Oración a la Virgen María

Una oración a la Virgen María es una súplica a la Madre de Jesús para que interceda por nosotros ante su Hijo. Las más queridas son el Ave María, el "Bajo tu amparo", que es la oración mariana más antigua que se conoce, el "Acordaos", el "¡Oh Señora mía!" y la Salve. Aquí están completas, de fuentes antiguas, con su historia.
Una oración a la Virgen María es, ante todo, lo que hace un hijo cuando acude a su madre: le cuenta lo que le pasa y le pide que hable por él con Jesús. La Iglesia nos ha dejado muchas maneras de hacerlo, unas antiquísimas, otras nacidas en nuestros pueblos. Aquí tiene completas las oraciones a la Virgen María más queridas por los católicos de habla hispana, tomadas de devocionarios antiguos, con la historia de cada una y una palabra sobre cuándo rezarlas.
Por qué rezamos a la Virgen María
María no es una diosa ni compite con su Hijo. Es la primera discípula, la que dijo "hágase" y la que estuvo al pie de la cruz, donde Jesús nos la dio por Madre: "He ahí a tu madre" (Juan 19, 27). Por eso le rezamos como se le pide a una madre que interceda.
El Catecismo de la Iglesia Católica describe la oración a María con un doble movimiento. Por un lado "engrandece" al Señor por las maravillas que hizo en su humilde esclava; por otro, "confía a la Madre de Jesús las súplicas y alabanzas de los hijos de Dios" (n. 2675). Y añade: "Podemos orar con ella y orarle a ella. La oración de la Iglesia está como apoyada en la oración de María" (n. 2679). Toda oración a la Virgen termina en Jesús.

El Ave María
La primera oración a la Virgen es la que la Iglesia aprendió del ángel Gabriel y de Santa Isabel:
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Su texto en latín, su sentido frase por frase y su historia están en la página del Ave María. Rezado diez veces, mientras meditamos un misterio de la vida de Cristo, forma cada decena del Rosario.
Bajo tu amparo: la oración más antigua a la Virgen
Así la trae el devocionario del jesuita Remigio Vilariño, impreso en Bilbao en 1923, al final del Rosario:
Bajo tu amparo nos ponemos, Santa Madre de Dios; no desprecies nuestras plegarias en las necesidades, sino líbranos siempre de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita.
Hoy es más común esta otra traducción, la que publicó la Santa Sede en 2018: "Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, ¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!". Las dos traducen el mismo texto latino:
Sub tuum praesidium confugimus, sancta Dei Genetrix; nostras deprecationes ne despicias in necessitatibus, sed a periculis cunctis libera nos semper, Virgo gloriosa et benedicta.
Un papiro de Egipto
El Bajo tu amparo nació en griego, en Egipto. Su texto más antiguo está en un pequeño papiro que la John Rylands Library de Mánchester compró en 1917 y publicó en 1938. Su fecha se discute: muchos estudiosos lo sitúan en el siglo III o en el IV, y algunos lo creen bastante posterior. Aun así, es la oración a María más antigua que conocemos fuera de la Biblia, y ya la llama Theotokos, "Madre de Dios", el título que el Concilio de Éfeso defendería en el año 431. Desde muy pronto los cristianos, en medio de peligros reales, se refugiaban bajo el manto de la Madre.


La Iglesia la sigue rezando en todas sus tradiciones: los coptos, los bizantinos y el rito latino, que la reza en las Completas, la oración de la noche. En octubre de 2018 el papa Francisco pidió a todos los fieles terminar el Rosario cada día con el Bajo tu amparo y con la oración a San Miguel. El comunicado de la Santa Sede recordaba que los místicos rusos y los grandes santos de todas las tradiciones aconsejaban, en momentos de turbulencia espiritual, protegerse bajo el manto de la santa Madre de Dios con esta invocación.
El Acordaos
Es la oración de las causas difíciles. Este es el texto del devocionario de Vilariño (1923):
Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que uno solo de cuantos han acudido a vuestra protección e implorado vuestro socorro, haya sido desamparado. Yo pecador, animado con tal confianza, acudo a vos, oh Madre Virgen de las vírgenes, a vos vengo, delante de vos me presento gimiendo. No queráis, oh Madre del Verbo, despreciar mis palabras; antes bien, oídlas benignamente y cumplidlas. Amén.
Muchos la rezan tuteando a la Virgen ("Acuérdate, oh piadosísima Virgen María..."); las dos formas son buenas.
San Bernardo y el "pobre sacerdote"
Casi todos los devocionarios la llaman "Oración de San Bernardo", y Vilariño también. La New Catholic Encyclopedia explica que eso es casi seguro un error: el texto solo puede rastrearse hasta el siglo XV, trescientos años después de San Bernardo de Claraval, como parte de una oración latina más larga. Quien la hizo famosa fue otro Bernardo: Claude Bernard (1588-1641), un sacerdote de París a quien llamaban "el pobre sacerdote", que pasó la vida entre los pobres, los enfermos y los condenados a muerte, y les enseñaba esta oración. Probablemente de ahí viene la confusión de nombres.
La colección de oraciones indulgenciadas impresa en Barcelona en 1860 cuenta que el papa Pío IX la indulgenció en 1846, primero para Francia, a petición del arzobispo de Lyon, y meses después "a perpetuidad" para todos los fieles del mundo. Hoy sigue teniendo indulgencia parcial.

