Padre nuestro

El Padre nuestro es la oración que Jesús mismo enseñó a sus discípulos (Mateo 6, 9-13; Lucas 11, 2-4). Comienza "Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre" y termina "no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén". Tiene siete peticiones: tres por la gloria de Dios y cuatro por nuestras necesidades.
El Padre nuestro es la única oración que sabemos con certeza que salió de los labios de Jesús. Sus discípulos lo veían orar, le pidieron que les enseñara, y esto fue lo que les dio. Lo rezamos en cada misa, en cada Rosario y en cada bautizo; muchos lo aprendimos de memoria antes de saber leer. Aquí tiene el Padre nuestro completo como lo rezamos hoy, la forma antigua de los catecismos y el texto en latín, los dos pasajes del Evangelio donde aparece y el sentido de sus siete peticiones.
El Padre nuestro
Este es el texto que rezan hoy los católicos de lengua española, tal como lo publica la Santa Sede en el apéndice de oraciones comunes del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005):
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Es la misma oración en México, en Colombia, en España, en la Argentina y en las parroquias hispanas de los Estados Unidos. En la misa no se dice el "Amén" al final, porque el sacerdote continúa con una oración propia antes de que el pueblo responda.
El Padre nuestro antiguo, como lo enseñaba el catecismo
Nuestros abuelos, y los abuelos de ellos, aprendieron una forma algo distinta. Es la del catecismo del jesuita Jerónimo de Ripalda, publicado por primera vez en 1591 y reimpreso durante más de tres siglos en España y en toda América. Así aparece en una edición impresa en Guatemala en 1826 (con la ortografía actualizada):
Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nos el tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy, y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos de mal. Amén. Jesús.
La diferencia más visible está en "deudas" y "deudores", que siguen al pie de la letra a San Mateo. Hoy decimos "ofensas" y "los que nos ofenden"; el sentido es el mismo, porque nuestras deudas con Dios son nuestros pecados. Muchas personas mayores todavía rezan "venga a nos el tu reino" sin pensarlo, y es una alegría oírlo.
El Padre nuestro en latín (Pater noster)
Este es el latín que usa la Iglesia en la liturgia, como lo imprime el mismo Compendio, sin los acentos de lectura:
Pater noster qui es in caelis: sanctificetur Nomen Tuum; adveniat Regnum Tuum; fiat voluntas Tua, sicut in caelo et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hodie; et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris; et ne nos inducas in tentationem; sed libera nos a Malo. Amen.

El Padre nuestro en la Biblia
La oración nos llega en dos Evangelios y en dos momentos distintos.
En San Mateo, Jesús la enseña en pleno Sermón de la Montaña, justo después de advertir contra los que oran para ser vistos y contra los que creen que serán oídos "a fuerza de palabras". En la traducción de Félix Torres Amat (1823), hecha de la Vulgata, dice así:
Ved pues cómo habéis de orar: Padre nuestro que estás en los cielos: santificado sea el tu nombre: venga el tu reino: hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día dánosle hoy: y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores: y no nos dejes caer en la tentación: mas líbranos de mal. Amén. (Mateo 6, 9-13)

En San Lucas, Jesús estaba orando, y "acabada la oración, díjole uno de sus discípulos: Señor, enséñanos a orar, como enseñó también Juan a sus discípulos". Su respuesta es más breve:
Padre, sea santificado el tu nombre. Venga a nos el tu reino. El pan nuestro de cada día dánosle hoy. Y perdónanos nuestros pecados; puesto que también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación. (Lucas 11, 2-4)
El Compendio del Catecismo recuerda que "la tradición litúrgica de la Iglesia siempre ha usado el texto de San Mateo". Los dos son palabra de Dios; el de Mateo es el que rezamos.

