Santa Lucía
Santa Lucía fue una joven cristiana de Siracusa, en Sicilia, martirizada hacia el año 304 en la persecución de Diocleciano. Su nombre viene del latín lux, "luz". Su fiesta es el 13 de diciembre y es patrona de la vista, de los ciegos y de quienes sufren de los ojos.
tradicional La tradición cuenta que ni los guardias ni una yunta de bueyes pudieron mover a Lucía del lugar donde estaba.
¿Quién fue Santa Lucía?
Santa Lucía fue una joven cristiana de Siracusa, la gran ciudad griega de la costa oriental de Sicilia, que dio la vida por Cristo hacia el año 304, en la última y más dura persecución del Imperio romano, la de Diocleciano. Nació hacia el 283 en una familia rica, y su padre murió cuando ella era pequeña. Lo que sabemos de su vida viene sobre todo de las Actas de Santa Lucía, escritas más de un siglo después de su muerte. Los historiadores aceptan que fue una mártir real de Siracusa; muchos detalles de las Actas, en cambio, son legendarios.
Su nombre es latino, Lucía, de lux, "luz". Los escritores medievales sacaron mucho provecho de esa palabra, y de ella nace casi todo lo que los cristianos hicimos después con su memoria: su patronazgo sobre la vista, su lámpara y las fiestas con velas de su día, en lo más oscuro de diciembre.

Celebramos su memoria el 13 de diciembre, y es una de las pocas santas cuyo nombre pronuncia el sacerdote en la plegaria eucarística más antigua de la Misa latina. Las Iglesias ortodoxas la honran el mismo día.
La vida de Santa Lucía según sus Actas
Las Actas (en latín, Passio) se conservan en griego y en latín. La Enciclopedia Católica las fecha probablemente en el siglo V y advierte que "no pueden ser consideradas como precisas", aunque "no puede haber duda de la gran veneración que fue mostrada a Santa Lucía por la Iglesia primitiva". San Aldhelmo, obispo inglés que murió en 709, fue el primero en contar su historia completa, y San Beda la puso en su martirologio en el siglo VIII. Hacia 1260, Santiago de la Vorágine la resumió en la Leyenda dorada. Todo lo que sigue en esta sección es tradicional.
Lucía y su madre
La madre de Lucía se llamaba Eutiquia. Sufría desde hacía años de flujo de sangre, y ningún médico había podido curarla. Había prometido a su hija, también, en matrimonio a un joven de Siracusa que, en los relatos posteriores, es pagano. Lucía, en silencio, ya había consagrado su virginidad a Dios.
La peregrinación a la tumba de Santa Águeda
A unos ochenta kilómetros, en Catania, estaba la tumba de Santa Águeda, una virgen mártir de la persecución de Decio, unos cincuenta años antes. Allí fueron madre e hija a rezar. En la Misa escucharon el Evangelio de la mujer que se curó de un flujo de sangre al tocar el manto de Jesús, y Lucía le dijo a su madre que, si lo creía, tocara con la misma fe la tumba de Águeda.

Se quedaron junto a la tumba cuando la gente se fue, y Lucía se durmió rezando. En sueños vio a Águeda entre los ángeles. La santa le preguntó, con cariño de hermana, por qué le pedía a ella algo que Lucía misma podía obtener para su madre, y le dijo que Eutiquia ya estaba curada por la fe de su hija.

La dote para los pobres
Eutiquia despertó sana. Lucía le pidió que no le hablara más de marido y que diera su dote a los pobres. La madre le propuso esperar a que ella muriera, y Lucía le respondió que lo que se da al morir se da porque no se lo puede uno llevar. Empezaron a vender tierras y joyas y a repartir el dinero entre viudas y huérfanos.

El prometido preguntó a la nodriza de Lucía por qué la familia lo vendía todo. Ella le contestó que Lucía había encontrado una propiedad mejor en la que invertir, y él hasta ayudó con las ventas. Cuando comprendió que esa "propiedad" era el cielo y que el dinero había ido a parar a los pobres, la denunció como cristiana ante el gobernador.

