Magníficat

Ilustración en estilo óleo de la joven Virgen María y la anciana Isabel que se abrazan a la puerta de una casa de piedra en las montañas de Judea

El Magníficat es el cántico de María, la alabanza que la Virgen pronunció al visitar a su pariente Isabel (Lucas 1, 46-55). Empieza "Mi alma glorifica al Señor", en latín Magnificat anima mea Dominum. La Iglesia lo canta cada tarde en Vísperas, y sus versos recogen el cántico de Ana, la madre de Samuel.

El Magníficat es el cántico de María, la oración que la Virgen pronunció en una casa de las montañas de Judea y que la Iglesia canta cada tarde, desde hace siglos, en monasterios, catedrales y cocinas de todo el mundo. Aquí tiene el Magníficat completo en español y en latín, y después de dónde viene, qué dice y cómo rezarlo.

La oración del Magníficat

Este es el texto de San Lucas (Lucas 1, 46-55) en la traducción de Félix Torres Amat, la Biblia católica española publicada en Madrid en 1823. Solo hemos actualizado la ortografía:

Entonces María dijo: Mi alma glorifica al Señor; y mi espíritu está transportado de gozo en el Dios salvador mío; porque ha puesto los ojos en la bajeza de su esclava: por tanto ya desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Porque ha hecho en mí cosas grandes aquel que es todopoderoso, cuyo nombre es santo; y cuya misericordia se derrama de generación en generación sobre los que le temen. Hizo alarde del poder de su brazo: deshizo las miras del corazón de los soberbios. Derribó del solio a los poderosos, y ensalzó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos, y a los ricos los despidió sin nada. Acordándose de su misericordia, acogió a Israel su siervo; según la promesa que hizo a nuestros padres, a Abrahán y a su descendencia por los siglos de los siglos.

Cuando el Magníficat se reza en Vísperas, la Iglesia lo termina con el Gloria: "Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén."

El Magníficat en latín

Este es el texto latino de la Vulgata, el que se canta en gregoriano y en casi todas las grandes obras musicales:

Magnificat anima mea Dominum: et exsultavit spiritus meus in Deo salutari meo. Quia respexit humilitatem ancillae suae: ecce enim ex hoc beatam me dicent omnes generationes, quia fecit mihi magna qui potens est: et sanctum nomen ejus, et misericordia ejus a progenie in progenies timentibus eum. Fecit potentiam in brachio suo: dispersit superbos mente cordis sui. Deposuit potentes de sede, et exaltavit humiles. Esurientes implevit bonis: et divites dimisit inanes. Suscepit Israel puerum suum, recordatus misericordiae suae: sicut locutus est ad patres nostros, Abraham et semini ejus in saecula.

Otras traducciones que usted encontrará

Si reza la Liturgia de las Horas, conoce el Magníficat por otras palabras: "Proclama mi alma la grandeza del Señor". Es la traducción litúrgica aprobada por los obispos de habla hispana, y por eso no la reproducimos entera aquí; está en cualquier libro de Vísperas. Otras Biblias dicen "Mi alma engrandece al Señor". Todas traducen el mismo latín y el mismo griego, y cualquiera de ellas es buena para rezar.

La Virgen María, con manto azul oscuro, de pie mientras la anciana Isabel, vestida de dorado, se arrodilla y le toma las manos, con dos mujeres que miran bajo un arco clásico
Domenico Ghirlandaio pintó la Visitación en 1491 para una capilla de Florencia: Isabel se arrodilla para recibir a la Madre de su Señor, un instante antes de que María cante el Magníficat. ⓘThe Visitation

De dónde viene el Magníficat

San Lucas cuenta la escena. Después del anuncio del ángel Gabriel, María se puso en camino hacia las montañas de Judea para visitar a su pariente Isabel, que esperaba un hijo en su vejez. Al oír el saludo de María, el niño saltó en el vientre de Isabel, y ella, llena del Espíritu Santo, exclamó las palabras que repetimos en cada Ave María. En la versión de Torres Amat: "Bendita tú eres entre todas las mujeres; y bendito es el fruto de tu vientre". Y añadió: "¿De dónde a mí tanto bien, que venga la madre de mi Señor a visitarme?"

María respondió con el Magníficat. Luego, dice el evangelista, "detúvose María con Isabel cosa de tres meses, y después se volvió a su casa". El niño que esperaba Isabel era San Juan Bautista, y su padre Zacarías cantaría poco después su propio cántico, el Benedictus. La Enciclopedia Católica llama a estos dos cantos, junto con el Nunc dimittis de Simeón, los tres cánticos evangélicos.

