Oración a la Sangre de Cristo

La oración a la Sangre de Cristo más conocida es el ofrecimiento al Padre: "Padre Eterno, os ofrezco la preciosísima Sangre de Jesucristo en expiación de mis pecados y por las necesidades de la santa Iglesia". Con ella honramos la Sangre que Jesús derramó por nuestra salvación, la misma que recibimos en la Eucaristía. La Iglesia dedica a la Preciosa Sangre el mes de julio, y en algunos lugares celebra su fiesta el 1 de julio.
La oración a la Sangre de Cristo más rezada en el mundo católico cabe en una sola frase: "Padre Eterno, os ofrezco la preciosísima Sangre de Jesucristo en expiación de mis pecados y por las necesidades de la santa Iglesia". Con ella ofrecemos al Padre lo más valioso que tenemos, la Sangre que su Hijo derramó por nosotros, y le pedimos perdón y ayuda. En esta página encontrará esa oración y otras plegarias tradicionales a la Preciosa Sangre, tomadas de devocionarios antiguos de México, Guatemala y España, junto con lo que la Iglesia enseña sobre esta devoción y cómo vivirla, sobre todo en julio, el mes de la Preciosa Sangre.
Oración a la Sangre de Cristo: el ofrecimiento al Padre Eterno
Es una oración breve, que se puede decir en cualquier momento del día, y muy antigua en los libros de piedad. El jesuita Remigio Vilariño la recogía en su Devocionario completo (Bilbao, 1923) entre las jaculatorias enriquecidas con indulgencias por los papas:
Padre Eterno, os ofrezco la preciosísima Sangre de Jesucristo en expiación de mis pecados y por las necesidades de la santa Iglesia.
Muchos la rezan varias veces al día, por ejemplo al comenzar el trabajo, al oír la campana de la iglesia o en cada misterio del rosario. Otros cambian la intención según lo que viven: por las almas del purgatorio, por un enfermo, por la conversión de un hijo. La oración funciona así porque no ofrecemos nada nuestro: ponemos ante el Padre el sacrificio de su Hijo, que ya fue aceptado en la cruz.

"La Sangre de nuestro Señor Jesucristo guarde mi alma"
Hay otra oración a la Sangre de Cristo que los fieles escucharon durante siglos en cada misa. Es la que dice el sacerdote antes de comulgar del cáliz, tal como la traducía el mismo devocionario de 1923 para que los fieles la siguieran:
La Sangre de nuestro Señor Jesucristo guarde mi alma para la vida eterna.
San Juan XXIII la citó en su carta Inde a primis (1960) y pidió que los fieles, unidos al sacerdote, pudieran "con toda verdad repetir mentalmente" esas palabras en el momento de la comunión. Es una buena oración para decir en silencio cada vez que vemos elevar el cáliz.

Jaculatorias a la Preciosa Sangre
En 1785, mientras una epidemia golpeaba a la Nueva España, se reimprimió en la Ciudad de México un pequeño librito del religioso Fray Juan Nieto: el Rosario a los siete derramamientos de la preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, "devoción muy provechosa", dice la portada, para que Dios aplacara "la presente epidemia". Conservamos sus oraciones, con la ortografía actualizada, porque siguen siendo de las más hermosas que tenemos en español.
En lugar del Padrenuestro, el rosario decía:
Bendita sea la preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, que con ella nos redimió.
Y en lugar de cada Avemaría:
Preciosísima Sangre de Cristo, lávame; Sangre preciosísima de Cristo, defiéndeme.
Al ofrecer cada misterio se rezaba esta copla, que en tiempos de enfermedad puede volver a rezarse tal cual:
Jesucristo, aplaca tu ira,
tu justicia y tu rigor;
líbranos de esta epidemia,
misericordia, Señor.
Y el librito terminaba con cuatro versos que cualquier niño puede aprender de memoria:
¡Oh Sangre de mi Jesús!
¡Oh remedio universal!
Líbranos de todo mal
por ser vertida en la Cruz.

