San Agustín de Hipona
San Agustín de Hipona (354-430) fue un profesor de retórica del norte de África que se convirtió en Milán en el año 386 y llegó a ser obispo de Hipona. Escribió las Confesiones y La ciudad de Dios, y la Iglesia lo honra como Doctor de la Gracia. Su fiesta es el 28 de agosto, y es patrono de los teólogos.
reportado Su biógrafo Posidio cuenta que, en su última enfermedad, Agustín impuso las manos a un enfermo que se las pedía y que este se fue curado.
¿Quién fue San Agustín?
San Agustín fue un obispo del África romana y el más leído de todos los Padres de la Iglesia. Nació en el año 354 en Tagaste, un pueblo de la actual Argelia, hijo de un padre pagano y de una madre cristiana, Santa Mónica. Creció listo y ambicioso. Estudió y enseñó retórica, vivió años con una mujer con la que nunca se casó, entró en una secta llamada de los maniqueos y pasó de Cartago a Roma y de Roma a Milán buscando una carrera y buscando la verdad. En un jardín de Milán, en el verano del año 386, con treinta y un años, entregó su vida a Cristo. Pasó el resto de ella, más de cuarenta años, como monje, sacerdote y obispo en la ciudad portuaria de Hipona.
Escribió más que ningún otro Padre de la Iglesia. Sus Confesiones, una larga oración a Dios en la que cuenta su vida, se siguen leyendo dieciséis siglos después, y La ciudad de Dios marcó durante mil años la manera en que Occidente pensó la historia. Benedicto XVI, que le dedicó cinco catequesis en 2008, lo llamó "el Padre más grande de la Iglesia latina" y dijo que, al leerlo, no sentía que hablaba con un hombre muerto hacía mil seiscientos años, sino con "un amigo, un contemporáneo". Celebramos su fiesta el 28 de agosto.

La vida de San Agustín
Casi todo lo que sabemos de su juventud lo contó él mismo. Las Confesiones, escritas hacia el año 400, cuando ya era obispo, narran su historia hasta la muerte de su madre en 387. La Vida de Agustín de su amigo Posidio, obispo de Calama, cuenta sus años de sacerdote y obispo.
Infancia en Tagaste
Su padre, Patricio, era un concejal de pocos medios y pagano, aunque se bautizó antes de morir. Su madre lo hizo marcar con la cruz y recibir la sal de los catecúmenos, los candidatos al bautismo, pero no lo bautizó; era costumbre entonces dejarlo para más tarde. Tenía un hermano, Navigio, y una hermana que, ya viuda, fue superiora de un monasterio de mujeres.
Fue a la escuela en Tagaste y en Madaura, y nunca le gustó el griego. Las Confesiones recuerdan una noche en que él y sus amigos robaron peras de un huerto vecino, no por hambre sino por el gusto de hacer algo prohibido, y se las tiraron a los cerdos. Mirando atrás, aquel robo pequeño le enseñó cómo una persona puede amar el mal por el mal mismo.

Cartago y los maniqueos
En el año 370 se fue a estudiar a Cartago, la gran ciudad del África romana. "Llegué a Cartago, y por todas partes me rodeaba el chisporroteo de amores vergonzosos", escribe. Se juntó con mala compañía, frecuentó el teatro y, todavía adolescente, empezó a vivir con una mujer cuyo nombre nunca dice. