¿Qué es el purgatorio?

Ilustración en estilo fresco de almas que suben desde unas llamas suaves hacia un ángel que se inclina para tomarlas de la mano y llevarlas a la luz dorada

¿Qué es el purgatorio? Es la purificación final de quienes mueren en gracia y amistad de Dios, pero todavía no del todo purificados. Toda alma del purgatorio está salvada y entrará en el cielo. La Iglesia llama purgatorio a esta purificación (Catecismo 1030-1031) y siempre ha ayudado a esas almas con misas, oraciones, limosnas e indulgencias.

¿Qué es el purgatorio?

¿Qué es el purgatorio? Es la purificación final de los amigos de Dios. Cuando una persona muere en gracia, unida a Cristo y perdonada, pero todavía no del todo libre de las huellas del pecado, Dios termina en ella la obra que comenzó en su bautismo. El Catecismo de la Iglesia Católica lo dice en una sola frase (n. 1030): quienes mueren "en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo".

El número siguiente (1031) añade dos cosas que nunca debemos olvidar. La Iglesia llama purgatorio a esta purificación final "de los elegidos", y es "completamente distinta del castigo de los condenados". Todas las almas del purgatorio están salvadas. Todas verán a Dios. No hay en el purgatorio un alma que todavía pueda perderse.

Así que cuando decimos que un ser querido quizá esté en el purgatorio, no decimos nada sombrío. Decimos que esperamos que haya muerto en amistad con Dios y que ya recorre el último tramo del camino a casa. Y decimos que todavía podemos ayudarlo.

La Virgen María entronizada con el Niño entre nubes y querubines, mientras abajo las almas entre llamas oscuras la miran pidiendo ayuda
Pedro Machuca pintó en 1517 a la Virgen entronizada en el cielo mientras las almas, abajo, levantan los ojos hacia ella pidiendo misericordia. ⓘLa Virgen y las ánimas del purgatorio

Por qué hace falta una purificación

Jesús dijo: "Bienaventurados los que tienen puro su corazón: porque ellos verán a Dios" (Mateo 5, 8, en la traducción de Torres Amat). Y el Apocalipsis dice de la Jerusalén del cielo que en ella no entrará nada manchado. La mayoría de nosotros, si somos sinceros, todavía no tenemos el corazón del todo puro. Podemos estar perdonados, incluso de pecados graves, y seguir apegados a la comodidad, a salirnos con la nuestra, a pequeños rencores y a costumbres que nunca dejamos del todo.

El Catecismo lo explica con la antigua distinción entre la culpa del pecado y su pena temporal (n. 1472). El pecado grave nos separa de Dios, y esa pérdida es la pena eterna, que Dios perdona en el sacramento de la Penitencia. Pero todo pecado, incluso el venial, deja un apego desordenado a las criaturas que necesita purificarse, aquí en la tierra o después de la muerte. El Catecismo aclara que esas penas no son una venganza que Dios impone desde fuera, sino algo que brota de la naturaleza misma del pecado. Una mano quemada sigue sanando después de que el fuego se apagó; un alma que amó lo que no debía necesita tiempo, o algo parecido al tiempo, para aprender a amar bien.

Benedicto XVI, en su encíclica sobre la esperanza, describe así a la mayoría de nosotros: en lo más hondo seguimos abiertos a Dios, pero esa apertura está cubierta por nuevos compromisos con el mal. El purgatorio es donde esa capa se cae.

El purgatorio en la Biblia

La palabra "purgatorio" no está en la Biblia, como tampoco está la palabra "Trinidad". La enseñanza, dice la Iglesia, nace de la Escritura leída dentro de la tradición viva de la Iglesia. Citamos los textos en la traducción católica de Félix Torres Amat, hecha de la Vulgata a comienzos del siglo XIX.

2 Macabeos 12, 46: rezar por los difuntos

El texto más claro está en el segundo libro de los Macabeos. Después de una batalla, hacia el año 163 antes de Cristo, Judas Macabeo encontró amuletos paganos bajo las túnicas de sus soldados muertos. No los dio por perdidos. Hizo una colecta y envió doce mil dracmas de plata a Jerusalén "a fin de que se ofreciese un sacrificio por los pecados de estos difuntos". El autor sagrado concluye:

Es pues un pensamiento santo y saludable el rogar por los difuntos, a fin de que sean libres de las penas de sus pecados. (2 Macabeos 12, 46)

El Catecismo cita este versículo (n. 1032) como raíz de la práctica de la Iglesia. Rezar por los muertos solo tiene sentido si algunos de ellos todavía pueden ser ayudados: no los santos del cielo, que ya no necesitan nada, ni los condenados, a quienes ya nada ayuda, sino las almas que están en camino.