El septenario a la Preciosa Sangre
Muchos pueblos de América rezaban la devoción a la Sangre de Cristo en forma de septenario: siete ofrecimientos, uno por cada vez que, según los Evangelios, Jesús derramó su sangre. En 1918 se imprimió en Guatemala, con licencia de la autoridad eclesiástica, un Septenario y ofrecimiento a la preciosa Sangre de Cristo Señor nuestro de solo ocho páginas. Empieza con el soneto "No me mueve, mi Dios, para quererte" como acto de contrición y sigue con siete ofrecimientos, cada uno terminado con un Credo. Reproducimos tres de ellos con la ortografía actualizada.
El primero se reza por la propia alma:
El alma, Dios mío, por quien primeramente debo mirar, es la mía, y así os ofrezco por ella la preciosísima Sangre de mi Redentor.
No permitas que se malogre en mí el precio infinito de tu Sangre.
Dadme por ella auxilios eficaces, para que me arrepienta y enmiende de mis culpas, para que muera en gracia y vaya a veros y amaros en la Gloria.
Creo en Dios Padre...
El cuarto ofrece la sangre de la flagelación por los cristianos que se han alejado:
¡Oh, Padre Eterno! Yo te ofrezco la Sangre que derramó tu Hijo encarnado con los azotes que recibió en su inocentísimo Cuerpo, para que perdones a los malos cristianos.
Dadles, Padre nuestro, auxilios eficaces para que en adelante sean buenos hijos, para que tengan verdadero dolor de sus pecados, para que se enmienden y no azoten más a Jesús (cuando es de su parte) con sus pecados.
Creo en Dios Padre...
El séptimo, la sangre y el agua del costado, por los sacerdotes y los religiosos:
¡Oh, Dios mío, Trino y Uno! Yo te ofrezco el agua y Sangre que de su Costado derramó mi Jesús después de haber expirado: por ella te suplico que benignamente perdones las culpas con que te han ofendido los eclesiásticos, sacerdotes, religiosos y religiosas.
Por la Sangre del Costado, te ruego les alumbres, para que conozcan la alteza de su estado y la grandeza de sus obligaciones, y cumplan perfectamente con ellas.
Por el agua que manó del Costado, te pido que les concedas lágrimas de contrición, y una perfectísima enmienda de las culpas que hubieren cometido en su estado.
¡Oh, si se acabasen de una vez, Dios mío, las ofensas que contra ti se cometen!
Creo en Dios Padre...
Los demás ofrecimientos piden por los que gobiernan la Iglesia y los pueblos, por los pecadores y por los que no conocen a Cristo. No reproducimos el segundo, que habla del pueblo judío con un lenguaje duro, propio de su época, que la Iglesia dejó atrás con el Concilio Vaticano II.
El librito termina con un "Alabado a la Sacratísima Sangre", para cantar o rezar. Estas son tres de sus estrofas:
Alabemos y ensalcemos
la nobilísima Sangre
que el Cordero Inmaculado
recibió de Virgen Madre.
La que en especies de vino
a sus ovejas reparte,
porque junto con el pasto
la bebida no les falte.
Por los siglos de los siglos
sea alabado tal Amante,
que por criaturas ingratas
todo en Sangre se deshace.
La coronilla y las letanías de la Preciosa Sangre
El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, publicado por la Santa Sede en 2001, nombra las formas más extendidas de esta devoción. La primera es la coronilla de la Preciosa Sangre, en la que, con lecturas de la Biblia y oraciones, se meditan "siete efusiones de sangre" de Cristo: en la circuncisión, en el huerto de los olivos, en la flagelación, en la coronación de espinas, en la subida al Calvario, en la crucifixión y en la lanzada del costado. Los Misioneros de la Preciosa Sangre la difundieron por todo el mundo.
La segunda son las letanías de la Preciosísima Sangre. El texto actual lo aprobó San Juan XXIII el 24 de febrero de 1960; cada invocación comienza "Sangre de Cristo..." y recorre la historia de la salvación, con la respuesta "sálvanos". El papa contó que las había aprendido en su casa: "todavía recordamos con viva emoción que nuestros antepasados solían recitar las Letanías de la Preciosísima Sangre en el mes de julio". Las traducciones al español que se usan hoy son modernas; las encontrará en el devocionario de su parroquia o en el de los Misioneros de la Preciosa Sangre.
El Directorio menciona también la hora de adoración a la Preciosa Sangre, ante Cristo presente en la Eucaristía, y el Vía Sanguinis, un ejercicio reciente nacido en África, en el que los fieles recorren, como en el Vía Crucis, los momentos en que el Señor derramó su sangre por nosotros.