Ante el juez Pascasio
El gobernador Pascasio le ordenó sacrificar a los dioses. Lucía respondió que el sacrificio que agrada a Dios es visitar a las viudas y a los huérfanos, que ella lo había ofrecido durante tres años, y que ahora, sin nada más que dar, se ofrecía a sí misma. Pascasio le preguntó si se creía Dios. Ella contestó que era sierva de Dios, y que sus palabras eran de Dios, porque Cristo prometió que el Espíritu Santo hablaría por los suyos ante los jueces. Cuando el juez le preguntó si el Espíritu Santo estaba en ella, Lucía le recordó las palabras del Apóstol: los que viven castamente son templo de Dios.
Pascasio la amenazó con llevarla a un prostíbulo para que el Espíritu Santo la abandonara. Lucía le respondió que el cuerpo no se mancha sin el consentimiento de la voluntad, y que la violencia que sufriera contra su voluntad solo le duplicaría la corona.

Los bueyes y el fuego
Los guardias no pudieron moverla. Se sumaron más hombres a las cuerdas; luego lo intentaron los magos del gobernador; luego le ataron yuntas de bueyes, y Lucía siguió inmóvil como una montaña. La Enciclopedia Católica lo dice así: "con la fuerza de Dios ella permaneció inamovible". Pascasio mandó encender una hoguera a su alrededor, con brea, resina y aceite hirviendo, y el fuego tampoco le hizo daño.


Su muerte
Al final, cuenta la Leyenda dorada, le atravesaron la garganta con una espada. No murió en el acto. Anunció a los presentes que la Iglesia pronto tendría paz, y que así como Águeda protegía Catania, ella protegería Siracusa. No quiso morir hasta que un sacerdote le trajo la Comunión; después de recibirla, entregó su alma. La Enciclopedia Católica lo resume con belleza: "fortalecida con el Pan de Vida, ganó las coronas de la virginidad y el martirio".

Caravaggio pintó ese final en 1608, después de escapar de la cárcel en Malta, para la iglesia de Santa Lucía del Sepulcro de Siracusa, levantada sobre el lugar tradicional de su sepultura. La santa yace pequeña en el suelo, bajo un muro enorme y desnudo, mientras dos sepultureros llenan el primer plano.

Los milagros de Santa Lucía
Ningún milagro de Lucía ha pasado por una investigación formal, porque su culto es mucho más antiguo que el proceso moderno de canonización. Así los clasificamos:
- La curación de su madre ante la tumba de Santa Águeda: tradicional, de las Actas.
- Los guardias, los bueyes y el fuego que no pudieron moverla ni dañarla: tradicional.
- Los ojos que le devolvió Dios después de arrancárselos: tradicional y tardío; no aparece en las Actas.
- La hambruna de 1646 en Siracusa: tradicional. Durante una carestía, mientras el pueblo rezaba en la catedral, entró volando una codorniz y llegó la noticia de que habían entrado al puerto barcos cargados de grano. Siracusa todavía celebra en mayo la fiesta de Santa Lucía de las Codornices.
- Curaciones de la vista por su intercesión: reportado. Los fieles las cuentan desde hace siglos, pero la Iglesia no las ha examinado formalmente.
Pruebas de Santa Lucía en la Iglesia antigua
Lucía está mejor documentada que muchos mártires antiguos. En 1894, el arqueólogo Paolo Orsi encontró en la catacumba de San Juan de Siracusa un epitafio griego de una joven llamada Euskia, que vivió unos veinticinco años y murió el día de la fiesta de Santa Lucía. La base de datos I.Sicily de la Universidad de Oxford lo fecha a principios del siglo V y lo considera la prueba más antigua de su culto.
Su nombre está también en el Canon Romano, la plegaria eucarística más antigua de la Misa latina, entre siete mujeres mártires: Felicidad, Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia y Anastasia. La Enciclopedia Católica recuerda que aparece en el canon atribuido a San Gregorio Magno, que murió en 604, y que su Sacramentario y su Antifonario tienen oraciones y antífonas propias para ella. Así la Iglesia de Roma la nombró en cada Misa junto a Santa Cecilia y las demás vírgenes mártires.
¿Por qué Santa Lucía es patrona de la vista?
Las Actas no dicen nada de sus ojos. Las historias de que se los arrancaron antes de morir, o de que ella misma se los sacó y se los envió al pretendiente que los admiraba, aparecen solo en la Baja Edad Media, junto con la idea de que Dios le dio unos ojos nuevos y más hermosos. Esas leyendas, unidas a su nombre, la hicieron patrona de los ciegos y de todos los que sufren de la vista. Por eso en el arte sostiene tantas veces dos ojos en un plato.

