Gloria al Padre

El Gloria al Padre es el breve himno de alabanza de la Iglesia a la Santísima Trinidad: "Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén." En latín se llama Gloria Patri. Lo rezamos al final de cada decena del Rosario y de cada salmo de la Liturgia de las Horas.
El Gloria al Padre es la oración más corta del Rosario y una de las más antiguas de la Iglesia. En dos líneas hace lo que, al final, hace toda oración cristiana: dar gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, un solo Dios, para siempre. Aquí tiene el Gloria al Padre completo en español y en latín, su historia, la forma que tuvo en la España visigoda y las maneras en que lo rezamos hoy.
La oración del Gloria al Padre
Este es el texto que rezan hoy los católicos de lengua española, tal como lo publica la Santa Sede en el apéndice de oraciones comunes del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005):
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Nuestros abuelos lo aprendieron casi igual. Un devocionario impreso en 1902, El alma con Dios, lo trae así en las oraciones al pie del altar: "Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén". La misma forma, con ese "y" antes de "por los siglos", aparece en el devocionario del jesuita Remigio Vilariño, de 1923, que se rezó en media España y en buena parte de América. Las dos maneras son correctas, y en cualquier parroquia se oyen las dos.
El Gloria al Padre en latín (Gloria Patri)
El latín es la forma de toda la Iglesia de Occidente, como la imprime el mismo Compendio:
Gloria Patri et Filio et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc et semper, et in saecula saeculorum. Amen.
"Por los siglos de los siglos" traduce in saecula saeculorum, una manera hebrea de decir "para siempre", que ya usa San Pablo. Por eso los devocionarios antiguos en español a veces lo llaman simplemente "el Gloria Patri": la colección de oraciones indulgenciadas impresa en Barcelona en 1860 dice siempre "tres Gloria Patri", "siete Gloria Patri", aunque el pueblo los rezaba en castellano.
Gloria al Padre y Gloria de la misa
En español decimos "el Gloria" para dos oraciones distintas, y conviene no confundirlas. Las dos son doxologías, palabra griega que significa "palabras de gloria". El Gloria al Padre es la doxología menor, la de esta página. El Gloria de la misa, que empieza con el canto de los ángeles en la noche de Belén, es la doxología mayor, un himno largo que se canta los domingos y en las fiestas. Cuando el Rosario dice "Gloria", se refiere siempre a la primera.
De dónde viene el Gloria al Padre
La alabanza de San Pablo y el mandato de Jesús
Terminar una oración alabando a Dios es más antiguo que la Iglesia. Adrian Fortescue, en el artículo de la Enciclopedia Católica de 1909, explica que la costumbre venía de la sinagoga, y San Pablo la usa sin cesar: "a quien es la gloria por los siglos de los siglos. Amén" (Gálatas 1, 5). Las doxologías cristianas más antiguas dan gloria al Padre por el Hijo en el Espíritu Santo.
La otra raíz está en el Evangelio. Antes de subir al cielo, Jesús envía a los apóstoles a bautizar "en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" (Mateo 28, 19). El Gloria al Padre toma ese mismo orden y nombra a las tres Personas una junto a otra, con la misma dignidad.

Una oración nacida de una defensa de la fe
En el siglo IV esas pequeñas palabras se volvieron un campo de batalla. Los arrianos, que negaban que el Hijo fuera igual al Padre, se apoyaban en las preposiciones antiguas: si damos gloria al Padre por el Hijo, decían, el Hijo es menor. San Basilio Magno salió en defensa de la fe en su libro Sobre el Espíritu Santo, y la forma que pone a las tres Personas en el mismo plano, "Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo", se hizo, en palabras de Fortescue, universal entre los católicos.
La segunda línea llegó después a Occidente. En el año 529, el sínodo de Vaison, en la Galia, mandó añadir "Como era en el principio", diciendo que así se rezaba en Roma, en Oriente y en África, como protesta contra el arrianismo. Fortescue señala que el sínodo se equivocaba en cuanto a Oriente: las Iglesias orientales nunca usaron esas palabras y terminan la doxología con "ahora y siempre y por los siglos de los siglos".
Y añade un detalle precioso. Hoy entendemos "como era en el principio" referido a la gloria. Pero parece que al principio se entendía referido al Hijo: "como Él era en el principio, así es ahora y así será para siempre". Era una clara alusión a la primera línea del Evangelio de San Juan, "En el principio era el Verbo", y por eso decía, contra los arrianos, que el Hijo es eterno como el Padre.

