Los siete arcángeles

Los siete arcángeles son los siete ángeles que, según la Escritura, están en pie delante de Dios (Tobías 12, 15; Apocalipsis 8, 2). La Biblia solo da el nombre de uno de ellos con certeza, Rafael, y la Iglesia honra a tres por su nombre: Miguel, Gabriel y Rafael. Los otros cuatro nombres vienen de listas no bíblicas que no coinciden entre sí, y la Iglesia pide no usarlos.
Los siete arcángeles están en la Biblia: la Escritura habla de siete ángeles que están en pie delante del trono de Dios. Lo que la Escritura no nos da es la lista completa de sus nombres. A lo largo de los siglos, judíos y cristianos han llenado ese hueco de maneras distintas, y las listas no coinciden. En esta página verá qué dice la Biblia, de dónde salen los nombres de los otros cuatro, la historia de la devoción de Palermo que tanto amaron España y América, y lo que la Iglesia nos pide hoy.
Los siete en la Sagrada Escritura
El texto más claro está en el libro de Tobías. Al final del largo viaje, el guía que ha acompañado al joven Tobías, ha librado a Sara del demonio y ha curado los ojos del anciano Tobías, revela por fin quién es:
Porque yo soy el ángel Rafael, uno de los siete espíritus principales que asistimos delante del Señor. (Tobías 12, 15, traducción de Torres Amat)
San Juan vio la misma compañía en el cielo: "Y vi luego á siete ángeles que estaban en pié delante de Dios, y dieronseles siete trompetas" (Apocalipsis 8, 2). Los versículos siguientes muestran qué hacen esos ángeles: otro ángel se pone ante el altar "con un incensario de oro", y se le dan "muchos perfumes, compuestos de las oraciones de todos los santos", para ofrecerlos ante el trono de Dios (8, 3). Nuestras oraciones suben a Dios de la mano de un ángel.

El Evangelio repite la fórmula cuando Gabriel se presenta a Zacarías: "Yo soy Gabriel, que asisto al trono de Dios" (Lucas 1, 19). Daniel llama a Miguel "uno de los primeros príncipes" (Daniel 10, 13), y la carta de San Judas lo llama "el arcángel". Por eso la tradición siempre ha contado a Gabriel y a Miguel entre los siete, con Rafael.
El Apocalipsis saluda además a sus lectores de parte de "los siete espíritus que están ante su trono" (1, 4). Ya Torres Amat anotaba en su Biblia que unos entienden por ellos a los ángeles de las siete iglesias y otros a "los siete primeros Ángeles que asisten al trono de Dios"; muchos Padres los leen como el Espíritu Santo con sus siete dones. Es mejor no apoyar nada en ese versículo.
En resumen: la Escritura nos dice que son siete y nos da con certeza un nombre, el de San Rafael Arcángel. Junto a él honramos a San Miguel Arcángel y a San Gabriel. Si quiere conocer a los tres, vea nuestra página de los arcángeles.

Las listas de nombres de los arcángeles
¿De dónde salen los otros cuatro nombres? De tradiciones distintas, y por eso nunca coinciden.
El libro de Henoc
La lista más antigua está en el libro de Henoc (1 Henoc 20), un escrito judío de los últimos siglos antes de Cristo que no forma parte de la Biblia católica. Según el resumen de la Jewish Encyclopedia (1906), nombra siete ángeles santos: Uriel, Rafael, Raguel, Miguel, Sariel, Gabriel y Jerahmeel, llamado Remiel en algunos manuscritos. A cada uno le asigna un oficio: Uriel, las luces del cielo; Rafael, los espíritus de los hombres; Miguel, el pueblo de Israel; Gabriel, el paraíso. Otros libros judíos antiguos dan nombres distintos.
Las Iglesias orientales
La Iglesia ortodoxa celebra el 8 de noviembre la Sinaxis del arcángel Miguel y de las demás potencias celestiales. La Iglesia Ortodoxa en América nombra a los arcángeles honrados ese día: Miguel, Gabriel, Rafael, Uriel, Selafiel, Jehudiel, Baraquiel y Jeremiel, que con este último son ocho. En los íconos de la fiesta, los siete suelen rodear una imagen de Cristo, cada uno con su atributo. La Iglesia ortodoxa de Etiopía, cuya Biblia incluye el libro de Henoc, tiene otra lista.

