Oración al Ángel de la Guarda

La oración al Ángel de la Guarda más rezada en español es la copla popular "Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día". La otra, más antigua, es "Ángel de Dios, ángel de mi guarda", traducción del latín Angele Dei, que nació de un poema escrito en Canterbury a comienzos del siglo XII.
La oración al Ángel de la Guarda es casi siempre la primera que aprendemos, antes de saber leer, en brazos de nuestra madre o de nuestra abuela. En español tenemos dos: la copla "Ángel de mi guarda, dulce compañía", que se reza de México a la Patagonia, y la oración "Ángel de Dios", traducida del latín. Aquí están las dos completas, con su historia, que es más antigua y mejor documentada de lo que uno imaginaría.
Ángel de mi guarda, dulce compañía
Esta es la forma que más se reza hoy en América Latina, sobre todo con los niños, al acostarse:
Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día. No me dejes solo, que me perdería. Amén.
Las niñas suelen decir "no me dejes sola". Muchas familias cambian los dos últimos versos y terminan con otro, igualmente popular: "hasta que me pongas en paz y alegría con todos los santos, Jesús, José y María", o "hasta que descanse en los brazos de Jesús, José y María". No hay una forma oficial: es una copla del pueblo, y cada casa la reza como la recibió.
Las versiones antiguas de Chile y España
El folclorista chileno Ramón A. Laval reunió en 1910 las oraciones que rezaba el pueblo de Chile y las comparó con las de España. Bajo el título "Al Anjel de la Guarda" (con la ortografía chilena de la época) recogió varias versiones de esta copla. La primera dice:
Anjel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de diá; si me desamparas perdido seria.
Otra, también chilena, añade una segunda estrofa: "Anjel de mi guarda, mi fiel cuidador, no permitas que me aparte del camino del Señor." Laval la compara con versiones españolas: una de Madrid ("Sed mi protector, sed mi buena guía... no me dejéis sola, que me perdería") y otra que publicó Francisco Rodríguez Marín en sus Cantos populares españoles: "Anjel de la Guarda, dame compañía; no me dejes solo, que me perdería". Ahí está, ya en el siglo XIX, el verso que hoy repetimos.

Ángel de Dios, ángel de mi guarda
La segunda oración es la traducción del latín Angele Dei. La tomamos de El caballero cristiano, el devocionario del jesuita Remigio Vilariño, en su edición de 1923, que la pone entre las oraciones de la mañana:
Ángel de Dios, ángel de mi guarda, pues la bondad divina me ha encomendado a tu custodia, ilumíname, guárdame, rígeme, gobiérname. Amén.
Y este es el original latino, como lo imprimía la Raccolta de las oraciones indulgenciadas:
Angele Dei, qui custos es mei, me tibi commissum pietate superna illumina, custodi, rege, et guberna. Amen.
Muchos devocionarios añaden hodie ("hoy") o hac nocte ("esta noche") antes de illumina. Los cuatro verbos son el corazón de la oración: le pedimos al ángel luz para la mente, protección contra el mal y que dirija y gobierne nuestros pasos durante el día.

De dónde viene la oración al Ángel de la Guarda
Un poema escrito en Canterbury
Durante siglos la oración latina circuló sin autor. Algunos la atribuían a San Anselmo, arzobispo de Canterbury, que murió en 1109, porque andaba junto a sus devociones. La fuente verdadera estaba muy cerca de su catedral.
Reginaldo de Canterbury, poeta nacido en Francia, fue monje benedictino de la abadía de San Agustín de Canterbury. Su editor moderno, Levi Robert Lind, fecha sus obras escritas en Inglaterra entre 1102 y por lo menos 1109. La más larga es la Vida de San Malco, un poema de más de tres mil versos sobre el monje del desierto sirio cuya historia contó San Jerónimo. El último libro está lleno de oraciones, y una de ellas es la de Malco a su ángel. Empieza así:
Angele, qui meus es custos pietate superna, Me tibi commissum serva, tueare, guberna.
En traducción nuestra, literal: "Ángel, que por la bondad divina eres mi custodio, guárdame a mí, que te he sido encomendado; protégeme, gobiérname." Basta ponerlo junto al Angele Dei para ver el parentesco. Alguien, después de Reginaldo, redujo su largo poema a una sola frase fácil de recordar. No sabemos quién ni cuándo.

