Credo católico

Ilustración en estilo óleo de una parroquia colonial en la que los fieles, de pie, profesan la fe durante la misa dominical mientras el sacerdote está ante el altar

El Credo católico es la profesión de fe de la Iglesia. Hay dos formas principales: el Credo de los Apóstoles, que comienza "Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra" y con el que empezamos el Rosario, y el Credo de Nicea, que rezamos en la misa del domingo. Los dos resumen lo que creemos del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

El Credo católico es la oración con la que decimos en voz alta lo que creemos. No es una lista de opiniones: es la fe que recibimos en el bautismo y que la Iglesia guarda desde los apóstoles. La Iglesia tiene dos credos principales. El Credo de los Apóstoles es el más breve y antiguo; con él comenzamos el Rosario. El Credo de Nicea es el que rezamos de pie en la misa del domingo. Aquí tiene el Credo de los Apóstoles completo como lo rezamos hoy, la forma que enseñaba el catecismo de nuestros abuelos y el texto latino; después, el Credo de Nicea, de dónde vienen los dos y lo que dice cada uno de sus doce artículos.

El Credo de los Apóstoles

Este es el texto que rezan hoy los católicos de lengua española, tal como lo publica la Santa Sede en el apéndice de oraciones del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005):

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Cuando lo rezamos en la misa, nos inclinamos al decir "que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen", en honor del misterio de la Encarnación.

El Credo como lo enseñaba el catecismo

Durante más de tres siglos, los niños de España y de toda América aprendieron el Credo en el catecismo del jesuita Jerónimo de Ripalda, publicado por primera vez en 1591. Así aparece en una edición impresa en Guatemala en 1826 (con la ortografía actualizada):

Creo en Dios Padre todopoderoso, Criador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra del Espíritu Santo, y nació de Santa María Virgen, padeció debajo del poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos, y al tercero día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos, y está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne, y la vida perdurable. Amén.

Las diferencias son pequeñas y entrañables: "Criador" por Creador, "a la diestra" por a la derecha, "la vida perdurable" por la vida eterna. Muchas personas mayores todavía lo rezan así, y no hay ningún error en ello.

Ilustración en estilo acuarela de una abuela y dos nietos que comienzan el Rosario en la sala de su casa, la abuela con el crucifijo del rosario entre los dedos
Ilustración de una abuela que comienza el Rosario con sus nietos, con el crucifijo entre los dedos, donde se reza el Credo.

El Credo de los Apóstoles en latín

Este es el Symbolum Apostolicum como lo imprime el mismo Compendio:

Credo in Deum, Patrem omnipotentem, Creatorem caeli et terrae, et in Iesum Christum, Filium Eius unicum, Dominum nostrum, qui conceptus est de Spiritu Sancto, natus ex Maria Virgine, passus sub Pontio Pilato, crucifixus, mortuus, et sepultus, descendit ad inferos, tertia die resurrexit a mortuis, ascendit ad caelos, sedet ad dexteram Dei Patris omnipotentis, inde venturus est iudicare vivos et mortuos. Et in Spiritum Sanctum, sanctam Ecclesiam catholicam, sanctorum communionem, remissionem peccatorum, carnis resurrectionem, vitam aeternam. Amen.

El Credo de Nicea

El segundo gran credo de la Iglesia se llama, con su nombre completo, Credo niceno-constantinopolitano. Es el que rezamos en la misa de los domingos y de las solemnidades, de pie, después de la homilía. Comienza "Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible", y sobre Jesucristo dice lo que el de los Apóstoles no explica: que es "Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre".

No reproducimos aquí su texto completo en español porque la traducción que se usa en la misa pertenece al Misal Romano aprobado por las conferencias episcopales, cuyos derechos tienen la Conferencia del Episcopado Mexicano, la Conferencia Episcopal Española y sus editores. Lo encontrará completo, junto al Credo de los Apóstoles, en el apéndice del Compendio del Catecismo en vatican.va, y en el misal de cualquier parroquia. Lo que sí podemos darle es el texto latino, tal como lo trae el Misal Romano:

