad los lirios del campo cómo crecen y florecen: ellos no labran, ni tampoco hilan. Sin embargo yo os digo, que ni Salomón en medio de toda su gloria se vistió con tanto primor como uno de estos lirios. Pues si una yerba del campo, que hoy es o florece, y mañana se echa en el horno, Dios así la viste: ¿cuánto más a vosotros hombres de poca fe? Así que no vayáis diciendo acongojados: ¿Dónde hallaremos qué comer y beber? ¿Dónde hallaremos con qué vestirnos? Como hacen los paganos, los cuales andan ansiosos tras todas estas cosas; que bien sabe vuestro Padre la necesidad que de ellas tenéis. Así que, buscad primero el reino de Dios, y su justicia: y todas las demás cosas se os darán por añadidura.

Fíjese en que el Señor no dice "no trabajen". Dice "no se acongojen". La Providencia no nos dispensa de trabajar, ahorrar y ayudarnos unos a otros; Dios suele proveer precisamente a través del trabajo honrado, de la familia y de la caridad de los hermanos. Lo que nos quita es la angustia. Santo Tomás Moro, poco antes de su martirio, escribió a su hija unas palabras que el Catecismo recoge: "Nada puede pasarme que Dios no quiera" (n. 313).
La imagen de la Divina Providencia
En México la Divina Providencia se representa con la imagen de la Santísima Trinidad: Dios Padre, como un anciano venerable, y Dios Hijo, con la cruz o el mundo en la mano, sentados sobre nubes, y el Espíritu Santo en forma de paloma sobre ellos. Desde la Fe explica que se la representa así porque la Providencia es el amor paternal de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Muchas familias la tienen en casa, y en muchos templos tiene su altar.

Es la misma composición que usaron los pintores de la Nueva España en el siglo XVIII, como Miguel Cabrera: el Padre y el Hijo sentados juntos y la paloma del Espíritu Santo sobre ellos.
Nuestra Señora de la Divina Providencia
No hay que confundir la Divina Providencia con Nuestra Señora de la Divina Providencia, una advocación de la Virgen María que nació en Italia en el siglo XIII y que llevó a Puerto Rico, a mediados del siglo XIX, el obispo Gil Esteve y Tomás. El papa San Pablo VI la declaró patrona principal de Puerto Rico el 19 de noviembre de 1969 y trasladó su fiesta del 2 de enero a esa fecha, según recoge EWTN Noticias. La devoción italiana a la Madre de la Divina Providencia se asocia a una pintura de Scipione Pulzone de hacia 1580, en la que la Virgen inclina la cabeza sobre el Niño dormido.

Las dos devociones van bien juntas: la Madre que vela el sueño del Niño es la imagen más tierna de cómo Dios cuida de nosotros. Pero cuando en México se habla de "la Divina Providencia" el primero de mes, se habla de Dios, de la Santísima Trinidad.
La veladora del primero de mes
En muchos hogares mexicanos se lleva una veladora blanca a bendecir en la misa del 31 de diciembre o del 1 de enero, y se enciende cada primero de mes ante la imagen de la Santísima Trinidad mientras se reza. Es una costumbre hermosa: la luz que arde todo el día es como una oración que sigue subiendo mientras trabajamos.

