Día de los Fieles Difuntos

El Día de los Fieles Difuntos, el 2 de noviembre, es el día en que la Iglesia católica reza por todos los que han muerto, en especial por las almas que se purifican en el purgatorio antes de entrar en el cielo. Vamos a Misa, visitamos y bendecimos las tumbas y rezamos el "Dale, Señor, el descanso eterno". No es día de precepto.
El Día de los Fieles Difuntos es el 2 de noviembre, el día en que la Iglesia reza por todos sus muertos. El 1 de noviembre celebramos a los santos del cielo. El 2 nos acordamos de todos los demás: padres y abuelos, amigos, hijos que se fueron demasiado pronto, desconocidos por los que ya nadie reza. El blanco de Todos los Santos deja paso al morado o al negro, las familias visitan las tumbas y en muchas parroquias se leen en la Misa los nombres de los que murieron durante el año.
¿Qué es el Día de los Fieles Difuntos?
Su nombre oficial es Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos. Se celebra cada 2 de noviembre. En 2026 cae en lunes; en 2027, en martes. Cuando el 2 de noviembre cae en domingo, el rito romano mantiene ese día la conmemoración de los difuntos en lugar de la Misa dominical.
No es día de precepto. Tiene sus propias oraciones de Misa, y el leccionario ofrece muchas lecturas para elegir. La primera de la lista es del libro de la Sabiduría, que en la traducción clásica de Félix Torres Amat dice así:
Las almas empero de los justos están en la mano de Dios; y no llegará a ellas el tormento de la muerte eterna.

Por qué rezamos por los difuntos: el purgatorio
Esta conmemoración descansa en una enseñanza que el Catecismo de la Iglesia Católica expone en tres números. El n. 1030 dice que "los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados", aunque tienen asegurada su salvación, "sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo". El n. 1031 añade que la Iglesia llama purgatorio a esa purificación final, "que es completamente distinta del castigo de los condenados".
El purgatorio no es una segunda oportunidad ni un infierno pequeño. Todos los que están allí se salvan. Es la última limpieza del amor antes de ver a Dios. Lo explicamos con más calma en ¿Qué es el purgatorio?.
El n. 1032 une esa doctrina con la oración. Cita el segundo libro de los Macabeos, donde Judas Macabeo manda ofrecer un sacrificio por los soldados caídos. Torres Amat traduce el versículo así:
Es pues un pensamiento santo y saludable el rogar por los difuntos, a fin de que sean libres de las penas de sus pecados.
Y el Catecismo sigue: "Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico". Termina con unas palabras de San Juan Crisóstomo: "No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos".
Los primeros cristianos lo hacían así. Cuando Santa Mónica se moría en Ostia, en el año 387, le pidió a su hijo San Agustín, según él mismo cuenta en las Confesiones (libro IX), que no se preocupara por el lugar donde la enterraran, y que solo se acordara de ella ante el altar del Señor, dondequiera que estuviera.

Historia del Día de los Fieles Difuntos
La oración por los muertos es mucho más antigua que esta fecha. Los primeros cristianos leían en la Misa los nombres de sus difuntos, escritos en unas tablillas llamadas dípticos. En el siglo VI los monasterios benedictinos recordaban a sus monjes difuntos en Pentecostés. En la España visigoda, en tiempos de San Isidoro de Sevilla (muerto en 636), había un día por los difuntos antes de Pentecostés.
San Odilón de Cluny
La fecha del 2 de noviembre la debemos a San Odilón, abad del gran monasterio de Cluny, en Borgoña, desde hacia el año 994 hasta su muerte en 1048 o 1049. Odilón mandó que todos los monasterios de su congregación celebraran cada año, el día después de Todos los Santos, una conmemoración de todos los fieles difuntos. Muchos libros fechan ese decreto en el año 998. La Enciclopedia Católica es más prudente: lo estableció "probablemente no en 998, sino después de 1030". En todo caso, la red de monasterios de Cluny llevó la costumbre por toda Europa, de diócesis en diócesis, hasta que Roma la hizo universal.

