Bendición de la mesa

La bendición de la mesa católica más conocida es: "Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos que por tu bondad vamos a recibir. Por Cristo nuestro Señor. Amén", rezada con la señal de la cruz. Al terminar de comer damos gracias: "Te damos gracias por todos tus beneficios, omnipotente Dios, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén".
La bendición de la mesa es la oración con la que pedimos a Dios que bendiga a los que vamos a comer y los alimentos que nos da. Tres veces al día, más o menos, Dios nos da de comer, y la bendición es la manera en que una casa católica se da cuenta. Dura diez segundos, la puede dirigir un niño y convierte una comida cualquiera en un pequeño acto de fe delante de todos. Aquí está la oración para bendecir los alimentos palabra por palabra, la acción de gracias después de comer, el texto latino de la Iglesia, consejos para enseñarla a los niños y la Escritura y la historia que hay detrás de una de nuestras costumbres más antiguas.
La oración para bendecir los alimentos
Esta es la forma que se reza hoy en la mayoría de las familias de habla hispana:
Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos que por tu bondad vamos a recibir. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Haga la señal de la cruz al empezar y al terminar. Eso es todo, y en eso está su belleza.
La oración es la traducción de la bendición latina de la Iglesia, Benedic, Domine, nos et haec tua dona. Los devocionarios antiguos la traducían más pegada al latín. Así la imprimía en 1923 el jesuita Remigio Vilariño en El caballero cristiano, uno de los devocionarios más difundidos en España y en América, seguida de un Padre nuestro, un Avemaría y un Gloria:
Bendícenos, Señor, a nosotros y bendice estos dones que, dados por tu bondad, vamos a tomar. Padre nuestro, Avemaría y Gloria. El Rey de la gloria eterna nos haga partícipes de la mesa celestial. Amén.
Fíjese en lo que pide. Primero, que Dios nos bendiga a nosotros, los que estamos a la mesa, antes que a la comida. Después, que bendiga "estos dones", y así llama a la comida por su nombre: no es algo que nos ganamos, sino algo que se nos da "por tu bondad". El campesino, el tendero y quien cocinó pusieron su parte, y también se lo agradecemos, pero la comida empieza en Dios. Y la última línea mira más lejos: cada comida en la tierra es un anticipo del banquete del cielo.

Muchas familias añaden al final una línea de autor desconocido que se ha hecho muy popular en América: "Da pan a quien tiene hambre, y hambre de ti a quien tiene pan". Resume bien el sentido cristiano de la mesa: dar gracias y no olvidar a los que no tienen.
La acción de gracias después de comer
La bendición tiene dos mitades: pedimos la bendición de Dios antes de comer y le damos gracias después. Vilariño trae la acción de gracias así:
Te damos gracias por todos tus beneficios, omnipotente Dios, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. Padre nuestro, Avemaría y Gloria. V. El Señor nos dé su paz. R. Y la vida eterna. Amén.
Es la mitad que casi todas las familias olvidan: cuando alguien se acuerda, ya todos se han levantado a recoger los platos. Haga la prueba de quedarse sentados para rezarla durante una semana; cambia el final de la comida tanto como el principio.
Muchas familias añaden también una petición por los difuntos, como se hace desde antiguo en los monasterios: "Las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén". La Catholic Encyclopedia explica que las oraciones de la mesa nacieron en los monasterios, "y de ahí el piadoso recuerdo de los bienhechores" (traducción nuestra): los monjes comían lo que otros les daban y rezaban en cada comida por quienes los alimentaban, vivos y difuntos. La mesa familiar guarda la misma memoria. Ahí sigue la silla donde se sentaba el abuelo, y la acción de gracias nos deja rezar por él sin hacer un discurso.

Bendiciones cortas para quien come solo
No todas las comidas son en familia. El Devocionario carmelitano que se imprimió en Madrid en 1899 propone dos oraciones breves para quien come solo, con un recuerdo para la Virgen del Carmen:
Antes de la comida: Bendecid, Señor y Dios mío, este alimento que voy a tomar para mantenerme en vuestro servicio.
Después de la comida: Gracias, Dios mío, por este beneficio que me otorgáis sin merecerlo.
Son perfectas para el almuerzo en el trabajo, el plato de la noche cuando todos ya cenaron o la comida de una persona mayor que vive sola. Un estudiante, un viudo o una enfermera de turno también pueden bendecir su mesa.