Los papas y los devocionarios
En el siglo XVIII la oración era tan conocida que la Raccolta la llama sencillamente "la conocida invocación". El 2 de octubre de 1795, fiesta de los Ángeles Custodios, Pío VI concedió una indulgencia a quien la rezara con devoción, y Pío VII añadió otra en 1821 para quienes la rezaran a diario. Así pasó a todos los devocionarios católicos, también a los de lengua española.

Lo que dice la Biblia sobre el ángel de la guarda
El texto más citado son las palabras de Jesús sobre los niños. En la traducción de Félix Torres Amat (1836), que pone en el mismo versículo la expresión que usamos en la oración:
Mirad que no despreciéis á alguno de estos pequeñitos: porque os hago saber que sus ángeles de guarda en los cielos están siempre viendo la cara de mi Padre celestial.
Es Mateo 18, 10, y se lee en la misa del 2 de octubre. El Salmo 91 (90 en las Biblias antiguas) dice que Dios ha mandado a sus ángeles que nos guarden en todos nuestros caminos. La carta a los Hebreos (1, 14) llama a los ángeles espíritus enviados para servir a los que han de heredar la salvación. Y en los Hechos de los Apóstoles (12, 15), cuando San Pedro, recién liberado de la cárcel por un ángel, llama a la puerta, los cristianos reunidos dicen: "Será su ángel".

El libro de Tobías cuenta la historia de ángel guardián más larga de la Biblia: el arcángel San Rafael, disfrazado de viajero, guía al joven Tobías, lo protege y lo trae de vuelta a casa. Rafael no es un ángel de la guarda en sentido estricto, pero desde hace quinientos años los pintores usan su historia para representar al nuestro.

Lo que enseña la Iglesia
El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 336) lo dice en pocas líneas: desde su comienzo hasta la muerte, la vida humana está rodeada de la custodia y de la intercesión de los ángeles, y cita a San Basilio Magno: "Nadie podrá negar que cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducir su vida".
La Enciclopedia Católica añade un matiz: la Iglesia nunca ha definido como dogma que cada alma tenga su ángel, pero es la "opinión de la Iglesia", como lo expresó San Jerónimo: "qué grande la dignidad del alma, puesto que cada una tiene desde su nacimiento un ángel encargado de guardarla".
El papa Francisco predicó sobre esto en la fiesta de 2014 y terminó con unas preguntas que vale la pena hacerse cada día: "¿Cómo es mi relación con mi ángel custodio? ¿Lo escucho? ¿Le doy los buenos días en la mañana? ¿Le digo que me proteja durante el sueño? ¿Hablo con él? ¿le pido consejo? ¿Está a mi lado?"
El día del Ángel de la Guarda: 2 de octubre
La fiesta de los Santos Ángeles Custodios nació en España. La Enciclopedia Católica recoge una petición de Córdoba, en 1579, para celebrar un oficio en su honor, y Valencia obtuvo la aprobación en 1582. Paulo V la permitió para toda la Iglesia en 1608, y Clemente X la hizo obligatoria y la fijó el 2 de octubre, el primer día libre después de la fiesta de San Miguel y los arcángeles, el 29 de septiembre. Hoy es memoria en el calendario de la Iglesia.

Cómo enseñar la oración del Ángel de la Guarda a los niños
Esta oración ha llegado hasta nosotros porque padres, abuelos y catequistas la han enseñado a los más pequeños. Algunas cosas ayudan:
- Rezarla siempre a la misma hora. Al acostarse es lo clásico; muchas familias la rezan también camino de la escuela.
- Verso por verso. Usted dice un verso y el niño lo repite. La rima hace casi todo el trabajo.
- Explicar las palabras difíciles. "Desamparar" es dejar solo; "encomendado" quiere decir que Dios nos puso a su cuidado.
- Hablarle al ángel, no solo hablar de él. Las preguntas del papa Francisco funcionan muy bien con niños más grandes.