Las tres Misas: una costumbre que nació en España
El 2 de noviembre es el único día del año en que todo sacerdote católico puede celebrar tres Misas. Esta costumbre tiene raíz hispana. El papa Benedicto XV, en la constitución Incruentum Altaris, explica que nació en el Reino de Aragón, y que el 26 de agosto de 1748 el papa Benedicto XIV extendió el privilegio a todos los sacerdotes de los dominios de los reyes de España y Portugal. Así, durante más de siglo y medio, los sacerdotes de México, del Perú, de Nueva Granada o de Filipinas celebraron tres Misas por los difuntos cuando en casi todo el resto del mundo se celebraba una sola.
Benedicto XV extendió el privilegio a toda la Iglesia el 10 de agosto de 1915, en plena Primera Guerra Mundial. Dio dos razones: muchas fundaciones antiguas de Misas por los difuntos se habían perdido, y la guerra estaba matando a tantos jóvenes en la flor de la vida. Desde entonces cada sacerdote puede ofrecer tres Misas: una por la intención que él elija, una por todos los fieles difuntos y una por las intenciones del Papa.

La indulgencia plenaria por los difuntos
La Iglesia concede dos indulgencias plenarias, aplicables solo a las almas del purgatorio, según el Enchiridion Indulgentiarum, concesión 29:
- Del 1 al 8 de noviembre, cada día, a quien visite con devoción un cementerio y rece por los difuntos, aunque sea solo mentalmente.
- El 2 de noviembre, a quien visite una iglesia u oratorio y rece allí un Padre Nuestro y el Credo.
Se añaden las condiciones de siempre: confesión sacramental, comunión eucarística, oración por las intenciones del Papa y desapego de todo pecado, aun venial. Lo explicamos paso a paso en Indulgencia plenaria.
Las oraciones del Día de los Fieles Difuntos
La oración que todos sabemos de memoria viene de la antigua Misa de Réquiem:
Dales, Señor, el descanso eterno,
y brille para ellos la luz perpetua.
Descansen en paz. Amén.
Cuando se reza por una sola persona se dice: "Dale, Señor, el descanso eterno, y brille para él (o para ella) la luz perpetua. Descanse en paz. Amén". En latín: Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis. Requiescant in pace. Amen.
Recémosla muchas veces este mes, por nuestros muertos con su nombre y por los que ya no tienen quien rece por ellos. También rezamos el Salmo 129, el De profundis ("Desde lo más profundo clamé a ti, oh Señor"), y sobre todo el Rosario. El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia (n. 260) nombra entre los sufragios más frecuentes "el De profundis, el Requiem aeternam" y "el santo Rosario". Encontrará el texto completo del salmo y el modo de rezar en Rosario por los difuntos, y más oraciones en Oración por los difuntos y Oración por las almas del purgatorio.
Cuando pedimos ayuda a los santos para las almas, la tradición nos señala a San Nicolás de Tolentino, patrono de las ánimas del purgatorio, a Santa Gertrudis la Magna y a Santa Catalina de Génova, que escribió que el purgatorio es un fuego de amor.

Cómo vivimos el 2 de noviembre
La Misa. Es el mayor bien que podemos hacer por un difunto. Muchas parroquias celebran ese día una Misa por todos los que murieron durante el año, y muchas familias encargan una Misa por sus muertos.
El libro de los difuntos. Durante noviembre muchas parroquias ponen junto al altar un libro donde las familias escriben los nombres de sus muertos, que se recuerdan en todas las Misas del mes.

La visita al cementerio. Las familias limpian y pintan las tumbas, llevan flores, encienden velas y rezan. El sacerdote bendice las tumbas con agua bendita. El Directorio (n. 260) pide que esta visita sea "una muestra de la relación que existe entre el difunto y sus allegados", y no una obligación vivida con temor supersticioso.
La novena y el octavario. El mismo n. 260 menciona "la novena de los difuntos como preparación y el octavario como prolongación de la Conmemoración del 2 de Noviembre". En muchos pueblos se reza un rosario cada tarde de esos días.
Las comidas de estos días. En Ecuador se prepara la colada morada, una bebida espesa de maíz morado y frutas, con las guaguas de pan. En los Andes del Perú y de Bolivia se comparten panes y dulces junto a la tumba. Son costumbres de familia que acompañan la oración.

El Día de Muertos, visto desde la fe
En México, el 1 y el 2 de noviembre son el Día de Muertos. La UNESCO lo inscribió en 2008 en su lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Describe la fiesta como el tiempo en que se celebra "el retorno transitorio a la tierra de los familiares y seres queridos fallecidos", y la llama una "fusión entre ritos religiosos prehispánicos y fiestas católicas". El centro es la ofrenda: un altar en casa con las fotografías de los difuntos, velas, flores de cempasúchil, pan de muerto y la comida que les gustaba. En la costumbre popular, el 1 de noviembre se recuerda a los niños, los "angelitos", y el 2 a los adultos.

