Novena a San Miguel Arcángel

Ilustración en estilo óleo de una familia arrodillada al atardecer ante una pequeña imagen de San Miguel, con una vela encendida y un devocionario abierto sobre una mesita

La novena a San Miguel Arcángel son nueve días de oración al príncipe de los ángeles para pedir su protección. Se reza sobre todo del 20 al 28 de septiembre, antes de su fiesta del 29. Damos completa la novena tradicional que se imprimía en México y Guatemala, sacada de las obras del jesuita Juan Eusebio Nieremberg: cada día honra a uno de los nueve coros de ángeles.

La novena a San Miguel Arcángel es la oración de quien sabe que hay una batalla. Durante nueve días pedimos al príncipe de los ejércitos del cielo que se ponga a nuestro lado, y se lo pedimos subiendo, día tras día, por los nueve coros de ángeles que él capitanea. La rezamos sobre todo del 20 al 28 de septiembre, para llegar preparados a su fiesta del 29 de septiembre, y también en cualquier momento del año en que necesitamos su defensa.

Aquí damos completa la novena tradicional en español, tal como la imprimió en 1913 un devocionario de Guatemala con licencia del Gobierno Eclesiástico. Es la misma que ya circulaba en México en 1807 "sacada de las obras del Padre Eusebio Nieremberg", el gran escritor jesuita del siglo XVII. Para conocer primero quién es San Miguel, lea nuestra página de San Miguel Arcángel.

Pintura barroca española de San Miguel con armadura azul y capa roja, la espada en alto y un yelmo con plumas, de pie sobre el cuerpo de Satanás que cae
Ignacio de Ries pintó a San Miguel en la década de 1640, con la espada en alto sobre Satanás que cae: así lo imaginamos al rezar esta novena. ⓘSaint Michael the Archangel

Antes de empezar

El librito de 1913 empieza con una advertencia que vale la pena seguir. En resumen, pide cuatro cosas:

  1. Confesarse y comulgar uno de los días de la novena, "con la mayor preparación y disposición que fuere posible".
  2. Otro día, por ejemplo el viernes que caiga dentro de la novena, ayunar o hacer alguna mortificación, dar limosna a un pobre, visitar enfermos o encarcelados, o hacer otra obra de caridad en honor de San Miguel.
  3. Cada día, proponerse alguna virtud de los ángeles, sobre todo "la pureza de cuerpo y alma, que es virtud propiamente angélica".
  4. Evitar con cuidado todo pecado, también el venial, y dedicar algún rato a la lectura espiritual.

Damos el texto con la ortografía de hoy (acentos en las mayúsculas, como Ángeles), sin cambiar las palabras. El trato de "vos" con que se habla a Dios y al arcángel es el del original y el de los devocionarios de entonces.

Oraciones de todos los días

Al comenzar

"Puesto de rodillas ante algún altar o imagen de San Miguel Arcángel", dice el librito, ofreciendo a Dios las oraciones, palabras y pensamientos "a mayor gloria suya, honra de la Virgen María y reverencia de San Miguel Arcángel y de todos los Ángeles y Santos del Cielo", se hace la señal de la cruz y se reza el acto de contrición. El librito solo da sus primeras palabras, "Señor mío Jesucristo", porque todos lo sabían de memoria. Es el de los catecismos de lengua española:

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

La oración del día

Luego se reza la oración del coro de ángeles que corresponde a ese día (más abajo, "Los nueve días").

Nueve padrenuestros y avemarías

"Aquí se rezará nueve veces el Padrenuestro y Avemaría, en honra de los nueve Coros de los Ángeles y de su Príncipe San Miguel Arcángel". Después se reza esta oración "para obligar más al Santo":

¡Gloriosísimo Príncipe de la Corte del Cielo y excelentísimo San Miguel Arcángel, grande y primer Ministro de Dios, amigo de Jesucristo y muy favorecido de su Santísima Madre, defensor de la Iglesia y abogado de los hombres! Pues tanto favorecéis a vuestros devotos, haced que yo os sepa amar y servir, alcanzadme del Señor lo que deseo y pido en esta Novena, a mayor honra y gloria suya y provecho de mi alma.

"Aquí, con la mayor confianza y devoción que se pudiere, pedirá cada uno al Santo Arcángel la gracia o favor que desea alcanzar en la Novena."