Judas Macabeo con armadura y manto rojo de pie entre sus soldados sobre los cuerpos de los caídos, mientras un anciano sacerdote con turbante blanco se arrodilla en primer plano
Rubens y su taller pintaron hacia 1635 la escena de 2 Macabeos 12: Judas de pie ante sus soldados caídos, en cuyos cuerpos se hallaron los objetos prohibidos, antes de enviar la ofrenda por sus pecados. ⓘJudas Macabeo encuentra los objetos paganos en los caídos y reza por sus almas

1 Corintios 3, 15: "como quien pasa por el fuego"

San Pablo escribe que cada cristiano construye sobre el único cimiento, Jesucristo, unos con oro y plata, otros con madera, heno y paja. El día del Señor, el fuego probará la obra de cada uno:

Si la obra de otro se quemare, será suyo el daño: no obstante él no dejará de salvarse; si bien como quien pasa por el fuego. (1 Corintios 3, 15)

El Catecismo menciona este versículo al hablar del fuego purificador (n. 1031), y Benedicto XVI le dedicó un pasaje entero de Spe salvi (n. 46): una persona puede salvarse y descubrir que parte de lo que construyó se quema, de modo que "para salvarse es necesario atravesar el 'fuego' en primera persona".

Mateo 12, 32: perdón "en la otra" vida

Jesús dijo que a quien hable contra el Espíritu Santo "no se le perdonará ni en esta vida, ni en la otra". San Gregorio Magno, citado por el Catecismo (n. 1031), sacó la conclusión sencilla: "algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro". Lo escribió hacia el año 593, y no estaba inventando nada: repetía lo que la Iglesia ya creía.

Un grupo de almas, hombres y mujeres de distintas edades, entre llamas rojizas, con los rostros y las manos levantados hacia lo alto en súplica
Alonso Cano pintó en 1636 estas ánimas del purgatorio, hoy en el Museo de Bellas Artes de Sevilla: hombres y mujeres que levantan el rostro y las manos, esperando. ⓘ

Lo que enseña la Iglesia: los concilios

La fe en el purgatorio se vivió mucho antes de definirse. El Catecismo dice que la Iglesia formuló su doctrina sobre el purgatorio "sobre todo en los Concilios de Florencia y de Trento".

El Concilio de Florencia (1439)

En Florencia se reunieron los obispos del Occidente latino y del Oriente griego para sanar el cisma que los separaba. La bula de unión, Laetentur caeli, firmada en julio de 1439, expresó la fe común sobre los difuntos. En traducción nuestra:

si los verdaderos penitentes mueren en el amor de Dios antes de haber satisfecho con dignos frutos de penitencia por lo que hicieron y omitieron, sus almas son purificadas después de la muerte con penas purificadoras; y para aliviarlas de esas penas les aprovechan los sufragios de los fieles vivos, es decir, los sacrificios de misas, las oraciones, las limosnas y otras obras de piedad.

Fíjese en lo que el concilio no dijo. No habló de un fuego, de un lugar ni de un número de años. Enseñó tres cosas: que los penitentes que mueren en el amor de Dios son purificados después de la muerte; que esa purificación es dolorosa; y que nuestras oraciones los ayudan.

El Concilio de Trento (1563)

Un siglo después, en su última sesión, en diciembre de 1563, el Concilio de Trento publicó un breve Decreto sobre el purgatorio. En la traducción castellana de Ignacio López de Ayala (Madrid, 1785), que citamos con la ortografía actualizada, enseña que "hay Purgatorio; y que las almas detenidas en él reciben alivio con los sufragios de los fieles, y en especial con el aceptable sacrificio de la misa". Y luego se dirige a los obispos:

Exclúyanse empero de los sermones, predicados en lengua vulgar a la ruda plebe, las cuestiones muy difíciles y sutiles que nada conducen a la edificación, y con las que rara vez se aumenta la piedad.