Para la mayoría de las familias mexicanas, la fiesta y la conmemoración católica son una sola cosa. Encargan Misas por sus muertos, rezan el Rosario en el panteón y ponen un crucifijo o una imagen de la Virgen de Guadalupe en la ofrenda. Vivida así, la ofrenda es memoria y oración.
La Iglesia pide también discernimiento. El Directorio (n. 258) advierte contra "la invocación de los muertos para prácticas adivinatorias" y contra el riesgo de que se insinúen formas de creencia en la reencarnación. Y el n. 257 pide educar estas costumbres con la fe, sin apresurarse a tratarlas como restos del paganismo. Nuestros muertos no vuelven a comer de la ofrenda: los recordamos con cariño y los encomendamos a Dios, que es quien puede darles el descanso. Tampoco hay que confundir el Día de Muertos con el culto a la llamada "Santa Muerte", que los obispos de México han rechazado y que no es una devoción católica.
Una oración para terminar
Dales, Señor, el descanso eterno, y brille para ellos la luz perpetua. Que las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el Día de los Fieles Difuntos?
Es la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, el día del año en que la Iglesia reza por todos los que murieron en Cristo. Se celebra el 2 de noviembre, el día después de Todos los Santos. La Iglesia enseña que muchos de los que mueren en amistad con Dios todavía necesitan purificarse, y que nuestras oraciones, y sobre todo la Misa, los ayudan.
¿El 2 de noviembre es día de precepto?
No. El Día de los Fieles Difuntos no es día de precepto, aunque muchos católicos van a Misa ese día, y cada sacerdote puede celebrar tres Misas por los difuntos. El día de precepto es el 1 de noviembre, Todos los Santos, según lo que haya decidido la conferencia episcopal de cada país.
¿Qué oración se reza el Día de los Fieles Difuntos?
La más conocida es: "Dales, Señor, el descanso eterno, y brille para ellos la luz perpetua. Descansen en paz. Amén". También se reza el Salmo 129 (el De profundis), el Rosario por los difuntos y el Oficio de difuntos de la Liturgia de las Horas.
¿Qué diferencia hay entre el Día de los Fieles Difuntos y el Día de Muertos?
El Día de los Fieles Difuntos es una conmemoración litúrgica de toda la Iglesia. El Día de Muertos es la gran fiesta popular de México del 1 y 2 de noviembre, que la UNESCO describe como una fusión de ritos prehispánicos y fiestas católicas, con ofrendas, cempasúchil, pan de muerto y noches en el panteón. Para muchas familias mexicanas son una sola celebración: llevan a Misa los nombres de sus muertos y rezan el Rosario junto a la tumba.
¿Cómo se gana la indulgencia plenaria por los difuntos?
Del 1 al 8 de noviembre, visitando con devoción un cementerio y rezando por los difuntos, aunque sea mentalmente. El 2 de noviembre también se gana visitando una iglesia y rezando un Padre Nuestro y el Credo. Se añaden la confesión, la comunión y la oración por las intenciones del Papa. La explicamos paso a paso en nuestra página sobre la indulgencia plenaria.
Fuentes
- Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1030-1032: La purificación final o purgatorio (vatican.va)
- Catholic Encyclopedia (1911): St. Odilo. La fecha del decreto de San Odilón, "probablemente no en 998 sino después de 1030"
- Benedicto XV, constitución apostólica Incruentum Altaris (10 de agosto de 1915), texto italiano. El origen aragonés de las tres Misas, la concesión de Benedicto XIV (1748) para los reinos de España y Portugal y su extensión a toda la Iglesia
- Congregación para el Culto Divino, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia (2001), nn. 248-260
- Penitenciaría Apostólica, Enchiridion Indulgentiarum, 4.ª edición (1999), texto latino, concesión 29
- UNESCO, Patrimonio Cultural Inmaterial: Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos (México)
- La Sagrada Biblia, traducida de la Vulgata por Félix Torres Amat (1823-1825), Internet Archive. Texto de 2 Macabeos 12, 46 y Sabiduría 3, 1 (ortografía actualizada)