Las listas modernas
Los nombres que más circulan hoy por internet, con Jofiel, Chamuel y Zadquiel, tienen el origen más débil de todos: salen de escritos judíos tardíos y se popularizaron en Inglaterra en el siglo XIX; un vitral de 1862 en Brighton ya los muestra. Suelen venir acompañados de colores, días de la semana, "rayos" y piedras para cada ángel. Eso no es devoción católica, sino esoterismo, y conviene dejarlo de lado sin miedo y sin curiosidad.
La devoción de Palermo
El capítulo católico más conocido de esta historia empezó en Sicilia. En 1516, en una pequeña iglesia de Palermo, junto a la catedral, apareció bajo la cal un fresco antiguo de los siete arcángeles, cada uno con su atributo y su nombre. A Miguel, Gabriel y Rafael añadía otros cuatro: Uriel, Jehudiel, Sealtiel y Baraquiel. La noticia despertó una devoción que se extendió muy pronto por Italia y España.

El sacerdote que más la promovió fue Antonio Lo Duca, un siciliano que tenía a su cargo aquella iglesia. Llevó la devoción a Roma y pasó el resto de su vida pidiendo a los papas que aprobaran una misa y un oficio de los siete ángeles con sus nombres. Según la historia de la propia basílica, una mañana de verano de 1541 vio "una luz más blanca que la nieve" que salía de las ruinas de las termas de Diocleciano, y se convenció de que allí debía levantarse un templo a los siete ángeles.

Vio cumplida una parte de su esperanza. El 27 de julio de 1561, el papa Pío IV mandó construir una iglesia dentro de las termas, y Miguel Ángel, que tenía entonces más de ochenta años, hizo el proyecto. Pero la iglesia se dedicó a Santa María de los Ángeles y de los Mártires, no a siete arcángeles con nombre.

Los siete arcángeles en España y en América
En el mundo hispano la devoción floreció durante dos siglos. El jesuita murciano Andrés Serrano, procurador de la provincia de Filipinas, escribió un libro entero sobre Los siete príncipes de los ángeles, dedicado al rey Felipe V; su segunda impresión salió en Bruselas en 1707. Serrano es honesto en un punto que vale la pena citar. Escribe, en su ortografía antigua, que "aunque los nombres de Vriel (ó Nuriel) Sealtiel (ó Salatiel) Jehudiel, y Barachiel no tienen la autentica aprobacion de la Iglesia, como los de Miguel, Gabriel, y Rafael", muchos autores los aceptan. El mismo defensor de la devoción reconocía que la Iglesia no la había aprobado.
Serrano asignaba a cada ángel una gracia que pedir: a San Uriel, "la constancia, y fortaleza en la virtud"; a Sealtiel, el conocimiento de las propias ofensas a Dios y "un noble arrepentimiento"; a Jehudiel, "el don de piedad"; a Baraquiel, el temor de Dios.

En la Nueva España, los pintores pusieron a los siete bajo la Santísima Trinidad, con la Virgen y los santos, como en este lienzo que hoy guarda el Museo Nacional del Virreinato.

En los altos Andes del Perú y de Bolivia, los artistas del siglo XVII retrataron a los arcángeles como elegantes arcabuceros vestidos a la moda de la corte española, con sombreros de plumas, encajes y brocados, a menudo con nombres de las listas no aprobadas, como Asiel, "temor de Dios". Los pintaban como una guardia real del cielo.

Las series del Maestro de Calamarca, en la iglesia de ese pueblo boliviano cerca de La Paz, son de lo más hermoso del arte virreinal. Todavía hoy cuelgan en los muros de iglesias de pueblo, donde los fieles rezan bajo su mirada.

No todos van armados. Algunos llevan flores, palmas o espigas de trigo, y su vestido es el de un paje de la corte.

Lo que decidió la Iglesia
La Iglesia dejó caer los cuatro nombres añadidos en lugar de aprobarlos. Sus razones se remontan al año 745, cuando un sínodo romano presidido por el papa San Zacarías condenó una oración que invocaba a Uriel, Raguel y otros ángeles por su nombre. Los obispos declararon que solo conocemos tres nombres de ángeles, Miguel, Gabriel y Rafael, por la enseñanza de la Sede Apostólica y la autoridad divina. Esa sigue siendo la norma. El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia (2001) alaba la devoción a los santos ángeles y después dice: "También hay que rechazar el uso de dar a los Ángeles nombres particulares, excepto Miguel, Gabriel y Rafael, que aparecen en la Escritura" (n. 217).
Los cuadros quedan, y vale la pena verlos. Sus nombres forman parte de la historia del arte, no de nuestra oración.