Las siete peticiones del Padre nuestro
Después de la invocación inicial, "Padre nuestro que estás en el cielo", vienen siete peticiones. El Catecismo (n. 2803) las divide así: "Las tres primeras, más teologales, nos atraen hacia la Gloria del Padre; las cuatro últimas, como caminos hacia Él, ofrecen nuestra miseria a su gracia". Rezarlas despacio, una por una, es una de las mejores maneras de orar.
- Santificado sea tu Nombre. Pedimos que el nombre de Dios sea reconocido como santo, en nosotros y en todo el mundo.
- Venga a nosotros tu Reino. Pedimos que Dios reine en cada corazón por su gracia y que llegue el Reino que Cristo traerá en su gloria.
- Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. En el cielo los ángeles y los santos hacen la voluntad de Dios con perfección; pedimos parecernos a ellos.
- Danos hoy nuestro pan de cada día. Pedimos lo que necesitamos para vivir, y solo para hoy, lo que nos enseña a confiar. El Catecismo añade que la palabra griega del Evangelio, epiousion, tomada al pie de la letra, "designa directamente el Pan de Vida, el Cuerpo de Cristo" (n. 2837).
- Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Es la única petición con una condición. Le decimos a Dios que hemos perdonado, y le pedimos que nos perdone de la misma manera.
- No nos dejes caer en la tentación. Pedimos fuerza para no ceder. De esta petición hablamos más abajo.
- Y líbranos del mal. El Catecismo enseña que aquí "el mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno" (n. 2851). Pedimos a Dios que nos libre de él y de todo lo que su obra trae al mundo.
Hasta la primera palabra enseña. No decimos "Padre mío", sino "Padre nuestro": cuando lo rezamos, rezamos con toda la Iglesia y por toda ella, aunque estemos solos en un cuarto.
¿Por qué decimos "no nos dejes caer en la tentación"?
Esta petición inquieta a muchos. El latín dice et ne nos inducas in tentationem, "no nos induzcas a la tentación", y algunas lenguas lo tradujeron así durante siglos. ¿Acaso Dios nos tienta? No. El apóstol Santiago lo dice sin rodeos: Dios "no tienta a nadie" (Santiago 1, 13).
El español resolvió la dificultad hace mucho tiempo. La Biblia de Torres Amat de 1823 ya traduce "no nos dejes caer en la tentación", y el catecismo de Ripalda enseñaba lo mismo. El Catecismo de la Iglesia Católica explica que es difícil verter en una sola palabra el texto griego, que significa "no permitas entrar en" la tentación, "no nos dejes sucumbir a la tentación" (n. 2846).
En los últimos años otras lenguas se han acercado a lo que el español ya decía. En Francia, desde el primer domingo de Adviento de 2017, los fieles rezan ne nous laisse pas entrer en tentation, "no nos dejes entrar en tentación", y la Iglesia en Italia adoptó después una fórmula parecida en la nueva edición de su misal. El papa Francisco dedicó a esta petición su catequesis del 1 de mayo de 2019 y lo resumió así: "el Padre Nuestro comienza con Padre. Y un padre no pone trampas a sus hijos". El español no tuvo que cambiar nada.
Santa Teresa de Jesús y el Padre nuestro
Ningún santo de nuestra lengua amó tanto esta oración como Santa Teresa de Jesús. En Camino de perfección, escrito para sus monjas de Ávila, dedica capítulo tras capítulo a explicar el Padre nuestro palabra por palabra. Y apenas comienza, se detiene en las dos primeras palabras, conmovida de que Jesús nos dé tanto desde el principio:
¡Oh Señor mío, cómo parecéis Padre de tal Hijo, y cómo parece vuestro Hijo, hijo de tal Padre! ¡Bendito seáis por siempre jamás!

Teresa quería que sus hijas rezaran el Padre nuestro sabiendo con quién hablaban. El Catecismo recoge esa enseñanza suya: "La oración se hace interior en la medida en que tomamos conciencia de Aquél 'a quien hablamos'" (n. 2704). Y cuenta en el capítulo XXX una historia que consuela a cualquiera que no sepa meditar. Una monja fue a verla muy afligida porque no lograba tener oración mental; solo sabía rezar vocalmente. Teresa le preguntó qué rezaba, y vio que, "asida a el Paternóster", rezando unos Padrenuestros en memoria de la sangre que derramó el Señor, aquella mujer pasaba horas en verdadera contemplación. "Alabé al Señor", escribe Teresa, "y hube envidia su oración vocal".

Cómo rezó la Iglesia el Padre nuestro desde el principio
La oración formó parte de la vida cristiana desde el comienzo. La Didajé, un breve manual de la vida cristiana que suele fecharse a fines del siglo I o comienzos del II, trae el Padre nuestro completo y manda rezarlo tres veces al día. Su versión termina con una breve alabanza a Dios, parecida a la que hoy decimos en la misa.

