Santos cristeros

Ilustración en estilo óleo de una iglesia de pueblo mexicano con las puertas cerradas, ante la cual hombres, mujeres y niños rezan de rodillas con velas, en los años veinte
Ilustración

Los santos cristeros son los mártires de la persecución religiosa en México en los años veinte y treinta. San Juan Pablo II canonizó en el año 2000 a San Cristóbal Magallanes y 24 compañeros, 22 sacerdotes y 3 laicos, y el papa Francisco a San José Sánchez del Río en 2016. Su fiesta es el 21 de mayo. Murieron perdonando y gritando ¡Viva Cristo Rey!

aprobado Para canonizar a San José Sánchez del Río, la Iglesia aprobó como milagro la curación de Ximena Gálvez, una niña de Sahuayo gravemente enferma en 2008. Los demás mártires fueron canonizados sin milagro, porque el martirio basta.

¿Quiénes son los santos cristeros?

Los santos cristeros son los mártires de la persecución religiosa que sufrió la Iglesia en México en las primeras décadas del siglo XX, sobre todo en los años de la guerra cristera, la Cristiada (1926 a 1929). Fueron sacerdotes y laicos que no renegaron de Cristo, que siguieron dando los sacramentos cuando estaba prohibido y que murieron perdonando a quienes los mataban. Muchos lo hicieron gritando: "¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!"

La Iglesia ha canonizado a 26 de ellos. San Juan Pablo II canonizó el 21 de mayo de 2000 a San Cristóbal Magallanes y 24 compañeros mártires, y el papa Francisco canonizó el 16 de octubre de 2016 al niño San José Sánchez del Río. Hay además beatos mártires de la misma persecución, como el Padre Pro y el abogado Anacleto González Flores. Celebramos su memoria el 21 de mayo.

El nombre "santos cristeros" es el que usa el pueblo. La Iglesia los llama simplemente mártires: no los honra por haber combatido, sino por haber dado la vida por Cristo.

La gran cubierta blanca, en forma de abanico, del santuario de los Mártires sobre un cerro verde de Guadalajara, bajo un cielo azul
El santuario de los Mártires de Cristo Rey y Santa María de Guadalupe, sobre el cerro del Tesoro, en Guadalajara. ⓘ

La persecución religiosa en México

Las leyes contra la Iglesia

La Constitución mexicana de 1917 negó a la Iglesia personalidad jurídica, prohibió los votos religiosos y las escuelas católicas, y dejó en manos de los gobiernos de los estados cuántos sacerdotes podían ejercer. Durante unos años esas normas se aplicaron a medias. En 1926 el presidente Plutarco Elías Calles las endureció con un decreto, la llamada Ley Calles, que castigaba con multas y cárcel a los sacerdotes que no se registraran ante el gobierno o que vistieran sotana en la calle.

Los obispos mexicanos respondieron suspendiendo el culto público a partir del 31 de julio de 1926. Las iglesias se quedaron sin misa. El papa Pío XI escribió ese mismo año la encíclica Iniquis afflictisque (18 de noviembre de 1926) para denunciar la persecución y alentar a los católicos de México.

La Cristiada

En Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Zacatecas, Colima y otros estados, muchos campesinos se levantaron en armas al grito de "¡Viva Cristo Rey!". Fue la guerra cristera, que duró hasta los llamados "arreglos" de junio de 1929 entre el gobierno y los obispos, con los que volvió el culto. Pero la persecución no terminó del todo, y en algunos estados siguió en los años treinta.

En medio de la guerra, los sacerdotes que se quedaron con su pueblo vivían escondidos. Celebraban misa de madrugada en ranchos y casas particulares, bautizaban, casaban y confesaban de noche, y cambiaban de refugio constantemente. Si los descubrían, los fusilaban o los ahorcaban, muchas veces sin juicio.

Ilustración en estilo óleo de un sacerdote vestido de campesino que celebra misa a escondidas en una casa de adobe, de noche, ante una familia arrodillada
Un sacerdote celebra misa a escondidas en una casa de rancho, mientras un niño vigila la puerta.

Mártires, no combatientes

Conviene decirlo con claridad, porque es lo que la Iglesia enseña. Un mártir es quien muere por odio a la fe, aceptando la muerte sin odio y perdonando. San Juan Pablo II dijo de los 25 canonizados en el año 2000 que "la mayoría pertenecía al clero secular y tres de ellos eran laicos seriamente comprometidos en la ayuda a los sacerdotes", y que "todos aceptaron libre y serenamente el martirio como testimonio de su fe, perdonando explícitamente a sus perseguidores".