Credo in unum Deum, Patrem omnipotentem, Factorem caeli et terrae, visibilium omnium et invisibilium. Et in unum Dominum Iesum Christum, Filium Dei unigenitum, et ex Patre natum ante omnia saecula. Deum de Deo, lumen de lumine, Deum verum de Deo vero, genitum, non factum, consubstantialem Patri: per quem omnia facta sunt. Qui propter nos homines et propter nostram salutem descendit de caelis. Et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine, et homo factus est. Crucifixus etiam pro nobis sub Pontio Pilato; passus et sepultus est, et resurrexit tertia die, secundum Scripturas, et ascendit in caelum, sedet ad dexteram Patris. Et iterum venturus est cum gloria, iudicare vivos et mortuos, cuius regni non erit finis. Et in Spiritum Sanctum, Dominum et vivificantem, qui ex Patre Filioque procedit. Qui cum Patre et Filio simul adoratur et conglorificatur: qui locutus est per prophetas. Et unam, sanctam, catholicam et apostolicam Ecclesiam. Confiteor unum baptisma in remissionem peccatorum. Et exspecto resurrectionem mortuorum, et vitam venturi saeculi. Amen.

En la misa nos inclinamos profundamente a las palabras "y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre". En Navidad y en la Anunciación, el 25 de marzo, nos arrodillamos.

Icono cretense de una gran asamblea de obispos con halo y vestiduras blancas con cruces negras, sentados en semicírculo alrededor del emperador Constantino, con un hombre caído en el suelo en primer plano
El primer Concilio de Nicea pintado en 1591 por el cretense Michael Damaskinos: los obispos rodean al emperador Constantino, y a sus pies yace Arrio, cuya enseñanza condenó el concilio. ⓘ

¿Qué Credo se reza en la misa?

Normalmente, el de Nicea. El Misal Romano permite usar en su lugar el Credo de los Apóstoles, el antiguo símbolo bautismal de la Iglesia romana, sobre todo en Cuaresma y en el tiempo de Pascua, cuando la Iglesia vuelve los ojos al bautismo. Muchas parroquias lo hacen también en las misas con niños. Los dos dicen la misma fe; uno con pocas palabras y el otro con más precisión.

De dónde viene el Credo

Una leyenda hermosa

En la Edad Media se contaba que el día de Pentecostés, llenos del Espíritu Santo, los doce apóstoles se reunieron antes de dispersarse por el mundo y compusieron juntos el Credo, aportando cada uno un artículo. Es un relato tradicional. La Enciclopedia Católica lo sigue hasta el siglo VI, y ya hacia el año 404 el presbítero Rufino de Aquilea contaba que los apóstoles habían compuesto juntos esta "regla de fe" antes de salir a predicar. Por eso tantas obras de arte ponen a cada apóstol con una frase del Credo en la mano.

Miniatura medieval en la que los doce apóstoles, sentados bajo un arco gótico con fondo de oro, reciben al Espíritu Santo en forma de paloma mientras dos de ellos sostienen un pergamino
En esta miniatura de 1295, de la Somme le Roi, los doce apóstoles reciben al Espíritu Santo y componen el Credo, según la leyenda medieval. ⓘLos apóstoles componen el Credo, miniatura de la Somme le Roi

Lo que sabemos de su historia

La historia es más modesta y no menos bella. Desde el principio, la Iglesia resumió su fe en fórmulas breves; San Pablo ya cita una cuando recuerda a los corintios lo que él mismo recibió: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día (1 Corintios 15, 3-4). En Roma, antes de mediados del siglo II, existía un credo que se enseñaba a los que se preparaban para el bautismo y que ellos recitaban al bautizarse. Nuestro Credo de los Apóstoles desciende directamente de él. El Catecismo lo llama "el antiguo símbolo bautismal de la Iglesia de Roma" (n. 194).

El nombre "Símbolo de los Apóstoles" aparece por escrito hacia el año 390, en una carta de los obispos reunidos en Milán al papa Siricio, que hablan del "Símbolo de los Apóstoles que la Iglesia Romana siempre ha preservado y mantenido inviolado". San Ambrosio, obispo de Milán en aquellos años, ya contaba doce artículos, uno por apóstol (Catecismo, n. 191).