Cómo honramos hoy a los siete arcángeles
Creemos lo que nos dice la Escritura: siete grandes ángeles están delante de Dios, le presentan las oraciones de los santos y son enviados a nosotros en nuestras necesidades. Honramos a los tres cuyos nombres Dios nos ha revelado en su fiesta común, el 29 de septiembre, y a los ángeles custodios el 2 de octubre. Cuando queremos rezar a toda la corte de los ángeles, la Iglesia nos da palabras que no necesitan nombres añadidos: en cada misa unimos nuestra voz a la de "los ángeles y arcángeles" para cantar el Santo.
Algunas maneras sencillas de hacerlo:
- Rece cada día la oración a San Miguel Arcángel de León XIII, o la coronilla a San Miguel Arcángel, que saluda a los nueve coros de los ángeles.
- Rece el Ángelus, que repite el anuncio de Gabriel.
- Antes de un viaje o en la enfermedad, pida la compañía de San Rafael Arcángel.
- Salude cada mañana a su ángel con la oración al Ángel de la guarda.
Pidamos a los siete que están delante del Señor que lleven allí nuestras oraciones, como Rafael llevó las de Tobías y de Sara. Santos ángeles de Dios, rueguen por nosotros.
Preguntas frecuentes
¿Cuáles son los nombres de los siete arcángeles?
La Escritura solo nombra a Rafael como uno de los siete (Tobías 12, 15), y la Iglesia honra por su nombre a tres arcángeles: Miguel, Gabriel y Rafael. Las listas que añaden cuatro nombres no coinciden. El libro de Henoc da Uriel, Raguel, Sariel y Remiel; las Iglesias ortodoxas, Uriel, Selafiel, Jehudiel y Baraquiel; la devoción de Palermo, Uriel, Jehudiel, Sealtiel y Baraquiel; las listas modernas de internet, Jofiel, Chamuel y Zadquiel.
¿La Biblia habla de siete arcángeles?
Sí, en el sentido de que habla de siete ángeles que están delante de Dios. Rafael dice: "Yo soy el ángel Rafael, uno de los siete espíritus principales que asistimos delante del Señor" (Tobías 12, 15), y San Juan vio "siete ángeles que estaban en pie delante de Dios" (Apocalipsis 8, 2). La Escritura no da los otros nombres.
¿Por qué la Iglesia católica solo reconoce a tres arcángeles?
Porque solo Miguel, Gabriel y Rafael aparecen con su nombre en la Sagrada Escritura. Un sínodo romano presidido por el papa San Zacarías en el año 745 declaró que solo esos tres se conocen por autoridad divina, y el Directorio sobre la piedad popular y la liturgia (2001) pide "rechazar el uso de dar a los Ángeles nombres particulares, excepto Miguel, Gabriel y Rafael" (n. 217).
¿Quiénes son Jofiel, Chamuel y Zadquiel?
Son nombres sacados de escritos judíos tardíos, popularizados en el siglo XIX, y hoy circulan sobre todo en páginas esotéricas, a menudo con colores, días de la semana y "rayos" asignados a cada uno. Nada de eso pertenece a la fe católica. La Iglesia no reconoce esos nombres y pide no invocar a los ángeles con nombres que no están en la Escritura.
¿Cuándo es la fiesta de los arcángeles?
El 29 de septiembre la Iglesia celebra juntos a San Miguel, San Gabriel y San Rafael. Los ángeles custodios tienen su memoria el 2 de octubre. Las Iglesias orientales celebran la Sinaxis del arcángel Miguel y de las demás potencias celestiales el 8 de noviembre.
Fuentes
- La Sagrada Biblia, traducida de la Vulgata latina al español por Félix Torres Amat (1823-1825), Internet Archive. Tobías 12, 15; Daniel 10, 13; Lucas 1, 19; Apocalipsis 8, 2-3 y la nota a Apocalipsis 1, 4
- Andrés Serrano, S. J., Los siete príncipes de los ángeles, validos del Rey del cielo (2.ª impresión, Bruselas, 1707), Internet Archive. los nombres de Palermo y la confesión de que no tienen la aprobación de la Iglesia
- Jewish Encyclopedia (1906): Angelology. la lista de 1 Henoc 20
- Orthodox Church in America: Synaxis of the Archangel Michael and the Other Bodiless Powers
- Basilica di Santa Maria degli Angeli e dei Martiri: La Basilica. la visión de Antonio Lo Duca en 1541 y la bula de Pío IV del 27 de julio de 1561
- Actas del sínodo romano del 25 de octubre de 745 (The Letters of St. Boniface, trad. Emerton), Fordham University
- Congregación para el Culto Divino, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia (2001), n. 217