Oración para terminar cada día

¡Omnipotente y Sempiterno Dios, que por tu suma clemencia elegiste para la salud de los hombres al gloriosísimo Príncipe de tu Iglesia, San Miguel Arcángel! Concédenos que por su intercesión y eficaz auxilio merezcamos ahora ser defendidos de todos nuestros enemigos y en la hora de nuestra muerte seamos libres y presentados benignamente ante el trono de tu Majestad excelsa. Amén.

Es una antigua oración latina a San Miguel, la misma que recoge el Raccolta al final de la coronilla angélica, y el devocionario mexicano de 1807 ya la daba en castellano.

Ilustración en estilo óleo de una abuela que dirige la novena con un librito gastado ante un altar de casa con una imagen de San Miguel, mientras sus nietos rezan de rodillas
Ilustración en estilo óleo de una abuela que dirige la novena a San Miguel ante el altar de su casa, con sus nietos de rodillas.

Los nueve días

El librito explica que cada día "se ha de hacer y decir lo mismo que en el primero, variando sólo la Oración del Coro angélico, que le corresponde cada día". La novena sube desde los ángeles de la guarda, los más cercanos a nosotros, hasta los serafines, los más cercanos a Dios.

Primer día: los Ángeles

¡Dios y Señor de los Ángeles, a quienes encomendáis la guarda de los hombres! Ofrézcoos los merecimientos de estos soberanos Espíritus y los del Príncipe de los Ángeles, San Miguel, que por sí y por medio de sus Ministros guarda el linaje humano, para que me guardéis de todo pecado, me concedáis una pureza angélica y otorguéis lo que pido en esta Novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.

Segundo día: los Arcángeles

¡Dios y Señor de los Arcángeles, a quienes encomendáis los negocios gravísimos de vuestra Gloria! Ofrézcoos los merecimientos de estos nobilísimos Espíritus y los de San Miguel Arcángel, que defendió vuestra honra y gloria contra Lucifer y sus Ángeles, para que yo busque en todas las cosas vuestra mayor gloria y me deis lo que pido en esta Novena. Amén.

Tercer día: los Principados

¡Dios y Señor de los Principados, a quienes encomendáis la guarda de los Reinos! Ofrézcoos los merecimientos de estos excelentísimos Espíritus y los del Príncipe de la Milicia Celestial, San Miguel, Guarda mayor de todos los reinos cristianos, para que guardéis la república de mis sentidos y potencias de todo desorden y desobediencia a vuestras leyes divinas y me concedáis lo que pido en esta Novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.

Cuarto día: las Potestades

¡Dios y Señor de las Potestades, que tienen especial poder para refrenar los demonios! Ofrézcoos los merecimientos de estos poderosísimos Espíritus y los de vuestro siervo San Miguel Arcángel, que alcanzó de los demonios la mayor victoria y con la misma felicidad pelea continuamente contra ellos en favor de los hombres, para que me defendáis de todas las tentaciones del mundo, del demonio y de la carne y me deis lo que pido en esta Novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.

Tabla medieval de un ángel con aureola y túnica blanca de cuello bordado en oro, con alas rojas y azules, sobre un fondo azul oscuro
Guariento pintó hacia 1350, para una capilla de Padua, una serie de tablas con los coros del ejército celestial; este es uno de sus ángeles. ⓘGuariento di Arpo, Angel, from the chapel of the Palazzo Carrara, Padua

Quinto día: las Virtudes

¡Dios y Señor de las Virtudes, por las cuales hacéis milagros propios de vuestro soberano poder, gobernando la naturaleza para que os sirva a vuestra gloria! Ofrézcoos los merecimientos de estos prodigiosos Espíritus y los de San Miguel, principal instrumento de todas las maravillas que se hacen en el mundo, para que me concedáis que, vencidas las malas inclinaciones de mi corrompida naturaleza, conserve y aumente vuestra gracia y consiga lo que pido en esta Novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.

Sexto día: las Dominaciones

¡Dios y Señor de las Dominaciones, que presiden a los Coros inferiores y son Ministros de vuestra Providencia! Ofrézcoos los merecimientos de estos eminentísimos Espíritus y los de vuestro primer Ministro San Miguel, Prepósito del Paraíso, para que me concedáis perfecto señorío sobre mis pasiones y perfecta obediencia a todos mis superiores y la gracia que pido en esta Novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.

