Cómo rezar el Rosario

Cómo rezar el Rosario: haga la señal de la cruz y rece el Credo en el crucifijo; luego un Padre nuestro, tres Avemarías y un Gloria en las primeras cuentas. Después vienen cinco decenas: en cada una se anuncia un misterio y se reza un Padre nuestro, diez Avemarías, un Gloria y la oración de Fátima. Se termina con la Salve.
Cómo rezar el Rosario se aprende en una tarde y se reza toda la vida: cinco decenas de cuentas, unas pocas oraciones que casi todos aprendimos de niños y veinte escenas del Evangelio. Aquí tiene el modo de rezarlo paso a paso, con cada oración completa, los misterios de cada día de la semana y la historia verdadera del Rosario.
Si lo que busca es rezar ahora mismo los misterios que tocan hoy, vaya al Santo Rosario de hoy, que le muestra los misterios del día ya ordenados para rezar.

Cómo rezar el Rosario paso a paso
Este es el orden que siguen la mayoría de las parroquias de habla hispana y el que da la propia página del Santo Rosario de la Santa Sede. Si es la primera vez, tenga esta página abierta a su lado las primeras veces. En una semana ya no la necesitará.
- Tome el crucifijo y haga la señal de la cruz. En muchos países se dice primero "Por la señal de la Santa Cruz" y luego "En el nombre del Padre".
- Rece el Credo de los Apóstoles con el crucifijo en la mano.
- En la primera cuenta grande, rece el Padre nuestro.
- En cada una de las tres cuentas pequeñas que siguen, rece un Avemaría. Por costumbre se ofrecen para pedir aumento de fe, esperanza y caridad.
- Rece el Gloria en la cadena o en la cuenta grande siguiente.
- Anuncie el primer misterio, por ejemplo: "Primer misterio gozoso: la Encarnación del Hijo de Dios". Haga una breve pausa para ponerse en la escena.
- En la cuenta grande, rece el Padre nuestro.
- En cada una de las diez cuentas pequeñas, rece un Avemaría, con el misterio delante de los ojos del alma.
- Después de la décima Avemaría, rece el Gloria y la oración de Fátima ("Oh Jesús mío"). Eso es una decena.
- Anuncie el siguiente misterio y repita los pasos 7 a 9 hasta completar las cinco decenas y volver a la medalla del centro.
- Rece la Salve y, si lo desea, las Letanías de la Virgen. Termine con la señal de la cruz.
El Rosario es oración de los labios y del corazón a la vez. San Juan Pablo II escribió en Rosarium Virginis Mariae que el rosario "está centrado en el Crucifijo, que abre y cierra el proceso mismo de la oración". Las palabras nos llevan; los misterios son el lugar donde descansa la mente. Si se distrae, vuelva sin angustia a la escena de la decena.
Las cuentas, una por una
Un rosario de cinco decenas tiene 59 cuentas. Desde el crucifijo sale un tramo corto: una cuenta grande, tres pequeñas y otra grande (o un espacio en la cadena). Ese tramo se une al círculo en una pieza central, casi siempre una medalla de la Virgen. El círculo tiene cinco grupos de diez cuentas pequeñas, separados por una cuenta grande. En algunos países se le llama "tercio" o "parte" a esas cinco decenas, porque el Rosario antiguo tenía quince y cinco decenas eran la tercera parte.

