Virgen de Juquila

Ilustración en estilo óleo de una pequeña imagen de la Inmaculada de rostro moreno, con vestido blanco bordado en forma de triángulo y cabellera oscura, dentro de un nicho dorado
Ilustración

La Virgen de Juquila es una pequeña imagen de madera de la Inmaculada Concepción, de rostro moreno, que se venera en Santa Catarina Juquila, en la sierra sur de Oaxaca. Según la tradición, salió intacta de un incendio en el pueblo chatino de Amialtepec. Su gran fiesta es el 8 de diciembre, y fue coronada en nombre del papa en 2014.

tradicional Según la tradición recogida en 1791, la pequeña imagen quedó intacta sobre las cenizas cuando el fuego consumió la capilla de Amialtepec, y desde entonces su rostro es moreno.

¿Quién es la Virgen de Juquila?

La Virgen de Juquila es la Santísima Virgen María honrada en una pequeña imagen de la Inmaculada Concepción que se venera en Santa Catarina Juquila, un pueblo de la sierra sur de Oaxaca. Mide apenas una tercia de vara, unos 28 centímetros. Tiene el rostro moreno, las manos juntas ante el pecho y la mirada baja, y los oaxaqueños le dicen con cariño "la Juquilita". Cada 8 de diciembre, día de la Inmaculada, miles de peregrinos suben por la carretera de la sierra para saludarla.

No es una aparición. María no se mostró ni habló en Juquila. Lo que hay es una imagen sencilla, tallada en madera, que el pueblo chatino guardó en su capilla, que según la tradición sobrevivió a un incendio y que por eso se volvió centro de una devoción enorme. Es la misma Madre que honramos como Virgen de Guadalupe o como Inmaculada Concepción, con otro rostro y en otra tierra. Por eso la llamamos una de las advocaciones de la Virgen María.

Fachada blanca del santuario de Juquila, de estilo barroco, con dos torres de campanario y un nicho central, bajo un cielo azul intenso
Fachada del santuario de Nuestra Señora de Juquila, con sus dos torres blancas, en Santa Catarina Juquila. ⓘFoto: Elfilia, CC BY-SA 3.0

Historia de la Virgen de Juquila

Lo que dice la tradición

Casi todo lo que sabemos del origen viene de un libro: las Memorias de la portentosa imagen de Nuestra Señora de Xuquila, que el doctor José Manuel Ruiz y Cervantes escribió bajo el patrocinio del obispo José Gregorio Alonso de Ortigosa y que se imprimió en México en 1791, con una novena y cinco grabados de Francisco Agüera. El autor reconoce que trabajó con la tradición y con los testimonios de los vecinos más ancianos, porque no había documentos del principio.

Según esas Memorias, la imagen había acompañado en sus misiones al dominico fray Jordán de Santa Catalina, que la regaló a su catequista indígena, natural de Amialtepec, un pueblito chatino que pertenecía a la doctrina de Santa Catarina Juquila. El indio la puso en su choza. Los vecinos empezaron a rezarle el rosario y a contar favores recibidos, y con el tiempo la imagen pasó a la capilla del pueblo.

Hay que decirlo con honestidad: el historiador Mario Sarmiento Zúñiga, de la UNAM, señala que la crónica de fray Francisco de Burgoa sobre fray Jordán nunca menciona la imagen, y que lo más probable es que el fraile no haya llegado a la zona chatina. La historia del regalo es tradicional. Lo que sí está comprobado es la talla misma: cuando el Centro INAH Oaxaca intervino la imagen en 1989, dictaminó que es una escultura de madera de finales del siglo XVI, con estrellas azules en el manto y la túnica, de pie sobre una media luna, como se representa a la Inmaculada.

El incendio de Amialtepec

El suceso que hizo famosa a la imagen fue un incendio. Como se hacía cada invierno, los campesinos quemaron el monte para preparar la siembra, pero el viento llevó el fuego hasta el pueblo y ardieron las chozas, techadas de zacate, y la capilla. Ruiz y Cervantes lo contó así:

Quedó sobre el montón de ceniza con los vestidos intactos, negra como se pinta ella misma; pero hermosa como todos la ponderan.

Por eso la Virgen de Juquila es morena. Algunos decían que se le veían pequeñas ampollas en el rostro; Ruiz y Cervantes, que la observó varias veces de cerca, escribió que él no las vio. Este milagro es tradicional: lo transmitieron los vecinos y lo recogió el cronista, pero la Iglesia nunca abrió un proceso sobre él.

