Las siete palabras

Ilustración en estilo óleo de una iglesia colonial cubierta de paños negros el Viernes Santo al mediodía, con un sacerdote que predica desde el púlpito ante un gran crucifijo y los fieles en silencio

Las siete palabras son las siete frases que Jesús pronunció en la cruz según los Evangelios, desde "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" hasta "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". El Viernes Santo, de las doce a las tres de la tarde, muchas parroquias las predican una por una en el sermón de las Siete Palabras.

Las siete palabras son las siete frases que Jesús dijo desde la cruz, recogidas por los cuatro Evangelios. Son sus últimas palabras antes de morir, y por eso la Iglesia las ha guardado como un testamento: en ellas Jesús perdona, promete el paraíso, nos entrega a su Madre, clama al Padre, tiene sed, da por cumplida su obra y entrega su espíritu. Aquí encontrará las siete palabras con su texto evangélico, lo que significa cada una y la historia del sermón de las Siete Palabras que tantas parroquias predican el Viernes Santo al mediodía.

Las siete palabras de Jesús en la cruz

Este es el orden tradicional, con el texto de la Biblia de Félix Torres Amat (Madrid, 1823), traducida de la Vulgata y de dominio público. Hemos actualizado solo la ortografía.

  1. "Padre mío, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23, 34).
  2. "En verdad te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lucas 23, 43).
  3. "Mujer, ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu madre" (Juan 19, 26-27).
  4. "Elí, Elí, ¿lamma sabacthani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Mateo 27, 46; Marcos 15, 34).
  5. "Tengo sed" (Juan 19, 28).
  6. "Todo está cumplido" (Juan 19, 30).
  7. "Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lucas 23, 46).

Ningún evangelista las trae todas. San Lucas recoge tres, la primera, la segunda y la última; San Juan, testigo al pie de la cruz, otras tres; San Mateo y San Marcos, una sola, el grito en arameo. El orden de arriba es una armonía de los cuatro relatos que la tradición fijó hace siglos: las tres primeras palabras miran a los demás (los verdugos, el ladrón, su Madre y el discípulo), las cuatro últimas miran al Padre y a la obra que Jesús está terminando.

Acuarela del Calvario vista desde lo alto de la cruz, con la multitud, los soldados a caballo y las santas mujeres que lloran abajo
James Tissot pintó la crucifixión desde los ojos de Jesús: abajo, la multitud, los soldados y las santas mujeres, todos los que oyeron las siete palabras. ⓘLo que veía Nuestro Señor desde la cruz

Primera palabra: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen"

Llegados que fueron al lugar llamado Calvario, o Osario, allí le crucificaron, y con él a los ladrones, uno a la diestra y otro a la izquierda. Entretanto Jesús decía: Padre mío, perdónalos, porque no saben lo que hacen. (Lucas 23, 33-34)

La primera palabra de Jesús en la cruz no es una queja: es una oración por quienes lo están clavando. Lo que había enseñado en el monte, amar a los enemigos y rezar por los que nos persiguen, lo cumple aquí con los clavos todavía en las manos. "No saben lo que hacen" no les quita la culpa; es la defensa de un abogado que busca cualquier razón para salvar a su cliente.

Ante esta palabra preguntémonos a quién no hemos perdonado. Y recordemos que también nosotros estábamos allí: nuestros pecados lo crucificaron, y también por nosotros pidió perdón.

Segunda palabra: "Hoy estarás conmigo en el paraíso"

Y uno de los ladrones que estaban crucificados, blasfemaba contra Jesús (...). Mas el otro le reprendía (...). Decía después a Jesús: Señor, acuérdate de mí, cuando hayas llegado a tu reino. Y Jesús le dijo: En verdad te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso. (Lucas 23, 39-43)

Un hombre condenado, sin tiempo para reparar nada, pide solo que Jesús se acuerde de él. Recibe mucho más de lo que pidió: "hoy", y "conmigo". La tradición llama a este buen ladrón Dimas y lo venera como santo; es el único a quien Jesús mismo prometió el cielo en persona.

Esta palabra es la esperanza de los moribundos y de quienes rezan por ellos. Nunca es tarde para volverse a Cristo. Por eso tantas familias rezan junto al lecho de un enfermo grave la misma súplica del ladrón: "Jesús, acuérdate de mí".