Las oraciones del Rosario completas
Estos son los textos tradicionales en español. El Padre nuestro, el Avemaría, el Gloria y la Salve se dan como los publica la página del Santo Rosario de la Santa Sede; el Credo, como lo recoge el Compendio del Catecismo; la oración de Fátima, como la publica el Santuario de Fátima. Son oraciones de toda la Iglesia y se rezan con las mismas palabras en México, en Colombia, en la Argentina y en las parroquias hispanas de los Estados Unidos, con pequeñas variantes locales.
La señal de la cruz
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
La primera parte, el "persignarse", se hace trazando tres cruces pequeñas con el pulgar sobre la frente, la boca y el pecho. Es una costumbre antigua del mundo hispano; muchos rezan solo la segunda parte.
El Credo de los Apóstoles
Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
Más sobre su origen en nuestra página del Credo.
El Padre nuestro
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Es la oración que Jesús mismo enseñó a sus discípulos (Mateo 6, 9-13). Su historia está en la página del Padre nuestro.
El Avemaría
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
La primera mitad une el saludo del ángel Gabriel (Lucas 1, 28) y las palabras de Santa Isabel (Lucas 1, 42). La segunda mitad es la súplica de la Iglesia. Vea el Avemaría.
El Gloria
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Vea el Gloria al Padre.
La oración de Fátima
Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno; lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas.
Es el texto que publica el Santuario de Fátima. Según las memorias de la Hermana Lucía, la Virgen la enseñó a los tres pastorcitos el 13 de julio de 1917 y pidió que se rezara después de cada misterio. En muchas parroquias de América Latina se termina así: "...especialmente a las más necesitadas de tu misericordia". Las dos formas son buenas.
La Salve
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y, después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
Muchos añaden el versículo: "Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén." La historia de la Salve Regina está en La Salve.
Cómo se termina el Rosario
La Santa Sede propone terminar con las Letanías de la Virgen (las letanías lauretanas) "u otras oraciones marianas". Es costumbre, además, rezar un Padre nuestro, un Avemaría y un Gloria por las intenciones del Santo Padre, que es una de las condiciones para ganar la indulgencia. Al final del Rosario muchos libros de oraciones ponen una antigua oración litúrgica que San Juan Pablo II citó en Rosarium Virginis Mariae: pedimos que, meditando estos misterios, lleguemos a "imitar lo que contienen y a conseguir lo que prometen".

Los misterios del Rosario
Un misterio es un acontecimiento de la vida de Jesús o de su Madre que tenemos delante mientras rezamos una decena. San Juan Pablo II llamó al Rosario "compendio del Evangelio", y es una buena manera de entender los misterios: veinte ventanas a la vida de Cristo, vista con los ojos de María. Cada grupo tiene su propia página con lecturas y meditaciones, y en Misterios del Rosario los encontrará todos juntos.
Misterios gozosos (lunes y sábado)
- La Encarnación del Hijo de Dios (Lucas 1, 26-38)
- La Visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel (Lucas 1, 39-56)
- El Nacimiento del Hijo de Dios en el portal de Belén (Lucas 2, 1-20)
- La Presentación de Jesús en el Templo (Lucas 2, 22-38)
- El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo (Lucas 2, 41-52)
Vea los misterios gozosos.

Misterios luminosos (jueves)
- El Bautismo en el Jordán (Mateo 3, 13-17)
- Las bodas de Caná (Juan 2, 1-12)
- El anuncio del Reino de Dios, con la invitación a la conversión (Marcos 1, 14-15)
- La Transfiguración (Lucas 9, 28-36)
- La institución de la Eucaristía (Mateo 26, 26-29)
San Juan Pablo II los propuso en 2002 para que el Rosario contemplara también la vida pública de Cristo. Vea los misterios luminosos.
Misterios dolorosos (martes y viernes)
- La oración en el Huerto (Lucas 22, 39-46)
- La flagelación de Jesús atado a la columna (Juan 19, 1)
- La coronación de espinas (Mateo 27, 27-31)
- Jesús con la Cruz a cuestas camino del Calvario (Juan 19, 17)
- La crucifixión y muerte de Jesús (Lucas 23, 33-46)
Vea los misterios dolorosos.

Misterios gloriosos (miércoles y domingo)
- La resurrección del Hijo de Dios (Mateo 28, 1-10)
- La Ascensión del Señor al cielo (Hechos 1, 6-11)
- La venida del Espíritu Santo (Hechos 2, 1-13)
- La Asunción de María al cielo
- La coronación de María como Reina y Señora de todo lo creado
Los dos últimos no se narran en la Escritura. La Iglesia enseña que María fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, verdad que el papa Pío XII definió el 1 de noviembre de 1950 en Munificentissimus Deus. Vea los misterios gloriosos.