¡Oh Señora mía! Consagración a la Virgen
Muchos la aprendimos en el catecismo y la seguimos rezando de mayores, por la mañana y por la noche. Así la trae Vilariño entre las oraciones "al levantarse":
¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía! Yo me entrego del todo a vos. Y, en prueba de mi filial afecto, os consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo vuestro, ¡oh Madre de piedad!, guardadme y defendedme como cosa y posesión vuestra.
Y añade: "Tres Avemarías". La colección de 1860 trae el original latino, O Domina mea! O Mater mea!, y cuenta que Pío IX lo indulgenció en 1851, a petición del superior general de la Compañía de Jesús, para pedir la ayuda de la Virgen en las tentaciones, sobre todo contra la castidad. Para una entrega más completa, vea la consagración a la Virgen.

Bendita sea tu pureza
Esta copla anónima la sabe de memoria medio mundo hispano. Así la imprime un Devocionario carmelitano de Madrid (1899):
Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A ti, celestial Princesa, Virgen sagrada María, yo te ofrezco en este día alma, vida y corazón. Mírame con compasión; no me dejes, Madre mía, hasta morir en tu amor.
Vea su historia en Bendita sea tu pureza.

María, Madre de gracia
Es una jaculatoria latina muy antigua, breve como un suspiro, que el Manual de las indulgencias de la Iglesia cita entre las oraciones aprobadas a la Virgen:
Maria, Mater gratiae, Mater misericordiae, tu me ab hoste protege et mortis hora suscipe.
En español (traducción nuestra): "María, Madre de gracia, Madre de misericordia, defiéndeme del enemigo y recíbeme en la hora de la muerte".
La Salve, el Ángelus y el Magníficat
Otras tres oraciones a la Virgen tienen su propia página, con el texto completo:
- La Salve, "Dios te salve, Reina y Madre de misericordia", con que terminamos el Rosario y la Iglesia cierra el día.
- El Ángelus, que recuerda la Encarnación por la mañana, al mediodía y por la tarde (en tiempo de Pascua, el Regina caeli).
- El Magníficat, el cántico de la misma Virgen en casa de Santa Isabel, que es su propia oración.
El Manual de las indulgencias (4.ª edición, 2004) concede indulgencia parcial a quien reza con devoción el Magníficat, el Ángelus o el Regina caeli, o alguna oración aprobada a la Virgen: el Acordaos, la Salve, el Bajo tu amparo, "María, Madre de gracia". Y pide a cada conferencia episcopal añadir las oraciones marianas más queridas en su tierra. Las nuestras son muchas.
Oración a la Virgen María en cada necesidad
No hacen falta palabras especiales para cada problema. Las oraciones de esta página sirven para todos, y basta añadir con sencillez lo que necesitamos. Aun así, la tradición tiene sus preferencias:
- En un peligro o una angustia repentina: el Bajo tu amparo, que cabe en un suspiro.
- En una causa difícil o desesperada: el Acordaos, y si hace falta, varias veces seguidas. Vea también la oración para pedir un milagro.
- Por los hijos y la familia: el ¡Oh Señora mía!, ofreciéndole a cada uno por su nombre. Vea la oración por los hijos y la oración por la familia.
- Por un enfermo: el Rosario o algunas decenas junto a su cama; vea la oración por los enfermos.
- En la hora de la muerte: el Ave María, que lo pide expresamente: "ahora y en la hora de nuestra muerte".
Muchas advocaciones tienen además sus propias oraciones, como la oración a la Virgen de Guadalupe o la de la Medalla Milagrosa. Vea todas en las advocaciones de la Virgen María.

Una oración del Pastor Lyvers a la Virgen María
Esta oración no es antigua. La escribió para este sitio el Pastor Lyvers, para quien quiera rezar a la Virgen con palabras sencillas:
Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra: tú que guardabas todo en tu corazón, guarda hoy en el tuyo lo que yo no sé decir. Tú que viste que faltaba el vino en Caná, mira lo que falta en mi casa y en mi alma, y dile a tu Hijo, como entonces, lo que necesitamos. Tú que estuviste de pie junto a la cruz, quédate junto a los que sufren y no nos dejes solos en nuestra hora. Llévanos a Jesús, Madre, y enséñanos a hacer lo que Él nos diga. Amén.
Cómo empezar a rezarle a la Virgen
Si hace tiempo que no reza, empiece por poco y sea fiel. Un Ave María al despertar y tres por la noche, la vieja costumbre de las tres Avemarías, ya es una vida de oración mariana. Después puede añadir el ¡Oh Señora mía! por la mañana y el Bajo tu amparo antes de salir de casa. Y cuando pueda, una decena del Rosario, o el Rosario entero: vea el Santo Rosario de hoy.
La Virgen no necesita palabras bonitas. Zurbarán la pintó niña, rezando con la costura en el regazo: así, en medio del trabajo de cada día, se aprende a rezar con ella.

