Misterios dolorosos

Los misterios dolorosos son las cinco decenas del Rosario que contemplan la Pasión de Jesús: la oración en el huerto, la flagelación, la coronación de espinas, Jesús con la cruz a cuestas y la crucifixión y muerte del Señor. Siguiendo a San Juan Pablo II en Rosarium Virginis Mariae (2002), los rezamos los martes y viernes.
Los misterios dolorosos acompañan a Jesús en las últimas horas de su vida, desde el olivar de Getsemaní hasta la cruz del Calvario. San Juan Pablo II recordaba que la piedad cristiana, sobre todo en la Cuaresma con el Vía Crucis, "se ha detenido siempre sobre cada uno de los momentos de la Pasión", porque en ellos está "el culmen de la revelación del amor". No los rezamos para quedarnos en el dolor. Los rezamos, como escribió el Papa, "poniéndose al pie de la cruz junto a María", para descubrir cuánto somos amados.
¿Está empezando con el rosario? Puede comenzar con nuestra guía cómo rezar el Rosario. Los demás grupos son los misterios gozosos, los misterios luminosos y los misterios gloriosos, reunidos en la página de los misterios del Rosario. Para saber qué misterios tocan hoy, vea el Santo Rosario de hoy.
Cuándo se rezan los misterios dolorosos
Rezamos los misterios dolorosos los martes y los viernes. Esa distribución ya era la "praxis corriente" cuando San Juan Pablo II publicó Rosarium Virginis Mariae el 16 de octubre de 2002, y él la dejó intacta al añadir los misterios luminosos (n. 38). La guía del Rosario de la Santa Sede indica los mismos días. El viernes, día de la muerte del Señor, ha sido siempre su casa natural, y estos misterios acompañan muy bien todo el tiempo de Cuaresma.
El Papa también recordó que esa distribución "no pretende limitar una conveniente libertad en la meditación personal y comunitaria". El Viernes Santo, en un tiempo de luto o junto a la cama de un enfermo, los misterios dolorosos pueden ser justo la oración que necesitamos, diga lo que diga el calendario.
Cómo rezar cada decena
Anunciamos el misterio ("Primer misterio doloroso: la oración de Jesús en el huerto"), hacemos una pausa y rezamos un Padre Nuestro, diez Avemarías y un Gloria. Si lo desea, añada la oración de Fátima: "Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia". San Juan Pablo II recomendó leer un pasaje de la Escritura después de anunciar cada misterio y guardar un breve silencio antes de la oración vocal (nn. 30 y 31).
Abajo, cada misterio trae su pasaje del Evangelio en la traducción clásica de Félix Torres Amat (con la ortografía actualizada), una meditación breve y su fruto. Los frutos son las gracias que pedimos al rezar cada decena. Ningún documento de la Iglesia los fija. San Luis María Grignion de Montfort enseñaba a ofrecer cada decena por la virtud que más brilla en ese misterio, y devocionarios antiguos como el de Charles V. Lacey (1926) señalan una para cada decena. Donde no coinciden, damos ambas.
Primer misterio doloroso: la oración en el huerto
Entre tanto llegó Jesús con ellos a una granja llamada Getsemaní, y les dijo: Sentaos aquí, mientras yo voy más allá, y hago oración. Y llevándose consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, empezó a entristecerse y angustiarse. Y les dijo entonces: Mi alma siente angustias mortales: aguardad aquí, y velad conmigo. Y adelantándose algunos pasos, se postró en tierra caído sobre su rostro, orando, y diciendo: Padre mío, si es posible, no me hagas beber este cáliz: pero no obstante no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú. (Mateo 26, 36-39)
Es de noche, después de la Última Cena. Jesús lleva consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y solo les pide que se queden despiertos. Se duermen. A solas, él enfrenta todo lo que viene, y San Lucas cuenta que "vínole un sudor como de gotas de sangre que chorreaba hasta el suelo" (Lucas 22, 44). San Juan Pablo II vio en esta oración el "sí" de Cristo que "cambia el 'no' de los progenitores en el Edén". Velemos con él durante esta decena y llevémosle nuestros propios miedos, rezando con él: no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú.
Fruto del misterio: el dolor de los pecados (Montfort pide una verdadera contrición) y la aceptación de la voluntad de Dios (Lacey).

La Basílica de la Agonía en Jerusalén, llamada también Iglesia de Todas las Naciones, está construida sobre una roca plana que la tradición venera como el lugar de la oración de Cristo.

