Oración por la paz

Una oración por la paz pide a Dios el don que Cristo resucitado dio a sus apóstoles: "La paz sea con vosotros". La Iglesia reza desde hace siglos la antífona Da pacem, "danos la paz, Señor, en nuestros días", y en 1915 el papa Benedicto XV escribió una oración por la paz que el Vaticano publicó en español. Pidamos también a la Virgen, Reina de la Paz, que ruegue por nosotros.
Una oración por la paz es lo que rezamos cuando oímos de una guerra, cuando nuestra casa está dividida o cuando el corazón no nos deja dormir. La paz fue el primer regalo de Cristo resucitado a sus apóstoles: "La paz sea con vosotros". Aquí está la oración que el papa Benedicto XV escribió en 1915 en su versión oficial en español, la antigua oración de la Iglesia por la paz, la oración de la misa, la Reina de la Paz y las oraciones para la paz del corazón, cada una con su fuente.
La oración por la paz de Benedicto XV (1915)
Cinco meses después de comenzar la Primera Guerra Mundial, el papa Benedicto XV ordenó un día de oración por la paz en todo el mundo católico. Su decreto del 10 de enero de 1915 fijó el domingo 7 de febrero para las iglesias de Europa y el domingo de Pasión, 21 de marzo, para el resto del mundo. En cada catedral, parroquia e iglesia de religiosos se expondría el Santísimo todo el día. Por la tarde, después del rosario, el pueblo rezaría una oración "compuesta expresamente por Su Santidad, para impetrar la paz".
La revista oficial de la Santa Sede, las Acta Apostolicae Sedis, la publicó en italiano con versiones auténticas en cinco idiomas. Esta es la versión española de 1915. Solo hemos actualizado la ortografía de la época ("á" por "a") y corregido un par de letras mal leídas en la copia digital:
Espantados por los horrores de una guerra que trastorna pueblos y naciones, nos acogemos, oh Jesús, como a refugio supremo, a vuestro amantísimo Corazón; de Vos, oh Dios de las misericordias, imploramos con gemidos el fin del durísimo azote; de Vos, Rey pacífico, esperamos con ansia la suspirada paz. De vuestro Corazón divino irradiasteis sobre el mundo la caridad, para que, disipada toda discordia, reinase entre los hombres solamente el amor; mientras andabais entre los mortales, tuvisteis latidos de tiernísima compasión para las humanas desventuras. ¡Ah!, conmuévase, pues, vuestro Corazón también en esta hora, llena para nosotros de tan funestos odios y tan horribles estragos. Tened piedad de tantas madres angustiadas por la suerte de sus hijos; piedad de tantas familias privadas de su jefe; piedad de la desgraciada Europa, a la que sobrevienen tantas ruinas. Inspirad a los gobernantes y a los pueblos sentimientos de compasión, componed las discordias que desgarran las naciones, haced que los hombres vuelvan a darse el ósculo de paz, Vos que les hicisteis hermanos con el precio de vuestra sangre. Y así como un día al grito suplicante del Apóstol Pedro: "Salvadnos, Señor, que perecemos", respondisteis piadoso calmando la tempestad del mar, así ahora responded propicio a nuestras confiadas oraciones, devolviendo al mundo alborotado la tranquilidad y la paz. Vos también, oh Virgen santísima, como en otros tiempos de terrible prueba, ayudadnos, protegednos, salvadnos. Así sea.
Más de un siglo después, la oración sigue sirviendo. Donde dice "la desgraciada Europa", muchas familias ponen hoy el nombre de su propio país, de Ucrania, de Tierra Santa, de Sudán, de Haití o de la colonia donde la violencia no deja salir a los niños. Cada línea se sostiene. El papa no pide que gane un bando: pide piedad para las madres, para las familias sin padre y para los gobernantes que necesitan "sentimientos de compasión".

Benedicto XV pasó todo su pontificado pidiendo el fin de aquella guerra, a la que llamó "inútil matanza". En agosto de 1917 envió a los gobiernos en guerra una propuesta de paz detallada, y la mayoría no le hizo caso. Su oración, en cambio, se rezó en miles de iglesias.

La antigua oración de la Iglesia por la paz
El mismo decreto de 1915 mandaba cantar por la mañana, ante el Santísimo, la oración por la paz más antigua que conserva la liturgia romana: una antífona y una colecta, la breve oración oficial de la misa. The New Raccolta (1903) las trae en latín, y recuerda que el papa Pío IX las enriqueció con indulgencias en 1848. Este es el texto latino, con nuestra traducción literal al lado:
Ant. Da pacem, Domine, in diebus nostris, quia non est alius qui pugnet pro nobis, nisi tu, Deus noster. Danos la paz, Señor, en nuestros días, porque no hay otro que luche por nosotros sino tú, Dios nuestro. V. Fiat pax in virtute tua. Haya paz en tu fortaleza. R. Et abundantia in turribus tuis. Y abundancia en tus torres. Oremos. Oh Dios, de quien proceden los santos deseos, los rectos consejos y las obras justas: da a tus siervos aquella paz que el mundo no puede dar, para que nuestros corazones se entreguen a tus mandamientos y, libres del temor de los enemigos, vivamos tiempos tranquilos bajo tu protección. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
La colecta es mucho más antigua que la Raccolta: ya está en los sacramentarios de la Alta Edad Media, y durante siglos fue la oración de la misa por la paz. El versículo viene del Salmo 121, el canto de los peregrinos que suben a Jerusalén. Fíjese en el orden de lo que pide: primero corazones entregados a Dios, y solo después la liberación del miedo. Así se pide la paz.