El Gloria en la España visigoda
España tuvo durante siglos su propio Gloria. Fortescue cuenta que la doxología que rezamos se usaba desde el siglo VII en todo el Occidente, "excepto en una esquina": la Iglesia hispana. En el rito mozárabe la fórmula era Gloria et honor Patri et Filio et Spiritui Sancto in saecula saeculorum, "Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos de los siglos". El IV Concilio de Toledo, en el año 633, mandó usar esa forma (canon 15). Aquel concilio lo presidió San Isidoro de Sevilla. La capilla mozárabe de la catedral de Toledo conserva hasta hoy ese rito.

El Trisagio de nuestros catecismos
En los catecismos que formaron la fe de América el Gloria se rezaba también dentro del Trisagio, el canto del "tres veces santo" de los serafines de Isaías. El catecismo del jesuita Jerónimo de Ripalda, en una edición impresa en Guatemala en 1826, lo trae así: "Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los Ejércitos: llena está la tierra de tu gloria. Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo. Amén". Muchas abuelas todavía lo rezan de memoria, con ese triple "gloria" que repite el nombre de cada Persona.
Cómo rezamos el Gloria al Padre
En el Rosario
Rezamos un Gloria al comenzar, después de las tres Avemarías, y otro al final de cada decena. San Juan Pablo II pidió darle un lugar especial: "La doxología trinitaria es la meta de la contemplación cristiana", escribió, y añadió que el Gloria, "culmen de la contemplación", debe ser "bien resaltado en el Rosario" y que en el rezo público "podría ser cantado" (Rosarium Virginis Mariae, 34). Vea cómo rezar el Rosario y el Santo Rosario de hoy.

Al final de cada salmo
En la Liturgia de las Horas, que rezan los sacerdotes, los religiosos y muchos laicos, cada salmo termina con el Gloria al Padre. Así los salmos de Israel se vuelven oración cristiana: el último verso da gloria a la Trinidad que los antiguos cantores aún no conocían. La Iglesia lo omite en los tres últimos días de la Semana Santa y en el Oficio de difuntos, porque es un canto de alegría.
Con la cabeza inclinada
Es una costumbre antigua inclinar la cabeza al decir "Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo". En el coro de los monasterios la inclinación es profunda, de la cintura. Fortescue cuenta que en algunos países, sobre todo en Alemania, la gente se santiguaba en esas palabras, porque las veía ante todo como una profesión de fe. Es un buen gesto para enseñar a los niños: el cuerpo también adora.

Los siete Gloria y los tres Gloria
Los devocionarios antiguos guardan dos prácticas sencillas que vale la pena recuperar. La colección de oraciones indulgenciadas que se imprimió en Barcelona en 1860, traducida de la edición romana, recoge la primera: rezar siete Gloria al Padre y un Ave María por la mañana, por la tarde y por la noche, en honor de la Santísima Trinidad. El papa Pío VI la aprobó en 1784 para grupos de tres personas que se ponían de acuerdo en rezarla, juntas o separadas, y que buscaban a otra cuando una de ellas moría, para que la unión de tres no se rompiera nunca.
La segunda es más breve: tres Gloria al Padre por la mañana, al mediodía y por la noche, "en acción de gracias a la santísima Trinidad por las gracias y privilegios especiales concedidos a María santísima, particularmente en su gloriosa Asunción al cielo". Pío VII la indulgenció en 1815. Aquellas indulgencias pertenecen al sistema antiguo, que la Iglesia reorganizó en 1968, pero las prácticas siguen siendo una manera muy sencilla de llenar el día de alabanza.

En cualquier momento
El Gloria es la oración más rápida para convertir un momento de gratitud en adoración: al recibir una buena noticia, al terminar un trabajo, al ver nacer a un hijo, al salir de un peligro. Muchos lo rezan también al final de otras oraciones, como cierre, y después del Gloria en el Rosario se añade la oración de Fátima, "Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados".

