Misterios gozosos

Los misterios gozosos son las cinco decenas del Rosario que contemplan la Encarnación y la infancia de Jesús: la Anunciación, la Visitación, el Nacimiento, la Presentación en el templo y el Niño perdido y hallado en el templo. Siguiendo a San Juan Pablo II en Rosarium Virginis Mariae (2002), los rezamos los lunes y sábados.
Los misterios gozosos nos llevan al principio de todo: a una joven de Nazaret, a una visita en la montaña, a un Niño en un pesebre y a un muchacho de doce años perdido tres días en Jerusalén. Los cinco salen de los dos primeros capítulos de San Lucas. Al rezarlos, la Virgen nos toma de la mano y nos hace entrar en los años escondidos de su Hijo. San Juan Pablo II lo dijo así: María "nos ayuda a aprender el secreto de la alegría cristiana".
¿Está empezando con el rosario? Puede comenzar con nuestra guía cómo rezar el Rosario. Los demás grupos son los misterios luminosos, los misterios dolorosos y los misterios gloriosos, y todos están reunidos en la página de los misterios del Rosario. Si solo quiere saber qué misterios tocan hoy, vea el Santo Rosario de hoy.
Cuándo se rezan los misterios gozosos
Rezamos los misterios gozosos los lunes y los sábados. Esta distribución viene de la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, que San Juan Pablo II publicó el 16 de octubre de 2002. Hasta entonces, "según la praxis corriente", los misterios gozosos ocupaban el lunes y el jueves. Al proponer los nuevos misterios luminosos, el Papa necesitaba un día libre para ellos, y sugirió llevar al sábado la segunda meditación de los gozosos, porque "el sábado es tradicionalmente un día de marcado carácter mariano" y en estos cinco misterios "la presencia de María es más destacada" (n. 38). El jueves quedó para los misterios de luz.
El mismo Papa añadió que esta indicación "no pretende limitar una conveniente libertad en la meditación personal y comunitaria". Nada impide, entonces, rezar los misterios gozosos durante todo el Adviento y el tiempo de Navidad, en la novena de Navidad o en las Posadas, o en la fiesta de la Anunciación, caiga en el día que caiga. La guía del Rosario de la Santa Sede repite el mismo plan: gozosos el lunes y el sábado.
Cómo rezar cada decena
En cada misterio lo anunciamos ("Primer misterio gozoso: la Encarnación del Hijo de Dios"), hacemos una breve pausa y rezamos un Padre Nuestro, diez Avemarías y un Gloria. Muchos añaden la oración de Fátima y, en México y otros países, una jaculatoria como "María, Madre de gracia, Madre de piedad y misericordia, en la vida y en la muerte ampáranos, gran Señora".
San Juan Pablo II recomendó que al anuncio del misterio siga la lectura del pasaje bíblico correspondiente, porque "otras palabras nunca tienen la eficacia de la palabra inspirada", y después un breve silencio antes de la oración vocal (nn. 30 y 31). Esta página sigue ese orden: el Evangelio en la traducción clásica de Félix Torres Amat, obispo de Astorga, publicada en 1823 (con la ortografía actualizada), una meditación breve y el fruto del misterio.
Los frutos son las gracias que pedimos en cada decena. Ningún documento de la Iglesia los fija; vienen de la práctica devota de siglos. San Luis María Grignion de Montfort enseñaba a ofrecer cada decena por la virtud que más brilla en ese misterio, empezando por una profunda humildad en la Anunciación, y viejos devocionarios como el de Charles V. Lacey (1926) señalan una virtud para cada decena. Donde las dos tradiciones no coinciden, damos ambas.
Primer misterio gozoso: la Anunciación
Y habiendo entrado el ángel a donde ella estaba, le dijo: Dios te salve, ¡oh llena de gracia!, el Señor es contigo: bendita tú eres entre todas las mujeres... Mas el ángel le dijo: ¡Oh María!, no temas, porque has hallado gracia en los ojos de Dios: sábete que has de concebir en tu seno, y parirás un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús... Entonces dijo María: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. (Lucas 1, 28.30-31.38)
Quedémonos en silencio en la casita de Nazaret. El ángel Gabriel trae una noticia que nadie habría podido imaginar, y una muchacha, turbada y pensativa, hace una sola pregunta sincera y luego entrega a Dios toda su vida. En ese momento el Verbo se hizo carne en su seno. Cada Avemaría que rezamos empieza con el saludo del ángel. Pidamos a Nuestra Señora que nos enseñe su "sí", para que cuando Dios nos pida algo respondamos como ella: hágase en mí según tu palabra.
Fruto del misterio: la humildad.

Los peregrinos que llegan a Nazaret rezan este misterio en el lugar donde la tradición lo sitúa, la gruta que se conserva bajo la Basílica de la Anunciación. Una inscripción latina en su altar dice Verbum caro hic factum est: "Aquí el Verbo se hizo carne".