Tampoco debían permitir que se divulgaran "cosas inciertas", ni lo que tocara en "curiosidad, o superstición", o tuviera "resabios de interés o sórdida ganancia". Trento quería que la doctrina se enseñara con claridad y que las especulaciones se callaran. Sigue siendo un buen consejo. La Iglesia enseña que hay una purificación y que podemos ayudar; nunca ha definido cómo se siente, dónde está ni cuánto dura.

Dante con túnica roja sostiene su libro abierto junto a las murallas de Florencia, con la montaña del purgatorio que se eleva en terrazas detrás de él y la puerta del infierno a la izquierda
Domenico di Michelino pintó en 1465, en la catedral de Florencia, a Dante con la montaña del purgatorio a sus espaldas: la imagen del poeta para la subida hacia Dios. ⓘDomenico di Michelino, según Alesso Baldovinetti, Dante y los tres reinos

La enseñanza más reciente

San Juan Pablo II, en la audiencia general del 4 de agosto de 1999, dijo que el término purgatorio "no indica un lugar, sino una condición de vida", y que quienes se purifican "ya están en el amor de Cristo, que los libera de los residuos de la imperfección". También dijo que esa purificación "no es una prolongación de la situación terrena, como si después de la muerte se diera una ulterior posibilidad de cambiar el propio destino". La elección se hace en esta vida. El purgatorio es para quienes eligieron a Dios.

Benedicto XVI añadió una meditación que consuela a muchos. En Spe salvi (n. 47) escribió que "algunos teólogos recientes piensan que el fuego que arde, y que a la vez salva, es Cristo mismo, el Juez y Salvador". Ante su mirada toda falsedad se deshace. "Pero es un dolor bienaventurado, en el cual el poder santo de su amor nos penetra como una llama."

Lo que hacían los primeros cristianos

La Iglesia rezó por sus difuntos desde el principio, y esa costumbre es el testimonio más fuerte de la fe en el purgatorio.

  • Hacia el año 203, en una cárcel de Cartago, la joven mártir Santa Perpetua rezó por su hermanito Dinócrates, muerto de una enfermedad a los siete años. En una primera visión lo vio sediento en un lugar oscuro; después de varios días de oración vio ese mismo lugar lleno de luz, y al niño limpio, bien vestido y refrescado.
  • Hacia el año 211, Tertuliano escribió en De Corona que cada año, en el aniversario de su muerte, los cristianos hacían ofrendas por los difuntos. El día de la muerte era, para ellos, el día del nacimiento a la vida eterna.
  • En el año 387, en Ostia, Santa Mónica, a punto de morir, pidió a sus hijos que se acordaran de ella "ante el altar del Señor", como cuenta su hijo San Agustín en las Confesiones. Agustín no pensó que su santa madre ya no necesitaba nada; la quería demasiado para eso. Rezó por ella, como lo han hecho desde entonces todas las familias cristianas.
Ilustración en estilo fresco paleocristiano de creyentes que rezan con los brazos levantados ante una tumba en una catacumba romana
Los primeros cristianos rezaban por sus difuntos ante las tumbas de las catacumbas.

Lo que escribieron los santos

Santa Catalina de Génova: el fuego del amor

Nadie ha escrito sobre el purgatorio con más alegría que Santa Catalina de Génova (1447-1510), la noble genovesa que pasó décadas cuidando enfermos en el hospital de Pammatone. Su enseñanza, puesta por escrito por su confesor y sus discípulos y publicada en 1551, es el Tratado del purgatorio. La citamos en traducción nuestra de la versión inglesa de 1874, que es de dominio público.

Ilustración en estilo grabado de Santa Catalina de Génova, con vestido oscuro y velo sencillo, atendiendo a un enfermo en una larga sala de hospital
Santa Catalina de Génova atiende a un enfermo en el hospital de Pammatone, donde sirvió la mayor parte de su vida.

Catalina empieza con algo que sorprende a casi todos los lectores: las almas del purgatorio están contentas.

No hay paz comparable a la de las almas del purgatorio, salvo la de los santos del paraíso, y esta paz crece sin cesar por el influjo de Dios en esas almas, que aumenta a medida que se quitan los impedimentos.