Qué decimos cuando rezamos el Gloria
El Gloria no pide nada. Es la única de las oraciones básicas que no contiene ninguna súplica: solo alabanza. En el Padre nuestro pedimos el pan y el perdón; en el Ave María pedimos a la Virgen que ruegue por nosotros; en el Gloria simplemente decimos a Dios que es digno de toda gloria, y que lo era antes de que existiéramos y lo será cuando el mundo pase. Es, por eso, un anticipo del cielo, donde ya no tendremos nada que pedir y solo nos quedará alabar.
Cada palabra cuenta. "Al Padre", que nos creó y nos ama como hijos. "Al Hijo", que se hizo hombre, murió y resucitó por nosotros. "Al Espíritu Santo", que vive en nuestra alma desde el bautismo. "Como era en el principio", porque Dios no empezó a ser glorioso cuando nosotros lo descubrimos. "Ahora", en este momento concreto, con todo lo que estamos viviendo. "Y siempre, por los siglos de los siglos", porque esta alabanza no tendrá fin.

Recémoslo ahora, despacio, inclinando la cabeza como lo ha hecho siempre la Iglesia: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Las demás oraciones del Rosario tienen su propia página: el Padre nuestro, el Ave María, el Credo y la Salve. Para los misterios de cada día, vea los misterios del Rosario. Todas las oraciones básicas, completas, están en oraciones católicas.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la oración del Gloria al Padre completa?
"Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén." Es el texto que publica la Santa Sede en el apéndice de oraciones del Compendio del Catecismo. Muchos devocionarios antiguos dicen "y por los siglos de los siglos"; las dos formas son correctas.
¿Cómo se reza el Gloria al Padre en latín?
Gloria Patri et Filio et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc et semper, et in saecula saeculorum. Amen.
¿El Gloria al Padre está en la Biblia?
No con estas palabras, pero su forma sí. San Pablo termina muchas veces sus frases con una alabanza: "a quien es la gloria por los siglos de los siglos. Amén" (Gálatas 1, 5). Y Jesús manda bautizar "en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" (Mateo 28, 19). El Gloria une las dos cosas: la alabanza y el nombre de las tres divinas Personas.
¿Es lo mismo el Gloria al Padre que el Gloria de la misa?
No. Las dos son doxologías, es decir, himnos de gloria a Dios. El Gloria al Padre es la doxología menor, de dos versos. El Gloria de la misa, que comienza con el canto de los ángeles en Belén ("Gloria a Dios en el cielo"), es la doxología mayor, un himno largo que se canta los domingos fuera de Adviento y Cuaresma y en las fiestas.
¿Por qué se inclina la cabeza en el Gloria al Padre?
Porque es un acto de adoración a la Santísima Trinidad. En el coro de los monasterios y al rezar el Rosario se inclina la cabeza al decir "Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo". La Enciclopedia Católica cuenta que en algunos países, sobre todo en Alemania, los fieles se santiguaban en esas palabras.
¿Cuándo no se dice el Gloria al Padre?
Por tradición, la Iglesia lo omite en los tres últimos días de la Semana Santa y en el Oficio de difuntos, porque es un canto de alegría. En el Oficio de difuntos, en su lugar se dice "Dales, Señor, el descanso eterno".
Fuentes
- Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), apéndice: Oraciones comunes (Gloria al Padre y Gloria Patri). texto actual en español y en latín
- Adrian Fortescue, Doxología, Enciclopedia Católica (traducción de la edición de 1909). el sínodo de Vaison (529), el IV Concilio de Toledo (633) y la forma mozárabe
- El alma con Dios: devocionario (Tournai: Desclée, Lefebvre y Cía., 1902), Internet Archive. texto antiguo del Gloria al Padre (dominio público)
- Remigio Vilariño, S. J., El caballero cristiano: devocionario completo, 5.ª ed. (Bilbao: El Mensajero del Corazón de Jesús, 1923), p. 15, Internet Archive
- Jerónimo de Ripalda, Catecismo y breve exposición de la doctrina cristiana (Guatemala, 1826), Internet Archive. el Trisagio con el triple \"Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo\"
- Colección de oraciones y obras piadosas por las cuales han concedido los Sumos Pontífices santas indulgencias, 13.ª edición romana, traducida del italiano por J. M. y Agustín Ferrer (Barcelona: Librería Religiosa, 1860), pp. 22-23, Internet Archive. los siete Gloria (1784) y los tres Gloria por la Asunción (1815)
- San Juan Pablo II, Rosarium Virginis Mariae (2002), n. 34: el Gloria