Acuarela de las cruces del Calvario, con Jesús y el buen ladrón crucificados, ante una multitud que se agolpa en la ladera
Tissot pintó el perdón del buen ladrón entre las cruces del Calvario, rodeadas por la multitud. ⓘ

Tercera palabra: "Mujer, ahí tienes a tu hijo"

Estaban al mismo tiempo junto a la cruz de Jesús su Madre, y la hermana o parienta de su Madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Habiendo mirado pues Jesús a su Madre, y al discípulo que él amaba, el cual estaba allí, dice a su Madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquel punto encargóse de ella el discípulo, y la tuvo consigo en su casa. (Juan 19, 25-27)

Jesús, que ya no tiene nada, nos da lo último que le queda: su Madre. Como buen hijo, deja a María al cuidado del discípulo amado. Pero la Iglesia ha visto siempre en San Juan a todos los discípulos: desde aquel momento, María es nuestra madre, y nosotros, como Juan, la recibimos en nuestra casa. Al pie de la cruz empieza la maternidad espiritual de la Virgen que invocamos en cada Ave María.

Es el día de pensar en nuestras madres, en las que viven y en las que ya partieron, y de llevar a la Virgen de los Dolores nuestras propias penas.

Acuarela de la Virgen María de pie junto a la cruz, envuelta en un manto claro, con San Juan y las santas mujeres cerca, mientras Jesús los mira desde lo alto
Tissot pintó a María y a San Juan de pie al pie de la cruz en el momento en que Jesús los entrega el uno al otro. ⓘMujer, ahí tienes a tu hijo (Stabat Mater)

Cuarta palabra: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?"

Mas desde la hora sexta hasta la hora de nona, quedó toda la tierra cubierta de tinieblas. Y cerca de la hora nona exclamó Jesús con una gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lamma sabacthani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Mateo 27, 45-46)

Es la palabra más difícil y la única que los evangelistas conservan en la lengua de Jesús. Son las primeras palabras del Salmo 21 (22 en la numeración hebrea), que un judío piadoso sabía de memoria y que empieza en el abandono y termina en la alabanza a Dios que escucha al pobre. Jesús reza el salmo de los que sufren y lo hace suyo.

En esta palabra caben todas nuestras noches oscuras: la enfermedad sin explicación, la muerte de un hijo, la oración que parece no tener respuesta. Jesús no nos dio una teoría sobre el sufrimiento; bajó a él y lo llenó con su presencia. Quien se siente abandonado por Dios no está solo: el Hijo de Dios rezó antes que él esas mismas palabras.

Pintura de Cristo crucificado con cuatro clavos, iluminado sobre un fondo completamente negro, con la cabeza levantada hacia lo alto y un paño blanco de pliegues marcados en la cintura
El Cristo crucificado de Zurbarán (1627), pintado para un convento de Sevilla, muestra al Señor solo, iluminado contra un fondo completamente negro. ⓘ

Quinta palabra: "Tengo sed"

Después de esto, sabiendo Jesús que todas las cosas estaban a punto de ser cumplidas, para que se cumpliese la Escritura, dijo: Tengo sed. Estaba puesto allí un vaso lleno de vinagre. Los soldados pues empapando en vinagre una esponja, y envolviéndola a una caña de hisopo, aplicáronsela a la boca. (Juan 19, 28-29)

Es la única palabra en que Jesús habla de su propio sufrimiento corporal. La sed era uno de los peores tormentos de los crucificados. Pero los santos han oído en ella algo más: la sed de Cristo por las almas. Santa Teresa de Calcuta mandó escribir "Tengo sed" junto al crucifijo de cada capilla de sus Misioneras de la Caridad, para que las hermanas recordaran a quién servían en cada pobre.

Ante esta palabra pensemos en los que hoy tienen sed de agua, de pan, de compañía, de Dios. "Tuve sed y me disteis de beber" (Mateo 25, 35).

Acuarela de un soldado que, al pie de la cruz, alza con una caña una esponja empapada hacia la boca de Jesús crucificado
Tissot muestra al soldado que alza la esponja con vinagre hacia la boca de Jesús después de la palabra "Tengo sed". ⓘTengo sed: le dan a Jesús vinagre

Sexta palabra: "Todo está cumplido"

Jesús luego que chupó el vinagre, dijo: Todo está cumplido. E inclinando la cabeza, entregó su espíritu. (Juan 19, 30)

No es un suspiro de alivio ni una palabra de derrota. Es la palabra de quien ha terminado la obra que el Padre le encargó: la Escritura se ha cumplido, el amor ha llegado hasta el extremo, la redención está hecha. En latín, consummatum est: llevado a su perfección.

Esta palabra nos pregunta por nuestra propia tarea. ¿Qué obra nos ha confiado Dios? Y nos consuela: lo que nosotros no sabemos terminar, Cristo ya lo terminó.