Segundo misterio doloroso: la flagelación del Señor
Tomó entonces Pilato a Jesús, y mandó azotarle. (Juan 19, 1)
Entonces les soltó a Barrabás: y a Jesús, después de haberle hecho azotar, le entregó en sus manos para que fuese crucificado. (Mateo 27, 26)
Los Evangelios dedican a la flagelación una sola frase, desnuda. No se detienen en ella, y nosotros tampoco necesitamos hacerlo. Basta saber que el Hijo de Dios, inocente, se dejó atar y golpear por nosotros, en silencio, sin devolver un solo golpe. El profeta lo había anunciado: "con sus cardenales fuimos nosotros curados" (Isaías 53, 5). Démosle gracias por cada herida y pidamos la gracia de dominar nuestro cuerpo y nuestros apetitos por amor a quien sufrió en el suyo.
Fruto del misterio: la mortificación, o renuncia a sí mismo (Montfort y Lacey coinciden).

Tercer misterio doloroso: la coronación de espinas
Y los soldados formaron una corona de espinas entretejidas, y se la pusieron sobre la cabeza: y le vistieron una ropa o manto de púrpura... (Salió pues Jesús, llevando la corona de espinas, y revestido del manto o capa de púrpura.) Y les dijo Pilato: Ved aquí al hombre. (Juan 19, 2.5)
Los soldados convierten al Rey de reyes en una burla: un manto por túnica real, una caña por cetro, espinas por corona. Después Pilato lo presenta a la multitud. Ecce homo, "ved aquí al hombre". San Juan Pablo II vio en esas palabras el sentido de toda vida humana: "quien quiera conocer al hombre, ha de saber descubrir su sentido, su raíz y su cumplimiento en Cristo, Dios que se humilla por amor" (n. 22). Mirémoslo y no nos unamos a los que se burlan. Pidamos humildad para soportar el desprecio por él, y para que nos importe menos lo que el mundo piense de nosotros.
Fruto del misterio: la humildad (Lacey) o el desprecio del mundo (Montfort).

Cuarto misterio doloroso: Jesús con la cruz a cuestas
Entonces se le entregó para que le crucificasen. Apoderáronse pues de Jesús, y le sacaron fuera. Y llevando él mismo a cuestas su cruz, fue caminando hacia el sitio llamado el Calvario u Osario, y en hebreo Gólgota. (Juan 19, 16-17)
Al conducirle al suplicio, echaron mano de un tal Simón, natural de Cirene, que venía de una granja, y le cargaron la cruz, para que la llevara en pos de Jesús. Seguíale gran muchedumbre de pueblo, y de mujeres, las cuales se deshacían en llantos y le plañían. (Lucas 23, 26-27)
Jesús carga el madero de su propia cruz por las calles, demasiado débil para llevarlo todo el camino, y los soldados obligan a un hombre que pasaba, Simón de Cirene, a ayudarle. En el trayecto todavía tiene palabras de cariño para las mujeres de Jerusalén que lloran. La devoción ha llenado este camino con las estaciones del Vía Crucis: sus caídas, el encuentro con su Madre, la Verónica que le limpia el rostro. Tomemos la cruz que nos ha tocado hoy, la enfermedad, el matrimonio difícil, el cansancio de cada día, y llevémosla detrás de él junto con Simón.
Fruto del misterio: la paciencia para llevar nuestras cruces (Montfort y Lacey coinciden).


Quinto misterio doloroso: la crucifixión y muerte de Nuestro Señor
Llegados que fueron al lugar llamado Calvario, u Osario, allí le crucificaron, y con él a los ladrones, uno a la diestra y otro a la izquierda. Entretanto Jesús decía: Padre mío, perdónalos, porque no saben lo que hacen. (Lucas 23, 33-34)
Estaban al mismo tiempo junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana o parienta de su madre, María mujer de Cleofás, y María Magdalena. Habiendo mirado pues Jesús a su madre, y al discípulo que él amaba, el cual estaba allí, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre... Jesús luego que chupó el vinagre, dijo: Todo está cumplido. E inclinando la cabeza, entregó su espíritu. (Juan 19, 25-27.30)
Durante tres horas Jesús cuelga entre el cielo y la tierra. Perdona a quienes lo ejecutan. Promete el paraíso al ladrón arrepentido, San Dimas. Entrega a su Madre a Juan, y a Juan, y a todos nosotros, a ella. Después pone su espíritu en manos del Padre. Las siete palabras que pronunció en la cruz caben en esta sola decena. Quedémonos con María y con María Magdalena al pie de la cruz y recemos por los moribundos, por los pecadores y por la gracia de perseverar hasta el final.
Fruto del misterio: la perseverancia final y la conversión de los pecadores (Montfort, que pide también alivio para las almas del purgatorio) o el amor a los enemigos (Lacey).