Hoy seguimos acudiendo a ella cuando la vista se apaga, cuando esperamos una operación de cataratas o cuando un hijo nace con problemas en los ojos. El arcángel San Rafael, que curó la ceguera de Tobit, es el otro santo al que más se invoca por la vista.

Santa Lucía en la Divina Comedia
Dante le dio a Lucía un papel mayor que a casi cualquier otro santo de su poema. En el Convivio cuenta que una vez leyó tanto que se le debilitó la vista, y Lucía era la santa de los ojos. En la Comedia es una mensajera de la gracia que trae luz:
- Infierno II: una "mujer gentil" del cielo, que la tradición identifica con la Virgen María, ve a Dante perdido en la selva oscura y llama a Lucía, que va a pedirle a Beatriz que lo socorra.
- Purgatorio IX: Dante se duerme al pie del monte del Purgatorio. Al despertar, Virgilio le explica que una dama vino al amanecer, dijo ser Lucía, lo llevó dormido en brazos hasta la puerta y se la señaló con sus ojos hermosos.
- Paraíso XXXII: en la rosa blanca del cielo, San Bernardo le muestra a Dante a Lucía sentada frente a Adán.
Símbolos de Santa Lucía en el arte
Cuando uno sabe qué buscar, Lucía es una de las santas más fáciles de reconocer en una iglesia o un museo. Cada uno de sus objetos cuenta un trozo de su historia:
- Un plato con dos ojos: su emblema más conocido, tomado de la leyenda medieval. Beccafumi y Zurbarán la pintaron con el plato en la mano, serena, casi como quien ofrece un regalo. Pintores más antiguos, como Francesco del Cossa, ponen los ojos en un tallo, como si fueran una flor.
- La palma del martirio: la rama que llevan todos los mártires en el arte cristiano, signo de victoria tomado del Apocalipsis (7, 9).
- Una lámpara o una vela: un juego con su nombre, que significa luz. Recuerda también a las vírgenes prudentes de la parábola, que mantenían encendidas sus lámparas.
- Una espada o un puñal: las Actas dicen que murió atravesada por la espada, y algunos pintores muestran la hoja en su cuello.
- Bueyes y cuerdas: la escena de la yunta que no logró moverla, frecuente en las tablas italianas y flamencas, como la Leyenda de Brujas y la predela de Lotto que ve en esta página.
- Una corona de velas: en Escandinavia se la representa como la Lucía de su fiesta, de blanco, con faja roja y corona de luces. Esa imagen viene de la costumbre popular, no de las fuentes antiguas.
El pintor extremeño Francisco de Zurbarán reunió varios de estos signos en su Santa Lucía de finales de la década de 1620: palma, plato y ojos, con flores en el pelo y su nombre escrito arriba, como hizo con muchas santas en su taller de Sevilla.

En los iconos orientales, Lucía se parece a las demás vírgenes mártires: una joven con manto rojo u oscuro que sostiene una pequeña cruz. Los ojos en un plato son un atributo occidental.
Las reliquias de Santa Lucía
Lucía fue sepultada en Siracusa, y su tumba, en la catacumba bajo Santa Lucía del Sepulcro, se sigue visitando. Lo que pasó después con su cuerpo lo cuentan dos tradiciones distintas.
La tradición veneciana, que sigue la iglesia que hoy la custodia, dice que sus restos se escondieron durante el dominio árabe de Sicilia, que en 1039 el general bizantino Jorge Maniaces los envió a Constantinopla, y que después del saqueo de Constantinopla en 1204 los venecianos se los llevaron a su ciudad. Otra tradición, que recoge Sigeberto de Gembloux y repite la Enciclopedia Católica, dice que Faroaldo, duque de Espoleto, llevó el cuerpo a Corfinio, en Italia, y que en 972 pasó a Metz. La misma enciclopedia añade que en 1513 Venecia regaló la cabeza de la santa al rey Luis XII de Francia, que la depositó en la catedral de Bourges.