Hay que distinguir con cariño la devoción de lo que no lo es. A veces se venden velas "de la Divina Providencia" de colores, para el dinero, el amor o la envidia, y se mezclan con rituales de la suerte. Eso no viene de la fe de la Iglesia. El Catecismo llama superstición a atribuir eficacia "a la sola materialidad de las oraciones o de los signos" (n. 2111). La veladora no obra nada por sí misma; es un signo de nuestra oración. Lo que mueve el corazón de Dios es la confianza de sus hijos.
Cómo rezar a la Divina Providencia el día primero de mes
- Si puede, empiece el mes con la santa misa. Es la mejor acción de gracias.
- En casa, ante la imagen de la Santísima Trinidad, encienda su veladora blanca bendecida y haga la señal de la cruz.
- Rece el acto de contrición, y después tres Padrenuestros con su Gloria al Padre y el Credo, como pide el devocionario de 1836.
- Rece la oración a la Divina Providencia.
- Dé gracias por lo que Dios le dio el mes pasado, y con sus propias palabras pídale lo que su familia necesita: trabajo, salud, casa, el pan de cada día.
- Termine con un Ave María, pidiendo a la Virgen que interceda por su casa.
Si tiene una necesidad muy grande, puede rezar también a San José, el padre que proveyó para la Sagrada Familia, y a San Cayetano, a quien muchos invocan por el pan y el trabajo. Encontrará más oraciones para el trabajo y la casa en la oración para pedir trabajo y la oración por la familia.
Oración del Pastor Lyvers para el primer día del mes
Para quien prefiera unas palabras sencillas y de hoy, el Pastor Lyvers, curador de este sitio, escribió esta oración:
Padre, Hijo y Espíritu Santo, Dios de amor que cuidas de las aves del cielo y vistes los lirios del campo: al comenzar este mes ponemos en tus manos nuestra casa y nuestra familia. Te damos gracias por todo lo que nos diste el mes que terminó. No permitas que nos falten el techo, el vestido y el pan de cada día, ni el trabajo para ganarlo, ni la salud para servirte. Danos un corazón generoso para compartir con quien tiene menos, y líbranos de la angustia por el mañana. Que en todo se haga tu voluntad, y que nunca nos apartemos de tu gracia. Amén.
Oración del Pastor Lyvers a la Divina Providencia.
Encontrará más oraciones tradicionales en nuestra colección de oraciones católicas.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la oración a la Divina Providencia para el día primero de mes?
No hay un texto oficial único. La forma más difundida hoy pide a la Santísima Trinidad que no nos falten casa, vestido y sustento, y es de autor desconocido. La más antigua que podemos ofrecer completa es la "Oración" de un devocionario impreso en México en 1836, "útil para todos los días, y en especial para el día primero de cada mes", que damos en esta página con su acto de contrición.
¿Por qué se reza a la Divina Providencia el día primero de cada mes?
Porque al empezar el mes ponemos en manos de Dios lo que vendrá: el trabajo, la comida, la salud y la casa, y le damos gracias por lo que nos dio el mes anterior. La costumbre es antigua: el devocionario mexicano de 1836 ya estaba pensado "en especial para el día primero de cada mes". Lo mejor es acompañar la oración con la misa, si se puede.
¿Qué es la Divina Providencia?
Es el cuidado amoroso con que Dios guía toda su creación. El Catecismo la define como "las disposiciones por las que Dios conduce la obra de su creación" hacia su perfección (n. 302), y enseña que es "concreta e inmediata" y se ocupa de todo, de lo más pequeño a lo más grande (n. 303). No es una santa ni una virgen: es Dios mismo, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en cuanto nos cuida.
¿Quién es la imagen de la Divina Providencia?
En México se representa a la Divina Providencia con la imagen de la Santísima Trinidad: Dios Padre y Dios Hijo sentados sobre nubes y el Espíritu Santo en forma de paloma sobre ellos. Es distinta de Nuestra Señora de la Divina Providencia, una advocación de la Virgen María que es patrona de Puerto Rico y se celebra el 19 de noviembre.
¿De qué color debe ser la veladora de la Divina Providencia?
Lo tradicional es una veladora blanca, bendecida, que se enciende ante la imagen de la Santísima Trinidad como signo de la oración. Las velas de colores "para el dinero", "para el amor" o "contra la envidia" no forman parte de la devoción católica: atribuir el efecto a la vela o al color es superstición. Lo que pide la Iglesia es fe, oración y confianza en Dios.
¿Se puede rezar a la Divina Providencia cualquier día?
Claro que sí. El mismo devocionario de 1836 dice que su devoción es "útil para todos los días". El primero de mes es una costumbre hermosa, pero podemos confiarnos a la Providencia cada mañana, sobre todo cuando falta el trabajo, el dinero o la salud.
Fuentes
- Devoción a la Divina Providencia, útil para todos los días, y en especial para el día primero de cada mes (México: Hipólito Lagarza, 1836), Biblioteca de la Universidad de Tsukuba, colección Porfirio Díaz. Fuente del texto de la oración y del acto de contrición que damos en esta página (dominio público); incluye la nota de indulgencias de 1835
- Actos de fe, esperanza y caridad a la Providencia Divina (hoja impresa en España, hacia 1850), Ayuntamiento de Cádiz y Universidad de Massachusetts Boston, Internet Archive. Fuente del texto de los actos de fe, esperanza y caridad (dominio público)
- Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 279-324 (la divina providencia, nn. 302-314), Santa Sede
- Félix Torres Amat, La Sagrada Biblia, tomo IV (Barcelona: Montaner y Simón, 1884), Universidad de Sevilla, Internet Archive. Texto de Mateo 6,25-33 (dominio público)
- Desde la Fe (Arquidiócesis de México): ¿Qué es la Divina Providencia?
- EWTN Noticias (ACI Prensa): Santo del día 19 de noviembre: Nuestra Señora de la Divina Providencia