Ilustración en estilo óleo de campesinos indígenas que encuentran la pequeña imagen de la Virgen intacta sobre las cenizas de su capilla incendiada
Los vecinos de Amialtepec encuentran la pequeña imagen intacta sobre las cenizas de su capilla.

Las idas y vueltas a Amialtepec

Hacia 1633, el párroco de Juquila, el licenciado Jacinto Escudero, pensó que la imagen estaría mejor en la iglesia parroquial que en una capilla de pueblo, porque ya llegaban muchos devotos. Los de Amialtepec se resistieron: la querían, y además vivían de hospedar y alimentar a los peregrinos. La imagen fue llevada a Juquila y, según la tradición, volvió sola a Amialtepec, aunque el cura cerró las puertas con llave y puso guardias. Esto se repitió varias veces y el párroco se resignó. Cuenta como hecho tradicional; el propio cronista dice que muchos lo atribuían a los vecinos inconformes.

El asunto se resolvió casi un siglo después. Otro párroco, Manuel Cayetano Casaus de Acuña, pidió un decreto al obispo fray Ángel Maldonado, quien lo firmó el 30 de junio de 1719: la "Soberana Imagen de nuestra Señora de Amialtepec" debía quedarse siempre en la parroquia de Juquila. La llevaron en procesión, y el cura, su teniente y el vicario caminaron descalzos en señal de humildad. Esta vez la pusieron en el altar mayor, y ahí se quedó.

Ilustración en estilo grabado de una procesión por un camino de montaña, con un sacerdote descalzo que lleva una pequeña imagen de la Virgen bajo palio
Una procesión lleva a la pequeña imagen por los caminos de la sierra hasta la parroquia de Juquila.

Un santuario para la Señora

En el siglo XVIII la devoción creció mucho. El papa Clemente XIII concedió gracias a la archicofradía de la Virgen con la bula Considerantes, del 15 de julio de 1759. Las paredes de la iglesia se llenaron de exvotos pintados, de cera y de plata; según las Memorias, había que quitar unos doscientos al año para dar lugar a los nuevos. Para la fiesta del 8 de diciembre llegaban unos 23,000 visitantes, y el mayordomo de la Virgen anotó con asombro que, con tanta gente, no se recordaban pleitos ni robos.

El obispo Ortigosa quiso darle una casa digna. La primera piedra del nuevo santuario se puso en 1784, y su sucesor, el obispo Gregorio José de Omaña y Sotomayor, emprendió en 1794 la visita pastoral para consagrarlo. Es el templo blanco de dos torres que los peregrinos ven al llegar.

Interior blanco y dorado del santuario de Juquila lleno de peregrinos que avanzan hacia el altar mayor, donde se venera la pequeña imagen
Peregrinos llenan el santuario y avanzan hacia el altar mayor, donde está la pequeña imagen. ⓘFoto: Neto wiki12, CC BY-SA 3.0

La coronación pontificia de 2014

En febrero de 2014, el arzobispo de Antequera-Oaxaca, José Luis Chávez Botello, anunció que la Santa Sede había concedido la coronación pontificia de la imagen. La ceremonia se celebró el 8 de octubre de 2014 en Santa Catarina Juquila, en el lugar llamado Cerro del Azufre, ante más de doce mil fieles. Se leyó una carta del papa Francisco y habló el nuncio apostólico, Christophe Pierre. El arzobispo pidió a todos orar por la paz y la reconciliación en Oaxaca.

Los milagros de la Virgen de Juquila

Los milagros que se atribuyen a la Virgen de Juquila son, en su mayoría, tradicionales o reportados:

  • El incendio de Amialtepec (tradicional): la imagen apareció intacta sobre las cenizas.
  • El rayo en la iglesia de Juquila (tradicional): poco después del traslado cayó un rayo sobre la iglesia, techada de zacate; dejó marcas en el artesonado y en las paredes, pero la imagen no sufrió nada.
  • El incendio de 1769 (reportado): se quemó la casa parroquial y unas veinticinco viviendas, y según el cronista el fuego se apagó cuando sacaron la imagen del templo. Ruiz y Cervantes la comparó con la zarza ardiente que vio Moisés en el monte Horeb.
  • Los favores de cada día (reportados): los miles de exvotos, muletas y bastones que los fieles dejaron en el santuario durante tres siglos son testimonio de gracias pedidas y recibidas.