El impedimento, dice, es "la herrumbre del pecado", y el fuego la va consumiendo, de modo que el alma refleja cada vez mejor al verdadero sol, que es Dios. No finge que sea indoloro: las almas sufren tormentos que no se pueden describir, y el dolor más hondo es la tardanza en llegar a Dios. Lo compara con el hambre: imagine que en todo el mundo hubiera un solo pan capaz de saciar toda hambre, y un hombre que todavía no puede alcanzarlo. Lo que distingue a esas almas de las condenadas es la esperanza:

Pero las almas del purgatorio tienen la esperanza segura de verlo y de quedar enteramente saciadas; por eso soportan toda hambre y todo dolor hasta el momento en que entren en la posesión eterna de este pan, que es Jesucristo, nuestro Señor, nuestro Salvador y nuestro Amor.

Y en el capítulo 8 escribe la frase que ha consolado a tantas familias en duelo:

Veo que, por parte de Dios, el paraíso no tiene puertas: entra el que quiere. Porque Dios es todo misericordia, y sus brazos abiertos están siempre extendidos para recibirnos en su gloria.

No es Dios quien retiene al alma, dice Catalina. Es el alma la que, al ver la pureza de Dios y sus propias manchas, prefiere arrojarse a mil infiernos antes que presentarse así ante la majestad divina, y por eso va al purgatorio pronto y de buena gana. El purgatorio es un don que el alma acepta con amor.

Otros santos y las benditas ánimas

  • San Gregorio Magno cuenta en sus Diálogos la historia de un monje llamado Justo, por quien se ofrecieron treinta misas en treinta días después de su muerte. De ahí viene la costumbre de las "misas gregorianas". El relato es tradicional; la práctica está aprobada y muchas comunidades religiosas la siguen ofreciendo.
  • San Nicolás de Tolentino, fraile agustino muerto en 1305, es el patrono de las almas del purgatorio. Su vida cuenta que un fraile difunto al que había conocido se le apareció de noche y le rogó que ofreciera misas por él y por las demás almas; Nicolás lo hizo durante siete días y supo que muchas ya estaban con Dios. La historia es tradicional.
  • Santa Gertrudis la Magna rezaba sin cesar por las benditas ánimas. La conocida "oración de Santa Gertrudis" es un texto posterior, como explicamos en nuestra página de oración por las almas del purgatorio.
  • Santa Teresa de Jesús fue pintada muchas veces en la Nueva España rezando por las ánimas, como en el lienzo atribuido a Luis Juárez que reproducimos abajo.
  • Santo Tomás de Aquino y San Roberto Belarmino dieron a la enseñanza de la Iglesia su forma teológica clásica.
Santa Teresa de Jesús, con hábito carmelita y capa blanca, arrodillada en su celda con un libro en las manos, mientras al fondo se ven las almas entre llamas y un ángel que baja hacia ellas
Un lienzo novohispano atribuido a Luis Juárez muestra a Santa Teresa de Jesús en oración mientras, al fondo, un ángel baja hacia las almas del purgatorio. ⓘLuis Juárez (atribuido); Luisalvaz (foto), Santa Teresa orando por las ánimas del purgatorio

El Purgatorio de Dante (escrito hacia 1308-1320), la segunda parte de la Divina Comedia, es la imagen más famosa del purgatorio que se haya hecho: una montaña por la que las almas arrepentidas suben terraza tras terraza cantando salmos. Es un gran poema cristiano, no doctrina de la Iglesia, pero capta algo verdadero. El purgatorio de Dante está lleno de esperanza, y nadie en la montaña quiere volver a bajar.

Grabado de un gran ángel alado de pie sobre el agua a la luz de la mañana mientras una multitud de almas vestidas con túnicas llega a la orilla, observada por Dante y Virgilio
El grabado de Gustave Doré para el canto II del Purgatorio muestra al ángel que trae una barca llena de almas salvadas a la orilla de la montaña, cantando al desembarcar. ⓘLa barca de las almas, del Purgatorio de Dante

Lo que el purgatorio no es

Como el purgatorio se ha pintado y predicado de tantas maneras, conviene decir con claridad lo que la Iglesia no enseña.