Séptimo día: los Tronos

¡Dios y Señor de los Tronos, en quien descansáis como en Trono de vuestra gloria y os sentáis como en Tribunal de Justicia! Ofrézcoos los merecimientos de estos altísimos Espíritus y los de San Miguel Arcángel, Trono de vuestra grandeza y Ministro supremo de vuestra Justicia, para que me concedáis que yo me juzgue a mí mismo con rigor, para ser después juzgado con piedad, y consiga lo que pido en esta Novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.

Tabla medieval de San Miguel con túnica blanca y alas rojas, que sostiene una lanza y una balanza con una pequeña alma en un platillo mientras un diablo negro tira del otro
Guariento pintó también a San Miguel pesando un alma en su balanza mientras un diablillo negro tira en vano del otro platillo: es el juez que recuerda el séptimo día. ⓘGuariento di Arpo, The Archangel Michael weighing a soul

Octavo día: los Querubines

¡Dios y Señor de los Querubines, que están adornados de perfectísima sabiduría! Ofrézcoos los merecimientos de estos sapientísimos Espíritus y los de San Miguel, Príncipe de los sabios del Cielo, por quien enseñáis a vuestra Iglesia las verdades que necesita saber, para que me enseñéis a temeros y amaros, que es la mayor sabiduría, y me concedáis lo que pido en esta Novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.

Noveno día: los Serafines

¡Dios y Señor de los Serafines, que se abrasan en vuestro amor! Ofrézcoos los merecimientos de estos ardentísimos Espíritus y los de vuestro amado y amante San Miguel, para que yo os ame a Vos, único Dios y Señor mío, sobre todas las cosas, con toda el alma, con todo el corazón y con todas las fuerzas, y para que me concedáis lo que pido en esta Novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.

Ilustración en estilo grabado de los nueve coros de ángeles dispuestos en círculos de luz alrededor del trono de Dios, con San Miguel armado en primer plano
Ilustración en estilo grabado de los nueve coros de ángeles en círculos de luz alrededor del trono de Dios, con San Miguel en primer plano.

Oración final

El librito pone después del noveno día esta larga oración de acción de gracias. Es hermosa para rezarla el último día de la novena, o el mismo día de la fiesta:

¡Oh soberano Arcángel! ¡Oh excelentísimo Príncipe de la Corte del Cielo! ¿Quién no os será muy devoto desde hoy, si así favorecéis a vuestros devotos? ¿Quién no os servirá con mucho cuidado, si de esta manera pagáis los servicios que os hacen? Mas para que yo os ame, basta saber el amor que me tenéis, al que no puedo corresponder con igual amor; para que os sirva no es necesario prometerme nuevos favores: con los pasados me tenéis más obligado de lo que podré jamás pagar ni reconocer. Pero ya que no puedo con obras responder a tantas mercedes, recibid palabras y afectos. Gracias os doy, ¡oh excelso y sublime Espíritu!, porque defendisteis la honra y gloria de mi Señor Jesucristo y por todos los servicios que en toda la vida le hicisteis a Él y a su Santísima Madre. Gracias os doy por el Ángel que habéis destinado para mi guarda y por los otros beneficios generales y particulares que por Vos mismo o por medio de vuestros Ángeles me habéis hecho, los cuales no conozco bastantemente en esta vida, ni los puedo agradecer; y por eso pido y suplico al Ángel de mi guarda que en mi nombre os los agradezca, y juntamente los que habéis hecho a todo el linaje humano y principalmente a la Santa Iglesia, de que yo soy miembro. Gózome de todos los privilegios, gracias, prerrogativas, dignidades y dones naturales y sobrenaturales con que el Señor os ha honrado y enriquecido, y doy al Señor eternas gracias por ellos, porque así quiso exaltaros y haceros su privado y favorecido entre todos los Ángeles. Defendedme, ¡oh valerosísimo Capitán de los ejércitos de Dios! Enviad en mi socorro vuestros soldados, para que me defiendan de los demonios y no me rinda a sus combates y tentaciones. Mandad a vuestros Ángeles que me guíen para que no ande en el error, que me alumbren para que no camine ciego y que pongan sus manos para que no tropiecen mis pies en el camino peligroso de esta vida. Asistid con vuestros Ángeles a mi muerte y alcanzadme del Señor contrición verdadera de mis culpas, para que, presentada mi alma ante vuestro Tribunal, merezca ser presentada por vuestras manos ante el Trono de la Santísima Trinidad y entrar en la posesión de la gloria, donde alabe al Señor para siempre y os dé perpetuas gracias de haber conseguido con vuestra intercesión la Bienaventuranza. Amén.