Los misterios dolorosos en el año litúrgico
Toda la Semana Santa es un rosario doloroso rezado por la Iglesia: el Domingo de Ramos se proclama la Pasión, y el Viernes Santo escuchamos el relato de San Juan y adoramos la cruz. En muchos pueblos de América Latina y de España la noche del Viernes Santo se llena de procesiones en silencio, con velas y con la imagen del Señor muerto, y es costumbre rezar los misterios dolorosos mientras se camina o se acompaña a la Virgen en su soledad.

La Iglesia celebra también la Exaltación de la Santa Cruz el 14 de septiembre y, al día siguiente, a la Virgen de los Dolores, el 15 de septiembre. Quien quiera quedarse más tiempo con María en la Pasión puede rezar la corona de los Siete Dolores. Entre los santos, San Pablo de la Cruz fundó a los pasionistas para mantener viva la memoria de la Pasión.
Estos misterios son también la oración de la cabecera del enfermo. Pocas cosas consuelan tanto a un enfermo como oír a su familia rezar con él, decena tras decena, sabiendo que Cristo ya pasó por ese dolor y lo llenó de sentido.

Cómo terminar el Rosario
Al terminar la quinta decena, la guía de la Santa Sede sugiere rezar la Letanía lauretana u otras oraciones marianas. Casi todos cerramos con la Salve, pidiendo a Nuestra Señora que vuelva a nosotros "esos tus ojos misericordiosos" en este "valle de lágrimas". Los misterios dolorosos nunca terminan en el sepulcro. El miércoles y el domingo, los misterios gloriosos retoman la historia con la Resurrección.
Preguntas frecuentes
¿Cuáles son los cinco misterios dolorosos?
La oración de Jesús en el huerto de Getsemaní, la flagelación del Señor atado a la columna, la coronación de espinas, Jesús con la cruz a cuestas camino del Calvario, y la crucifixión y muerte de Nuestro Señor. Juntos siguen la Pasión desde Getsemaní hasta el Calvario.
¿Qué días se rezan los misterios dolorosos?
Los martes y los viernes. Esa era ya la costumbre cuando San Juan Pablo II escribió Rosarium Virginis Mariae (2002), y él la conservó al añadir los misterios luminosos (n. 38). El viernes, día de la muerte del Señor, ha sido siempre su día propio.
¿Cuáles son los frutos de los misterios dolorosos?
Los frutos que suelen proponerse son el dolor de los pecados o la aceptación de la voluntad de Dios (huerto), la mortificación (flagelación), la humildad o el desprecio del mundo (coronación de espinas), la paciencia (cruz a cuestas) y la perseverancia final, la conversión de los pecadores o el amor a los enemigos (crucifixión). Vienen de la tradición devocional, como el método de San Luis María Grignion de Montfort, no de un decreto de la Iglesia.
¿Por qué rezar los misterios dolorosos si son tan tristes?
Porque en la Pasión es donde el amor de Dios se ve con más claridad. San Juan Pablo II escribió que estos misterios llevan al creyente a revivir la muerte de Jesús poniéndose al pie de la cruz junto a María, para sentir toda la fuerza regeneradora del amor de Dios. Nunca los rezamos sin saber que después viene la Pascua.
¿Los misterios dolorosos son lo mismo que los Siete Dolores de la Virgen?
No, aunque se tocan. Los misterios dolorosos siguen a Jesús en su Pasión. Los Siete Dolores de María, que se rezan en una corona aparte, siguen a la Madre desde la profecía de Simeón hasta la sepultura, e incluyen la huida a Egipto y la pérdida del Niño en el templo.
¿Conviene rezar los misterios dolorosos en Cuaresma?
Sí. Aunque la distribución semanal sigue vigente en Cuaresma, muchos fieles y parroquias rezan los misterios dolorosos con más frecuencia en ese tiempo, sobre todo los viernes y en Semana Santa. San Juan Pablo II dejó libertad para estas adaptaciones según el tiempo litúrgico.
Fuentes
- San Juan Pablo II, Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae (16 de octubre de 2002). Nn. 22, 30, 31 y 38 (misterios de dolor, la Palabra, el silencio, distribución semanal)
- La Santa Sede: Los Misterios del Santo Rosario
- Félix Torres Amat, La Sagrada Biblia, traducida de la Vulgata latina al español (edición de 1884), en Internet Archive. Texto de San Mateo, San Lucas, San Juan e Isaías citado en esta página (ortografía actualizada)
- Félix Torres Amat, La Sagrada Biblia, Tomo I del Nuevo Testamento (Madrid, 1823), en Internet Archive. Edición usada para cotejar los pasajes de los Evangelios
- Charles V. Lacey, Rosary Novenas to Our Lady (1926), en Internet Archive. Virtud que se pide en cada decena
- J. C. Laurenceau, "Rosary", en Jesus Living in Mary: Handbook of the Spirituality of St. Louis de Montfort (EWTN). Método de Montfort de ofrecer cada decena por una virtud