La Visitación es el segundo de los misterios gozosos del rosario. Cada vez que lo contemplamos, estamos a las puertas del Magníficat.

¿Lo dijo María o lo dijo Isabel?

Hacia 1900 algunos estudiosos propusieron que el cántico era de Isabel, porque tres códices latinos antiguos dicen Et ait Elisabeth, "e Isabel dijo". La Enciclopedia Católica responde que el testimonio de los códices y de los Padres de la Iglesia favorece de forma casi unánime la lectura "y María dijo". La Iglesia siempre lo ha rezado como el cántico de la Virgen.

Ilustración en estilo óleo de una joven embarazada que llega de visita a la casa de su tía anciana, que la recibe con los brazos abiertos en el patio
El Magníficat empezó con una visita: una joven embarazada llega a casa de una pariente anciana, que la recibe con alegría.

Qué dice el Magníficat

El cántico tiene dos movimientos. Benedicto XVI dedicó al Magníficat su audiencia del 15 de febrero de 2006 y describió la primera parte (versículos 46-50) como "una especie de voz solista que se eleva hacia el cielo para llegar hasta el Señor". Todo está en primera persona: mi alma, mi espíritu, mi salvador, cosas grandes hechas "en mí". María alaba a Dios por lo que ha obrado en ella, y anuncia que todas las generaciones la llamarán bienaventurada. La Iglesia cumple esa profecía cada vez que la honramos.

La segunda parte (versículos 51-55) se abre a todo el pueblo. El papa señaló que el original griego de San Lucas tiene "siete verbos en aoristo", siete acciones de Dios en la historia: muestra la fuerza de su brazo, dispersa a los soberbios, derriba a los poderosos, enaltece a los humildes, colma de bienes a los hambrientos, despide vacíos a los ricos y auxilia a Israel. En esas siete acciones, dijo, el Señor de la historia "se pone de parte de los últimos". El cántico termina donde empezó la historia de la salvación, en la promesa a Abrahán.

Una palabra sobre "la bajeza de su esclava". La Enciclopedia Católica explica que el término latino humilitas indica aquí la condición pobre y pequeña de María, no tanto la virtud de la humildad que ella se atribuiría a sí misma. Benedicto XVI dice lo mismo con la palabra griega tapeinosis: una situación concreta de humildad y pobreza.

El Catecismo (n. 2619) lo reúne todo en una frase: el cántico de María es "a la vez el cántico de la Madre de Dios y el de la Iglesia", un cántico "de acción de gracias por la plenitud de gracias", y el cántico de los "pobres" cuya esperanza ha sido colmada.

María de azul e Isabel de rojo con velo blanco se saludan en un camino entre jardines, cada una con una mano sobre el vientre de la otra, con un castillo y el campo al fondo
Rogier van der Weyden pintó hacia 1435-1440 esta Visitación: las dos futuras madres se saludan en un camino flamenco y cada una toca el vientre de la otra. ⓘThe Visitation

Con el alma de María

Benedicto XVI terminó aquella audiencia citando a San Ambrosio: "Cada uno debe tener el alma de María para proclamar la grandeza del Señor, cada uno debe tener el espíritu de María para alegrarse en Dios". Ambrosio añade que, aunque según la carne Cristo tiene una sola madre, "según la fe todas las almas engendran a Cristo, pues cada una acoge en sí al Verbo de Dios". Por eso el Magníficat no es solo un recuerdo: cuando lo rezamos, lo hacemos nuestro.

El cántico de Ana y los ecos del Antiguo Testamento

María no inventó sus palabras de la nada. Cantó con las Escrituras que había rezado toda su vida, y el modelo más cercano es el cántico de Ana. Ana era la esposa estéril de Elcaná, que pidió a Dios un hijo en el santuario de Silo. Cuando nació Samuel, lo llevó al sacerdote Elí para que sirviera al Señor, y oró. En la Biblia de Torres Amat (donde el primer libro de Samuel se llama primer libro de los Reyes) se lee:

Levanta del polvo al mendigo, y del estiércol ensalza al pobre, para que se siente entre los príncipes, y ocupe un trono de gloria.

Y unos versículos antes: "los que se hallaban acosados de la hambre han sido plenamente saciados". Puestos al lado del Magníficat, los dos cánticos se parecen mucho: el corazón que se alegra, el Dios que salva, los soberbios abatidos, el pobre levantado, el hambriento saciado. Ana termina mirando hacia el rey y el "Cristo", el ungido del Señor. María canta como la madre de ese Cristo.

