La Salve, oración a la Virgen

La Salve es la oración a la Virgen que comienza "Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra". Es la traducción de la antífona latina Salve Regina, compuesta hacia el siglo XI. La rezamos al final del Rosario y la Iglesia la canta al cerrar el día, en las Completas. Su autor no se conoce con certeza.
La Salve es la oración con la que miles de generaciones de católicos han terminado el día, el Rosario y muchas veces la vida: "Dios te salve, Reina y Madre de misericordia". Es la traducción española de la Salve Regina, una antífona latina del siglo XI, y en nuestros pueblos se ha rezado y cantado tanto que basta decir "la Salve" para que todos sepan de qué hablamos. Aquí tiene la oración completa en español y en latín, su sentido frase por frase y lo que se sabe de su historia, que en buena parte pasa por España y por el mar.
La Salve, oración completa
Este es el texto que rezamos hoy, tal como lo publica la Santa Sede en el apéndice de oraciones comunes del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005):
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh, clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
Al final del Rosario, quien dirige suele añadir el versículo, y todos responden:
V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
Esa respuesta es antigua entre nosotros. El catecismo del jesuita Jerónimo de Ripalda, que enseñó la doctrina en España y en toda la América española durante más de dos siglos, ya terminaba la Salve pidiendo a la Madre de Dios "que seamos dignos de los prometimientos de Jesu-Christo" (edición de Guatemala, 1826). A la pregunta "¿Qué oraciones decís a Nuestra Señora?", el niño del catecismo respondía: "El Ave María y la Salve". Así la aprendieron nuestros abuelos.

La Salve en latín
La antífona original, como la imprime el mismo Compendio, sin los acentos de lectura:
Salve, Regina, Mater misericordiae, vita, dulcedo et spes nostra, salve. Ad te clamamus, exsules filii Evae. Ad te suspiramus gementes et flentes in hac lacrimarum valle. Eia ergo, advocata nostra, illos tuos misericordes oculos ad nos converte. Et Iesum, benedictum fructum ventris tui, nobis, post hoc exsilium, ostende. O clemens, o pia, o dulcis Virgo Maria!
El texto tiene sus pequeñas capas de historia. La Enciclopedia Católica señala que la palabra Mater del primer verso no aparece en ninguna fuente antigua y se añadió en el siglo XVI, y que Virgo, en el último, data del siglo XIII. Por eso en algunos lugares todavía se canta "Salve, Regina misericordiae".
Qué significa la Salve, frase por frase
La oración avanza como un camino. Primero saluda, después se queja como un niño ante su madre, y al final pide una sola cosa.
- "Reina y Madre de misericordia": dos títulos juntos. Reina, porque es la Madre del Rey; Madre de misericordia, porque nos dio a Jesús, que es la misericordia de Dios hecha carne.
- "Vida, dulzura y esperanza nuestra": no decimos que María sea la fuente de la vida, que es Dios, sino lo que ella es para nosotros cuando nos acerca a su Hijo. Son palabras de amor, no de tratado.
- "Los desterrados hijos de Eva": somos los hijos de la primera madre, la que perdió el paraíso. María es la nueva Eva, y le hablamos desde lejos de casa.
- "En este valle de lágrimas": la Salve no esconde el dolor de esta vida. Lo pone delante de la Madre, tal como es.
- "Ea, pues, Señora, abogada nuestra": aquí cambia el tono. "Ea" es una palabra para animarse: ¡vamos! Llamamos a María abogada porque intercede por nosotros ante su Hijo.
- "Muéstranos a Jesús": esta es la única petición de toda la oración. No le pedimos nada para ella ni nada fuera de Cristo. Le pedimos que, al final del camino, nos lleve a ver a Jesús.
- "¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!": tres exclamaciones que en el canto gregoriano se alargan sobre muchas notas, como un suspiro.

¿Quién escribió la Salve?
Con sinceridad: no se sabe. Hay tres nombres principales, y ninguno está probado.
Hermann Contracto, el monje de Reichenau
La atribución más común, dice la Enciclopedia Católica, es a Hermann Contracto, es decir, "el Encogido" o "el Cojo". Nació en 1013, hijo de un conde de Suabia, con una discapacidad tan grave que apenas podía moverse sin ayuda. Sus padres lo confiaron de niño a la abadía de Reichenau, en el lago de Constanza, donde llegó a ser monje y uno de los hombres más sabios de su siglo: historiador, astrónomo, matemático, músico y poeta. Murió en 1054. A él se atribuye también la melodía gregoriana de la Salve. Es una tradición, no una firma, y así hay que leerla. Pero da gusto pensar que la oración del "valle de lágrimas" pudo salir de un hombre que conoció tanto el sufrimiento.