Gozos a San Miguel Arcángel

Los gozos son coplas populares que se cantan o se recitan al final de muchas novenas en España y en América. El librito de 1913 trae estos, que recorren la historia de San Miguel según la Escritura y la tradición: la caída de Lucifer, el paraíso perdido, el desierto, el huerto de los Olivos, la balanza del juicio.

Pues en la Corte del Cielo gozáis tan altos blasones, dad a nuestros corazones, Arcángel Miguel, consuelo.

De la escuadra celestial sois el primer coronel, que al atrevido Luzbel venciste en guerra campal, echando al fuego infernal su rabia y furioso anhelo; dad a nuestros corazones, Arcángel Miguel, consuelo.

Vos al hombre desterraste que profanó el Paraíso, bien que con piadoso aviso su enmienda solicitaste, pues con piedad le enseñaste a llevar con pan su duelo; dad a nuestros corazones, Arcángel Miguel, consuelo.

Vos al pueblo de Israel sacaste libre a buen puerto, y guiaste en el desierto, porque a Dios sirviese fiel, dándote por pan aquel maná, que bajó del Cielo; dad a nuestros corazones, Arcángel Miguel, consuelo.

De la escuadra de María fuiste el Cabo principal, y Embajador especial de quien Cristo se valía, cuando a su Madre quería consolar acá en el suelo; dad a nuestros corazones, Arcángel Miguel, consuelo.

Cuando Cristo en oración estaba en el Huerto triste, Vos del Cielo le trajiste el consuelo en su aflicción, dando alivio en la ocasión de su mayor desconsuelo; dad a nuestros corazones, Arcángel Miguel, consuelo.

Mucho aprecio en el juicio de Dios tu virtud alcanza, pues te fía la balanza para hacer de Juez oficio, pesando virtud y vicio del grande y del pequeñuelo; dad a nuestros corazones, Arcángel Miguel, consuelo.

Las empresas más gloriosas fía Dios a tu destreza, y emplea tu fortaleza en las más dificultosas: haces obras tan pasmosas que admiran la tierra y Cielo; dad a nuestros corazones, Arcángel Miguel, consuelo.

Abogado y Protector de la Iglesia Militante, cuidas siempre vigilante de darla auxilio y favor; y cuando el riesgo es mayor, tanto es mayor tu desvelo; dad a nuestros corazones, Arcángel Miguel, consuelo.

Dad, pues, Arcángel glorioso, aliento a nuestra esperanza, pues tenéis tanta privanza con el Todopoderoso; venga a todos presuroso vuestro favor en un vuelo; dad a nuestros corazones, Arcángel Miguel, consuelo.

Algunas estrofas recogen tradiciones piadosas más que hechos de la Escritura, como la de que fue San Miguel quien consoló a Cristo en Getsemaní (el Evangelio de San Lucas habla solo de "un ángel"). Las cantamos como lo que son: poesía de devoción.

La oración de León XIII

El librito termina con la oración que el papa León XIII mandó rezar al final de la misa rezada, en la versión española de entonces:

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la pelea y sé nuestro amparo contra la maldad y las asechanzas del demonio; hágale oír Dios su voz imperiosa, como rendidamente te lo suplicamos, y tú, ¡oh príncipe de la milicia celestial!, precipita en el infierno a Satanás y a todos los espíritus malignos que para perdición de las almas andan por el mundo. Amén.

Y añade una jaculatoria: "Corazón Sacratísimo de Jesús, tened misericordia de nosotros". La historia de esta oración, con su texto latino, está en nuestra página Oración a San Miguel Arcángel.

Pintura de Perugino de un joven San Miguel con armadura de acero oscuro y alas recogidas, apoyado en un alto escudo y mirando hacia abajo, con un paisaje detrás
Perugino pintó hacia 1499 a San Miguel como un joven caballero que descansa sobre su escudo, tranquilo porque la batalla ya está ganada. ⓘThe Archangel Michael, panel from the Certosa di Pavia altarpiece

De dónde viene esta novena

El devocionario mexicano de 1807 dice en su portada que la novena está "sacada de las obras del Padre Eusebio Nieremberg". Juan Eusebio Nieremberg (1595-1658) fue un jesuita de Madrid, hijo de padres alemanes, y uno de los autores espirituales más leídos del Siglo de Oro. Su libro De la diferencia entre lo temporal y eterno se tradujo a muchas lenguas, y escribió también sobre los ángeles de la guarda y sobre San Miguel.