¿Qué misterios se rezan cada día?
Durante siglos se rezaron los gozosos el lunes y el jueves, los dolorosos el martes y el viernes, y los gloriosos el miércoles, el sábado y el domingo. San Juan Pablo II, al añadir los misterios luminosos, explicó en Rosarium Virginis Mariae (n. 38) que "el sábado es tradicionalmente un día de marcado carácter mariano", y por eso trasladó allí la segunda meditación de los gozosos y dejó el jueves para los misterios de la luz. Hoy la mayor parte de la Iglesia sigue esta semana:
- Lunes: misterios gozosos
- Martes: misterios dolorosos
- Miércoles: misterios gloriosos
- Jueves: misterios luminosos
- Viernes: misterios dolorosos
- Sábado: misterios gozosos
- Domingo: misterios gloriosos
La misma carta aclara que esta indicación "no pretende limitar una conveniente libertad en la meditación personal y comunitaria". Por eso muchas familias rezan los gozosos los domingos de Adviento y Navidad y los dolorosos los domingos de Cuaresma. Rezar los quince misterios tradicionales sigue siendo un Rosario completo.
Breve historia del Santo Rosario
Contar las oraciones
Los cristianos cuentan sus oraciones desde muy antiguo. Herbert Thurston, en el artículo "The Rosary" de la Catholic Encyclopedia (1912), reúne las pruebas: en el siglo IV el ermitaño Pablo rezaba trescientas oraciones al día y apartaba una piedrecita por cada una; los monjes que no sabían leer los 150 salmos rezaban en su lugar padrenuestros, y las costumbres de Cluny de 1096 ya admitían cincuenta padrenuestros por cincuenta salmos. En la Edad Media los cordones de cuentas eran tan comunes que se les llamaba sencillamente "paternósters".
Cuando el Avemaría se generalizó en el siglo XII, los fieles empezaron a rezarla en series de cincuenta y de ciento cincuenta, como los salmos del Salterio. De ahí el nombre antiguo de "Salterio de la Virgen". La costumbre de meditar un misterio en cada decena llegó después; Thurston la atribuye a un cartujo del siglo XV, Domingo de Prusia.

Santo Domingo y el Beato Alano de la Rupe
La historia más querida cuenta que la Virgen entregó el Rosario a Santo Domingo de Guzmán mientras predicaba en el sur de Francia a comienzos del siglo XIII. La contó San Pío V en la bula Consueverunt Romani Pontifices (1569), la repitieron muchos papas y la pintaron Murillo y Tiepolo. Es un relato tradicional. Thurston, escribiendo en una enciclopedia católica con imprimatur, observó que ninguna de las primeras vidas de Santo Domingo menciona el Rosario, y rastreó el relato hasta la predicación del dominico bretón Beato Alano de la Rupe, hacia 1470-1475.
Las cofradías del Rosario que Alano y sus hermanos fundaron en Douai, Colonia y otras ciudades se extendieron con una rapidez asombrosa y convirtieron el Rosario en la oración de la gente sencilla de toda Europa. Sea cual sea la verdad del relato sobre Santo Domingo, fueron sus hijos, los frailes predicadores, quienes llevaron el Rosario a toda la Iglesia, también a América.

Lepanto y la fiesta de la Virgen del Rosario
El domingo 7 de octubre de 1571, la flota de la Liga Santa, al mando de don Juan de Austria, se enfrentó a la flota otomana frente a Lepanto, en Grecia. San Pío V, dominico, había pedido oraciones a toda la cristiandad, y ese día la cofradía del Rosario de Roma recorrió la ciudad en procesión. La Catholic Encyclopedia resume que la victoria respondió de modo admirable a sus súplicas. San Pío V mandó conmemorarla cada año; Gregorio XIII permitió en 1573 una fiesta del Rosario en las iglesias con altar del Rosario, y Clemente XI la extendió a toda la Iglesia en 1716. Los fieles siempre han visto en Lepanto una respuesta a la oración; es una atribución tradicional, no un milagro examinado por la Iglesia. Celebramos a la Virgen del Rosario el 7 de octubre.