La oración por la paz en la misa
En cada misa hay una oración por la paz, justo antes de la comunión. El sacerdote recuerda las palabras de Jesús en la última cena, "la paz os dejo, mi paz os doy", y pide al Señor que no mire nuestros pecados sino la fe de su Iglesia, y que le conceda la paz y la unidad. Enseguida viene el saludo de la paz y el Cordero de Dios, que termina: "danos la paz".
El texto que se dice hoy en las parroquias es la traducción oficial del Misal Romano, aprobada por cada conferencia episcopal, y por respeto a sus derechos no lo copiamos aquí. Lo encontrará en su misal o en el libro de la misa dominical. En latín empieza Domine Iesu Christe, qui dixisti Apostolis tuis. Vale la pena escucharlo con atención el próximo domingo: es la oración por la paz que la Iglesia reza cada día en todo el mundo.

La oración de San Francisco
La oración que muchos llaman "oración por la paz" es la que comienza:
Señor, hazme un instrumento de tu paz. Donde haya odio, que yo ponga el amor...
San Francisco no la escribió. Apareció sin firma en una revistita católica francesa en 1912, y en 1916 L'Osservatore Romano la publicó en italiano mientras Benedicto XV suplicaba el fin de la guerra. Es una oración verdadera en el espíritu de San Francisco de Asís, que saludaba a todos con "El Señor te dé la paz". El texto completo y su historia están en nuestra página sobre la oración de San Francisco.
La Virgen, Reina de la Paz
En los peores años de la Primera Guerra Mundial, Benedicto XV se volvió hacia María. En noviembre de 1915 permitió a los obispos añadir una invocación nueva a las letanías lauretanas: "Reina de la paz, ruega por nosotros". En una carta del 5 de mayo de 1917 la extendió a toda la Iglesia a partir del 1 de junio. Ocho días después, el 13 de mayo de 1917, la Virgen se apareció por primera vez a tres pastorcitos en Fátima, y les pidió que rezaran el rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra. Las apariciones de Fátima son aprobadas por la Iglesia.
Por eso la oración por la paz más sencilla es también una de las más queridas: el santo rosario, rezado en familia, con esta jaculatoria al final:
Reina de la paz, ruega por nosotros.
Con el título de Reina de la Paz se honra también a la Virgen en Medjugorje. Allí la Santa Sede dio en 2024 un nihil obstat a la experiencia espiritual y a sus frutos, sin declarar sobrenaturales las apariciones reportadas. El título, en cambio, es de toda la Iglesia y está en las letanías.

Muchos pueblos de América Latina conocen bien esta oración. En Colombia, en México, en Centroamérica, se han hecho procesiones con velas y pañuelos blancos detrás de la imagen de la Virgen para pedir el fin de la violencia. San Juan Pablo II, al beatificar en 2004 a la colombiana Laura Montoya, pidió a Dios "que la amada Colombia goce pronto de paz, de justicia y de progreso integral".

Oraciones para la paz del corazón
Las guerras empiezan en el corazón, y la paz también. Antes de pedir la paz del mundo conviene pedir la nuestra, y la de nuestra casa. San Pablo da el camino en su carta a los Filipenses. En la traducción de Torres Amat:
No os inquietéis por la solicitud de cosa alguna: mas en todo presentad a Dios vuestras peticiones por medio de la oración, y de las plegarias acompañadas de hacimiento de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, sea la guardia de vuestros corazones y de vuestros sentimientos en Jesucristo.
Cuando la angustia no nos deja dormir, sirven más las oraciones cortas: la oración de Jesús ("Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador"), el "Nada te turbe" de Santa Teresa de Jesús y el nombre de Jesús dicho despacio. Y hay una paz que no da ninguna otra cosa: la de una buena confesión. Quien ha llevado meses una culpa y por fin oye "yo te absuelvo de tus pecados" sabe de qué paz hablaba Jesús.