Una madre arrodillada con vestido rojo presenta a un niño pequeño vestido de blanco a un sacerdote anciano sentado a una mesa, mientras su esposo está de pie detrás
Gerbrand van den Eeckhout pintó hacia 1660 a Ana presentando al niño Samuel al sacerdote Elí, el momento que celebra su cántico. ⓘThe Infant Samuel Brought by Hannah to Eli

Hay más ecos. El profeta Habacuc dice, en la misma traducción: "Yo empero me regocijaré en el Señor, y saltaré de gozo en Dios Jesús mío" (Habacuc 3, 18), muy cerca del "mi espíritu está transportado de gozo en el Dios salvador mío". La Enciclopedia Católica concluye que el Magníficat es "la corona del cántico del Antiguo Testamento", el último cántico del Antiguo y el primero del Nuevo.

El Magníficat en Vísperas

La Iglesia ha dado al cántico de María el lugar de honor en su oración de la tarde. En la Liturgia de las Horas llega en el momento culminante de Vísperas, después de los salmos y la lectura breve, y antes de las preces y el Padre Nuestro. Los tres cánticos del Evangelio se cantan cada día: el Benedictus de Zacarías en Laudes por la mañana, el Magníficat en Vísperas por la tarde y el Nunc dimittis de Simeón en Completas, antes de dormir.

¿Por qué en la tarde? El liturgista medieval Guillermo Durando dio seis razones, y la Enciclopedia Católica recoge la primera: el mundo fue salvado en su anochecer por el sí de María al plan de Dios. No siempre fue así. El testimonio más antiguo de su uso litúrgico, la Regla de San Cesáreo de Arlés (escrita antes del año 502), lo pone en Laudes, y las Iglesias bizantinas lo siguen cantando por la mañana. El Catecismo le da también su nombre griego, Megalinárion.

Ilustración en estilo grabado de un coro de monjas de pie en sus sitiales, cantando el Magníficat en Vísperas mientras el sacerdote inciensa el altar
En las Vísperas solemnes todo el coro se pone de pie para el Magníficat, mientras el sacerdote inciensa el altar.

En las Vísperas solemnes el cántico tiene su propia ceremonia. Todos se ponen de pie. Al decir la primera palabra se hace la señal de la cruz. Mientras el coro canta, el sacerdote inciensa el altar, y por eso el Magníficat se canta más despacio que los salmos. Cada tarde lo acompaña una antífona que cambia con la fiesta o el tiempo litúrgico, así que el mismo cántico toma el color del Adviento, de la Pascua o de la fiesta de un santo. En los últimos días antes de Navidad, del 17 al 23 de diciembre, esas antífonas son las famosas "antífonas de la O".

No hace falta un coro ni un breviario para unirse. El Enchiridion Indulgentiarum de 2004 concede indulgencia parcial a quien reza con devoción el Magníficat.

El Magníficat en la música y en el arte

Ningún himno de la liturgia se ha puesto en música tantas veces. La Enciclopedia Católica cuenta que Palestrina publicó dos versiones para cada uno de los ocho modos del canto, que en Múnich se conservan cincuenta de Orlando di Lasso, y que César Franck terminó sesenta y tres de las cien que había proyectado. Claudio Monteverdi incluyó dos Magníficat en sus Vísperas de la Virgen de 1610, y Juan Sebastián Bach escribió el suyo para Leipzig en 1723. En el canto gregoriano cada uno de los ocho tonos tiene su melodía, de modo que un monasterio puede cantarlo con una música distinta cada día de la semana.

Pintura redonda de la Virgen María que escribe en un libro sostenido por ángeles jóvenes, con el Niño Jesús en su regazo y dos ángeles que sostienen una corona sobre su cabeza
El Magníficat de Botticelli, pintado en 1483, muestra a María escribiendo las palabras de su cántico en un libro que sostienen los ángeles, mientras el Niño guía su mano. ⓘMadonna of the Magnificat

Los pintores han amado la Visitación porque es la escena que precede al cántico. Fra Angelico la situó en una ladera sobre un lago brillante. Botticelli fue más lejos y pintó a María escribiendo el Magníficat.

María e Isabel se abrazan a la puerta de una casa de piedra rosada en una ladera, mientras una mujer sube la cuesta detrás y un lago brilla a lo lejos
En esta pequeña tabla de la predela de la Anunciación de Cortona, pintada en la década de 1430, Fra Angelico muestra el abrazo de María e Isabel a la puerta de la casa de Zacarías. ⓘThe Visitation, predella of the Cortona Annunciation

La tradición sitúa la casa de Isabel en Ein Karem, una aldea al oeste de Jerusalén. En el patio de la iglesia franciscana de la Visitación, el Magníficat está escrito en azulejos en decenas de lenguas, el español entre ellas, para que cada peregrino encuentre el cántico de María en su propio idioma. La Iglesia celebra la fiesta de la Visitación el 31 de mayo, al cerrar el mes de María.