El Rosario en América
Los dominicos que llegaron a América con la evangelización trajeron consigo las cofradías del Rosario, y el Rosario echó raíces en los pueblos indígenas, mestizos y criollos. Su huella está en piedra y en oro: la Capilla del Rosario del templo de Santo Domingo, en Puebla, terminada a fines del siglo XVII, cubre muros y bóvedas con yesería dorada en honor de la Virgen del Rosario. De Andalucía viene el Rosario de la aurora, que recorre las calles de madrugada cantando las Avemarías. Y en buena parte de América Latina, cuando muere un ser querido, la familia y los vecinos rezan el Rosario nueve noches seguidas: es el novenario, que explicamos en Rosario por los difuntos.


De León XIII a Fátima y a Juan Pablo II
El papa León XIII publicó su primera encíclica sobre el Rosario, Supremi Apostolatus Officio, el 1 de septiembre de 1883, y siguió escribiendo sobre él casi cada año; dedicó el mes de octubre al Rosario. En Fátima, según las memorias de la Hermana Lucía que cita el Santuario, la Virgen pidió: "Recen el rosario todos los días, para alcanzar la paz para el mundo y el fin de la guerra", y el 13 de octubre de 1917 dijo su nombre: "Soy la Señora del Rosario". Vea la Virgen de Fátima.
San Juan Pablo II dijo el 29 de octubre de 1978, dos semanas después de su elección: "El Rosario es mi oración predilecta". El 16 de octubre de 2002 publicó Rosarium Virginis Mariae, añadió los misterios luminosos y proclamó el Año del Rosario.
Las promesas del Rosario
Es común encontrar una lista titulada "Las quince promesas de la Virgen María a quienes recen el Rosario", atribuida a Santo Domingo y al Beato Alano. La primera dice que la Virgen promete su protección especial y grandísimas gracias a quienes recen su Rosario con devoción. Otras prometen que el Rosario será arma poderosa contra el infierno, que sus devotos no morirán sin los sacramentos y que la Virgen los librará del purgatorio.
¿Qué valor tienen? Dicho con honradez:
- Origen. Vienen de los escritos del Beato Alano de la Rupe, en el siglo XV, más de dos siglos después de Santo Domingo. No hay otro testigo fuera de él.
- Aprobación. La Iglesia nunca las ha aprobado como revelación. El apologista Jimmy Akin buscó documentos pontificios o de la Curia que las respaldaran y no encontró ninguno. La hoja que circula lleva el imprimatur de un arzobispo de Nueva York, pero el imprimatur solo declara que un texto no contiene nada contrario a la fe o a la moral; no garantiza que una revelación privada sea auténtica.
- Cómo leerlas. En conjunto, dicen lo que la Iglesia sí enseña: que María es una madre que intercede por quienes acuden a ella y que la oración perseverante da fruto. No son un contrato, y nadie debe tratar las cuentas como un amuleto. El poder es de Dios, y el Rosario nos lleva a Él por la vida de su Hijo.
La promesa que la Iglesia sí hace es la indulgencia. El Enchiridion Indulgentiarum (2004) concede indulgencia plenaria a quien reza el Rosario en una iglesia u oratorio, en familia, en una comunidad religiosa o en una asociación piadosa, e indulgencia parcial en los demás casos. Para la plenaria bastan cinco decenas, rezadas sin interrupción, uniendo la oración vocal a la meditación de los misterios, con las condiciones de siempre: confesión sacramental, comunión eucarística, oración por las intenciones del Papa y desapego de todo pecado. Vea Indulgencia plenaria.
Consejos para rezar bien el Rosario
- Rece despacio. Más vale una decena rezada con el corazón que cinco a toda prisa.
- Póngase en la escena. Lea el pasaje del Evangelio antes de la decena, o mire una estampa del misterio.
- Ofrezca cada decena. Por un enfermo, por un hijo alejado de la fe, por las almas del purgatorio, por la paz.
- Récelo en familia. San Juan Pablo II recordó que el Rosario es "desde siempre, una oración de la familia y por la familia". Una decena cada noche alrededor de la mesa es un buen comienzo.
- No se desanime por las distracciones. El Rosario es también oración de gente cansada y ocupada. Vuelva al misterio y siga adelante.