Los santos a quienes pedimos la paz
- San Francisco de Asís cruzó las líneas en Damieta en 1219 para hablar con el sultán, y al final de su vida reconcilió al obispo y al alcalde de Asís.
- Santa Isabel de Portugal, reina y patrona de los que buscan la reconciliación, se interpuso en 1323 entre el ejército de su esposo, el rey Dionisio, y el de su hijo, y los reconcilió.
- Santa Catalina de Siena trabajó por la paz entre Florencia y el papa y entre las ciudades de Italia.
- San Juan XXIII escribió la encíclica Pacem in terris (1963), dirigida "a todos los hombres de buena voluntad", semanas antes de morir.
- San Juan Pablo II reunió en Asís en 1986 a los líderes de las religiones del mundo para rezar por la paz.
- San Miguel Arcángel, protector de la Iglesia, en la batalla espiritual que hay detrás de toda guerra.

La paz que Cristo da
En la última cena, la noche antes de morir, Jesús dejó a sus apóstoles su paz. En la traducción de Torres Amat (Juan 14,27):
La paz os dejo: la paz mía os doy: no os la doy yo, como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón, ni se acobarde.
Y en el monte había prometido: "Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios" (Mateo 5,9). Los pacíficos no son los que se quedan quietos, sino los que hacen la paz: los que perdonan primero, los que median entre vecinos, los que no responden con violencia.
Recemos, pues, por cada lugar donde hoy hay guerra, diciendo su nombre, y por la paz de nuestras casas y de nuestro corazón. Y terminemos con una breve oración escrita para esta página por el Pastor Lyvers:
Señor Jesús, Príncipe de la paz, tú que entraste con las puertas cerradas y dijiste a tus amigos asustados: "La paz sea con vosotros", entra también en los lugares donde hoy hay miedo y guerra. Detén la mano del que quiere herir, consuela a las madres que esperan noticias, y pon en nuestro corazón tu paz, la que el mundo no puede dar. Santa María, Reina de la paz, ruega por nosotros. Amén.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la oración católica por la paz?
La más antigua es la antífona Da pacem, Domine, in diebus nostris, "Danos la paz, Señor, en nuestros días, porque no hay otro que luche por nosotros sino tú, Dios nuestro", seguida de la oración que empieza "Oh Dios, de quien proceden los santos deseos". Se reza desde la Alta Edad Media y sigue en las misas por la paz. En tiempos de guerra muchas parroquias rezan también la oración de Benedicto XV de 1915.
¿Qué dice la oración por la paz de Benedicto XV?
Empieza así en su versión oficial española: "Espantados por los horrores de una guerra que trastorna pueblos y naciones, nos acogemos, oh Jesús, como a refugio supremo, a vuestro amantísimo Corazón". El papa la escribió para el día de oración por la paz que ordenó en enero de 1915, y la Santa Sede la publicó en italiano con versiones auténticas en español y en otros cuatro idiomas.
¿Quién es el santo patrono de la paz?
La Virgen María, Reina de la Paz, a quien Benedicto XV encomendó el mundo en 1917. San Francisco de Asís es el santo más unido a la paz, y Santa Isabel de Portugal es patrona de los que trabajan por la reconciliación porque detuvo una guerra entre su esposo y su hijo.
¿La oración "Señor, hazme un instrumento de tu paz" es de San Francisco?
No la escribió él. Apareció sin firma en una revista católica francesa en 1912 y se le atribuyó años después. Es una oración hermosa, muy en el espíritu del santo de Asís, y su historia completa está en nuestra página sobre la oración de San Francisco.
¿Qué oración rezar para tener paz en el corazón?
Las palabras de San Pablo son el mejor comienzo: "No os inquietéis por la solicitud de cosa alguna: mas en todo presentad a Dios vuestras peticiones por medio de la oración, y de las plegarias acompañadas de hacimiento de gracias" (Filipenses 4,6, Torres Amat). Ayudan también el "Nada te turbe" de Santa Teresa, la oración de Jesús y una buena confesión.
¿Desde cuándo se reza "Reina de la paz, ruega por nosotros"?
Benedicto XV permitió a los obispos añadir esa invocación a las letanías lauretanas en noviembre de 1915, en plena Primera Guerra Mundial, y en una carta del 5 de mayo de 1917 la extendió a toda la Iglesia.
Fuentes
- Acta Apostolicae Sedis 7 (1915): decreto de Benedicto XV para un día de oración por la paz y su oración, con la versión auténtica en español (Vaticano). Decreto del 10 de enero de 1915 y "Oración", pp. 16-18 de la versión española
- Benedicto XV, carta al cardenal Gasparri que añade "Regina pacis" a las letanías lauretanas (5 de mayo de 1917)
- The New Raccolta (Filadelfia, 1903), Internet Archive. Texto latino de la antífona Da pacem y de la oración Deus a quo sancta desideria (pp. 52-53)
- Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat (1823), Internet Archive. Juan 14,27; Filipenses 4,6-7; Mateo 5,9
- Juan Pablo II, homilía en la misa de beatificación de seis siervos de Dios (25 de abril de 2004)