La bendición de la mesa en latín
Los textos latinos son los originales, y siguen siendo de la Iglesia. El Enchiridion Indulgentiarum, el manual de indulgencias de la Iglesia, los cuenta entre las oraciones de acción de gracias aprobadas y concede indulgencia parcial a los fieles que los rezan con devoción (concesión 26):
Benedic, Domine, nos et haec tua dona, quae de tua largitate sumus sumpturi. Per Christum Dominum nostrum. Amen.
Agimus tibi gratias, omnipotens Deus, pro universis beneficiis tuis: qui vivis et regnas in saecula saeculorum. Amen.
En los monasterios la bendición era más larga, cantada o dicha de pie, con el superior al frente. Las Benedictiones mensae empiezan con los ojos de todas las criaturas vueltos hacia Dios, del Salmo 144: Oculi omnium in te sperant, Domine. Al mediodía el superior pide: Mensae caelestis participes faciat nos Rex aeternae gloriae, "el Rey de la gloria eterna nos haga partícipes de la mesa celestial", la misma línea que Vilariño conservó en español. En la cena cambia: Ad cenam vitae aeternae perducat nos Rex aeternae gloriae, "el Rey de la gloria eterna nos lleve a la cena de la vida eterna".

La bendición de la mesa en la Biblia
El Salmo 144 hace por sí solo una bendición preciosa. En la traducción de Félix Torres Amat (1825):
Por eso fijan en ti sus ojos, oh Señor, las criaturas todas; y tú les das a su tiempo el alimento necesario. Abres tu liberal mano, y colmas de bienes a todos los vivientes. (Salmo 144, 15-16)
La costumbre viene de la ley de Moisés, que manda dar gracias después de comer: "a fin de que cuando hubieres comido y te hubieres saciado, bendigas al Señor Dios tuyo por la bonísima tierra que te dio" (Deuteronomio 8, 10).
Nuestro Señor guardó esa costumbre y la hizo suya. Antes de multiplicar los panes, "tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo los bendijo y partió; y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la gente" (Mateo 14, 19). En Emaús, la tarde de Pascua, los dos discípulos lo reconocieron precisamente al partir el pan, cuando lo bendijo sentado a su mesa (Lucas 24, 30-31).

San Pablo nos da la razón de fondo: "toda criatura de Dios es buena, y nada se debe desechar de lo que se toma con hacimiento de gracias; puesto que se santifica por la palabra de Dios y por la oración" (1 Timoteo 4, 4-5). Y la regla para toda la comida: "ora comáis, ora bebáis, o hagáis cualquiera otra cosa, hacedlo todo a gloria de Dios" (1 Corintios 10, 31).
La mayor acción de gracias de la Iglesia es también una comida. Eucaristía quiere decir "acción de gracias", y la misa comienza, como toda bendición de la mesa, bendiciendo y partiendo el pan. La bendición en casa es un pequeño eco del altar.
Las bendiciones más antiguas
Los cristianos han rezado a la mesa desde el principio. La Catholic Encyclopedia reúne a los primeros testigos. Clemente de Alejandría, hacia el año 200, escribió que "antes de tomar alimento, conviene alabar al Creador de todas las cosas". Tertuliano, en la misma época, cuenta que los cristianos de Cartago no se recostaban a la mesa sin haber orado antes a Dios, y que la oración cerraba también el banquete (traducciones nuestras).
Una de las bendiciones más antiguas que conservamos viene de un tratado del siglo IV atribuido, sin fundamento, a San Atanasio. Después de la señal de la cruz, los cristianos daban gracias al Padre por la resurrección de Jesús y pedían que, así como el pan que estaba sobre la mesa había estado disperso y se había hecho uno, la Iglesia se reuniera desde los confines de la tierra en su Reino. El grano esparcido por los campos y reunido en un solo pan es la Iglesia reunida de todo el mundo. Vale la pena pensarlo mientras pasa la canasta del pan.
La cruz sobre el pan y otras costumbres
En muchas casas de España y de América, las abuelas no partían una hogaza sin trazar antes una cruz sobre la corteza con la punta del cuchillo, y a los niños se les enseñaba a no tirar nunca el pan, y a besarlo si se caía al suelo. Son gestos pequeños que dicen lo mismo que la bendición: el pan es un don de Dios.