  • No es una segunda oportunidad. El purgatorio es solo para quienes mueren en gracia de Dios. No rescata a nadie del infierno, y nadie que esté en el purgatorio puede perderse.
  • No es un infierno pequeño. El Catecismo dice que esta purificación es "completamente distinta del castigo de los condenados". Santa Catalina de Génova dice que esas almas tienen paz.
  • No es un lugar en el mapa. San Juan Pablo II lo llamó "una condición de vida". Las llamas de los cuadros son imágenes.
  • No es una sala de espera medida en años. Los antiguos "días" y "años" de las indulgencias se referían a las penitencias de la Iglesia primitiva, no al tiempo en el purgatorio, y San Pablo VI los suprimió en 1967. Benedicto XVI escribió que su duración no se puede calcular "con las medidas cronométricas de este mundo".
  • No es la ira de Dios. Es su misericordia que termina su obra, para que podamos verlo cara a cara.
María coronada por el Padre y el Hijo con el Espíritu Santo en forma de paloma, rodeada de filas de santos, con la tierra y un crucifijo debajo y, en la parte más baja, las almas del purgatorio sacadas por los ángeles
Enguerrand Quarton, en su Coronación de la Virgen de 1454, puso a las almas del purgatorio en la parte más baja del cuadro, donde los ángeles las sacan hacia la corte del cielo. ⓘLa coronación de la Virgen

Cómo ayudamos a las benditas ánimas

Aquí la doctrina se vuelve práctica, y se vuelve amor. La Iglesia siempre ha enseñado que los vivos pueden ayudar a los difuntos. El Catecismo (n. 1032) cita a San Juan Crisóstomo: "No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos".

Ofrezca misas

El Concilio de Trento dijo que las almas reciben alivio "en especial con el aceptable sacrificio de la misa". Pida a su parroquia una misa por un padre, una madre, un esposo o un amigo difunto, en el aniversario de su muerte, en su cumpleaños o cualquier día. El estipendio es una ofrenda acostumbrada, no un precio; a nadie se le niega una misa por no poder darlo.

Ilustración en estilo óleo de un anciano y su hija arrodillados en una misa de entre semana ofrecida por la esposa y madre difunta
Un viudo y su hija rezan en una misa de entre semana ofrecida por la esposa y madre que perdieron.

Rece por ellas

La oración más sencilla es la que reza la Iglesia misma:

Dales, Señor, el descanso eterno, y brille para ellos la luz perpetua. Descansen en paz. Amén.

Muchas familias la dicen después de la bendición de la mesa o al final del rosario. El salmo 129, el De profundis, es el gran salmo de la Iglesia por los difuntos. Encontrará estas y otras oraciones, con su fuente, en nuestras páginas de oración por los difuntos y de oración por las almas del purgatorio. También se puede ofrecer por ellas la Coronilla de la Divina Misericordia.

Gane indulgencias para ellas

La indulgencia es la ayuda de la Iglesia para borrar la pena temporal de pecados ya perdonados, y la Iglesia permite aplicar cualquier indulgencia a los difuntos. Del 1 al 8 de noviembre, quien visita con devoción un cementerio y reza por los difuntos, aunque sea mentalmente, puede ganar cada día una indulgencia plenaria aplicable solo a las almas del purgatorio, con las condiciones de siempre. Nuestra guía de la indulgencia plenaria explica las condiciones.

Dé limosna y haga obras de misericordia

El Catecismo (n. 1032) recomienda "las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos". Pagar la misa de exequias de alguien que no tiene familia, visitar la tumba de un pariente olvidado, dar a los pobres en memoria de alguien: todo eso se puede ofrecer por un alma.

Viva noviembre

Noviembre es el mes de las benditas ánimas. Empieza con el Día de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos. En México, en Polonia, en Italia, en Filipinas y en tantos otros lugares, las familias llenan los cementerios de velas y flores, y en muchas parroquias se escriben en un libro los nombres de los difuntos para rezar por ellos todo el mes.

Un amplio cementerio de noche iluminado por miles de velas rojas y blancas sobre las tumbas bajo un cielo azul oscuro
Miles de velas brillan sobre un cementerio parroquial de Sosnowiec, Polonia, la noche de Todos los Santos, mientras las familias rezan por sus difuntos. ⓘ

Una oración por las benditas ánimas

Terminemos donde la Iglesia termina cada misa de difuntos, confiados en la misericordia de Dios. Rezamos por nuestros difuntos con su nombre, y por los que no tienen a nadie que rece por ellos:

Dales, Señor, el descanso eterno, y brille para ellos la luz perpetua. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén.