En la década de 1860, el gobierno austriaco de Venecia derribó la iglesia de Santa Lucía para construir la estación de tren, y las reliquias pasaron a la cercana iglesia de San Geremia. La estación todavía se llama Venezia Santa Lucia. En 1955, el patriarca de Venecia, Angelo Roncalli, el futuro San Juan XXIII, hizo poner una máscara de plata sobre su rostro. El 7 de noviembre de 1981 unos ladrones rompieron la urna y se llevaron los huesos, dejando la cabeza y la máscara. La policía los recuperó cinco semanas después, el 13 de diciembre, día de su fiesta.
Tradiciones del día de Santa Lucía
Siracusa
Siracusa celebra su fiesta con una procesión que sale de la catedral, en la isla de Ortigia. Una estatua de plata de casi cuatro metros, hecha por Pietro Rizzo en 1599 y que guarda reliquias de la santa, va sobre los hombros de hombres con gorros verdes hasta la basílica de Santa Lucía del Sepulcro, donde queda durante la octava.

Muchos sicilianos no comen pan ni pasta el 13 de diciembre. Comen cuccía: trigo entero cocido, dulce con ricota y azúcar, o salado, según la receta de cada familia. La costumbre se une a la leyenda de la hambruna: el pueblo, dicen, tenía tanta hambre que coció el grano de los barcos sin molerlo.

El norte de Italia y Escandinavia
En Bérgamo, Brescia, Verona y otras ciudades del norte de Italia, Santa Lucía trae regalos a los niños la noche del 12 de diciembre, con un burrito. En Suecia, la costumbre de Lucía se documenta por primera vez en 1764: antes del alba del 13 de diciembre, una joven vestida de blanco con luces en el pelo despertaba a la familia con café y bollos de azafrán. Hoy escuelas, iglesias y pueblos de Suecia, Noruega y Finlandia eligen a una Lucía que encabeza la procesión con corona de velas.

"Por Santa Lucía mengua la noche y crece el día"
En España, el refranero guarda a Santa Lucía en un dicho que todos hemos oído. Gonzalo Correas, en el siglo XVII, lo recogió así: "Por Santa Lucía mengua la noche y crece el día un paso de gallina". Los folcloristas Francisco Javier Río Aller y María Jesús García Armesto explican por qué: estos refranes nacieron antes de la reforma gregoriana del calendario, cuando "el solsticio de invierno tenía lugar el 12 de diciembre", de modo que el día de Santa Lucía la luz empezaba a crecer, aunque fuera muy poco. Hoy el día más corto es el 21 o 22 de diciembre, pero el refrán se sigue diciendo, y nos recuerda que su fiesta fue durante siglos la fiesta de la luz que vuelve.