La mayoría de estos sacerdotes no tomó las armas, y algunos pidieron expresamente a su pueblo que no lo hiciera. Poco antes de su arresto, San Cristóbal Magallanes publicó un artículo que decía: "La religión ni se propagó ni se ha de conservar por medio de las armas". Sobre la guerra misma, la Iglesia no canoniza ejércitos ni bandos; honra a los que murieron como testigos de Cristo.

Un estandarte antiguo de color crema en una vitrina, pintado con la Virgen de Guadalupe y las palabras Viva Cristo Rey y el nombre de un regimiento cristero
Una bandera cristera con la imagen de la Virgen de Guadalupe y el grito ¡Viva Cristo Rey! ⓘFoto: AlejandroLinaresGarcia, CC BY-SA 3.0

San Cristóbal Magallanes y sus 24 compañeros

El 22 de noviembre de 1992 San Juan Pablo II beatificó a estos 25 mártires, y el 21 de mayo de 2000 los canonizó en la plaza de San Pedro. El Martirologio Romano los recuerda como mártires "perseguidos por odio a la Iglesia" en diversas regiones de México, entre 1915 y 1937. Son 22 sacerdotes del clero diocesano y 3 laicos:

  1. San Cristóbal Magallanes Jara, párroco de Totatiche, Jalisco
  2. San Román Adame Rosales
  3. San Rodrigo Aguilar Alemán
  4. San Julio Álvarez Mendoza
  5. San Luis Batis Sáinz
  6. San Agustín Caloca Cortés
  7. San Mateo Correa Magallanes
  8. San Atilano Cruz Alvarado
  9. San Miguel de la Mora de la Mora
  10. San Pedro Esqueda Ramírez
  11. San Margarito Flores García
  12. San José Isabel Flores Varela
  13. San David Galván Bermúdez
  14. San Salvador Lara Puente, laico
  15. San Pedro de Jesús Maldonado Lucero
  16. San Jesús Méndez Montoya
  17. San Manuel Morales, laico
  18. San Justino Orona Madrigal
  19. San Sabás Reyes Salazar
  20. San José María Robles Hurtado
  21. San David Roldán Lara, laico
  22. Santo Toribio Romo González
  23. San Jenaro Sánchez Delgadillo
  24. San David Uribe Velasco
  25. San Tranquilino Ubiarco Robles

No todos murieron en los años de la guerra. San David Galván fue asesinado en Guadalajara en 1915, en los años de la Revolución, y San Pedro de Jesús Maldonado murió en Chihuahua en 1937, a consecuencia de los golpes que recibió al ser detenido, cuando la persecución había vuelto con fuerza a algunos estados. Por eso la Iglesia habla de la persecución "de 1915 a 1937".

San Cristóbal Magallanes

Nació en Totatiche, Jalisco, en 1869, en una familia pobre de campesinos, y fue párroco de su pueblo durante diecisiete años. Abrió escuelas y centros de catecismo, misionó entre los huicholes de la sierra y, cuando cerraron el seminario de Guadalajara, abrió uno en su propia parroquia para que no faltaran sacerdotes.

El 21 de mayo de 1927, cuando iba a celebrar misa a un rancho, lo arrestaron los soldados. Con él detuvieron al joven padre Agustín Caloca, encargado de su seminario. El 25 de mayo los llevaron al patio de la presidencia municipal de Colotlán para fusilarlos sin juicio. Los dos se dieron la absolución. Al joven sacerdote, según su biografía publicada por la Santa Sede, le dijo: "Tranquilízate, hijo, sólo un momento y después el cielo". Y antes de morir pidió la palabra:

Soy y muero inocente; perdono de corazón a los autores de mi muerte y pido a Dios que mi sangre sirva para la paz de los mexicanos desunidos.

Una alta torre de cantera rosa con reloj, arcos de campanario y una cruz en lo alto, sobre árboles verdes y un cielo azul
La torre de la parroquia de Totatiche, donde San Cristóbal Magallanes fue párroco y donde descansan sus restos. ⓘFoto: Humberto, CC BY-SA 3.0

San Mateo Correa: el secreto de la confesión

San Mateo Correa Magallanes era párroco de Valparaíso, Zacatecas. Detenido en 1927, lo llevaron preso a Durango, donde un general le pidió que confesara a unos prisioneros que iban a ser fusilados. Lo hizo. Después el general le exigió que le revelara lo que había oído en confesión, o lo mataría. El padre Mateo respondió que un sacerdote debe guardar el secreto de la confesión y que estaba dispuesto a morir. Lo fusilaron en las afueras de Durango el 6 de febrero de 1927. Es mártir del sigilo sacramental.