¿Qué significa la Sangre de Cristo?
Para los católicos la Sangre de Cristo no es un símbolo lejano. Es la sangre real del Hijo de Dios hecho hombre, unida para siempre a su persona divina, y por eso la adoramos. El Directorio lo dice así: "el misterio de la Sangre de Cristo ocupa un puesto central en la fe y en la salvación".
La Escritura la nombra en los momentos decisivos. En la última cena, Jesús tomó el cáliz y dijo: "Bebed todos de él; porque esta es mi sangre, que será el sello del nuevo testamento, la cual será derramada por muchos para remisión de los pecados" (Mateo 26, 27-28). En Getsemaní, "vínole un sudor como de gotas de sangre, que chorreaba hasta el suelo" (Lucas 22, 44). En la cruz, la lanza le abrió el costado y salió sangre y agua. San Pedro recuerda a los cristianos que fueron rescatados "no con oro o plata, que son cosas perecederas, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero inmaculado y sin tacha" (1 Pedro 1, 18-19). Y el Apocalipsis llama a Jesús el que "nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre" (Apocalipsis 1, 5). Citamos la Biblia de Félix Torres Amat, con la ortografía actualizada.
De ahí viene la palabra preciosa: es el precio de nuestro rescate. Santo Tomás de Aquino la cantó en su himno Adoro te devote, en la estrofa del pelícano, el ave que según la leyenda alimentaba a sus crías con su propia sangre:
Pie pellicane, Iesu Domine,
me immundum munda tuo sanguine,
cuius una stilla salvum facere
totum mundum quit ab omni scelere.
En español: "Piadoso pelícano, Señor Jesús, límpiame a mí, impuro, con tu sangre, de la que una sola gota puede salvar al mundo entero de todo pecado". San Juan XXIII citó esos versos en 1960 para explicar el "valor sobreabundante, infinito" de esta Sangre.

Historia de la devoción a la Preciosa Sangre
Reliquias y cofradías
La Edad Media veneró con fervor la Sangre de Cristo, y muchas ciudades guardaron reliquias que la tradición relacionaba con la Pasión. La más célebre está en Brujas, en Bélgica: según una tradición, el conde de Flandes Thierry de Alsacia la trajo de Tierra Santa en el siglo XII, y cada año, el día de la Ascensión, la ciudad la lleva en procesión. Es un relato tradicional, que la Iglesia no ha juzgado como prueba histórica, pero la devoción que despierta es real y antigua.

En España nacieron cofradías y archicofradías de la Sangre de Cristo que todavía hoy salen en Semana Santa. En Murcia, la Archicofradía de la Preciosísima Sangre encargó al escultor Nicolás de Bussy, entre 1689 y 1693, un Cristo crucificado que la ciudad sigue venerando: un ángel niño, a sus pies, recoge en un cáliz la sangre que mana de sus heridas, la misma imagen que el Directorio describe en la iconografía de esta devoción.


