Santo Niño de Atocha

Ilustración al estilo de pintura al óleo del Santo Niño de Atocha sentado en una silla dorada, vestido de peregrino con capa y sombrero de pluma, con una canasta en una mano y un bastón con guaje en la otra

El Santo Niño de Atocha no es un santo aparte: es el Niño Jesús, venerado en una imagen vestida de peregrino, con sombrero, canasta de pan y guaje de agua. La tradición cuenta que visitaba a los cristianos presos en España. Su gran santuario está en Plateros, Fresnillo (Zacatecas), y su fiesta principal es el 25 de diciembre.

¿Qué es el Santo Niño de Atocha?

El Santo Niño de Atocha es el Niño Jesús venerado en una imagen pequeña vestida de peregrino: sombrero de ala ancha con una pluma, capa con una concha, una canasta de pan en una mano y en la otra un bastón del que cuelga un guaje de agua. No es un santo distinto de Cristo. Es Jesús mismo, contemplado como niño, y cada oración que le dirigimos llega al Hijo de Dios que se hizo pequeño por nosotros.

Su casa más querida está en Plateros, un pueblo minero del municipio de Fresnillo, en Zacatecas, México. Allí llegan cada año cientos de miles de peregrinos de todo el país y de Estados Unidos, muchos a pie o de rodillas, a pedirle salud, trabajo, la libertad de un hijo preso o un regreso seguro a casa. Las paredes del santuario están cubiertas de pequeños cuadros pintados que le dan las gracias.

La devoción tiene un nombre español, Atocha, el de un antiguo santuario de la Virgen en Madrid, y una historia mexicana. Aquí contamos las dos con honestidad: lo que dice la tradición, lo que sabemos por documentos y lo que la Iglesia enseña sobre la veneración de las imágenes.

La leyenda española: el niño que visitaba a los presos

La tradición sitúa el origen de la devoción en la España de la Reconquista. Cuando los cristianos capturados por los moros llenaban las cárceles, cuenta la leyenda, solo se permitía a los niños pequeños llevarles comida. Un día apareció un niño vestido de peregrino que nadie conocía. Llevaba una canasta de pan y un guaje de agua que nunca se vaciaban, y daba de comer y de beber a todos los presos. Los presos y sus familias entendieron que era el mismo Niño Jesús, el Hijo de la Virgen de Atocha, quien salía a socorrer a los cautivos.

Ilustración al estilo de grabado antiguo de un niño vestido de peregrino que da pan y agua a unos prisioneros encadenados en un calabozo de piedra
Según la leyenda, un niño vestido de peregrino llevaba pan y agua a los cristianos presos.

Es una historia tradicional: no hay documentos que la sitúen en una fecha ni en una cárcel concreta, y la investigadora Anna María Fernández Poncela la presenta como un relato que circulaba con la devoción, no como un hecho comprobado. Su sentido, en cambio, es puro Evangelio: en Mateo 25 el Señor dice que quien visita al preso lo visita a él. El Niño peregrino hace lo que el Señor pide a sus discípulos con los presos, los hambrientos y los olvidados.

Conviene saber que en Madrid las cosas son algo distintas. En la basílica de Nuestra Señora de Atocha, que guardan los dominicos, se distingue entre el Niño que la Virgen tiene en brazos y una pintura llamada "El Santo Niño de Atocha", y ninguno de los dos se parece a la imagen de Plateros. La devoción, tal como la conocemos en América, creció sobre todo en México.

Antiguo retablo pintado al óleo sobre una tabla gastada que muestra al Niño de Atocha sentado en una silla, con sombrero de pluma y capa roja, un bastón en una mano y una canastilla en la otra, entre dos candeleros
Un antiguo retablo de Nuevo México pinta al Niño de Atocha sentado, con su sombrero de pluma, su bastón y su canastilla. ⓘAnonymous, New Mexico, El Santo Niño de Atocha (santo de retablo)

Plateros: el santuario del Santo Niño

Un pueblo minero y su Cristo

Plateros nació como el Real de Minas de San Demetrio, en el siglo XVI, cuando se descubrieron las vetas de plata cercanas a Fresnillo. La primera devoción del lugar no fue el Niño, sino un crucifijo de madera llamado el Señor de los Plateros, que según la historia del santuario envió Alfonso de Villaseca, diputado de minas de Zacatecas. Por él tomó el pueblo su nombre.

