Oración de protección

La oración de protección más conocida de los católicos es la oración a San Miguel Arcángel: "Arcángel San Miguel, defiéndenos en la batalla: sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio". También rezamos el salmo 90 (91 en las Biblias modernas), el Ángel de Dios a nuestro ángel de la guarda y la antigua plegaria a la Virgen Bajo tu amparo.
Pedir a Dios que nos proteja es una de las oraciones más antiguas que existen. La rezaron los salmistas, la rezaron los mártires, y cada generación de católicos ha dejado a la siguiente sus propias palabras para hacer esta oración de protección: para la noche, para el camino, para los hijos, para la hora de la tentación. Aquí tiene las oraciones de siempre, copiadas palabra por palabra de los devocionarios antiguos donde las encontramos, con los santos a quienes pedimos ayuda y unas palabras sobre cómo rezarlas.
La oración a San Miguel Arcángel
El papa León XIII escribió esta oración en latín y en 1886 mandó rezarla al final de cada Misa rezada. Durante casi ochenta años, hasta 1964, los católicos de todo el mundo la dijeron de rodillas al pie del altar. Este es el texto en español tal como lo imprimió en 1923 el padre Remigio Vilariño, jesuita, en su devocionario El caballero cristiano:
Arcángel San Miguel, defiéndenos en la batalla: sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes: y tú, Príncipe de la celestial milicia, lanza en el infierno con el divino poder a Satanás y a los otros malignos espíritus que discurren por el mundo para la perdición de las almas. Amén.
Hoy muchas parroquias rezan una forma muy parecida: "San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio...". Es la misma oración en otra traducción.
Fíjese a quién se pide cada cosa. A San Miguel le pedimos que nos defienda; a Dios, que reprima al demonio. El arcángel lucha "con el divino poder", nunca con el suyo. Por eso la Iglesia siempre ha pedido su ayuda con tanta confianza: lo que queremos es la protección de Dios, y Miguel es el capitán que Dios puso al frente de sus ángeles (Apocalipsis 12, 7). La historia completa de la oración, el texto latino y lo que se sabe de su origen están en nuestra página de la oración a San Miguel Arcángel.

El salmo 90: la oración de protección de la Biblia
Si busca la oración de protección de la Sagrada Escritura, es esta. En las Biblias católicas antiguas, que siguen la Vulgata latina, es el salmo 90; en la mayoría de las Biblias modernas es el salmo 91. La numeración cambia porque la Biblia griega y la latina unen en uno los salmos 9 y 10 del hebreo, y desde ahí sus números van uno por detrás. Es el mismo salmo.
Este es el salmo completo en la traducción de Félix Torres Amat, obispo de Astorga, en la edición de 1884, con la ortografía actualizada. Torres Amat añadía a veces alguna palabra para aclarar el sentido, como "y exclamarás" en el versículo 8:
El que se acoge al asilo del Altísimo, descansará siempre bajo la protección del Dios del cielo. Él dirá al Señor: Tú eres mi amparo y refugio; el Dios mío en quien esperaré. Porque él me ha librado del lazo de los cazadores, y de terribles adversidades. Con sus alas te hará sombra; y debajo de sus plumas estarás confiado. Su verdad te cercará como escudo: no temerás terrores nocturnos, ni la saeta disparada de día, ni al enemigo que anda entre tinieblas, ni los asaltos del demonio en medio del día. Caerán a tu lado izquierdo mil saetas y diez mil a tu diestra; mas ninguna te tocará a ti. Tú lo estarás contemplando con tus propios ojos, y verás el pago que se da a los pecadores, y exclamarás: ¡Oh, y cómo eres tú, oh Señor, mi esperanza! Tú, oh justo, has escogido al Altísimo para asilo tuyo. No llegará a ti el mal, ni el azote se acercará a tu morada, porque él mandó a sus ángeles que cuidasen de ti: los cuales te guardarán en cuantos pasos dieres. Te llevarán en las palmas de sus manos; no sea que tropiece tu pie en alguna piedra. Andarás sobre áspides y basiliscos, y hollarás los leones y dragones. Ya que ha esperado en mí, yo le libraré: yo le protegeré, pues que ha conocido y adorado mi Nombre. Clamará a mí, y le oiré benigno. Con él estoy en la tribulación: pondréle en salvo, y llenarlo he de gloria. Le saciaré con una vida muy larga; y le haré ver el Salvador que enviaré.
Cómo ha rezado la Iglesia el salmo 90
Durante siglos este salmo perteneció a la noche. Se canta en Completas, la última hora de la oración diaria de la Iglesia, y con él han cerrado el día monjes, monjas y sacerdotes durante más de mil años. Los "terrores nocturnos" y el "enemigo que anda entre tinieblas" son palabras para la hora de dormir. En el antiguo Misal Romano era también el canto largo antes del Evangelio del primer domingo de Cuaresma, el domingo en que leemos cómo el demonio tentó a Jesús en el desierto. La elección tenía su intención: en ese Evangelio el demonio cita este mismo salmo, "te ha encomendado a sus ángeles, los cuales te tomarán en las palmas de sus manos", y Jesús le replica: "No tentarás al Señor tu Dios" (Mateo 4, 6-7, Torres Amat).
El Catecismo de la Iglesia Católica recuerda la misma promesa cuando habla de los ángeles: "Desde su comienzo hasta la muerte, la vida humana está rodeada de su custodia", y en la nota remite a este salmo (n. 336).