Los Padres de la Iglesia no se cansaron de alabarlo. Tertuliano, hacia el año 200, lo llamó "el resumen de todo el Evangelio", y Santo Tomás de Aquino, "la más perfecta de las oraciones"; el Catecismo recoge ambas frases (nn. 2761 y 2774). En el Monte de los Olivos, en Jerusalén, se levanta una iglesia donde la tradición sitúa la enseñanza del Padre nuestro. Sus muros están cubiertos de paneles con la oración en muchas lenguas.

El Padre nuestro en la misa y en el Rosario
En la misa, el Padre nuestro tiene su lugar entre la plegaria eucarística y la comunión. Lo rezamos de pie, como hijos que se preparan para recibir el Pan del cielo. Después de la oración del sacerdote, el pueblo responde con la alabanza antigua: "Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor".

En el Rosario, cada decena comienza con un Padre nuestro en la cuenta grande. San Juan Pablo II escribió que, puesto como fundamento de la meditación, el Padre nuestro hace que el Rosario, "aun cuando se tenga en soledad, sea una experiencia eclesial" (Rosarium Virginis Mariae, 32). Vea cómo rezar el Rosario y los misterios del Rosario.
El mismo Rosario nació, en parte, del Padre nuestro. En muchos monasterios medievales, los hermanos legos que no sabían latín rezaban un número fijo de Padrenuestros en lugar de los salmos del Oficio, a veces más de cien al día. Para contarlos usaban cuentas ensartadas en un cordón, y la Enciclopedia Católica anota que ese cordón se llamaba sencillamente "pater-noster", nombre que conservó aun cuando se usaba para contar Avemarías.

Recemos ahora, despacio, como el Señor nos enseñó: Padre nuestro que estás en el cielo...
Las demás oraciones del Rosario tienen su propia página: el Ave María, el Gloria al Padre, el Credo y la Salve. Todas las oraciones básicas, completas, están en oraciones católicas.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el Padre nuestro completo?
"Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén." Es el texto que publica la Santa Sede en el apéndice de oraciones del Compendio del Catecismo.
¿Dónde está el Padre nuestro en la Biblia?
En dos Evangelios. San Mateo lo pone en el Sermón de la Montaña (Mateo 6, 9-13) y San Lucas, cuando un discípulo le pide a Jesús: "Señor, enséñanos a orar" (Lucas 11, 1-4). La Iglesia reza desde siempre la forma más larga, la de San Mateo.
¿Por qué decimos \"no nos dejes caer en la tentación\"?
Porque Dios no tienta a nadie (Santiago 1, 13). El Catecismo explica que la palabra griega significa "no permitas entrar en" la tentación, "no nos dejes sucumbir" a ella (CEC 2846). El español la traduce así desde hace siglos: ya está en la Biblia de Torres Amat (1823) y en el catecismo del Padre Ripalda.
¿Por qué el Padre nuestro católico no termina con \"tuyo es el reino\"?
Porque la oración termina en "líbranos del mal" en los manuscritos más antiguos de San Mateo y en San Lucas. La alabanza final es muy antigua y la Iglesia la usa: en la misa, después de la oración del sacerdote, el pueblo responde "Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor".
¿Cómo se dice el Padre nuestro en latín?
Pater noster qui es in caelis: sanctificetur Nomen Tuum; adveniat Regnum Tuum; fiat voluntas Tua, sicut in caelo et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hodie; et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris; et ne nos inducas in tentationem; sed libera nos a Malo. Amen.
Fuentes
- Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), apéndice: Oraciones comunes (Padre nuestro y Pater Noster), y preguntas 578-598. texto actual del Padre nuestro y texto latino
- Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2761-2776: "Resumen de todo el Evangelio"
- Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2803-2854: las siete peticiones
- La Sagrada Biblia, traducida de la Vulgata por Félix Torres Amat, tomo I del Nuevo Testamento (Madrid, 1823): Mateo 6, 9-13 y Lucas 11, 1-4
- Jerónimo de Ripalda, Catecismo y breve exposición de la doctrina cristiana (Guatemala, 1826). forma antigua del Padre nuestro ("venga a nos el tu reino", "perdónanos nuestras deudas")
- Santa Teresa de Jesús, Camino de perfección, caps. XXVII y XXX, ed. P. Silverio de Santa Teresa, Obras, tomo III (Burgos, 1916)
- Papa Francisco, Audiencia general del 1 de mayo de 2019 (catequesis sobre "No nos dejes caer en la tentación")
- Herbert Thurston, Oración del Señor, Enciclopedia Católica (traducción de la edición de 1910)