Dibujo a tinta de un jesuita del siglo XVII que escribe a la luz de una vela en una celda sencilla, con libros apilados y un cuadro de San Miguel en la pared
Dibujo a tinta de un jesuita del siglo XVII que escribe de noche en su celda, bajo un cuadro de San Miguel.

La edición de 1807, impresa en la Ciudad de México por la oficina de doña María Fernández de Jáuregui, trae ya las oraciones de los nueve coros con las mismas palabras que la de Guatemala de 1913, con un acto de contrición propio y unos ejemplos de devotos de San Miguel. Un siglo más tarde, la edición guatemalteca, aprobada por el Gobierno Eclesiástico de Santiago de Guatemala el 2 de agosto de 1913, añadió los gozos y la oración de León XIII. Así viajaban las devociones por la América española: de un autor del Siglo de Oro a los libritos de bolsillo que rezaban las familias, de generación en generación.

Cuándo rezar la novena

Del 20 al 28 de septiembre

La forma más común termina la víspera de la fiesta de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, el 29 de septiembre. Para eso se empieza el 20 de septiembre. Si se prefiere que el último día caiga en la fiesta, se empieza el 21. Después de la novena, si podemos, vayamos a misa el día 29 a dar gracias.

Ilustración en acuarela de un grupo de feligreses que rezan juntos al anochecer ante un altar lateral de San Miguel en una iglesia de piedra
Ilustración en acuarela de un grupo de feligreses que rezan juntos la novena al anochecer ante el altar de San Miguel.

La cuaresma de San Miguel

La novena de septiembre es la última parte de una devoción más antigua y exigente. San Francisco de Asís guardaba cada año un ayuno de cuarenta días desde la Asunción, el 15 de agosto, hasta la fiesta de San Miguel. San Buenaventura cuenta en su Vida de San Francisco que en 1224, mientras guardaba esta cuaresma en el monte Alverna, Francisco recibió los estigmas. El devocionario de 1807 recuerda también la "Quaresma de Señor San Miguel" que ayunaba cada año un obispo devoto. Muchos fieles la guardan todavía, y la novena forma sus últimos nueve días.

Alrededor del 8 de mayo

La Iglesia celebró durante siglos, el 8 de mayo, la aparición de San Miguel en el monte Gargano, en el sur de Italia. El relato es tradicional: hacia el año 490, un pastor disparó una flecha contra un toro que se había metido en una cueva del monte, la flecha se volvió contra él, y el obispo de Siponto, después de tres días de oración y ayuno, supo en una visión que San Miguel quería aquella cueva para sí. Una novena del 29 de abril al 7 de mayo termina la víspera de ese día.

Fresco medieval de tres pastores en una ladera rocosa; el de rojo retrocede herido por su propia flecha, mientras la cabeza de un toro asoma desde una cueva
Un fresco del siglo XIV en la Santa Croce de Florencia cuenta la historia del Gargano: el arquero herido por su propia flecha y el toro en la boca de la cueva. ⓘMaster of the Velluti Chapel, The apparition of St. Michael on Monte Gargano (detail)
Fachada gótica de piedra blanca del santuario de Monte Sant'Angelo, con dos arcos apuntados, rosetones y una estatua de San Miguel en un nicho bajo el frontón
El santuario de San Miguel en Monte Sant'Angelo se levanta sobre la cueva donde, según la tradición, se apareció el arcángel. ⓘ

En cualquier momento

El Raccolta de 1910 recoge que el papa Pío IX, el 26 de noviembre de 1876, concedió una indulgencia a la "novena de San Miguel", que podía hacerse "en cualquier época del año" y con cualquier forma de oraciones aprobada por la autoridad eclesiástica. Aquellas concesiones se revisaron después de la reforma de las indulgencias de 1967, pero la idea sigue en pie: no hace falta esperar a septiembre. Empiece la novena cuando llegue una prueba, una enfermedad o una tentación que no logra vencer.

Por qué pedimos ayuda a San Miguel

La Escritura nombra a Miguel como defensor del pueblo de Dios. El profeta Daniel lo llama "el gran príncipe" que vela por los hijos de su pueblo (Daniel 12,1). La carta de San Judas lo muestra disputando con el diablo por el cuerpo de Moisés (Judas 9). Y el Apocalipsis cuenta la gran batalla en el cielo, en la que Miguel y sus ángeles lucharon contra el dragón, "la antigua serpiente", y lo arrojaron fuera (Apocalipsis 12,7-9).