Santa Mónica solo pidió que se acordaran de ella en el altar. Eso mismo nos piden las benditas ánimas. Un día, si Dios quiere, seremos nosotros quienes se lo pidamos a los que vengan después.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el purgatorio en palabras sencillas?

Es la última limpieza que algunos de los salvados reciben después de la muerte, antes de entrar en el cielo. El Catecismo dice que quienes mueren "en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados", están seguros de su salvación eterna, pero se purifican después de morir. Es una misericordia, no un castigo de los condenados.

¿El purgatorio está en la Biblia?

La palabra no, pero la enseñanza se apoya en la Escritura: 2 Macabeos 12, 46 ("Es pues un pensamiento santo y saludable el rogar por los difuntos"), 1 Corintios 3, 15 (se salvará "como quien pasa por el fuego") y Mateo 12, 32, donde Jesús habla de un pecado que no se perdonará "ni en esta vida, ni en la otra", lo que da a entender que otros sí se perdonan.

¿El purgatorio es un lugar?

No como lo es una ciudad. San Juan Pablo II dijo en 1999 que este término "no indica un lugar, sino una condición de vida". El fuego, las llamas y la montaña de los cuadros son imágenes de una purificación real del alma por el amor de Dios.

¿El purgatorio es una segunda oportunidad?

No. Todos los que están en el purgatorio ya se salvaron: murieron en amistad con Dios. El purgatorio no cambia el destino eterno de nadie. Completa la sanación de quienes ya van camino del cielo. Juan Pablo II lo dijo con claridad: no es una prolongación de la vida terrena en la que se pudiera cambiar el propio destino.

¿Cuánto tiempo dura el purgatorio?

La Iglesia nunca lo ha dicho. Benedicto XVI escribió en Spe salvi que no podemos calcular "con las medidas cronométricas de este mundo" la duración de esa purificación. Por eso seguimos rezando por nuestros difuntos durante años y dejamos el resto a Dios.

¿Cómo puedo ayudar a las almas del purgatorio?

Sobre todo, ofreciendo misas por ellas. Después, con la oración (el Descanso eterno, el rosario, el De profundis), con limosnas y obras de misericordia ofrecidas por ellas, y ganando indulgencias a su favor, en especial la indulgencia plenaria por visitar un cementerio del 1 al 8 de noviembre.

¿Las almas del purgatorio rezan por nosotros?

La Iglesia no lo ha definido, pero el Catecismo (n. 958) dice que nuestra oración por los difuntos "puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor". Muchos santos, como San Alfonso María de Ligorio, enseñaron que las benditas ánimas rezan por quienes las ayudan.

¿Quién es el santo patrono de las almas del purgatorio?

San Nicolás de Tolentino, fraile agustino del siglo XIII, es el patrono más conocido de las benditas ánimas. Santa Gertrudis la Magna y Santa Catalina de Génova también están muy unidas a ellas, y la Virgen del Carmen es invocada desde hace siglos como su madre y protectora.

Fuentes

  1. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1019-1065 (III. La purificación final o purgatorio, nn. 1030-1032)
  2. El sacrosanto y ecuménico Concilio de Trento, traducido por Ignacio López de Ayala (Madrid: Imprenta Real, 1785), sesión XXV, Decreto sobre el purgatorio
  3. Concilio de Florencia, sesión 6 (1439), bula Laetentur caeli (Papal Encyclicals Online, en inglés). Citada en traducción nuestra
  4. La Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat (edición de 1884): 2 Macabeos 12, Mateo 5 y 12, 1 Corintios 3
  5. San Juan Pablo II, Audiencia general del 4 de agosto de 1999: El purgatorio, purificación necesaria para el encuentro con Dios
  6. Benedicto XVI, Spe salvi (2007), nn. 45-48
  7. Santa Catalina de Génova, Tratado del purgatorio, en Life and Doctrine of Saint Catherine of Genoa (Nueva York, 1874; CCEL, en inglés). Citas de los capítulos 1, 2, 6 y 8, en traducción nuestra
  8. The Passion of Perpetua and Felicity (New Advent, en inglés)