San Gaspar del Búfalo y la fiesta universal
El gran apóstol de esta devoción fue un sacerdote romano, San Gaspar del Búfalo (1786–1837), que se negó a jurar fidelidad a Napoleón, pasó años en el destierro y en la cárcel, y en 1815 fundó los Misioneros de la Preciosa Sangre. San Juan XXIII lo llamó su "propagador admirable".
Uno de sus sucesores, el beato Giovanni Merlini, acompañó al papa Pío IX en su destierro de Gaeta en 1849 y le sugirió hacer un voto: si recuperaba Roma, extendería la fiesta de la Preciosa Sangre a toda la Iglesia. Según la Enciclopedia Católica, el papa respondió que no le parecía oportuno obligarse con un voto, pero que se complacía en extender la fiesta enseguida a toda la cristiandad. Era el 30 de junio de 1849, el día en que los franceses tomaron Roma. Por un decreto del 10 de agosto de 1849, Pío IX dedicó el primer domingo de julio a la Preciosísima Sangre. Con el tiempo la fiesta quedó fijada el 1 de julio, y Pío XI, con motivo del XIX centenario de la Redención, la elevó al rango litúrgico más alto.
San Juan XXIII y la Iglesia de hoy
El 30 de junio de 1960, en vísperas de la fiesta, San Juan XXIII publicó la carta Inde a primis para fomentar el culto a la Preciosísima Sangre. Pidió que los fieles hicieran de ella, en el mes de julio, "objeto de sus más devotas meditaciones y más frecuentes comuniones sacramentales", y la unió a otras dos devociones que deben ir juntas: la del Santísimo Nombre de Jesús y la del Sagrado Corazón.
La reforma del calendario de 1969 unió la memoria de la Preciosa Sangre a la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, el Corpus Christi. El Directorio aclara que la Iglesia conmemora el misterio de la Sangre no solo en esa solemnidad "sino también en otras muchas celebraciones", sobre todo en el Triduo pascual, y que "en algunos lugares y Calendarios particulares" la fiesta de la Preciosa Sangre se celebra todavía el 1 de julio.
Julio, el mes de la Preciosa Sangre
La piedad católica dedica cada mes a un misterio: mayo a la Virgen, junio al Sagrado Corazón y julio a la Preciosa Sangre. Si quiere vivirlo, estas son algunas maneras sencillas:
- Rece cada día el ofrecimiento al Padre Eterno, por ejemplo al levantarse o antes de dormir.
- Vaya a misa entre semana cuando pueda, y en la consagración diga en silencio: "Señor mío y Dios mío", mirando el cáliz.
- Rece en familia el septenario o la coronilla, un día por cada derramamiento de sangre, durante la primera semana de julio.
- Confiésese. San Juan XXIII recordaba que en los sacramentos de la Iglesia fluye esa misma divina Sangre.
- Haga una obra de misericordia por alguien que sufre, porque, como decía el septenario guatemalteco, "no es mucho que yo les dé algo, cuando Tú diste tu vida y tu Sangre por ellos".

