Oración para dormir

Una oración para dormir muy sencilla, de los devocionarios antiguos, es esta: "Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía. Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía. Jesús, José y María, con vosotros descanse en paz el alma mía". Si el sueño no llega, ofrézcale a Dios también las horas en vela y rece con el Salmo 4: "Dormiré en paz".
Una oración para dormir es, ante todo, un acto de confianza: antes de cerrar los ojos ponemos el día, la casa y el corazón en manos de Dios. A veces basta con eso y el sueño llega solo. Otras noches la cabeza no se detiene: las cuentas, los resultados del médico, la discusión, el hijo que no ha llamado. La Iglesia conoce esas noches. Sus salmos los escribieron hombres que se desvelaban, y sus santos nos dejaron oraciones para la noche y buenos consejos para el corazón inquieto. Aquí tiene las oraciones tradicionales para antes de dormir, oraciones para el insomnio y la angustia, y lo que la Escritura y los santos nos enseñan sobre el descanso.
Oración para dormir: las tres jaculatorias
Los devocionarios de nuestros abuelos terminaban el día con un consejo muy concreto. El Devocionario cotidiano de 1893 dice: "Acuéstate con modestia, rezando á los Santos; rocía el lecho con agua bendita, y estando ya en la cama dirás":
Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía. Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía. Jesús, José y María, con vosotros descanse en paz el alma mía. Amén.
Son tres jaculatorias, oraciones de un solo aliento, que se pueden decir con los ojos cerrados. La primera entrega el corazón, la segunda pide la ayuda de la Sagrada Familia en la hora de la muerte y la tercera pide descansar con ellos. Los antiguos sabían que el sueño se parece a la muerte, y por eso rezaban cada noche como quien se prepara para el último descanso, sin miedo y en buena compañía.

Una oración para bendecir la casa por la noche
El mismo devocionario trae esta oración, que es la antigua oración de la Iglesia al final del día. Se puede rezar en familia antes de apagar las luces:
Os suplicamos, Señor, que visitéis esta morada, y apartéis de ella todas las asechanzas del demonio, nuestro enemigo; que habiten en ella vuestros Santos Ángeles, para conservarnos en paz; y que vuestra bendición permanezca sobre nosotros. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Antes de esta oración, el devocionario manda rezar "el Padre Nuestro, Ave María, Credo y Salve". Si no las tiene a mano, están completas en el Padre nuestro, el Ave María y la Salve.
Oración al Ángel de la Guarda antes de dormir
Muchos aprendimos de niños, de rodillas junto a la cama, el verso tradicional que pasa de padres a hijos: "Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día". La Iglesia reza también esta otra forma, que la Santa Sede publica en el Compendio del Catecismo (2005):
Ángel de Dios, que eres mi custodio, pues la bondad divina me ha encomendado a ti, ilumíname, guárdame, defiéndeme y gobiérname. Amén.
Nuestro ángel no duerme. Pidámosle que vele por nosotros y por los nuestros mientras descansamos. Vea la oración al Ángel de la Guarda.

Otro verso de la tradición oral, que muchas abuelas enseñaban a los nietos, cabe en un suspiro: "Con Dios me acuesto, con Dios me levanto, con la Virgen María y el Espíritu Santo".
Examen de conciencia y acto de contrición
Los maestros de la vida espiritual siempre han unido el sueño con un breve examen del día. El Devocionario cotidiano aconseja recorrer "por orden las ocupaciones del día", ver en qué hemos faltado "de pensamiento, palabra, obra ú omisión", y dejar lo mejor del tiempo para el arrepentimiento. Y explica por qué: "Un acto de contrición bien hecho te puede valer la salvación, si te mueres esta noche ó antes de haberte confesado".

Este es el acto de contrición tradicional, como lo imprime el mismo devocionario:
Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mío; por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos; confesarme, y cumplir la penitencia que me fuere impuesta; ofrézcoos mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis por los merecimientos de vuestra preciosísima sangre, pasión y muerte, y me daréis gracia para enmendarme, y para perseverar en vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
Pocas cosas ayudan tanto a dormir como una conciencia en paz. Si algo pesa de verdad, la confesión es el mejor remedio. Vea el examen de conciencia y el acto de contrición.
Oración para cuando no puedo dormir
Cuando el sueño no llega, no hay que forzarlo. Hay que entregarle la noche a Dios. Los salmistas también rezaban en la cama, y el Salmo 4 termina con una promesa que se puede repetir hasta quedarse dormido (versículos 9-10, en la traducción de Félix Torres Amat):
Mas yo, Dios mío, dormiré en paz, y descansaré en tus promesas: porque tú, oh Señor, solo tú has asegurado mi esperanza.
El Salmo 126 le habla al que se levanta antes del alba y se acuesta tarde, cargado de trabajo: "En vano será el levantaros antes de amanecer", porque es Dios quien "concede el sueño y reposo a sus amados" (Salmo 126, 2). No se gana el descanso a fuerza de preocuparse. Se recibe.