Ninguno ha sido examinado por la Iglesia como milagro aprobado. No hace falta. La Iglesia aprueba la devoción y bendice a los peregrinos; los milagros quedan como memoria agradecida de un pueblo.

Símbolos de la Virgen de Juquila en el arte

La imagen se reconoce enseguida en estampas, veladoras y altares:

  • Una Inmaculada muy pequeña y de rostro moreno, oscurecido, según la tradición, por el fuego.
  • Las manos juntas ante el pecho y los ojos bajos, como describe Ruiz y Cervantes: "junta ante el pecho las manos, e inclina modestamente los ojos".
  • La cabellera larga y oscura que cae sobre el vestido.
  • Un vestido acampanado en forma de triángulo, casi siempre blanco o de colores claros, bordado en oro y plata. Lo que el peregrino ve es sobre todo ese vestido, con la carita en lo alto.
  • La media luna a los pies, propia de la Inmaculada (Apocalipsis 12,1).
  • Corona, resplandor y una urna o nicho de cristal, donde se la guarda y en la que se la saca en procesión.

En muchas estampas aparece sobre un fondo de flores, rodeada de veladoras. Esas son las mismas flores y velas que los peregrinos le llevan.

Mariachis con trompetas y fieles reunidos en un pasillo del mercado de Orizaba, adornado con papel picado, para cantarle las mañanitas a la Virgen de Juquila
Mariachis y fieles le cantan las mañanitas a la Virgen de Juquila en un mercado de Orizaba, Veracruz. ⓘ

La peregrinación y la fiesta

La fiesta grande es el 8 de diciembre. Desde finales de noviembre, la carretera de la sierra se llena de peregrinos a pie, en bicicleta, en camionetas y en autobús. Muchos vienen de los Valles Centrales, de la Mixteca y de la Costa; otros llegan de la Ciudad de México, de Puebla y de Veracruz, y no pocos de los Estados Unidos. En Orizaba, en la Ciudad de México y en muchas parroquias de migrantes oaxaqueños hay altares y fiestas propias de la Virgen de Juquila.

Al llegar, el peregrino oye misa, se confiesa, le lleva flores y velas, y le da gracias por los favores recibidos. Pidamos que esa caminata, con todo su cansancio, nos lleve a lo que María quiere: que hagamos lo que su Hijo nos diga.

Ilustración en estilo acuarela de una familia de peregrinos que camina de noche por la carretera de la sierra con una pequeña imagen de la Virgen y veladoras
Una familia de peregrinos camina de madrugada por la carretera de la sierra hacia Juquila.

El Pedimento

Unos kilómetros antes de llegar, en un cerro con pinos y una capilla, está el lugar llamado el Pedimento. Ahí muchos peregrinos modelan en barro pequeñas figuras de lo que piden: una casita, un animal, un coche, una cuna, un título. Es una costumbre popular que nació del deseo de poner ante la Virgen, con las manos, lo que se lleva en el corazón.

Ilustración en estilo de dibujo a tinta de peregrinos que modelan en barro pequeñas casas y animales junto a una capilla en un cerro con neblina
Peregrinos modelan en barro sus peticiones junto a la capilla del cerro.

Conviene vivirla bien. La figura de barro no tiene poder propio; no es un amuleto ni un trato. Vale por la oración que la acompaña. Le pedimos a María que interceda por nosotros ante su Hijo, y aceptamos con confianza lo que Dios disponga.

Capilla de tejas rojas con una cruz en lo alto, rodeada de pinos y neblina, con peregrinos en la explanada del Pedimento
La capilla del Pedimento, entre pinos y neblina, en el camino a Santa Catarina Juquila. ⓘFoto: holachetumal, CC BY 3.0

Oración a la Virgen de Juquila

No conocemos una oración antigua a la Virgen de Juquila cuyo texto podamos verificar. Las Memorias de 1791 traían una novena, pero no hemos podido consultar el ejemplar, y muchas oraciones que circulan hoy son modernas y de autor desconocido. Por eso proponemos dos caminos.

El primero es rezarle como lo que es, la Inmaculada, con una oración tradicional de dominio público que generaciones de mexicanos aprendieron de niños:

Bendita sea tu pureza

y eternamente lo sea,

pues todo un Dios se recrea

en tan graciosa belleza.