El templo actual es una muestra tardía del barroco: algunas claves de sus ventanas llevan las fechas de abril y mayo de 1790. El altar mayor se construyó entre 1880 y 1881, el salón de retablos en 1882 y las torres en 1897 y 1898. La fachada todavía tiene como figura central al Señor de Plateros, aunque hoy casi todos los peregrinos vienen por el Niño.

Cómo llegó la imagen

La versión que repiten los folletos del santuario dice que el marqués de San Miguel de Aguayo, minero rico y devoto de la Virgen de Atocha, mandó traer de España una imagen parecida a la de Madrid. Según el rector entrevistado por Fernández Poncela, unos investigadores de la Universidad de Houston encontraron documentos que atribuyen el encargo a otro zacatecano, el conde de San Mateo de Valparaíso. La talla de la Virgen lleva la marca de un taller de Barcelona del siglo XVIII; del Niño no se sabe de dónde vino, y hay quien piensa, por la talla, que es obra mexicana.

Tampoco se sabe con exactitud cuándo se separó al Niño de los brazos de su Madre para darle culto propio. El rector del santuario lo situaba hacia 1926, por los retablos que ya le dan las gracias solo a él; un vecino de Plateros recordaba haberlos visto juntos hasta 1960. Hoy el Niño está en un nicho protegido en el centro del altar mayor.

El Niño en el pesebre

Una tradición del pueblo explica cómo empezó todo. Una Navidad, el sacerdote no tenía imagen del Niño Dios para el nacimiento, así que tomó la de los brazos de la Virgen de Atocha, la puso en el pesebre y la dio a besar a los fieles en la misa de gallo. La gente se encariñó con aquella carita sonriente y empezó a confiarle sus penas. Es un relato tradicional, y explica bien por qué su fiesta en Plateros es el 25 de diciembre.

Ilustración en tinta y aguada sepia de un sacerdote que, en la misa de medianoche de Navidad, presenta a los fieles una pequeña imagen del Niño Jesús para que la besen
En la misa de gallo, el sacerdote presenta la pequeña imagen del Niño para que los fieles la besen.

Los milagros de la novena

La devoción creció muy rápido después de 1829, año al que los libros del santuario atribuyen un milagro famoso. Una antigua novena reúne relatos de esos años, de 1829 a 1841: un muchacho que ayudó a segar el trigo de un hacendado y dijo llamarse Manuel de Atocha; una mujer presa en Durango, en 1831, liberada por un joven que se presentó ante el juez como hijo de María de Atocha; heridos de muerte que sanaron. Son relatos reportados por la devoción popular, nunca examinados por la Iglesia como milagros.

El más documentado es el de don Calixto Aguirre, vecino de Guanajuato, que en marzo de 1841 sufría una enfermedad terrible que espantaba a su médico. Prometió al Niño escribirle una novena y llevarle un retablo si sanaba. Sanó, cumplió, y al llegar a Plateros reunió trece gracias atestiguadas por los exvotos que encontró allí. Según el historiador citado por Fernández Poncela, esa fue la primera investigación sobre los favores del Santo Niño.

Entre 1903 y 1919 los padres josefinos tuvieron a su cargo el santuario, lo usaron como base para misionar entre los huicholes y fueron, según todos los datos, los grandes impulsores de la devoción en toda la región.

Ilustración al estilo de pintura al óleo de familias de peregrinos que caminan por un camino seco del semidesierto de Zacatecas hacia un santuario barroco de dos torres
Peregrinos caminan por el semidesierto de Zacatecas hacia el santuario de Plateros.

Los retablos: un archivo de gratitud

Pocas cosas conmueven tanto en Plateros como el salón de retablos. Son pequeñas pinturas, de unos 20 por 30 centímetros en promedio, en las que una familia pinta el peligro del que se salvó y escribe abajo su agradecimiento "con veras". El rector creía que el más antiguo dedicado al Niño está fechado en 1826. Junto a ellos cuelgan trenzas de cabello, muletas, yesos, ramos de novia, títulos escolares y fotografías.