Así leían el salmo los primeros cristianos. En la pequeña capilla de los obispos de Rávena, Cristo aparece vestido de soldado romano, con la cruz al hombro como un arma y los pies sobre un león y una serpiente. La promesa del salmo, "hollarás los leones y dragones", se cumple primero en él, y por él en nosotros.

La oración al ángel de la guarda
El salmo promete que Dios "mandó a sus ángeles que cuidasen de ti". La Iglesia enseña que cada uno de nosotros tiene un ángel de la guarda, y los niños aprenden su oración casi antes que ninguna otra. Esta es la forma que imprimió el padre Vilariño en 1923:
Ángel de Dios, ángel de mi guarda, pues la bondad divina me ha encomendado a tu custodia, ilumíname, guárdame, rígeme, gobiérname. Amén.
En casi todas nuestras casas se reza también la copla "Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día". Su historia, y la de sus versiones en Chile y España, está en nuestra página de la oración al ángel de la guarda.
La Iglesia tiene su propia oración para la fiesta de los Ángeles Custodios, el 2 de octubre. El Manual of Prayers de 1889 la da en latín; esta es nuestra traducción:
Oh Dios, que con providencia inefable te dignas enviar a tus santos ángeles para nuestra custodia: concede a tus siervos que te suplican ser siempre defendidos por su protección y gozar eternamente de su compañía. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Bajo tu amparo: la oración más antigua a la Virgen
Cuando un católico tiene miedo, corre a su Madre. La oración llamada Sub tuum praesidium, "bajo tu amparo", es la oración a María más antigua que conservamos por escrito. Su copia más antigua es un pequeño papiro griego que hoy guarda la biblioteca John Rylands de Mánchester. Su primer editor, C. H. Roberts, la fechó en el siglo IV al publicarla en 1938; otros estudiosos la sitúan más tarde, hasta el siglo VIII. Sea como sea, los cristianos de entonces ya pedían a la Madre de Dios que los cobijara casi con nuestras mismas palabras.
Este es el texto que imprimió el padre Vilariño en 1923, al final del rosario:
Bajo tu amparo nos ponemos, Santa Madre de Dios; no desprecies nuestras plegarias en las necesidades, sino líbranos siempre de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita.
Hoy la rezamos casi siempre así: "Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios...". Es tan corta que se aprende en un día. Récela al empezar un viaje en carretera, en la sala de espera de un hospital o cuando una noticia le asuste.