Tomemos hoy las cuentas en la mano y pidamos a Nuestra Señora del Rosario que nos lleve, misterio a misterio, más cerca de su Hijo. Para rezarlo ahora, con los misterios del día, vaya al Santo Rosario de hoy; para más oraciones, vea nuestras oraciones católicas.
Preguntas frecuentes
¿Cuáles son los pasos para rezar el Rosario?
Con el crucifijo en la mano, haga la señal de la cruz y rece el Credo. En la primera cuenta grande rece el Padre nuestro; en las tres pequeñas, tres Avemarías; luego el Gloria. En cada una de las cinco decenas, anuncie el misterio, rece un Padre nuestro, diez Avemarías, el Gloria y la oración de Fátima. Termine con la Salve y la señal de la cruz.
¿Qué misterios se rezan cada día?
Según la carta Rosarium Virginis Mariae de San Juan Pablo II (2002): los misterios gozosos el lunes y el sábado, los dolorosos el martes y el viernes, los gloriosos el miércoles y el domingo, y los luminosos el jueves. Es una indicación, no una ley: muchos rezan los gozosos los domingos de Adviento y Navidad y los dolorosos los domingos de Cuaresma.
¿Cuánto tiempo se tarda en rezar el Rosario?
Cinco decenas rezadas sin prisa toman de quince a veinte minutos, algo más en grupo. Los veinte misterios completos llevan poco más de una hora.
¿Se puede rezar el Rosario sin rosario?
Sí. Las cuentas solo ayudan a contar; las diez Avemarías se pueden contar con los dedos. Para la indulgencia, el Enchiridion pide cinco decenas seguidas y la meditación de los misterios, no un rosario bendecido, aunque usar uno bendecido es una costumbre buena y santa.
¿Qué oraciones se rezan en el Rosario?
La señal de la cruz, el Credo de los Apóstoles, el Padre nuestro, el Avemaría, el Gloria, la oración de Fátima ("Oh Jesús mío") y la Salve. En muchos lugares se añaden las Letanías de la Virgen y una oración final. Todas las principales están completas en esta página.
¿Cuáles son las 15 promesas del Rosario?
Son quince promesas que, según los escritos del dominico Beato Alano de la Rupe (siglo XV), la Virgen hizo a quienes rezan el Rosario con devoción, como su protección especial y la gracia de no morir sin los sacramentos. Circulan con imprimatur, que solo indica que el texto no contiene nada contrario a la fe; la Iglesia nunca las ha aprobado como revelación.
¿Hay indulgencia por rezar el Rosario?
Sí. El Enchiridion Indulgentiarum (2004, concesión 17) concede indulgencia plenaria, con las condiciones de siempre, a quien reza el Rosario en una iglesia u oratorio, en familia, en una comunidad religiosa o en una asociación piadosa; en otros casos la indulgencia es parcial. Bastan cinco decenas rezadas sin interrupción, meditando los misterios.
¿Es verdad que la Virgen le dio el Rosario a Santo Domingo?
Es la tradición, repetida por muchos papas y pintada por Tiepolo y Murillo. Las primeras vidas de Santo Domingo no mencionan el Rosario; el relato aparece por primera vez en la predicación del Beato Alano de la Rupe hacia 1470. Lo cierto es que los frailes dominicos difundieron el Rosario por toda la Iglesia.
Fuentes
- Juan Pablo II, Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae (16 de octubre de 2002)
- Santa Sede: Los misterios del Santo Rosario (cómo se reza; textos del Padre nuestro, Avemaría, Gloria y Salve)
- Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), texto del Símbolo de los Apóstoles
- Santuario de Fátima: Rosario (oración "Oh Jesús mío" y palabras de la Virgen según las Memorias de la Hermana Lucía)
- León XIII, Encíclica Supremi Apostolatus Officio (1 de septiembre de 1883)
- Catholic Encyclopedia (1912): The Rosary, por Herbert Thurston (historia de las cuentas, Alano de la Rupe, Lepanto)
- Penitenciaría Apostólica, Enchiridion Indulgentiarum, 4.ª edición (2004), concesión 17
- Jimmy Akin, Are the 15 Promises of the Rosary Reliable? (2010). En inglés; revisa si algún documento de la Iglesia aprobó las 15 promesas