San Pedro de Mezonzo, obispo de Compostela
El liturgista medieval Guillermo Durando, en su Rationale, atribuyó la antífona a Pedro, obispo de Compostela, que murió hacia el año 1000. Es San Pedro de Mezonzo, obispo de Santiago en los años de las incursiones de Almanzor. En Galicia la tradición lo tiene por autor de la Salve con mucho cariño. Tampoco aquí hay un manuscrito que lo pruebe, y esta página trata la atribución como tradicional.

Adhémar, obispo de Le Puy
Una tercera tradición nombra a Adhémar, obispo de Le Puy, en Francia, legado del papa en la primera cruzada, y por eso la antífona se llamó a veces Antiphona de Podio, "antífona de Le Puy". Se dice que la compuso antes de partir, en 1096, como canto de guerra de los cruzados. La conclusión honesta es que la Salve es una obra anónima del siglo XI.
La leyenda de San Bernardo en Espira
La historia más conocida sobre la Salve es una leyenda, y las obras de referencia de la Iglesia la tratan como tal. La víspera de Navidad de 1146, San Bernardo de Claraval entró en la catedral de Espira, en Alemania, mientras se cantaba la antífona. Según una versión, se arrodilló tres veces al oír las palabras finales. Según la más difundida, fue él quien exclamó por primera vez "O clemens, O pia, O dulcis Virgo Maria", y así quedaron añadidas. Se pusieron placas en el pavimento para marcar sus pasos, y la catedral la cantó cada día "en honor de San Bernardo".

La Enciclopedia Católica da tres razones para dudar: el relato aparece en el siglo XVI, cuatrocientos años después; los compañeros del santo no lo mencionan; y la música de las palabras finales encaja tan bien con el resto que apunta a un solo autor. Lo cierto es que San Bernardo amó esta antífona y ayudó a difundirla. Esta página considera el episodio de Espira tradicional.
La Salve de los marineros de Colón
Pocas oraciones han viajado tanto. Los cistercienses la cantaban en procesión cada día desde 1218, los dominicos la llevaron a las Completas hacia 1221, y de los franciscanos pasó al Breviario romano. Las cofradías la cantaban al caer la tarde. Y los marineros la hicieron suya.
El diario del primer viaje de Cristóbal Colón, en el resumen de fray Bartolomé de las Casas, lo cuenta en la noche más importante de la travesía. El 11 de octubre de 1492, cuando el Almirante ya creía estar junto a tierra, "cuando dijeron la Salve, que la acostumbran decir é cantar á su manera todos los marineros y se hallan todos, rogó y amonestólos el Almirante que hiciesen buena guardia al castillo de proa, y mirasen bien por la tierra". Esa misma madrugada se vio la primera isla. Al volver, el 16 de febrero de 1493, el diario anota otra vez la hora de la oración: "Al decir la salve, ques á boca de noche, algunos vieron lumbre". La Salve marcaba el fin del día en el mar.

En la Casa de Contratación de Sevilla, desde donde se gobernaba la navegación a las Indias, Alejo Fernández pintó hacia 1531-1536 a la Virgen de los Navegantes, que extiende su manto sobre los hombres del mar mientras las naves esperan a sus pies. Es la Salve hecha pintura: la Madre de misericordia que vuelve sus ojos a los que van de camino.

Cuándo rezamos la Salve
Al final del Rosario
Después de la quinta decena, la Salve es la oración con la que casi todas nuestras familias cierran el Rosario, seguida del versículo "Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios". Vea cómo rezar el Rosario y el Santo Rosario de hoy.
Al terminar el día
La Salve es una de las cuatro antífonas a la Virgen que se cantan al final de las Completas, la oración de la noche de la Iglesia. Según las rúbricas que describe la Enciclopedia Católica, se cantaba desde la fiesta de la Santísima Trinidad hasta el Adviento; hoy es la antífona que más se oye al final de la oración de la noche fuera del tiempo pascual, cuando la reemplaza el Regina Caeli. Los cistercienses la cantan después de Completas cada noche desde 1483, salvo el Jueves y el Viernes Santo.