Acuarela de Jesús muerto en la cruz bajo un cielo oscurecido, visto a distancia, mientras la multitud a sus pies levanta los brazos
En la acuarela de Tissot, la multitud levanta los brazos bajo el cielo oscurecido en el momento en que Jesús dice "Todo está cumplido" y entrega su espíritu. ⓘTodo está cumplido (Consummatum est)

Séptima palabra: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu"

Entonces Jesús clamando con una voz muy grande, dijo: Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y diciendo esto, espiró. (Lucas 23, 46)

La última palabra es otra vez un salmo, el 30 (31): "En tus manos encomiendo mi espíritu", la oración que los judíos piadosos rezaban antes de dormir. Jesús le añade la palabra que lo dice todo: "Padre". Muere como vivió, en las manos del Padre.

Es la oración de la buena muerte. Muchos la decimos cada noche antes de dormir, y es la que la Iglesia pone en labios de los moribundos. Aprendámosla de memoria para que sea también la última nuestra.

Pintura de Cristo en la cruz sobre un fondo oscuro, con la cabeza inclinada hacia un lado y en parte cubierta por el cabello, y un paño blanco en la cintura
El Cristo crucificado de Velázquez, pintado hacia 1632 y hoy en el Museo del Prado, muestra al Señor ya muerto, con la cabeza inclinada sobre el pecho. ⓘ

El sermón de las Siete Palabras y las Tres Horas

Nació en Lima

El sermón de las Siete Palabras es una devoción nacida en nuestro continente. Su autor fue el jesuita limeño Alonso Mesía Bedoya, que murió en 1732. El prólogo de su librito, Devoción a las tres horas de la agonía de Cristo nuestro Redentor, reimpreso en Córdoba en 1758 y en Sevilla en 1767 y 1817, cuenta cómo empezó: el padre Mesía hacía el ejercicio de las Tres Horas del Viernes Santo, "desde las doce a las tres de la tarde", en la iglesia del Colegio Máximo de San Pablo de Lima. El primer año lo hizo "sentado en una silla" con unas pocas almas devotas; pocos años después tuvo que subir al púlpito, porque la iglesia se llenaba.

Según el mismo prólogo, casi todas las parroquias y monasterios de Lima pidieron después un padre que les hiciera las Tres Horas. La devoción pasó a todo el Perú, a Chile, a Quito, a Cartagena, a Panamá y a México, llevada por obispos y oidores que la habían visto en Lima, y de allí a España. El método era sencillo: tras una breve exhortación, el predicador leía cada palabra con su meditación, el pueblo se arrodillaba y meditaba en silencio, y desde el coro sonaba música suave con instrumentos. Esa alternancia de lectura, oración, meditación y música, dice el prólogo, hacía "suavísimo" el espacio de las tres horas.

Ilustración en estilo grabado de un jesuita que predica las Tres Horas desde el púlpito de una iglesia de Lima en el siglo XVIII, mientras unos músicos tocan en el coro
Un jesuita predica las Tres Horas desde el púlpito de una iglesia de Lima mientras los músicos tocan en el coro.

Por qué de las doce a las tres

Los Evangelios cuentan que desde la hora sexta hasta la hora nona, es decir, del mediodía a las tres de la tarde, la tierra quedó cubierta de tinieblas mientras Jesús agonizaba en la cruz (Mateo 27, 45). La devoción acompaña al Señor esas tres horas, palabra por palabra, hasta el momento de su muerte. Por eso se la llama también "la agonía" o "las Tres Horas", y en muchos lugares el sermón termina cuando el reloj marca las tres.

Haydn y la Santa Cueva de Cádiz

La devoción limeña dio a la música una de sus obras más hondas. En 1786 Joseph Haydn recibió un encargo de Cádiz para el ejercicio de las Tres Horas. En el prefacio de la edición de 1801, Haydn recordaba que "un canónigo de Cádiz" le había pedido música instrumental sobre las siete palabras, y describía la ceremonia: las paredes, las ventanas y las columnas del templo se cubrían de paños negros, una sola gran lámpara colgaba en el centro, el obispo subía al púlpito, pronunciaba una de las palabras y la comentaba, y después bajaba a arrodillarse ante el altar mientras sonaba la música. Así nacieron Las siete últimas palabras de nuestro Redentor en la cruz: siete sonatas lentas, una por palabra, con una introducción y un terremoto final.