Los mayores no la dejamos nunca. Es de las pocas oraciones que muchos rezamos todos los días de la vida, desde el kínder hasta la vejez.
Oraciones y santos relacionados
Quien quiera algo más que unos versos puede rezar una novena a los Ángeles Custodios antes del 2 de octubre o la oración a San Miguel Arcángel, que pide protección contra el mal. La coronilla de San Miguel termina con un Padre nuestro en honor del propio ángel de la guarda.
Varios santos vivieron muy cerca de su ángel. Santa Gema Galgani hablaba con el suyo, según su director espiritual, y del Padre Pío se cuenta que pedía a sus hijos espirituales que le mandaran a su ángel de la guarda con sus peticiones. Son relatos reportados por quienes los conocieron. Para empezar y terminar el día con otras oraciones sencillas, vea las oraciones católicas.

Ángel de Dios, ángel de mi guarda, ruega por nosotros.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la oración al Ángel de la Guarda?
La más conocida es: "Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día. No me dejes solo, que me perdería. Amén." Muchas familias rezan también la oración más antigua: "Ángel de Dios, ángel de mi guarda, pues la bondad divina me ha encomendado a tu custodia, ilumíname, guárdame, rígeme y gobiérname. Amén."
¿Quién escribió \"Ángel de mi guarda, dulce compañía\"?
No tiene autor conocido. Es una copla popular que los padres enseñan de memoria a sus hijos. El folclorista chileno Ramón A. Laval recogió en 1910 varias versiones de Chile y de España, y hay muchas variantes en el último verso según el país y la familia.
¿De dónde viene la oración \"Ángel de Dios\"?
Es la traducción del latín Angele Dei. Su comienzo repite casi palabra por palabra dos versos de un largo poema al ángel custodio que escribió Reginaldo, monje benedictino de Canterbury, hacia 1102-1109. Los papas Pío VI y Pío VII la enriquecieron con indulgencias a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX.
¿Cuándo es el día del Ángel de la Guarda?
El 2 de octubre, fiesta de los Santos Ángeles Custodios. La fiesta nació en España a fines del siglo XVI y Clemente X la extendió a toda la Iglesia y la fijó en esa fecha, el primer día libre después de la fiesta de los arcángeles del 29 de septiembre.
¿Todos tenemos un ángel de la guarda?
El Catecismo (n. 336) enseña que desde la infancia hasta la muerte la vida humana está rodeada de la custodia y la intercesión de los ángeles, y cita a San Basilio: cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor. La Iglesia no lo ha definido como dogma, pero es la enseñanza constante de los Padres, y el papa Francisco lo dijo así en 2014: "Todos tenemos un ángel siempre al lado".
¿Los seres queridos que mueren se convierten en ángeles?
No. Los ángeles son criaturas espirituales distintas de nosotros, creadas por Dios como ángeles. Nuestros difuntos no se vuelven ángeles de la guarda, aunque la idea consuele en un funeral. Por ellos rezamos, y en el cielo esperamos encontrarlos como santos, no como ángeles.
Fuentes
- Remigio Vilariño, S. J., El caballero cristiano: devocionario completo, 5.ª ed. (Bilbao: El Mensajero del Corazón de Jesús, 1923), p. 10, Internet Archive. Texto de la oración "Ángel de Dios, ángel de mi guarda"
- Ramón A. Laval, Oraciones, ensalmos i conjuros del pueblo chileno comparados con los que se dicen en España (Santiago de Chile: Imprenta Cervantes, 1910), pp. 43-46, Internet Archive. Versiones populares de "Ángel de mi guarda, dulce compañía" en Chile y España
- Reginald of Canterbury, Vita Sancti Malchi, ed. Levi Robert Lind (University of Illinois Press, 1942), Internet Archive
- The Raccolta, or Collection of Indulgenced Prayers, trad. Ambrose St. John (1857), n. 112, Internet Archive. Texto latino y las indulgencias de Pío VI (1795, 1796) y Pío VII (1821)
- Félix Torres Amat, La Sagrada Biblia nuevamente traducida al español, tomo 13 (1836), Mateo 18, 10, Internet Archive
- Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 328-336, Los ángeles (Santa Sede)
- Papa Francisco, Todos tenemos un ángel, meditación matutina del 2 de octubre de 2014
- Enciclopedia Católica (traducción de la Catholic Encyclopedia de 1910): Ángel de la Guarda