En las casas también era la oración de la noche. El Devocionario cotidiano de 1893 manda, para antes de acostarse: "Reza el Padre Nuestro, Ave María, Credo y Salve". Si busca oraciones para el final del día, vea la oración para dormir y la oración de la noche.

Después de la Misa y en cualquier momento
En 1884 el papa León XIII mandó rezar la Salve, con otras oraciones, al final de cada Misa rezada. Durante ochenta años se dijo de rodillas al pie del altar, y muchos mayores la saben de memoria por eso. Hoy, el Manual de las indulgencias (2004, concesión 17) concede indulgencia parcial a quien reza con piedad una oración aprobada a la Virgen, y nombra la Salve entre los ejemplos.

La Salve se aprende de niño y no se olvida. Recémosla ahora, despacio, pensando en esa única petición que lo resume todo: que después de este destierro nos muestre a Jesús.
Siga con las otras oraciones a la Virgen: el Ave María, Bendita sea tu pureza, el Ángelus y la oración a la Virgen María. Para conocer sus títulos, vea las advocaciones de la Virgen María, y para todas las oraciones básicas, oraciones católicas.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la oración de la Salve completa?
"Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh, clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!" Es el texto que publica la Santa Sede en el apéndice de oraciones del Compendio del Catecismo.
¿Quién escribió la Salve?
No se sabe con certeza. La atribución más común es a Hermann Contracto (1013-1054), un monje benedictino de Reichenau con una grave discapacidad. Guillermo Durando la atribuyó a Pedro, obispo de Compostela (San Pedro de Mezonzo, muerto hacia el año 1000), y otra tradición a Adhémar, obispo de Le Puy. Ninguna de estas atribuciones descansa en un manuscrito firmado.
¿Cuándo se reza la Salve?
Al final del Rosario, después de la quinta decena; al terminar el día, porque la Iglesia la canta en las Completas durante buena parte del año; y en cualquier momento en que queramos ponernos bajo el manto de la Virgen. Los viejos devocionarios la incluyen entre las oraciones de la noche.
¿Qué significa \"desterrados hijos de Eva\"?
Somos los descendientes de Adán y Eva, que perdieron el paraíso por el pecado. La Salve describe esta vida como un destierro, lejos de la patria verdadera, y le pide a María que, "después de este destierro", nos muestre a Jesús. No es una frase triste: es la oración de quien sabe adónde va.
¿La Salve tiene indulgencia?
Sí. El Manual de las indulgencias de la Penitenciaría Apostólica (edición de 2004, concesión 17) concede indulgencia parcial a quien reza con piedad una oración aprobada a la Virgen María, y nombra expresamente la Salve Regina entre los ejemplos.
¿Es cierto que San Bernardo añadió \"oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María\"?
Es una leyenda. Cuenta que San Bernardo de Claraval pronunció esas tres invocaciones en la catedral de Espira la víspera de Navidad de 1146. La Enciclopedia Católica la considera muy dudosa: el relato aparece apenas en el siglo XVI y ningún compañero del santo lo menciona.
Fuentes
- Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), apéndice: Oraciones comunes (Salve y Salve, Regina). texto actual de la Salve en español y en latín
- Jerónimo de Ripalda, Catecismo y breve exposición de la doctrina cristiana (Guatemala, 1826). la Salve del catecismo antiguo y la pregunta "¿Qué oraciones decís a Nuestra Señora?"
- Herbert Thurston, Salve Regina, Enciclopedia Católica (traducción de la edición de 1912). autores atribuidos, leyenda de Espira, cistercienses, dominicos, León XIII
- Martín Fernández de Navarrete, Colección de los viages y descubrimientos que hicieron por mar los españoles, tomo I (Madrid, 1825): diario del primer viaje de Colón. la Salve de los marineros el 11 de octubre de 1492 y el 16 de febrero de 1493
- Devocionario cotidiano para asistir al santo sacrificio de la misa (1893), oraciones por la noche
- Penitenciaría Apostólica, Enchiridion Indulgentiarum, 4.ª edición (2004), concesión 17