El musicólogo Marcelino Díez Martínez, de la Universidad de Cádiz, ha mostrado que el encargo no vino de la catedral, cuyas actas no lo mencionan, sino del oratorio de la Santa Cueva, la capilla subterránea inaugurada en 1783 por el sacerdote José Sáenz de Santa María, marqués de Valde-Íñigo. Por el tamaño de la cueva se inclina por la versión para cuarteto de cuerda. Y documenta que la tradición de interpretar la obra el Viernes Santo se ha mantenido allí hasta hoy.

Retrato al óleo de Joseph Haydn, un hombre de unos sesenta años con peluca blanca empolvada, casaca oscura y corbata blanca, con un lápiz en la mano, sobre un fondo rojo oscuro
Joseph Haydn retratado por Thomas Hardy en Londres en 1791, pocos años después de componer Las siete últimas palabras para Cádiz. ⓘRetrato de Joseph Haydn
Ilustración en estilo tinta de un cuarteto de cuerda del siglo XVIII que toca a la luz de una sola lámpara en una capilla subterránea abovedada, ante un crucifijo
Un cuarteto de cuerda toca en una capilla subterránea a la luz de una sola lámpara, ante un crucifijo.

Las Siete Palabras hoy

El sermón de las Siete Palabras sigue vivo en todo el mundo hispano. En muchas catedrales y parroquias de América Latina, de México a la Argentina, el Viernes Santo al mediodía un sacerdote predica las siete palabras, a veces turnándose varios predicadores, con cantos y silencios entre ellas. En Valladolid, en España, el sermón se predica el Viernes Santo en la Plaza Mayor ante una multitud; según el pregón de la Semana Santa de 2015, se hace allí desde 1943, y es costumbre que el arzobispo lo predique al año siguiente de llegar a la diócesis.

Ilustración en acuarela de una multitud silenciosa en una gran plaza mayor castellana al mediodía del Viernes Santo, ante un estrado desde donde predica un sacerdote junto a un grupo escultórico de la crucifixión
Una multitud escucha en silencio el sermón de las Siete Palabras en una plaza mayor castellana al mediodía del Viernes Santo.

Cómo vivir las siete palabras

En la parroquia. Si su parroquia predica las Siete Palabras, procure asistir aunque sea a una parte. Lleve un rosario o un librito y viva los silencios entre palabra y palabra: son tan importantes como el sermón.

En casa. El Viernes Santo al mediodía, apague la televisión y el teléfono, reúna a la familia ante un crucifijo y lean una palabra cada vez, en el orden de arriba. Después de cada una, guarden un minuto de silencio, digan una intención (por quien hay que perdonar, por un moribundo, por las madres...) y recen un Padre Nuestro. Si hay niños, basta con leer la palabra y preguntarles qué quiso decir Jesús.

Sin quitarle el lugar a la liturgia. El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia pide que ningún ejercicio de piedad aparezca, "ni por la hora ni por el modo de convocatoria, como sucedáneo de las celebraciones litúrgicas del Viernes Santo" (n. 143). El sermón de las Siete Palabras prepara el corazón; la celebración de la Pasión del Señor, por la tarde, con la lectura de la Pasión según San Juan, la adoración de la cruz y la comunión, es el centro del día. Vea nuestra página de Semana Santa 2027 para las fechas.

Ilustración en acuarela de una familia que lee en silencio los Evangelios de la Pasión en casa al mediodía del Viernes Santo, ante un crucifijo y una vela encendida
Una familia lee en casa los Evangelios de la Pasión al mediodía del Viernes Santo, ante un crucifijo y una vela.

Las siete palabras se rezan bien junto al Vía Crucis, cuya duodécima estación es la muerte de Jesús en la cruz, y junto a los misterios dolorosos del rosario, cuyo quinto misterio es la crucifixión. Para la hora de la muerte del Señor, a las tres de la tarde, vea la coronilla de la Divina Misericordia.

Los que estaban junto a la cruz

Las siete palabras tienen destinatarios con nombre. La primera fue para los soldados y para todos nosotros. La segunda, para el buen ladrón, a quien la tradición llama San Dimas. La tercera, para la Virgen María y San Juan, el discípulo amado, que estaban al pie de la cruz con María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. La quinta la recibió un soldado anónimo con su esponja; la tradición ha dado el nombre de Longinos al centurión que, al ver morir a Jesús, glorificó a Dios. Cada uno de ellos nos enseña un modo de estar junto a la cruz: arrepentidos, fieles, compasivos.