Los pintores le dieron imagen a esta oración. La Virgen de la Misericordia, con el manto abierto sobre los fieles, fue la imagen preferida de muchas cofradías, y en el mundo hispano la reconocemos en tantas imágenes de la Virgen del Carmen y de la Merced que cobijan a sus devotos bajo el manto.
Cristo conmigo: de la Coraza de San Patricio
La gran oración de protección de Irlanda es la Lorica, o Coraza, de San Patricio. La tradición irlandesa la atribuye al mismo Patricio; el texto en irlandés antiguo que conservamos se puso por escrito probablemente unos siglos después, así que su autoría es tradicional. Este es su corazón, en nuestra traducción de la versión inglesa de Kuno Meyer, de 1911:
Cristo para escudarme hoy contra el veneno, contra el fuego, contra el agua que ahoga, contra las heridas. Cristo conmigo, Cristo delante de mí, Cristo detrás de mí, Cristo en mí, Cristo debajo de mí, Cristo encima de mí, Cristo a mi derecha, Cristo a mi izquierda, Cristo al acostarme, Cristo al sentarme, Cristo al levantarme, Cristo en el corazón de todo el que piense en mí, Cristo en la boca de todo el que hable de mí, Cristo en todo ojo que me vea, Cristo en todo oído que me oiga.
La Coraza no pide una muralla. Pide estar rodeado por una Persona. Esa es la idea católica de la protección: estamos seguros porque Cristo está con nosotros por todos lados.
Oración de protección para la casa, de noche
Cada noche, desde hace siglos, la Iglesia termina su oración con esta súplica de Completas, que pide a Dios que guarde el lugar donde dormimos. El texto latino es Visita, quaesumus, Domine, habitationem istam; esta es nuestra traducción:
Visita, Señor, te rogamos, esta casa, y aleja de ella todas las asechanzas del enemigo; habiten en ella tus santos ángeles, que nos guarden en paz, y tu bendición esté siempre sobre nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Es una oración para los labios de los padres a la hora de acostar a los hijos, y una oración muy bella para recorrer una casa o un departamento nuevo la primera vez. Para más oraciones al final del día, vea la oración para dormir.

Oración de protección para la familia
El mismo Manual de 1889 trae, en la bendición de los niños, una antigua oración de la liturgia que pide la intercesión de la Virgen por toda una casa. Récela por su familia, nombrando a cada uno. Esta es nuestra traducción del latín:
Defiende, Señor, te rogamos, por la intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, a esta familia de toda adversidad; y pues se postra ante ti de todo corazón, protégela con clemencia de las asechanzas de sus enemigos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

En muchos hogares de América Latina los hijos piden la bendición al salir de casa ("la bendición, mamá") y la madre o la abuela responde con la señal de la cruz: "Dios te bendiga". Es una oración de protección de pocas palabras, y una de las más hermosas que tenemos.

Contra la tentación y el mal: la oración de San Benito
Algunos peligros no están en la calle sino en el corazón. Para esos, los católicos rezan desde hace siglos los versos latinos cuyas iniciales están grabadas en el reverso de la medalla de San Benito. Dom Prosper Guéranger, abad de Solesmes, publicó el texto con su explicación en un libro sobre la medalla; esta es nuestra traducción al español:
Crux sacra sit mihi lux. Non draco sit mihi dux. Vade retro, Satana; numquam suade mihi vana. Sunt mala quae libas; ipse venena bibas.
La Cruz santa sea mi luz. No sea el demonio mi guía. ¡Apártate, Satanás! No me sugieras cosas vanas. Malo es lo que me ofreces; bebe tú mismo tu veneno.
Guéranger escribió que el cristiano puede usar estas palabras cada vez que se vea atormentado por las tentaciones del enemigo invisible. "Apártate, Satanás" son palabras del mismo Cristo (Marcos 8, 33). Más sobre estos versos en la oración a San Benito.
Una oración del Pastor Lyvers por los que amamos
Muchas personas buscan una oración de protección porque alguien a quien quieren está lejos o en peligro. Esta oración breve es del Pastor Lyvers, curador de esta enciclopedia:
Oración del Pastor Lyvers por la protección de los suyos
Señor Jesús, pongo hoy en tus manos a los que amo: (diga sus nombres). Tú los conoces mejor que yo. Cuídalos en el camino, en el trabajo y en el descanso. Que tus santos ángeles los acompañen, que tu Madre los cubra con su manto y que nada los aparte de ti. Y si llega el peligro, dame la paz de saber que están en tus manos antes que en las mías. Amén.