Tapiz flamenco alargado, en tonos dorados y castaños, con la creación de Adán, el Bautismo de Cristo y la Crucifixión, rodeadas de apóstoles y profetas que sostienen cintas con inscripciones
Un tapiz flamenco de fines del siglo XV ilustra los cuatro primeros artículos del Credo, de la creación a la Crucifixión. ⓘLos cuatro primeros artículos del Credo (tapiz flamenco)

Nicea y Constantinopla

El Credo de Nicea nació de una crisis. A comienzos del siglo IV, Arrio, un sacerdote de Alejandría, enseñaba que el Hijo de Dios no era Dios como el Padre, sino una criatura superior. En el año 325, los obispos (318, según la tradición) se reunieron en Nicea, en la actual Turquía, en el primer concilio ecuménico de la historia, y proclamaron que el Hijo es "de la misma naturaleza del Padre". Entre los grandes defensores de esa fe estuvo un obispo de nuestra lengua y nuestra tierra: Osio de Córdoba. El papa León XIV lo recordó en su carta In unitate fidei (2025), escrita para el 1700 aniversario del concilio, donde lo describe como "ferviente confesor de la fe durante la persecución".

El primer Concilio de Constantinopla, en el año 381, completó el texto, sobre todo el artículo sobre el Espíritu Santo, "que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria". Por eso su nombre largo. El Catecismo dice que "sigue siendo todavía hoy el símbolo común a todas las grandes Iglesias de Oriente y Occidente" (n. 195). En Occidente se añadió más tarde que el Espíritu Santo procede del Padre "y del Hijo" (Filioque); las Iglesias ortodoxas lo rezan sin esas palabras.

Los doce artículos del Credo

El Catecismo recuerda que el Credo se divide en tres partes, una para cada Persona de la Santísima Trinidad, porque somos bautizados "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (n. 189-190). Según la antigua costumbre, contamos doce artículos:

  1. Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Todo lo que existe viene de un Padre que nos ama y lo puede todo.
  2. Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor. Jesús no es un profeta más: es el Hijo eterno de Dios.
  3. Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen. El Hijo de Dios se hizo hombre de verdad en el seno de la Virgen.
  4. Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado. El nombre de Pilato ancla nuestra fe en la historia: Jesús sufrió en un lugar y un tiempo concretos.
  5. Descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos. Murió de verdad, bajó a la morada de los muertos para llevar la salvación a los justos que la esperaban, y resucitó.
  6. Subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Nuestra humanidad, en Cristo, ya está junto a Dios.
  7. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Esperamos su regreso en gloria.
  8. Creo en el Espíritu Santo. La tercera Persona, Señor y dador de vida.
  9. La santa Iglesia católica, la comunión de los santos. La Iglesia es una familia que une a los que peregrinamos en la tierra, a las almas del purgatorio y a los santos del cielo.
  10. El perdón de los pecados. Dios perdona, ante todo por el bautismo y por la confesión.
  11. La resurrección de la carne. No solo el alma: también nuestro cuerpo resucitará.
  12. Y la vida eterna. Amén. Estamos hechos para vivir para siempre con Dios. "Amén" quiere decir: así lo creo, así es.
Gran tapiz dividido en muchos recuadros con escenas bíblicas de colores, de la creación a la resurrección, que ilustran uno por uno los artículos del Credo
Un tapiz de hacia 1550, del Metropolitan Museum de Nueva York, cuenta el Credo artículo por artículo con escenas de la Biblia. ⓘEl Credo de los Apóstoles (tapiz)

Cuándo rezamos el Credo

En el bautismo. La primera profesión de fe se hace en el bautismo (Catecismo, n. 189). Por eso, en la Vigilia Pascual, cuando renovamos las promesas del bautismo, el sacerdote nos pregunta si creemos en Dios Padre, en Jesucristo y en el Espíritu Santo, y a cada pregunta respondemos: "Sí, creo". Es el Credo en forma de preguntas, tal como lo respondían los primeros cristianos junto a la pila bautismal.

Ilustración en estilo óleo de la Vigilia Pascual en una iglesia a oscuras, donde los fieles sostienen velas encendidas y renuevan sus promesas bautismales junto a la pila
Ilustración de la Vigilia Pascual, cuando los fieles renuevan con velas encendidas las promesas de su bautismo.

En el catecumenado. En la Iglesia antigua, unas semanas antes de la Pascua, el obispo "entregaba" el Credo a los catecúmenos, que debían aprenderlo de memoria y "devolverlo" recitándolo ante la comunidad antes del bautismo. El ritual actual de iniciación cristiana de adultos conserva esa entrega del Símbolo durante la Cuaresma.

Ilustración en estilo fresco de un obispo de la Iglesia antigua que, en una basílica romana, recita el Credo ante un grupo de catecúmenos vestidos de blanco que escuchan con atención
Ilustración de un obispo de la Iglesia antigua que entrega el Credo a los catecúmenos.