En el campo, los trabajadores se quitaban el sombrero y se santiguaban antes de abrir el itacate o la vianda a la sombra de un árbol. Y en Chile, Ramón A. Laval recogió en 1910 la creencia popular de que "en la casa en que hay una imagen de San Cayetano nunca falta qué comer", y por eso muchas familias la ponían en la cocina. Es una costumbre del pueblo, no una regla de la Iglesia; vivámosla como una oración a San Cayetano, patrono del pan y del trabajo, y no como un amuleto.

Cómo enseñar la bendición de la mesa a los niños
La bendición de la mesa es de las primeras oraciones que aprende un niño católico después de la señal de la cruz, y con razón: es corta, se reza tres veces al día y termina en comida. Algunas ideas ayudan:
- Récela siempre igual. Los niños aprenden las oraciones oyéndolas, no leyéndolas. Después de un mes de cenas, uno de tres años ya dirá "por tu bondad" con los demás.
- Enséñeles la señal de la cruz con ella. Mano derecha: frente, pecho, hombro izquierdo, hombro derecho. La mesa es la práctica perfecta de cada día.
- Déjelos dirigirla. Vilariño cuenta que en algunas casas la decía "el niño más pequeño que sepa hablar", y los demás respondían. Turnarse para dirigir la bendición es la primera experiencia de un niño de rezar en voz alta por otros.
- Añadan una intención. Después de la bendición, que cada uno nombre a una persona por quien rezar: "y por la rodilla de la abuela". Toma unos segundos y enseña que la oración llega más allá de la mesa.
- Enséñeles también la acción de gracias. Es la oración por los difuntos más fácil que puede aprender un niño, y lo hace parte de toda la comunión de los santos.

Bendecir la mesa fuera de casa
¿Y en un restaurante, en un almuerzo de trabajo o en casa de unos amigos? No hay ninguna ley de la Iglesia que obligue a rezar una fórmula antes de cada comida, así que nadie peca por omitirla en público. Aun así, una señal de la cruz discreta sobre el plato, en un restaurante lleno, es una de las maneras más sencillas de dar testimonio de la fe. No se le predica a nadie. Un niño que ve a sus padres hacerlo fuera de casa aprende que la fe no es solo para la casa. Y más de un mesero o un desconocido se acerca, a veces, para pedir una oración.
Cuando sea invitado, siga lo que haga quien lo recibe, y si no se bendice la mesa, rece en silencio. Cuando a su mesa haya personas que no son católicas, basta una invitación sencilla: "Nosotros solemos bendecir la mesa; si quiere, acompáñenos". Y luego rece como siempre.

Los santos de la mesa
Podemos pedir la ayuda de los santos que dieron de comer a otros y supieron santificar la mesa:
- San José, que trabajó para poner pan en la mesa de Nazaret y se sentó a la comida familiar más bendita de la historia.
- Santa Marta, que recibió al Señor en su casa de Betania y lo atendió; patrona de las cocineras y de las amas de casa.
- San Cayetano, a quien Argentina y Chile invocan para que no falten el pan y el trabajo.
- San Isidro Labrador, el campesino de Madrid que rezaba mientras araba, por los que cultivan nuestros alimentos.
- San Martín de Porres, que daba de comer a los pobres de Lima en la portería de su convento.
- Santa Eduviges, la duquesa que se arrodillaba para servir la comida a trece pobres.
- San Benito Abad, cuyos monjes dieron a la Iglesia las bendiciones de la mesa que todavía rezamos.