A ti, celestial princesa,

Virgen sagrada María,

yo te ofrezco en este día

alma, vida y corazón.

Mírame con compasión,

no me dejes, Madre mía.

El segundo es una oración breve, escrita para esta página por el Pastor Lyvers:

Santísima Virgen de Juquila,

Madre pequeña y morena que saliste del fuego:

mira a tus hijos que caminan hacia ti con sus cargas.

Preséntale a tu Hijo Jesús lo que no sabemos decir,

cuida a nuestras familias, a los que están lejos de su tierra

y a los que no tienen trabajo ni salud.

Enséñanos a confiar como tú confiaste. Amén.

Terminamos con un Avemaría y la jaculatoria de siempre: "¡Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti!"

La Virgen de Juquila y las demás advocaciones

El Concilio Vaticano II enseña que la Iglesia ha aprobado diversas formas de piedad hacia la Madre de Dios "de acuerdo con las condiciones de tiempos y lugares" (Lumen gentium, 66). Juquila es un ejemplo claro: una talla de la Inmaculada que los chatinos hicieron suya y que hoy acompaña a medio Oaxaca. Si quiere conocer otras imágenes queridas de México, vea la Virgen de San Juan de los Lagos, la Virgen de Zapopan y la Virgen de Talpa, y la lista completa de advocaciones de la Virgen María.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la historia de la Virgen de Juquila?

La tradición, escrita por José Manuel Ruiz y Cervantes en 1791, cuenta que el fraile dominico Jordán de Santa Catalina regaló la pequeña imagen a un indígena de Amialtepec que lo ayudaba en sus misiones. Un incendio arrasó el pueblo y su capilla, y la imagen apareció intacta sobre las cenizas, aunque ennegrecida. Después de varios intentos, el obispo ordenó en 1719 que se quedara en la parroquia de Santa Catarina Juquila.

¿Cuándo es la fiesta de la Virgen de Juquila?

El 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción. En los días previos llegan a Juquila peregrinos de todo Oaxaca y de muchas partes de México y de los Estados Unidos. Muchas comunidades le cantan las mañanitas esa madrugada.

¿Por qué la Virgen de Juquila es morena?

La tradición dice que el humo y el fuego del incendio de Amialtepec oscurecieron su rostro. El dictamen que hizo el INAH en 1989 confirmó que es una talla de madera de finales del siglo XVI, sin capa de preparación. Ruiz y Cervantes, que la observó de cerca, negó haber visto las ampollas que algunos decían ver en su cara.

¿Qué es el Pedimento de Juquila?

Es un cerro con una capilla en el camino a Santa Catarina Juquila. Allí muchos peregrinos modelan en barro pequeñas figuras de lo que piden a la Virgen: una casa, un animal, una cuna. Es una costumbre popular, no un rito de la Iglesia. Lo que da valor a ese gesto es la oración humilde que lo acompaña y la confianza en que María lleva nuestras súplicas a su Hijo.

¿Dónde está el santuario de la Virgen de Juquila?

En Santa Catarina Juquila, en la región de la Costa y la Sierra Sur de Oaxaca, a varias horas por carretera de la ciudad de Oaxaca y de Puerto Escondido. El santuario actual se empezó en 1784 y fue consagrado por el obispo Gregorio José de Omaña y Sotomayor hacia 1794.

Fuentes

  1. Mario Carlos Sarmiento Zúñiga, «Un portento milagroso en época de reformas. La imagen de la Inmaculada Concepción de Juquila en la configuración de una devoción secular», Estudios de Historia Novohispana 56 (2017), pp. 26-39. El estudio del INAH de 1989 sobre la talla, el decreto de 1719, la primera piedra de 1784 y la consagración del santuario.
  2. María Concepción Amerlinck de Corsi, «Las Memorias de la portentosa imagen de Nuestra Señora de Xuquila y el grabador Francisco Agüera Bustamante», Boletín de Monumentos Históricos, tercera época, núm. 27 (2013), INAH. Resume la crónica de Ruiz y Cervantes (1791), la bula de Clemente XIII de 1759 y los 23,000 peregrinos del 8 de diciembre en el siglo XVIII.
  3. Quadratín México, «Se corona Inmaculada Virgen de Juquila ante más de 12 mil espectadores» (8 de octubre de 2014)
  4. Concilio Vaticano II, constitución dogmática Lumen gentium, n. 66