Oración ante las siete palabras

Esta oración no es antigua ni pertenece a ningún santo. La escribió el Pastor Lyvers para quienes meditan las siete palabras en casa:

Señor Jesús, que desde la cruz perdonaste a tus verdugos, prometiste el paraíso al ladrón arrepentido y nos diste a tu Madre por madre nuestra: enséñanos a perdonar, a confiar y a recibir a María en nuestra casa. Tú que gritaste al Padre en el abandono y tuviste sed de nuestras almas, acompaña a todos los que hoy sufren solos. Y cuando llegue nuestra hora, haz que podamos decir contigo: todo está cumplido; Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Amén.

Preguntas frecuentes

¿Cuáles son las siete palabras de Jesús en la cruz?

(1) "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23, 34). (2) "En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lucas 23, 43). (3) "Mujer, ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu madre" (Juan 19, 26-27). (4) "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Mateo 27, 46; Marcos 15, 34). (5) "Tengo sed" (Juan 19, 28). (6) "Todo está cumplido" (Juan 19, 30). (7) "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lucas 23, 46).

¿Por qué se llaman \"palabras\" si son frases?

Porque en el lenguaje antiguo de la Iglesia "palabra" significa también lo que alguien dice, un dicho o una sentencia, como el latín verbum. Las "siete palabras" son las siete frases o sentencias de Jesús en la cruz.

¿Algún Evangelio trae las siete palabras?

No. Ningún evangelista las recoge todas: Lucas trae tres (la primera, la segunda y la séptima), Juan otras tres (la tercera, la quinta y la sexta), y Mateo y Marcos una sola, el grito "Elí, Elí, ¿lamma sabacthani?". El orden tradicional es una armonía de los cuatro Evangelios.

¿A qué hora se predica el sermón de las Siete Palabras?

Por tradición, el Viernes Santo de las doce del mediodía a las tres de la tarde, las horas en que, según los Evangelios, Jesús estuvo en la cruz mientras las tinieblas cubrían la tierra. Por eso se llama también el ejercicio de las Tres Horas o de la agonía. Hoy muchas parroquias lo hacen más breve y lo terminan antes de la celebración litúrgica de la Pasión.

¿Quién inventó el sermón de las Siete Palabras?

El jesuita limeño Alonso Mesía Bedoya, muerto en 1732, empezó a practicar en Lima el ejercicio de las Tres Horas del Viernes Santo, meditando una por una las siete palabras. Según el prólogo de su librito, la devoción pasó de Lima a todo el Perú, a Chile, Quito, Cartagena, Panamá y México, y después a España.

¿Qué tienen que ver las siete palabras con Haydn?

Joseph Haydn compuso en 1786 Las siete últimas palabras de nuestro Redentor en la cruz por encargo de Cádiz, para el ejercicio de las Tres Horas: tras cada palabra y su breve sermón sonaba una pieza lenta de música. Los estudios recientes sitúan el encargo en el oratorio de la Santa Cueva de Cádiz, donde la obra se sigue interpretando el Viernes Santo.

¿Se pueden meditar las siete palabras fuera del Viernes Santo?

Sí. Muchos las rezan los viernes de Cuaresma, junto con el Vía Crucis, o las meditan una cada día de la semana. Basta leer cada palabra en el Evangelio, guardar un momento de silencio y responder al Señor con una oración breve.

Fuentes

  1. La Sagrada Biblia, traducida de la Vulgata por Félix Torres Amat, Nuevo Testamento (Madrid, 1823), Internet Archive. Texto de las siete palabras: Mateo 27, 45-46; Lucas 23, 34, 42-43 y 46; Juan 19, 25-30 (ortografía actualizada)
  2. Alonso Mesía, S.J., Devoción a las tres horas de la agonía de Cristo nuestro Redentor, y método con que se practicaba en el Colegio Máximo de San Pablo de la Compañía de Jesús de Lima (Sevilla, 1817), Internet Archive. Prólogo con el origen y la difusión del ejercicio de las Tres Horas
  3. Alonso Mesía, S.J., Devoción a las tres horas de la agonía de Christo nuestro Redemptor (Córdoba: Colegio de la Asunción, 1758), Biblioteca de la Universidad de Sevilla, Internet Archive
  4. Marcelino Díez Martínez, "Franz Joseph Haydn y Cádiz. El encargo de Las siete palabras", MAR – Música de Andalucía en la Red, n.º 1 (2011), Universidad de Granada. Incluye el prefacio de Haydn de 1801 y la tesis de la Santa Cueva
  5. Pregón de la Semana Santa de Valladolid 2015, "La fe en la mirada", Junta de Cofradías de Semana Santa de Valladolid. El sermón de las Siete Palabras en la Plaza Mayor desde 1943
  6. Congregación para el Culto Divino, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia (2001), nn. 142-143