Segundo misterio gozoso: la Visitación
Y habiendo entrado en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. Lo mismo fue oír Isabel la salutación de María, que la criatura, o el niño Juan, dio saltos de placer en su vientre; e Isabel se sintió llena del Espíritu Santo; y exclamando en alta voz, dijo a María: Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre. (Lucas 1, 40-42)
María no se queda en casa guardando su secreto. Sale "apresuradamente" a las montañas de Judea para ayudar a su prima Isabel, que ya está en el sexto mes. Jesús, escondido en el seno de su madre, va con ella, y el pequeño San Juan Bautista salta de alegría antes de nacer. El grito de Isabel nos da la segunda parte del Avemaría, y María responde con el Magníficat. Pidamos un corazón como el suyo, atento a quien nos necesita y contento de llevarle a Cristo, muchas veces con solo estar ahí.
Fruto del misterio: la caridad con el prójimo.

Tercer misterio gozoso: el Nacimiento del Hijo de Dios
Y parió a su Hijo primogénito, y envolviole en pañales, y recostole en un pesebre: porque no hubo lugar para ellos en el mesón... Díjoles entonces el ángel: No tenéis que temer; pues vengo a daros una nueva de grandísimo gozo para todo el pueblo: y es, que hoy os ha nacido en la ciudad de David el Salvador, que es el Cristo o Mesías, el Señor nuestro. (Lucas 2, 7.10-11)
El Hijo de Dios nace donde comen los animales, porque no hubo lugar en ninguna otra parte. María y San José no tienen nada que darle fuera de su amor, y los primeros visitantes son unos pastores que todavía huelen a campo. Dios escogió la pobreza a propósito. Arrodillémonos con ellos ante el pesebre y soltemos, en el corazón, lo que apretamos más que a él. Después, simplemente adoremos: "Gloria a Dios en lo más alto de los cielos, y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad" (Lucas 2, 14).
Fruto del misterio: el desprendimiento de las cosas del mundo, o la pobreza de espíritu.

En nuestras casas este misterio tiene un rostro muy concreto: el nacimiento que armamos cada diciembre, con su musgo, sus pastores y su pesebre vacío hasta la Nochebuena. Rezar la tercera decena ante él, con los niños, es una de las mejores maneras de enseñarles qué celebramos.

Cuarto misterio gozoso: la Presentación del Niño Jesús en el templo
Cumplido asimismo el tiempo de la purificación de la madre, según la Ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén, para presentarle al Señor... Tomándole Simeón en sus brazos, bendijo a Dios, diciendo: Ahora, Señor, ahora sí que sacas en paz de este mundo a tu siervo, según tu promesa. Porque ya mis ojos han visto al Salvador que nos has dado... Simeón bendijo a entrambos, y dijo a María su madre: Mira, este niño que ves, está destinado para ruina, y para resurrección de muchos en Israel; y para ser el blanco de la contradicción de los hombres: lo que será para ti misma una espada que traspasará tu alma, a fin de que sean descubiertos los pensamientos ocultos en los corazones de muchos. (Lucas 2, 22.28-30.34-35)
A los cuarenta días de su nacimiento, María y José llevan a Jesús al templo y cumplen la Ley al pie de la letra, con la ofrenda de los pobres: un par de tórtolas. El anciano Simeón, que había esperado toda su vida, toma al Niño en brazos y canta su cántico de paz. Luego se vuelve hacia María y le habla de una espada. Aquí se encuentran la alegría y el dolor, como notó San Juan Pablo II: la escena "contiene también la profecía" de la espada que traspasará el alma de la Madre (n. 20). Ofrezcámonos al Padre junto con Jesús, sin guardarnos nada, y pidamos a María que nos mantenga fieles cuando llegue la espada.
Fruto del misterio: la pureza de corazón y la obediencia. El devocionario de Lacey pide la pureza; Montfort, una gran pureza de cuerpo y alma.

La Iglesia celebra este misterio el 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor, que en muchos países llamamos el Día de la Candelaria. En México es el día en que se viste y se lleva a bendecir al Niño Dios del nacimiento.
Quinto misterio gozoso: el Niño perdido y hallado en el templo
Y al cabo de tres días de haberle perdido, le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, que ora los escuchaba, ora les preguntaba... Y su madre le dijo: Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros? Mira cómo tu padre y yo, llenos de aflicción, te hemos andado buscando. Y él les respondió: ¿Cómo es que me buscabais? ¿No sabíais que yo debo emplearme en las cosas que miran al servicio de mi Padre? (Lucas 2, 46.48-49)
Cualquier padre o madre entiende esos tres días. María y José recorren los caminos y la ciudad, y cuando por fin encuentran a su hijo, él está tranquilo, enseñando a los maestros. Su respuesta los desconcierta, y San Lucas cuenta que "no comprendieron el sentido de la respuesta". Aun así, Jesús vuelve con ellos a Nazaret "y les estaba sujeto. Y su madre conservaba todas estas cosas en su corazón" (Lucas 2, 50-51). Recemos por quienes han perdido a Jesús o sienten que él se ha quedado callado, y pidamos la gracia de buscarlo hasta encontrarlo, y de poner primero las cosas del Padre.
Fruto del misterio: la obediencia a la voluntad de Dios (Lacey) o la verdadera sabiduría (Montfort); muchos piden sencillamente la alegría de encontrar a Jesús.