Los santos a quienes pedimos protección
Los santos no nos protegen con su propio poder. Son nuestros hermanos en el cielo, y les pedimos que recen por nosotros, como se lo pediríamos a un amigo. Estos son los que la Iglesia invoca desde siempre:
- San Miguel Arcángel, príncipe de la milicia celestial, contra el demonio y en toda lucha espiritual. Lo tienen por patrono los policías y los soldados. Vea también la coronilla a San Miguel Arcángel.
- El ángel de la guarda, que Dios nos dio a cada uno.
- La Virgen María, a quien los cristianos acuden desde los tiempos del papiro de Rylands.
- San José, que protegió al Niño y a su Madre en la huida a Egipto y a quien la Iglesia honra como protector de la Sagrada Familia y de toda la Iglesia. Rece la oración a San José.
- San Benito, contra la tentación y por una buena muerte.
- San Rafael Arcángel, que guardó al joven Tobías en su viaje, y San Cristóbal, por los que viajan.
- Santa Bárbara, a quien se invoca desde la Edad Media contra las tormentas y la muerte repentina.
Cómo rezar por protección
No hay una fórmula que haga "funcionar" una oración de protección. Solo hay confianza. Pero la práctica católica ofrece algunas costumbres buenas:
- Empiece con la señal de la cruz. Es en sí misma una oración de protección, la más antigua que tenemos, y nos pone bajo el nombre de la Santísima Trinidad.
- Rece por la mañana y por la noche. La mañana es para el Ángel de Dios; la noche, para el salmo 90 y el "Visita, Señor, esta casa".
- Diga el nombre de la persona y el peligro. "San Miguel, defiende a mi hijo en la carretera esta noche." Dios ya lo sabe; lo decimos para poder soltarlo en sus manos.
- Use el agua bendita. Persígnese con ella y bendiga a sus hijos al salir de casa o al acostarse. Vea nuestra página sobre el agua bendita.
- Confiésese y vaya a Misa. La protección más segura contra el mal es un alma en gracia de Dios. En los sacramentos es Cristo mismo quien sale a nuestro encuentro.
Una palabra sobre las oraciones "infalibles"
Circulan muchas oraciones de protección con promesas que la Iglesia no hace: cadenas que hay que copiar y repartir, oraciones que "nunca fallan" si se rezan tantas veces, papelitos que se llevan en la cartera para que no nos toque ni bala ni cuchillo, como prometen ciertas versiones de la llamada oración del Justo Juez. El Catecismo llama a esto por su nombre: "Atribuir su eficacia a la sola materialidad de las oraciones o de los signos sacramentales, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen, es caer en la superstición" (n. 2111). Las medallas, el agua bendita y los escapularios son sacramentales, no talismanes. Nos ayudan a rezar, y Dios obra por la oración de la Iglesia y nuestra fe. Si alguien le dio una de esas oraciones, no tenga miedo de dejarla: rece mejor el salmo 90, que es palabra de Dios.
Oraciones relacionadas
- Oración a San Miguel Arcángel: la historia completa, el latín y lo que se sabe de León XIII.
- Oración al ángel de la guarda.
- Oración a San Benito y la medalla de San Benito.
- Oración por los enfermos, cuando el peligro es la enfermedad.
- Oración por la familia y oración de la noche.
- Todas nuestras oraciones católicas.
Arcángel San Miguel, defiéndenos en la batalla. Santa Madre de Dios, líbranos siempre de todos los peligros. Amén.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la oración de protección más poderosa?
Ninguna oración funciona como un amuleto: toda oración es poderosa porque se dirige a Dios, que nos ama. Dicho esto, la oración a San Miguel Arcángel es la que la Iglesia rezó al final de cada Misa rezada desde 1886 hasta 1964, y sigue siendo la oración católica de protección más conocida. El salmo 90, que la Iglesia reza de noche desde hace siglos, es la oración de protección de la propia Biblia.