Fotografía en blanco y negro de un sacerdote de mediana edad, robusto, de cabello corto y oscuro y sotana negra, que mira con calma hacia un lado
San Mateo Correa Magallanes, el párroco de Valparaíso que murió por no romper el secreto de confesión. ⓘEl padre Mateo Correa Magallanes
Dibujo a tinta de un sacerdote mayor de sotana que escucha en voz baja la confesión de un prisionero en una celda, mientras un guardia espera en la puerta
Un sacerdote escucha la confesión de un preso en una celda de Durango.

Los tres laicos de Chalchihuites

San Manuel Morales, esposo y padre de tres hijos, encabezaba en Chalchihuites, Zacatecas, la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa. Lo arrestaron cuando intentaba liberar a su párroco, San Luis Batis Sáinz. El 15 de agosto de 1926, fiesta de la Asunción, los soldados los fusilaron a los dos fuera del pueblo, junto con dos jóvenes de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, los primos San Salvador Lara Puente y San David Roldán Lara. Les habían ofrecido la libertad si aceptaban las leyes del gobierno contra la Iglesia, y se negaron.

Santo Toribio Romo

Santo Toribio Romo González nació en 1900 en Santa Ana de Guadalupe, en los Altos de Jalisco, y era vicario en Tequila. En su biografía publicada por la Santa Sede se conserva una oración suya de joven sacerdote: "Señor, no me dejes ni un día de mi vida sin decir la Misa, sin abrazarte en la Comunión". Otra vez escribió: "¿Y aceptarías mi sangre, Señor, que te ofrezco por la paz de la Iglesia?".

El sábado 25 de febrero de 1928, después de pasar la noche poniendo en orden los libros de la parroquia, se acostó a dormir antes de la misa. Entraron soldados y agraristas, y uno gritó: "Ése es el cura, mátenlo". Lo balearon cuando se levantaba. Tenía 27 años.

Hoy Santo Toribio es muy querido por los migrantes. Muchos han contado que, perdidos en el desierto camino de los Estados Unidos, un joven sacerdote les dio agua, los orientó o les consiguió trabajo, y que años después lo reconocieron en una foto del santo. Son gracias reportadas: la Iglesia no las ha examinado. Su santuario en Santa Ana de Guadalupe recibe miles de peregrinos cada año.

Ilustración en acuarela de peregrinos con mochilas que llegan a pie a una iglesia de pueblo en los Altos de Jalisco, entre campos secos y nopales
Peregrinos llegan a pie a una iglesia de los Altos de Jalisco.

San José Sánchez del Río, el niño mártir

José Sánchez del Río nació en Sahuayo, Michoacán, en 1913. A los catorce años se unió a los cristeros como abanderado. En 1928 lo capturaron, y durante días intentaron que renegara de su fe; no lo consiguieron. Desde la prisión escribió a su madre una carta de despedida en la que le pedía que se resignara a la voluntad de Dios. El 10 de febrero de 1928 le desollaron las plantas de los pies, lo hicieron caminar hasta el cementerio y allí lo mataron. Murió gritando "¡Viva Cristo Rey!".

Fue beatificado en Guadalajara el 20 de noviembre de 2005 y canonizado por el papa Francisco el 16 de octubre de 2016. Para su canonización la Iglesia aprobó como milagro la curación de Ximena Gálvez, una niña de Sahuayo gravemente enferma en 2008: es un milagro aprobado. Su fiesta es el 10 de febrero. Conozca su historia completa en la página de San José Sánchez del Río.

Ilustración en acuarela de un muchacho de catorce años que escribe una carta a lápiz, sentado en el suelo de un cuarto de piedra, con un rosario en el cuello
Un muchacho escribe a lápiz una carta a su madre desde la prisión.