Jacob se durmió al aire libre, huyendo de su hermano, con una piedra por almohada, y esa noche Dios le prometió en sueños que lo guardaría dondequiera que fuera (Génesis 28, 15). Ribera lo pintó dormido sin miedo, con un haz de luz sobre él. Así podemos dormir nosotros: no porque todo esté resuelto, sino porque Alguien nos guarda.
Oración para una noche de angustia
La preocupación es el ladrón de sueño más común. San Francisco de Sales, el obispo de Ginebra, le dedicó un capítulo entero de su Introducción a la vida devota. No regaña. Dice con claridad, en la antigua traducción castellana de 1793: "A excepción del pecado no hay mayor mal para el alma que la inquietud". Y lo explica con una imagen que cualquiera entiende a las tres de la mañana: nos pasa "lo que á los paxarillos, que al verse entre las redes y lazos, se agitan y baten las alas para salir, con lo qual se enredan cada vez mas".
Su remedio sirve exactamente para la madrugada: "Quando veas que empiezas á inquietarte, encomiéndate á Dios, y propon no hacer nada de quanto te pide tu deseo hasta que se te pase enteramente la inquietud". Dicho de otro modo: no tiene que resolverlo esta noche. Nada se decide a las tres de la mañana. Entrégueselo a Dios y decida con la luz del día.

San Pedro lo dice en una línea (1 Pedro 5, 7, Torres Amat):
Descargando en su amoroso seno todas vuestras solicitudes, pues él tiene cuidado de vosotros.
Una manera sencilla de hacerlo: nombre cada preocupación delante de Dios, una por una, y después de cada una diga: "Jesús, en tus manos lo dejo". Luego suéltela hasta mañana.
Jesús dormido en la tormenta
Los Evangelios muestran a Nuestro Señor dormido una sola vez, y fue en medio de una tormenta. San Marcos lo cuenta así (Marcos 4, 37-40, Torres Amat):
Levantóse entonces una gran tempestad de viento, que arrojaba las olas en la barca, de manera que ya esta se llenaba de agua. Entre tanto él estaba durmiendo en la popa sobre un cabezal. Despiértanle pues, y le dicen: Maestro, ¿no se te da nada que perezcamos? Y él levantándose amenazó al viento, y dijo a la mar: Calla tú, sosiégate. Y al instante calmó el viento: y sobrevino una grande bonanza. Entonces les dijo: ¿De qué teméis? ¿cómo no tenéis fe todavía?
Él podía dormir porque estaba en las manos de su Padre. Los discípulos no podían, y lo despertaron, y él les respondió. Esa es una buena oración para una noche sin sueño: "Maestro, ¿no se te da nada?". No le molesta que lo despertemos. "Calla tú, sosiégate."

Cuando el cansancio es demasiado: el profeta Elías
Hay noches en que no dormimos por agotamiento y desánimo. El profeta Elías llegó a ese punto. Huyendo para salvar la vida, se sentó bajo un enebro y pidió morir: "Llévate mi alma". Luego, "tendiéndose en el suelo, quedóse dormido a la sombra del enebro: cuando he aquí que el Ángel del Señor le tocó y dijo: Levántate, y come". Había pan y un vaso de agua a su cabecera; "comió, pues, y bebió, y se volvió a dormir" (3 Reyes 19, 4-6, Torres Amat).
La respuesta de Dios a la desesperación de su profeta fue sueño y comida antes que cualquier sermón. Descansar no es falta de fe. A veces es justamente lo que Dios quiere para nosotros.

Si se despierta de madrugada
Durante siglos, monjes y monjas se levantaron a media noche a propósito para rezar Maitines mientras el mundo dormía, siguiendo el salmo: "A media noche me levantaba a tributarte gracias" (Salmo 118, 62). Si usted se despierta a las dos o a las tres y no puede volver a dormir, puede unirse a ellos.
- Rece por alguien. En algún lugar alguien está muriendo, alguien está en el quirófano, alguien está solo. Ofrezca por él esa hora.
- Rece el Rosario despacio, o solo un misterio. Muchos se duermen antes de terminar, y a la Virgen no le molesta. Vea el Santo Rosario de hoy.
- Repita una oración corta al ritmo de la respiración: "Jesús, en ti confío", o "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí".
- Llame a su Ángel de la Guarda. Él tampoco duerme.