El estudio del INAH clasificó lo que piden los peregrinos: salud ante todo, luego accidentes, cárcel, la reunión de la familia, los papeles migratorios, el trabajo. Hay retablos de soldados que volvieron de la Segunda Guerra Mundial, de Vietnam y del Golfo Pérsico, en español y en inglés, y en los últimos años muchos de migrantes que cruzaron la frontera con vida. Son favores reportados, cada uno con un nombre y una historia. Nadie que los lea sale igual.

El mismo estudio cita a Plateros como el tercer santuario más visitado de México, después de la Basílica de Guadalupe y de San Juan de los Lagos. Diciembre, la Semana Santa y agosto, cuando los peregrinos de San Juan de los Lagos pasan de camino, son las temporadas más llenas.

Fachada barroca de cantera rosa y blanca del santuario de Plateros, con dos torres labradas, y peregrinos en la escalinata del atrio bajo un cielo azul
El santuario de Plateros, en Fresnillo, con su fachada barroca de cantera y sus dos torres. ⓘFoto: Oscarthepatron, CC BY-SA 3.0

Chimayó y los zapatitos del Niño

La devoción viajó al norte con los arrieros y las familias. La novena antigua cuenta que don Severiano Medina, vecino de Chimayó, en Nuevo México, estaba casi paralizado por la artritis cuando oyó hablar del Niño de Fresnillo. Se encomendó a él, sanó y viajó en burro hasta Plateros a dar gracias. A su regreso llevó una imagen del Niño, y en 1857 la familia Medina le construyó una capilla junto al famoso Santuario de Chimayó. La capilla todavía recibe peregrinos.

En Chimayó se cuenta que el Niño desaparece de noche para ayudar a quien lo necesita y vuelve con los zapatos gastados. Por eso los peregrinos le dejan zapatitos de bebé, botitas tejidas y tenis pequeños, a veces junto a las muletas que ya no necesitan. Es una costumbre tradicional, llena de ternura. Los zapatitos no compran ningún favor: son la manera sencilla de decir "gracias por caminar conmigo".

Ilustración en acuarela del interior de una capilla de adobe donde los peregrinos han dejado muchos zapatitos de niño a los pies de una pequeña imagen del Niño de Atocha
A los pies del Santo Niño, en una capilla de adobe, los peregrinos dejan zapatitos de niño en agradecimiento.

Símbolos de la imagen del Santo Niño de Atocha

Cada detalle de la imagen cuenta algo de la leyenda y del Evangelio:

  • Ropa de peregrino: capa corta, sombrero de ala ancha y sandalias, como los que caminaban a Santiago de Compostela. Jesús se hace caminante para ir a buscarnos.
  • La concha: la insignia de los peregrinos de Santiago, prendida en la capa o en el sombrero.
  • La pluma del sombrero: un adorno de viajero elegante, que hace del pequeño peregrino también un pequeño caballero.
  • La canasta de pan: el alimento que llevaba a los presos, y un eco del Pan de vida.
  • El bastón con el guaje de agua: el agua que les daba de beber; el guaje es el recipiente de calabaza seca que todavía se usa en el campo mexicano.
  • La silla: en Plateros y en muchos retablos el Niño aparece sentado, como un pequeño rey.
  • Grilletes o cadenas a sus pies: en algunas estampas, por los cautivos que socorría. La novena de 1913 menciona los "grillos" del Niño.

Desde el siglo XIX circula otra estampa, el llamado "Niño Azul", con un niño de pie y vestido de azul que no se parece a la talla de Plateros. Fernández Poncela explica que es una creación de litografía, al gusto de las estampas alemanas de la época, y que en el santuario la imagen venerada es la talla del altar.

Lo que enseña la Iglesia sobre esta devoción

Le hablamos al Niño de Atocha con diminutivos y con cariño, como se le habla a un niño, y eso está bien: Dios quiso hacerse pequeño para que no le tuviéramos miedo. Pero conviene tener claras dos cosas.

La primera, que la imagen no es el Niño. El Catecismo (n. 2132) recuerda con San Basilio que "el honor dado a una imagen se remonta al modelo original": veneramos la talla de Plateros porque nos lleva a Jesús, no porque la madera tenga poder propio. La segunda, que su ayuda no se compra. Las mandas, los zapatitos, las veladoras y los retablos son gratitud y promesa, no pagos. El Niño de Atocha escucha igual a quien no puede viajar a Plateros ni llevarle nada.