Los beatos mártires de la persecución

La Iglesia ha beatificado a otros mártires de la misma persecución. Los más conocidos son:

  • El beato Miguel Agustín Pro, jesuita que ejercía su ministerio disfrazado en la Ciudad de México, fusilado sin juicio el 23 de noviembre de 1927 con los brazos en cruz. San Juan Pablo II lo beatificó en 1988. Lea su vida en la página del Padre Pro.
  • El beato Anacleto González Flores y ocho compañeros, laicos de Jalisco, entre ellos los hermanos Jorge y Ramón Vargas González, los hermanos Ezequiel y Salvador Huerta Gutiérrez, Luis Padilla Gómez, Miguel Gómez Loza, Luis Magaña Servín y el niño José Sánchez del Río. Anacleto, abogado, maestro y padre de familia, encabezó la resistencia de los laicos y fue torturado y fusilado en Guadalajara el 1 de abril de 1927.
  • Los beatos José Trinidad Rangel Montaño, Andrés Solá y Molist y Leonardo Pérez Larios, y el beato Ángel Darío Acosta Zurita, sacerdote de Veracruz.

Los trece fueron beatificados el 20 de noviembre de 2005 en el estadio de Guadalajara, en nombre del papa Benedicto XVI.

¡Viva Cristo Rey!

En 1925, un año antes de que estallara la persecución, Pío XI instituyó la fiesta de Cristo Rey con la encíclica Quas primas. Los católicos de México hicieron suyo el título: Cristo es Rey del corazón, de la familia y de la nación, y ningún gobierno puede expulsarlo. "¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!" fue el grito de los mártires y de los que los acompañaban.

En el cerro del Cubilete, en Silao, Guanajuato, el centro geográfico de México, se levanta el monumento a Cristo Rey, adonde suben cada año miles de peregrinos, sobre todo jóvenes, en la peregrinación nacional de enero.

La gran estatua oscura de Cristo Rey con los brazos abiertos sobre una cúpula blanca, en lo alto del Cubilete, con peregrinos en las escaleras
El monumento a Cristo Rey en el cerro del Cubilete, en Guanajuato, con los brazos abiertos sobre México. ⓘ

Milagros y canonización

Para beatificar o canonizar a un mártir, la Iglesia no pide un milagro: el martirio mismo es el testimonio. Así fueron canonizados los 25 mártires del año 2000. Solo para la canonización de San José Sánchez del Río, que había sido beatificado como mártir, se aprobó un milagro, la curación de Ximena Gálvez (aprobado).

Los favores que los fieles cuentan por intercesión de los santos cristeros, como los relatos de los migrantes sobre Santo Toribio Romo, son gracias reportadas. Las agradecemos a Dios y las dejamos al juicio de la Iglesia.

Símbolos de los santos cristeros en el arte

Como murieron en el siglo XX, muchos fueron fotografiados en vida, y sus imágenes son retratos más que iconos simbólicos. Los reconocerá por estos signos:

  • La sotana negra y la estola de los sacerdotes, que murieron por llevar los sacramentos a su pueblo.
  • La palma del martirio, que en las pinturas sostienen en la mano.
  • El rosario, que muchos llevaban y rezaban en la cárcel.
  • Cristo Rey con corona y cetro, y la Virgen de Guadalupe, a menudo sobre ellos en los cuadros de grupo, como en las banderas cristeras.
  • El grito "¡Viva Cristo Rey!", escrito en estandartes y en los relicarios.
  • Para José Sánchez del Río, la imagen de un muchacho con los pies descalzos y una cruz o una bandera.

Dónde se veneran los santos cristeros

En Guadalajara, la Catedral guarda un relicario con reliquias de los mártires mexicanos bajo la inscripción "Viva Cristo Rey". Sobre el cerro del Tesoro se levanta el Santuario de los Mártires de Cristo Rey y Santa María de Guadalupe, dedicado a todos ellos. Muchos descansan en sus parroquias: San Cristóbal Magallanes en Totatiche, Santo Toribio Romo en Santa Ana de Guadalupe, San José Sánchez del Río en Sahuayo, San Pedro de Jesús Maldonado en la Catedral de Chihuahua.

Un relicario de madera dorada con hileras de pequeñas ventanitas redondas, sobre un fondo de seda roja, bajo la inscripción Viva Cristo Rey
El relicario de los mártires mexicanos en la Catedral de Guadalajara, bajo la inscripción Viva Cristo Rey. ⓘ

Oración a los santos cristeros

La misa del 21 de mayo tiene su propia oración colecta en el Misal Romano, que rezamos con toda la Iglesia ese día; su traducción oficial tiene derechos de autor, así que no la reproducimos aquí. No conocemos una oración antigua a los mártires cristeros cuyo origen podamos verificar.