La oración y el sentido común van juntos
La Escritura le dice al enfermo que rece y que vaya al médico: "Hijo, cuando estés enfermo no descuides de ti mismo: antes bien haz oración al Señor, y él te curará", y también "Honra al médico; porque le necesitas" (Eclesiástico 38, 9 y 1, Torres Amat). Un insomnio que dura semanas, o las noches de pánico, merecen atención médica, y a veces la ayuda de un consejero. Cuidar el cuerpo que Dios nos dio es parte de confiar en él. También lo es apagar el teléfono una hora antes de acostarse.
Los santos a quienes pedir un buen descanso
- San José, a quien Dios habló cuatro veces en sueños, y que dormía en paz con Jesús y María a su cuidado. Vea también la oración a San José.
- Su Ángel de la Guarda, que vela toda la noche.
- La Virgen María, bajo cuyo manto se ponían los fieles cada noche al rezar la Salve.
- San Francisco de Sales, para la paz del corazón.
- Santa Teresita del Niño Jesús, que se dormía en la oración y no se angustiaba por eso: decía que los niños pequeños agradan a sus padres tanto dormidos como despiertos (Historia de un alma).

San José, ruega por nosotros esta noche. "Mas yo, Dios mío, dormiré en paz, y descansaré en tus promesas." Para empezar bien el día siguiente, vea la oración de la mañana; para el final del día, la oración de la noche; y todas las oraciones básicas en oraciones católicas.
Preguntas frecuentes
¿Qué oración católica puedo rezar para dormir?
Una muy antigua y sencilla son las tres jaculatorias: "Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía. Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía. Jesús, José y María, con vosotros descanse en paz el alma mía". Los devocionarios del siglo XIX las ponían para decirlas ya en la cama. También sirven la oración al Ángel de la Guarda y el Salmo 4: "Dormiré en paz, y descansaré".
¿Qué hago si no puedo dormir?
No pelee con el insomnio. Ofrézcale a Dios las horas en vela, rece despacio (un misterio del Rosario, un salmo o el nombre de Jesús) y entréguele las preocupaciones una por una. Muchos monjes se levantaban de noche a propósito para rezar. Si el insomnio dura semanas, consulte al médico: cuidar el cuerpo también es confiar en Dios.
¿Qué santo ayuda a dormir?
La Iglesia no ha nombrado oficialmente un patrono del sueño, pero muchos acuden a San José, a quien Dios habló cuatro veces en sueños, y que durmió en paz con la Sagrada Familia a su cuidado. Y cada noche podemos pedir a nuestro Ángel de la Guarda que vele por nosotros.
¿Es malo quedarse dormido rezando?
No. Santa Teresita del Niño Jesús se dormía a menudo en la oración y no se angustiaba por eso: decía que los niños pequeños agradan a sus padres tanto dormidos como despiertos. Quedarse dormido en la presencia de Dios no es un fracaso; es un hijo que descansa en los brazos de su Padre.
¿Hay un versículo de la Biblia para dormir en paz?
El Salmo 4, en la traducción de Torres Amat: "Mas yo, Dios mío, dormiré en paz, y descansaré en tus promesas: porque tú, oh Señor, solo tú has asegurado mi esperanza". También el Salmo 126: Dios "concede el sueño y reposo a sus amados", y la primera carta de San Pedro: "Descargando en su amoroso seno todas vuestras solicitudes, pues él tiene cuidado de vosotros".
Fuentes
- Devocionario cotidiano para asistir al santo sacrificio de la misa (1893), oraciones por la noche. las jaculatorias "Jesús, José y María", la oración "Os suplicamos, Señor, que visitéis esta morada" y el acto de contrición
- La Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat, tomo III: Salmos a Macabeos (1883). Salmo 4, 9-10 y Salmo 126, 2
- La Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat, tomo II: Reyes a Job (1883). 3 Reyes 19, 4-7
- La Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat, tomo IV: Nuevo Testamento. Marcos 4, 37-40 y 1 Pedro 5, 7
- San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota, parte IV, capítulo XI: De la inquietud (edición castellana de 1793)
- Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), apéndice: Oraciones comunes (Ángel de Dios)
- Santa Teresa de Lisieux, Historia de un alma (traducción inglesa de Thomas N. Taylor, Project Gutenberg)