Recemos ahora juntos la más antigua: Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios. Para más oraciones, vea oraciones católicas.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la oración más antigua a la Virgen María?
El "Bajo tu amparo" (en latín, Sub tuum praesidium). Se conserva en griego en un papiro egipcio de la John Rylands Library de Mánchester, publicado en 1938. Su fecha se discute: muchos estudiosos lo sitúan en los siglos III o IV, y algunos lo creen posterior. Aun así, es la oración a María más antigua que conocemos fuera de la Escritura, y ya llama a María "Madre de Dios".
¿Qué oración le puedo rezar a la Virgen María en un momento difícil?
El Acordaos es la oración clásica de los momentos de angustia: recuerda a la Virgen que "jamás se ha oído decir" que alguien que acudió a ella fuera abandonado. El Bajo tu amparo es breve y se puede decir en cualquier lugar. Y el Ave María, repetido despacio, basta cuando no salen otras palabras.
¿Es cierto que San Bernardo escribió el Acordaos?
Casi seguro que no. Se lo atribuye la tradición, pero la New Catholic Encyclopedia explica que el texto solo puede rastrearse hasta el siglo XV, trescientos años después de su muerte, como parte de una oración latina más larga. Quien lo difundió fue un sacerdote francés del siglo XVII llamado Claude Bernard, y probablemente de ahí viene la confusión de nombres.
¿Por qué los católicos rezamos a la Virgen María?
Porque es la Madre de Jesús y Madre nuestra, y pedimos su intercesión como pediríamos a una madre que rece por nosotros. No la adoramos: la adoración es solo para Dios. El Catecismo enseña que podemos "orar con ella y orarle a ella", porque "la oración de la Iglesia está como apoyada en la oración de María" (CEC 2679).
¿Cuál es la oración \"¡Oh Señora mía, oh Madre mía!\"?
Es una breve consagración a la Virgen que muchos aprendieron de niños: "¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía! Yo me entrego del todo a vos...". Se reza por la mañana y por la noche, a menudo seguida de tres Avemarías. El papa Pío IX la enriqueció con indulgencias en 1851, a petición del superior general de los jesuitas.
¿Rezar a la Virgen María tiene indulgencia?
Sí. El Manual de las indulgencias de la Iglesia (4.ª edición, 2004) concede indulgencia parcial a quien reza con devoción el Magníficat, el Ángelus o el Regina caeli, o alguna oración aprobada a la Virgen, como el Acordaos, la Salve o el Bajo tu amparo. El Rosario rezado en familia, en una iglesia o en comunidad puede ganar indulgencia plenaria con las condiciones habituales.
Fuentes
- Remigio Vilariño, S. J., El caballero cristiano: devocionario completo, 5.ª ed. (Bilbao: El Mensajero del Corazón de Jesús, 1923), pp. 9-12 y 70-71, Internet Archive. textos del ¡Oh Señora mía!, el Acordaos y el Bajo tu amparo publicados en esta página (dominio público)
- Devocionario carmelitano, arreglado por un devoto carmelita (Madrid: Librería Católica de Gregorio del Amo, 1899), pp. 49-51, Internet Archive. texto de Bendita sea tu pureza
- Colección de oraciones y obras piadosas por las cuales han concedido los Sumos Pontífices santas indulgencias, 13.ª edición romana, traducida del italiano por J. M. y Agustín Ferrer (Barcelona: Librería Religiosa, 1860), pp. 236-239, Internet Archive. indulgencias del Acordaos (1846) y del ¡Oh Señora mía! (1851)
- Penitenciaría Apostólica, Enchiridion indulgentiarum, 4.ª ed. (2004), concesión 17: oraciones a la Santísima Virgen María
- Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2673-2679: la oración en comunión con la santa Madre de Dios
- New Catholic Encyclopedia: Memorare (Encyclopedia.com). el origen del Acordaos en el siglo XV y el P. Claude Bernard
- Roger Pearse, Theotokos: a review of the scholarship on the paleographical date of P.Ryl. III 470 (2023). resumen de la discusión sobre la fecha del papiro del Bajo tu amparo
- Oficina de Prensa de la Santa Sede, Comunicado del 29 de septiembre de 2018 (el Sub tuum praesidium al final del Rosario)