Cómo rezar el Magníficat

La forma más sencilla es unirse a la Iglesia al final del día. Muchas familias y muchas personas solas lo rezan cada tarde, de pie, con la señal de la cruz en las primeras palabras y el Gloria al final. Otros lo rezan después de comulgar, como acción de gracias, porque en ese momento también nosotros llevamos a Cristo dentro, como María en su viaje a casa de Isabel.

Ilustración en acuarela de una mujer arrodillada en un banco de una parroquia latinoamericana, con los ojos cerrados en acción de gracias después de comulgar
Después de comulgar, el Magníficat es una buena acción de gracias: también nosotros llevamos a Cristo dentro, como María.

Es también la oración propia de las buenas noticias: un nacimiento, una curación, un examen aprobado, un trabajo encontrado, una oración escuchada. Pone el mérito donde María lo puso: "ha hecho en mí cosas grandes aquel que es todopoderoso". Algunos lo rezan al terminar el rosario, después de la Salve, y otros lo aprenden en latín para cantarlo con la melodía gregoriana.

Dibujo a tinta de una familia de pie alrededor de la mesa de la cocina, rezando juntos la oración de la tarde a la luz de una lámpara
Una familia reza junta la oración de la tarde: el Magníficat cabe en cualquier cocina.

Recémoslo esta noche con ella: "Mi alma glorifica al Señor". Para conocer más oraciones a la Virgen, vea el Ángelus, la oración a la Virgen María y nuestra guía de oraciones católicas.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el Magníficat?

Es el cántico de alabanza que la Virgen María pronunció cuando visitó a su pariente Isabel, y que San Lucas recoge en su Evangelio (Lucas 1, 46-55). Su nombre viene de su primera palabra en latín, Magnificat, "engrandece" o "glorifica". También se le llama cántico de María, y la Iglesia lo reza cada tarde en Vísperas.

¿Cuál es la oración del Magníficat completa?

En la traducción católica de Félix Torres Amat empieza así: "Mi alma glorifica al Señor; y mi espíritu está transportado de gozo en el Dios salvador mío", y anuncia que "me llamarán bienaventurada todas las generaciones". El texto completo, en español y en latín, está al comienzo de esta página.

¿Es lo mismo \"Proclama mi alma la grandeza del Señor\"?

Sí. Así comienza el Magníficat en la Liturgia de las Horas en español, la versión que se canta hoy en Vísperas en parroquias y conventos. Otras Biblias dicen "Mi alma engrandece al Señor" o "Mi alma glorifica al Señor". Todas traducen los mismos versículos de San Lucas.

¿Cuándo se reza el Magníficat?

Cada tarde, en Vísperas, la oración de la tarde de la Liturgia de las Horas, justo antes de las preces y el Padre Nuestro. Muchos fieles lo rezan también después de comulgar, al terminar el rosario o cuando reciben una gracia, porque es un cántico de acción de gracias.

¿Qué relación tiene el Magníficat con el cántico de Ana?

Ana, la madre del profeta Samuel, cantó un himno de acción de gracias cuando presentó a su hijo en el santuario de Silo (1 Samuel 2, 1-10). El cántico de María lo sigue de cerca: las dos se alegran en el Dios que salva, que abate a los soberbios, levanta al pobre y sacia al hambriento.

¿Hay indulgencia por rezar el Magníficat?

Sí. El Enchiridion Indulgentiarum de 2004, el manual oficial de las indulgencias, concede indulgencia parcial al fiel que reza con devoción el Magníficat.

Fuentes

  1. Félix Torres Amat, La Sagrada Biblia, Tomo I del Nuevo Testamento (Madrid, 1823), Lucas 1, Internet Archive
  2. Félix Torres Amat, La Sagrada Biblia traducida de la Vulgata latina al español (1884), 1 Reyes 2 y Habacuc 3, Internet Archive
  3. Enciclopedia Católica (traducción de la Catholic Encyclopedia de 1910): Magnificat
  4. Benedicto XVI, Audiencia general del 15 de febrero de 2006: Magníficat
  5. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2617-2619: la oración de la Virgen María
  6. Penitenciaría Apostólica, Enchiridion Indulgentiarum, 4.ª ed. (2004), concesión 17