Proponemos esta oración breve, escrita para esta página por el Pastor Lyvers:

Señor Jesucristo, Rey del universo, que diste a tus mártires de México la fuerza de morir perdonando: por la intercesión de San Cristóbal Magallanes y sus compañeros, de Santo Toribio Romo y de San José Sánchez del Río, danos una fe que no se avergüence de ti, sacerdotes santos para tu pueblo y paz para las familias y las naciones divididas. Cuida a los migrantes y a los que hoy sufren por su fe. Santa María de Guadalupe, ruega por nosotros. Amén.

Y terminamos con el grito que ellos nos dejaron: ¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!

Conozca a más santos de México y de América en nuestra página de santos católicos, y a la Madre que acompañó a estos mártires en la página de la Virgen de Guadalupe.

Preguntas frecuentes

¿Quiénes son los santos cristeros?

Son los mártires mexicanos asesinados por odio a la fe durante la persecución religiosa de 1915 a 1937, sobre todo en los años de la guerra cristera (1926 a 1929). Los más conocidos son San Cristóbal Magallanes y sus 24 compañeros, canonizados en el año 2000, entre ellos Santo Toribio Romo, y el niño San José Sánchez del Río, canonizado en 2016.

¿Cuándo es la fiesta de los santos cristeros?

El 21 de mayo, memoria de San Cristóbal Magallanes y compañeros mártires en el calendario de toda la Iglesia. San José Sánchez del Río tiene su propia fiesta el 10 de febrero, y el beato Miguel Agustín Pro el 23 de noviembre.

¿Cuántos santos cristeros hay?

Hay 26 santos: los 25 canonizados juntos el 21 de mayo de 2000 y San José Sánchez del Río, canonizado el 16 de octubre de 2016. Además hay beatos mártires de la misma persecución, como los 13 beatificados en Guadalajara en 2005, entre ellos Anacleto González Flores, y el Padre Pro, beatificado en 1988.

¿Los santos cristeros tomaron las armas?

La Iglesia no los canonizó por combatir, sino porque fueron asesinados por su fe. Casi todos eran sacerdotes que se quedaron con su pueblo para darle los sacramentos y no tomaron las armas; San Cristóbal Magallanes escribió que la religión no se propaga ni se conserva por medio de las armas. José Sánchez del Río sí se unió a los cristeros, pero murió por negarse a renegar de Cristo.

¿Qué significa ¡Viva Cristo Rey!?

Era el grito de los católicos perseguidos, tomado de la fiesta de Cristo Rey que Pío XI instituyó en 1925. Muchos mártires murieron diciéndolo. Proclamaba que Cristo es Señor de la vida, de la familia y de la nación, y no un asunto privado que el Estado pudiera prohibir.

¿Por qué los migrantes rezan a Santo Toribio Romo?

Porque muchos migrantes han contado que, perdidos en el desierto de la frontera, un joven sacerdote los ayudó y que después lo reconocieron en una foto de Santo Toribio Romo, mártir de 1928. La Iglesia no ha juzgado esos relatos, que son reportados, pero su santuario en Santa Ana de Guadalupe, Jalisco, recibe a miles de peregrinos.

Fuentes

  1. Juan Pablo II, Homilía en la canonización de 27 beatos, 21 de mayo de 2000
  2. Catholic.net: Cristóbal Magallanes y 24 compañeros, Santos. La lista de los 25 mártires, sacerdotes y laicos, y el elogio del Martirologio Romano
  3. Santa Sede, Oficina de Celebraciones Litúrgicas: Cristóbal Magallanes Jara (biografía, 2000). Sus palabras al padre Agustín Caloca
  4. Catholic.net: Cristóbal Magallanes, Santo (biografía de la Conferencia del Episcopado Mexicano). Su artículo contra las armas y sus últimas palabras
  5. Santa Sede, Oficina de Celebraciones Litúrgicas: Mateo Correa Megallanes (biografía, 2000). Su muerte por guardar el secreto de la confesión
  6. Santa Sede, Oficina de Celebraciones Litúrgicas: Toribio Romo González (biografía, 2000)
  7. Santa Sede: José Anacleto González Flores y ocho compañeros, biografías (2005)
  8. Benedicto XVI, Carta apostólica de beatificación de Anacleto González Flores y 8 compañeros, José Trinidad Rangel Montaño, Andrés Solá y Molist, Leonardo Pérez Larios y Ángel Darío Acosta Zurita (2005)