Los misterios gozosos en el año litúrgico
Cada uno de estos misterios tiene su lugar en la liturgia, de modo que el Rosario es como un eco pequeño del calendario de la Iglesia. La Anunciación se celebra el 25 de marzo, nueve meses antes de Navidad. La Visitación cae el 31 de mayo. El Nacimiento es el 25 de diciembre. La Presentación del Señor es el 2 de febrero. El Niño hallado en el templo no tiene fiesta propia, pero su Evangelio (Lucas 2, 41-52) se proclama en la fiesta de la Sagrada Familia en el ciclo C.
Por eso los misterios gozosos acompañan tan bien el Adviento y la Navidad. Muchas familias los rezan en las Posadas, entre el 16 y el 24 de diciembre, o junto al nacimiento durante la novena. Otras los guardan para los sábados de todo el año, el día que la piedad cristiana ha dedicado siempre a la Virgen.

Cómo terminar el Rosario
Al terminar las cinco decenas, la guía de la Santa Sede sugiere rezar la Letanía lauretana u otras oraciones marianas. Casi todos cerramos con la Salve: "Dios te salve, Reina y Madre de misericordia...". La Santísima Virgen vivió cada uno de estos misterios antes de que nosotros los rezáramos, y el 7 de octubre la Iglesia la celebra como Nuestra Señora del Rosario. Pidámosle a ella, que "conservaba todas estas cosas dentro de sí, ponderándolas en su corazón" (Lucas 2, 19), que nos ayude a guardarlas también nosotros.
Mañana, si es martes, el Rosario nos llevará por otro camino: los misterios dolorosos, donde la espada que anunció Simeón se cumple al pie de la cruz.
Preguntas frecuentes
¿Cuáles son los cinco misterios gozosos?
La Anunciación del ángel a María (la Encarnación del Hijo de Dios), la Visitación de María a su prima Santa Isabel, el Nacimiento de Jesús en Belén, la Presentación del Niño Jesús en el templo y el Niño perdido y hallado en el templo. Los cinco vienen de los dos primeros capítulos del Evangelio de San Lucas.
¿Qué días se rezan los misterios gozosos?
Los lunes y los sábados. San Juan Pablo II lo propuso en Rosarium Virginis Mariae (2002, n. 38): antes se rezaban los lunes y jueves, y el Papa pasó el segundo día al sábado para dejar libre el jueves a los misterios luminosos. Él mismo aclaró que esta distribución no pretende limitar la libertad en la oración personal y comunitaria.
¿Cuáles son los frutos de los misterios gozosos?
Los frutos que más se proponen son la humildad (Anunciación), la caridad con el prójimo (Visitación), el desprendimiento de las cosas del mundo o pobreza de espíritu (Nacimiento), la pureza y la obediencia (Presentación) y la obediencia a la voluntad de Dios o la verdadera sabiduría (Niño hallado en el templo). Vienen de la tradición devocional, como el método de San Luis María Grignion de Montfort, no de un decreto de la Iglesia.
¿Por qué se llaman misterios gozosos?
Porque los marca la alegría de la Encarnación. San Juan Pablo II recordó que el primero se abre con el saludo de Gabriel, una invitación a la alegría, y que los dos últimos, sin perder ese sabor de gozo, ya anticipan indicios del drama de la Pasión.
¿Puedo rezar los misterios gozosos otros días?
Sí. La distribución semanal es una costumbre, no una ley. Conviene rezarlos durante el Adviento y la Navidad, o en fiestas como la Anunciación (25 de marzo) y la Presentación del Señor (2 de febrero), sea el día de la semana que sea.
¿Qué se reza al terminar cada decena?
Después del Gloria muchas familias añaden la oración que enseñó la Virgen en Fátima en 1917: «Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia». En muchos lugares de América Latina se añade también una jaculatoria a la Virgen.
Fuentes
- San Juan Pablo II, Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae (16 de octubre de 2002). Nn. 20, 30, 31 y 38 (misterios gozosos, la Palabra, el silencio, distribución semanal)
- La Santa Sede: Los Misterios del Santo Rosario
- Félix Torres Amat, La Sagrada Biblia, Tomo I del Nuevo Testamento (Madrid, 1823), en Internet Archive. Texto de San Lucas 1 y 2 citado en esta página (ortografía actualizada)
- Félix Torres Amat, La Sagrada Biblia, traducida de la Vulgata latina al español (edición de 1884), en Internet Archive. Edición usada para cotejar los pasajes
- Charles V. Lacey, Rosary Novenas to Our Lady (1926), en Internet Archive. Virtud que se pide en cada decena
- J. C. Laurenceau, "Rosary", en Jesus Living in Mary: Handbook of the Spirituality of St. Louis de Montfort (EWTN). Método de Montfort de ofrecer cada decena por una virtud