"Me cubro con la Sangre de Cristo": una palabra sobre las oraciones de protección
Hoy circulan muchas oraciones que piden "cubrirse", "sellarse" o "rociarse" con la Sangre de Cristo para protegerse del mal, de la envidia o de los peligros del camino. Varias nacieron en grupos de oración carismáticos, otras en iglesias evangélicas, y algunas se mezclan con prácticas que no son cristianas.
Pedir protección por los méritos de la Sangre de Cristo es una oración buena: es poner la vida bajo el precio de nuestra redención, como hacían los fieles de 1785 que repetían "Sangre preciosísima de Cristo, defiéndeme". Lo que no es cristiano es tratar esas palabras como un conjuro que funciona por sí solo, rociar la casa con frases como si fueran amuletos, o creer en cadenas que prometen desgracias a quien no reenvíe la oración. La Sangre de Cristo no es una fórmula: es el amor de una Persona. Nos alcanza de verdad en la confesión, que nos lava, y en la Eucaristía, donde la recibimos.
Si busca oraciones para pedir el amparo de Dios, encontrará otras en nuestra página de oración de protección y en la oración a San Miguel Arcángel.
Oración del Pastor Lyvers a la Preciosa Sangre
Les ofrecemos también esta oración, escrita para este sitio, para rezar en el mes de julio o en cualquier necesidad:
Oración del Pastor Lyvers a la Preciosa Sangre de Cristo
Señor Jesucristo, que en la cruz derramaste tu Sangre hasta la última gota por amor a nosotros, te adoramos y te damos gracias.
Por tu Sangre preciosa, lava nuestros pecados, sana nuestras heridas y reconcilia a nuestras familias.
Que tu Sangre, que recibimos en la Eucaristía, nos dé fuerza para amar como tú amaste y para perdonar como tú perdonaste.
Te encomendamos esta intención (nómbrela), y la ponemos ante el Padre por tus méritos infinitos.
Bendita sea la preciosísima Sangre de Jesús, ahora y siempre. Amén.
Para seguir rezando, visite nuestra colección de oraciones católicas.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la oración a la Sangre de Cristo?
La más difundida es el ofrecimiento al Padre Eterno: "Padre Eterno, os ofrezco la preciosísima Sangre de Jesucristo en expiación de mis pecados y por las necesidades de la santa Iglesia". Los devocionarios antiguos la traían entre las jaculatorias enriquecidas con indulgencias. También son tradicionales la jaculatoria "Preciosísima Sangre de Cristo, lávame; Sangre preciosísima de Cristo, defiéndeme" y el septenario de los siete ofrecimientos.
¿Cuándo es la fiesta de la Preciosa Sangre de Cristo?
Pío IX extendió la fiesta a toda la Iglesia en 1849, y con el tiempo quedó fijada el 1 de julio. Con la reforma del calendario de 1969 su memoria se unió a la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Corpus Christi), pero en algunos lugares y calendarios particulares se sigue celebrando el 1 de julio, y todo el mes de julio está dedicado tradicionalmente a la Preciosa Sangre.
¿Por qué julio es el mes de la Preciosa Sangre?
Porque su fiesta caía a comienzos de julio desde 1849. El papa San Juan XXIII contó en 1960 que en su familia "solían recitar las Letanías de la Preciosísima Sangre en el mes de julio", y en su carta Inde a primis invitó a todos los fieles a vivir ese mes con más devoción a la Sangre de Cristo y con comuniones más frecuentes.
¿Qué son los siete derramamientos de la Sangre de Cristo?
Son los siete momentos en que, según los Evangelios, Jesús derramó su sangre: en la circuncisión, en el sudor de sangre del huerto, en la flagelación, en la coronación de espinas, en el camino del Calvario, en la crucifixión y en la lanzada del costado. La coronilla de la Preciosa Sangre y muchos septenarios antiguos los meditan uno por uno.
¿Se puede rezar \"me cubro con la Sangre de Cristo\"?
Pedir a Dios protección por los méritos de la Sangre de Cristo es una oración cristiana legítima: es confiar en el precio de nuestra redención. Lo que no es cristiano es usar esas palabras como fórmula mágica o amuleto, o creer que funcionan por repetirlas o por reenviarlas. La Sangre de Cristo nos alcanza sobre todo en los sacramentos, en la confesión y en la Eucaristía.
¿Qué significa la Sangre de Cristo para los católicos?
Es la sangre que Jesús derramó en la cruz para el perdón de los pecados, y la que recibimos en la Eucaristía bajo la especie del vino. San Pedro escribe que fuimos rescatados "no con oro o plata" sino "con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero inmaculado y sin tacha". Por eso la Iglesia la adora, unida a la persona del Hijo de Dios, y la llama preciosísima.
¿Quién difundió la devoción a la Preciosa Sangre?
Su gran apóstol fue el sacerdote romano San Gaspar del Búfalo, que en 1815 fundó los Misioneros de la Preciosa Sangre. Uno de sus sucesores, Giovanni Merlini, pidió a Pío IX en 1849 que extendiera la fiesta a toda la Iglesia, y San Juan XXIII aprobó en 1960 las letanías de la Preciosísima Sangre.
Fuentes
- Congregación para el Culto Divino, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia (2001), nn. 175–179: La preciosísima Sangre de Cristo
- San Juan XXIII, carta apostólica Inde a primis sobre el fomento del culto a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo (30 de junio de 1960)
- Ulrich Müller, "Fiesta de la Preciosísima Sangre", Enciclopedia Católica (traducción de The Catholic Encyclopedia, 1911). Giovanni Merlini, Pío IX en Gaeta y el decreto del 10 de agosto de 1849
- Fr. Juan Nieto, Rosario a los siete derramamientos de la preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo (México: Felipe de Zúñiga y Ontiveros, 1785), Wellcome Collection, Internet Archive. Textos publicados en esta página (dominio público): "Bendita sea la preciosísima Sangre", "Preciosísima Sangre de Cristo, lávame", "Jesucristo, aplaca tu ira" y "¡Oh Sangre de mi Jesús!"
- Septenario y ofrecimiento a la preciosa Sangre de Cristo Señor nuestro (Guatemala: Tipografía Sánchez & de Guise, 1918; licencia eclesiástica del 15 de diciembre de 1917), Biblioteca Ludwig von Mises, Internet Archive. Textos publicados en esta página (dominio público): ofrecimientos I, IV y VII y estrofas del Alabado
- Remigio Vilariño, S. J., Devocionario completo, 5.ª ed. (Bilbao: El Mensajero del Corazón de Jesús, 1923), Internet Archive. "Padre Eterno, os ofrezco la preciosísima Sangre", p. 501; "La Sangre de nuestro Señor Jesucristo guarde mi alma", p. 31
- La Sagrada Biblia, traducida de la Vulgata latina al español por Félix Torres Amat: Mateo 26, 27-28; Lucas 22, 44; 1 Pedro 1, 18-19; Apocalipsis 1, 5 (Internet Archive). Ortografía actualizada