Oración al Santo Niño de Atocha

La oración más antigua que hemos podido documentar es la jaculatoria de una novena impresa en Guatemala en 1913, con licencia de la autoridad eclesiástica, dedicada al Niño "que se venera en el Santuario de Plateros, a extramuros de la ciudad de Fresnillo, y en la ciudad de Amatitlán". La copiamos tal como aparece en esa edición:

Niño de Atocha, Niño prodigioso, Niño divino, Niño amoroso: Postrado te pido, Como Poderoso, Que mis aflicciones Me las vuelvas gozo, Pues Tú eres mi Padre, Mi encanto y reposo.

La misma novena pide algo que vale la pena recordar: que durante los nueve días hagamos obras de piedad, "principalmente con los niños a quienes falte la subsistencia por la pobreza de sus padres", que oremos por las almas del purgatorio y visitemos a los enfermos. Es la mejor manera de parecernos al Niño que llevaba pan a los presos.

Hoy circulan muchas otras oraciones al Santo Niño de Atocha en estampas y folletos. Son en su mayoría recientes y de autor desconocido; si usa una, prefiera la que distribuye el santuario de Plateros. Puede rezarle también con la oración de la Iglesia a Jesús: el Padre Nuestro que él mismo nos enseñó, o el Santo Rosario en compañía de su Madre. Y si su devoción es al Niño Jesús en otras imágenes, lea también sobre el Niño Jesús de Praga y la Navidad.

Preguntas frecuentes

¿El Santo Niño de Atocha es un santo?

No. Es Jesucristo mismo, contemplado como niño en una imagen concreta, igual que el Niño Jesús de Praga o el Santo Niño de Cebú. Por eso no tiene canonización ni biografía propia. Cuando le rezamos, le rezamos a Jesús, y la imagen nos ayuda a acercarnos a él con la confianza de quien habla con un niño.

¿Dónde está el Santo Niño de Atocha?

La imagen más venerada está en el santuario de Plateros, en el municipio de Fresnillo, Zacatecas, México, en un nicho del altar mayor. Antes estuvo en los brazos de una imagen de Nuestra Señora de Atocha que llegó de España en el siglo XVIII. Hay otros centros de devoción, como la capilla del Santo Niño en Chimayó, Nuevo México.

¿Cuándo es la fiesta del Santo Niño de Atocha?

En Plateros la gran fiesta es el 25 de diciembre, como la de todas las imágenes del Niño Jesús, y muchas familias vuelven también el 1 de enero. Una novena impresa en Guatemala en 1913 señala el 3 de mayo para su fiesta en Amatitlán. La Iglesia no le asigna un día en el calendario universal, porque celebra al Niño Jesús en Navidad.

¿Qué significa la imagen del Santo Niño de Atocha?

Va vestido de peregrino, como los que caminaban a Santiago de Compostela: capa con concha, sombrero de ala ancha con pluma y bastón. Lleva una canasta de pan y un guaje de agua, que recuerdan la leyenda de los presos a quienes alimentaba. Algunas imágenes ponen grilletes a sus pies, por los cautivos que liberó.

¿Por qué le llevan zapatitos al Santo Niño de Atocha?

Es una costumbre popular. Se cuenta que el Niño sale de noche a socorrer a los necesitados y vuelve con los zapatos gastados, así que sus devotos le llevan zapatitos nuevos, sobre todo en Chimayó. Es un gesto de cariño y gratitud, no una condición para recibir su ayuda.

Fuentes

  1. Anna María Fernández Poncela: El santo Niño de Atocha: origen, función y actualidad, Cuicuilco (INAH) vol. 10, núm. 27, 2003. Historia del santuario de Plateros, las versiones sobre la llegada de la imagen, los milagros de la novena y los retablos
  2. Novena dedicada al Niño de Nuestra Señora de Atocha que se venera en el Santuario de Plateros (Guatemala, 1913), Internet Archive. Fuente de la jaculatoria; impresa con licencia eclesiástica
  3. Museo de Arte de Cleveland: El Santo Niño de Atocha, santo de retablo (1933.405), en inglés
  4. Marie Romero Cash, New Mexico Magazine: The Story of the Santo Niño of Chimayó (2025), en inglés
  5. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2132 (Santa Sede)