En el Rosario. Lo primero que rezamos, con el crucifijo en la mano, es el Credo de los Apóstoles. Vea cómo rezar el Rosario.

Cada día. Muchos santos aconsejaron rezarlo al levantarse y al acostarse. San Ambrosio llamaba al Credo "el sello espiritual", "la meditación de nuestro corazón y el guardián siempre presente", "el tesoro de nuestra alma" (citado en el Catecismo, n. 197). Es una buena oración para los momentos de duda: decir despacio "creo" es ya un acto de fe.

Otros credos de la Iglesia

El Catecismo recuerda que a lo largo de los siglos ha habido muchas profesiones de fe y que ninguna "puede ser considerada como superada e inútil" (n. 193). Entre ellas están el Quicumque, llamado Credo de San Atanasio, que se rezó durante siglos en el Oficio divino, y el Credo del Pueblo de Dios que el papa Pablo VI proclamó el 30 de junio de 1968, al cerrar el Año de la Fe, para responder a las dudas de su tiempo. Ninguno sustituye a los dos grandes credos; los explican.

Recemos ahora, despacio, con toda la Iglesia: Creo en Dios, Padre todopoderoso...

Las demás oraciones básicas tienen su propia página: el Padre nuestro, el Ave María, el Gloria al Padre y la Salve. Todas están reunidas en oraciones católicas.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el Credo católico completo?

El Credo de los Apóstoles dice: "Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén." Es el texto del apéndice de oraciones del Compendio del Catecismo.

¿Cuál es la diferencia entre el Credo de los Apóstoles y el Credo de Nicea?

El de los Apóstoles es el antiguo credo bautismal de la Iglesia de Roma: breve, en doce artículos. El de Nicea, o niceno-constantinopolitano, nació de los concilios de Nicea (325) y Constantinopla (381) y explica con más detalle quién es Jesucristo ("Dios de Dios, Luz de Luz") y quién es el Espíritu Santo. Profesan la misma fe; el de Nicea es el que comparten las grandes Iglesias de Oriente y Occidente.

¿Qué Credo se reza en la misa?

En la misa de los domingos y solemnidades rezamos normalmente el Credo de Nicea. El Misal Romano permite usar en su lugar el Credo de los Apóstoles, sobre todo en Cuaresma y en el tiempo de Pascua. En el Rosario rezamos siempre el de los Apóstoles, sobre el crucifijo.

¿Por qué se llama Credo de los Apóstoles si no lo escribieron ellos?

Porque resume con fidelidad la fe que predicaron los apóstoles. Una tradición medieval decía que cada uno de los doce compuso un artículo el día de Pentecostés; es una leyenda, pero el texto sí desciende del credo que la Iglesia de Roma enseñaba a los que iban a bautizarse desde el siglo II.

¿Qué significa \"descendió a los infiernos\"?

No quiere decir que Jesús fuera al infierno de los condenados. "Infiernos" es la morada de los muertos. El Credo afirma que Cristo murió de verdad y que, ya muerto, bajó a donde estaban los justos que esperaban la salvación, para abrirles las puertas del cielo.

¿Qué quiere decir la palabra \"Credo\"?

Es la primera palabra en latín: credo, "creo". El Catecismo explica que también se le llama "símbolo de la fe", del griego symbolon, la mitad de un objeto partido que se juntaba con la otra para reconocer a alguien: el Credo es la señal en la que los cristianos nos reconocemos.

Fuentes

  1. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005): Símbolo de los Apóstoles y Credo Niceno-Constantinopolitano, en español y en latín, y preguntas 33-35. texto actual de los dos credos
  2. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 185-197: Los símbolos de la fe
  3. Jerónimo de Ripalda, Catecismo y breve exposición de la doctrina cristiana (Guatemala, 1826), Internet Archive. forma antigua del Credo ("Criador del cielo y de la tierra", "la vida perdurable")
  4. Herbert Thurston, Credo de los Apóstoles, Enciclopedia Católica (traducción de la edición de 1907). la leyenda de Rufino y la carta del concilio de Milán al papa Siricio (hacia 390)
  5. León XIV, Carta apostólica In unitate fidei en el 1700 aniversario del Concilio de Nicea (23 de noviembre de 2025)
  6. Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios (30 de junio de 1968)