¿Qué salmo es la oración de protección?
El salmo 90 en las Biblias católicas antiguas, como la de Torres Amat, y 91 en la mayoría de las Biblias modernas. Empieza: "El que se acoge al asilo del Altísimo, descansará siempre bajo la protección del Dios del cielo", y promete que Dios "mandó a sus ángeles que cuidasen de ti".
¿Por qué el salmo 91 se llama 90 en algunas Biblias?
La Biblia griega de los Setenta y la Vulgata latina unen en uno los salmos 9 y 10 del texto hebreo, así que desde ahí sus números van uno por detrás. Las Biblias que siguen la Vulgata, como la de Torres Amat, lo llaman salmo 90; las que siguen el hebreo, salmo 91. Es el mismo salmo.
¿A qué santo se le pide protección?
Ante todo a San Miguel Arcángel, jefe de los ángeles en la lucha contra el demonio. También a nuestro ángel de la guarda, a la Virgen María, a San José, protector de la Sagrada Familia, a San Benito contra la tentación, a San Rafael y San Cristóbal por los que viajan, y a Santa Bárbara contra las tormentas. Ellos ruegan por nosotros; la protección viene de Dios.
¿Cuál es una oración de protección corta?
"Arcángel San Miguel, defiéndenos en la batalla" es la forma más breve de la oración a San Miguel. Otras: "Bajo tu amparo nos ponemos, Santa Madre de Dios", y la jaculatoria del salmo: "Tú eres mi amparo y refugio; el Dios mío en quien esperaré".
¿Hay una oración de protección para la casa?
Sí. La oración con que la Iglesia termina las Completas, su oración de la noche, pide a Dios que visite nuestra casa: "Visita, Señor, te rogamos, esta casa, y aleja de ella todas las asechanzas del enemigo; habiten en ella tus santos ángeles, que nos guarden en paz". Muchas familias tienen además agua bendita y piden al sacerdote que bendiga la casa.
¿Puedo rezar por la protección de otra persona?
Sí, y la Iglesia lo hace en sus propias oraciones. Diga el nombre de la persona en cualquiera de estas oraciones ("San Miguel Arcángel, defiende a N. en la batalla...") o rece la antigua oración por una familia que damos en esta página.
Fuentes
- Remigio Vilariño, S. J., El caballero cristiano: devocionario completo, 5.ª ed. (Bilbao: El Mensajero del Corazón de Jesús, 1923), Internet Archive. Textos de la invocación a San Miguel (pp. 34-35), "Ángel de Dios" (p. 10) y "Bajo tu amparo" (pp. 70-71)
- La Sagrada Biblia, traducida de la Vulgata latina al español por Félix Torres Amat (edición de 1884), salmo 90, Internet Archive. Texto del salmo 90, con la ortografía actualizada
- A Manual of Prayers for the Use of the Catholic Laity, Tercer Concilio Plenario de Baltimore (Nueva York, 1889), Completas y bendición de los niños, Internet Archive. Texto latino de la oración "Visita, quaesumus" y de las oraciones por la familia y a los ángeles custodios; las traducciones al español son nuestras
- Kuno Meyer, Selections from Ancient Irish Poetry (1911): The Deer's Cry, Project Gutenberg. Fuente de nuestra traducción de la Coraza de San Patricio
- Prosper Guéranger, The Medal or Cross of St. Benedict: Its Origin, Meaning, and Privileges (Londres: Burns and Oates, 1880), Internet Archive
- Kyprianos Database of Ancient Ritual Texts (Universidad de Wurzburgo): P. Ryl. III 470, oración a la Theotokos. Datación de la copia más antigua del Sub tuum praesidium
- Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 328-336: los ángeles
- Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2111: la superstición