Oración a Santa Lucía
Pedimos la intercesión de Santa Lucía sobre todo por la salud de los ojos, por los que pierden la vista y por la luz del alma. No existe una única oración antigua a ella, pero la Iglesia la nombra en dos textos de su liturgia.
En el Canon Romano, el sacerdote pide a Dios que nos conceda compartir la suerte de los apóstoles y los mártires, entre ellos "Felicidad, Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia" y todos los santos. El 13 de diciembre, el Misal Romano tiene para su memoria una oración colecta propia: pide que la intercesión gloriosa de la virgen y mártir Santa Lucía nos reanime, para que celebremos en la tierra su nacimiento para el cielo y contemplemos un día las cosas eternas. Puede encontrar el texto oficial en el misal o en el libro de la Misa del día. El "nacimiento para el cielo" es el antiguo nombre cristiano del día en que muere un mártir.
Podemos invocarla con la sencillez de siempre: "Santa Lucía, ruega por nosotros". Y les ofrecemos esta oración, escrita para este sitio:
Oración del Pastor Lyvers a Santa Lucía
Santa Lucía, virgen y mártir, que preferiste la luz de Cristo a todos los bienes de este mundo, ruega por nosotros.
Intercede ante Dios por nuestros ojos y por los de quienes amamos (nómbrelos). Acompaña a los que esperan una operación, a los que van perdiendo la vista y a los que viven en la oscuridad.
Y pide para nosotros la luz que no se apaga: una fe clara, una mirada limpia y un corazón que sepa ver a Cristo en los pobres. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Pidamos su ayuda especialmente antes de una consulta o una cirugía de los ojos, y en las noches largas de diciembre, mientras esperamos la Navidad junto con San Nicolás de Bari y la Virgen de Guadalupe.
Preguntas frecuentes
¿De qué es patrona Santa Lucía?
De la vista: de los ciegos, de quienes padecen enfermedades de los ojos y de quienes van a operarse de la vista. También es patrona de Siracusa, su ciudad natal. Otros oficios que trabajan con la vista la han adoptado, pero los ojos son su patronazgo principal.
¿Por qué Santa Lucía aparece con unos ojos en un plato?
Leyendas de la Baja Edad Media cuentan que le arrancaron los ojos antes de morir, o que ella misma se los sacó para desanimar a un pretendiente, y que Dios se los devolvió. Esos relatos no están en sus Actas antiguas y son tradicionales, pero unidos a su nombre, que significa luz, la hicieron patrona de la vista.
¿Cuándo es el día de Santa Lucía?
El 13 de diciembre, memoria obligatoria en el Calendario Romano General. Siracusa saca en procesión su estatua de plata, en Suecia y Noruega una joven con corona de velas encabeza la procesión de Lucía, y en el norte de Italia Santa Lucía trae regalos a los niños la noche del 12.
¿Cómo murió Santa Lucía?
Según sus Actas, el gobernador Pascasio quiso llevarla por la fuerza a un prostíbulo, pero ni los guardias ni una yunta de bueyes pudieron moverla, y el fuego no la quemó. Murió atravesada por una espada hacia el año 304 y, dice el relato, vivió lo suficiente para recibir la Comunión. El martirio es histórico; los demás detalles son tradicionales.
¿Qué significa el refrán "Por Santa Lucía mengua la noche y crece el día"?
Viene de antes de la reforma del calendario de 1582. Con el calendario juliano, el solsticio de invierno había retrocedido hasta el 12 de diciembre, así que el día de Santa Lucía la luz empezaba a crecer. Hoy el día más corto es el 21 o 22 de diciembre, pero el refrán sigue vivo.
¿Santa Lucía existió de verdad?
Sí. Un epitafio griego de principios del siglo V, hallado en 1894 en la catacumba de San Juan de Siracusa, dice que una joven llamada Euskia murió el día de la fiesta de Santa Lucía, y su nombre está en el Canon Romano desde al menos los tiempos de San Gregorio Magno. Muchos detalles de su historia, en cambio, son legendarios.
¿Dónde están las reliquias de Santa Lucía?
La mayor parte está en la iglesia de San Geremia, en Venecia, adonde llegaron en la década de 1860, cuando se derribó la antigua iglesia de Santa Lucía para construir la estación de tren. Siracusa conserva su sepulcro y algunas reliquias.
Fuentes
- Enciclopedia Católica (traducción de The Catholic Encyclopedia, 1910): Santa Lucía
- Francisco Javier Río Aller y María Jesús García Armesto, La duración del día en el refranero leonés, Revista de Folklore 388 (Fundación Joaquín Díaz). Refranes de Santa Lucía y su origen en el calendario juliano, con el de Correas
- The Golden Legend, volumen II: The Life of S. Lucy (traducción de Caxton, Medieval Sourcebook)
- New Liturgical Movement: The Relics of St Lucy (Gregory DiPippo, 2023)
- Svenska kyrkan Köpenhamn: Lucia
- I.Sicily (Universidad de Oxford): ISic001516, epitafio de Euskia
- Dante Alighieri, Divina Comedia: Infierno II, Purgatorio IX, Paraíso XXXII
- Misal Romano: Plegaria eucarística I (Canon Romano) y memoria de Santa Lucía, 13 de diciembre