La Iglesia le ha confiado además otra tarea: acompañar a los que mueren. Por eso la novena pide una y otra vez que nos asista "en la hora de nuestra muerte" y que presente nuestra alma "ante el Trono de la Santísima Trinidad". Y por eso los pintores lo muestran con la balanza del juicio.

No rezamos a San Miguel como si tuviera poder propio. Es una criatura, y su nombre es una pregunta: Mi-ka-El, "¿Quién como Dios?". Le pedimos que luche por nosotros porque él luchó primero por Dios, y la victoria es de Cristo.

Otras oraciones y páginas

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla y llévanos a la presencia de Dios.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se empieza la novena a San Miguel Arcángel?

Para terminarla la víspera de su fiesta, se empieza el 20 de septiembre y se acaba el 28. Si se quiere que el noveno día caiga en la fiesta, el 29 de septiembre, se empieza el 21. También puede rezarse en cualquier época del año, cuando se necesita su ayuda: el papa Pío IX concedió en 1876 una indulgencia a la novena a San Miguel hecha en cualquier tiempo.

¿Cómo se reza la novena a San Miguel Arcángel?

Cada día se empieza con la señal de la cruz y el acto de contrición. Se reza la oración del coro de ángeles que toca ese día, nueve padrenuestros y nueve avemarías, la oración "Gloriosísimo Príncipe de la Corte del Cielo", se pide la gracia que se desea y se termina con la oración "Omnipotente y sempiterno Dios". El último día se añade la oración final y, si se quiere, los gozos.

¿Por qué cada día de la novena está dedicado a un coro de ángeles?

Porque la tradición de la Iglesia, desde el escrito del Pseudo Dionisio sobre la jerarquía celeste, distingue nueve coros de ángeles: ángeles, arcángeles, principados, potestades, virtudes, dominaciones, tronos, querubines y serafines. La novena sube cada día un peldaño, desde los ángeles de la guarda hasta los serafines que arden en el amor de Dios, siempre en compañía de San Miguel, su príncipe.

¿Es lo mismo la novena que la coronilla de San Miguel?

No exactamente. La coronilla es una sola oración con cuentas, con nueve saludos, uno por cada coro de ángeles, y muchas personas la rezan entera durante nueve días. La novena de esta página tiene una oración distinta para cada día y viene de otra tradición, la del padre Nieremberg.

¿Qué pasa si me salto un día de la novena?

Nada malo. La novena es una oración perseverante, no una fórmula que deja de valer si se interrumpe. Retome el día que le faltó y siga adelante con confianza. Lo que Dios mira es el corazón.

¿Qué se le pide a San Miguel en la novena?

Cualquier necesidad, pero sobre todo protección: contra la tentación y las asechanzas del demonio, por la familia, por quienes están en peligro, como policías, soldados o enfermos graves, y por una buena muerte. Las oraciones de la Iglesia piden a San Miguel que nos defienda en la vida y que presente nuestra alma ante Dios al final.

Fuentes

  1. Novena a San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia Celestial (Guatemala: Tipografía Sánchez & De Guise, 1913), con licencia eclesiástica del 2 de agosto de 1913, Biblioteca Ludwig von Mises, Universidad Francisco Marroquín, Internet Archive. Texto de la novena publicado en esta página (dominio público), cotejado con las imágenes de las páginas
  2. Juan Eusebio Nieremberg, Devoción y novena al señor San Miguel arcángel, sacada de las obras del Padre Eusebio Nieremberg (México: Oficina de doña María Fernández de Jáuregui, 1807), John Carter Brown Library, Internet Archive. La misma novena, con las mismas oraciones de los coros, en una edición mexicana de 1807
  3. Ambrose St. John, trad., The Raccolta (Londres: Burns & Oates, 1910), nn. 289-293, Internet Archive. La indulgencia de Pío IX (26 de noviembre de 1876) para una novena a San Miguel en cualquier época del año
  4. San Buenaventura, The Life of Saint Francis, trad. E. Gurney Salter (Londres: J. M. Dent, 1904), Internet Archive. La cuaresma de San Miguel que guardaba San Francisco de Asís
  5. Frederick Holweck, "St. Michael the Archangel", Catholic Encyclopedia (1911)