Un orden sencillo para bendecir la mesa en casa
Si su familia nunca ha bendecido la mesa, o lo ha dejado de hacer, empiece así:
- Espere a que todos estén sentados y la comida esté servida.
- Todos hacen juntos la señal de la cruz.
- Quien dirige empieza "Bendícenos, Señor", y todos se unen.
- Si quiere, añada una intención: alguien enfermo, alguien de viaje, alguien que murió.
- Señal de la cruz. A comer.
- Al terminar, antes de que nadie se levante, recen la acción de gracias y hagan otra vez la señal de la cruz.
Es menos de un minuto al día, y suma toda una vida de gratitud. Para empezar y terminar el día de la misma manera, vea nuestras páginas de oración de la mañana y oración de la noche, y todas nuestras oraciones católicas.
Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos. Y que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la oración para bendecir los alimentos?
"Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos que por tu bondad vamos a recibir. Por Cristo nuestro Señor. Amén." Es la traducción de la bendición latina de la Iglesia, "Benedic, Domine, nos et haec tua dona". Se empieza y se termina con la señal de la cruz.
¿Qué se reza después de comer?
La acción de gracias: "Te damos gracias por todos tus beneficios, omnipotente Dios, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén." Los devocionarios antiguos añaden un Padre nuestro, un Avemaría y un Gloria, y muchas familias terminan pidiendo por los difuntos.
¿Cuál es una bendición de la mesa corta?
La más corta es la misma de siempre: "Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos. Amén", con la señal de la cruz. El devocionario carmelitano de 1899 trae otra muy breve para quien come solo: "Bendecid, Señor y Dios mío, este alimento que voy a tomar para mantenerme en vuestro servicio".
¿Cómo es la bendición de la mesa en latín?
"Benedic, Domine, nos et haec tua dona, quae de tua largitate sumus sumpturi. Per Christum Dominum nostrum. Amen." Y la acción de gracias: "Agimus tibi gratias, omnipotens Deus, pro universis beneficiis tuis: qui vivis et regnas in saecula saeculorum. Amen."
¿Quién debe bendecir la mesa?
Tradicionalmente el padre o la madre, o quien preside la mesa, y los demás responden "Amén". El padre Remigio Vilariño anotaba en 1923 que en algunas casas la dice "el niño más pequeño que sepa hablar". Si hay un sacerdote a la mesa, se le suele pedir que la bendiga.
¿Es pecado no bendecir la mesa?
No hay una ley de la Iglesia que obligue a rezar una fórmula antes de cada comida, así que omitirla no es pecado. Pero es una de las costumbres cristianas más antiguas, y una manera sencilla de no olvidar que todo lo que tenemos viene de Dios.
¿Se puede bendecir la mesa en un restaurante?
Sí. Basta con santiguarse y rezar en voz baja. No hace falta llamar la atención, pero tampoco esconder la fe; muchas personas descubren así que quienes las acompañan también rezan.
Fuentes
- Remigio Vilariño, S. J., El caballero cristiano: devocionario completo, 5.ª ed. (Bilbao: El Mensajero del Corazón de Jesús, 1923), "Bendición de la mesa" y "Acción de gracias", Internet Archive. Texto de la bendición y de la acción de gracias, y la nota sobre quién la dice (ortografía actualizada)
- Devocionario carmelitano, arreglado por un devoto carmelita (Madrid: Librería Católica de Gregorio del Amo, 1899), "Antes de la comida" y "Después de la comida", Internet Archive
- La Sagrada Biblia, traducida de la Vulgata latina al español por Félix Torres Amat (1823-1825), Internet Archive. Deuteronomio 8, 10; Salmo 144, 15-16; Mateo 14, 19; 1 Corintios 10, 31; 1 Timoteo 4, 4-5 (ortografía actualizada)
- Catholic Encyclopedia (1909): Grace at Meals. Clemente de Alejandría, Tertuliano, la oración del tratado atribuido a San Atanasio y el origen monástico de las fórmulas
- EWTN: Latin Prayers, Benedictiones Mensae (Blessings at Table)
- Penitenciaría Apostólica, Enchiridion Indulgentiarum, 4.ª ed., concesión 26 (Santa Sede, en latín)
- Ramón A. Laval, Oraciones, ensalmos i conjuros del pueblo chileno (Santiago de Chile: Imprenta Cervantes, 1910), Internet Archive. La costumbre chilena de poner a San Cayetano en la cocina para que nunca falte qué comer (ortografía actualizada)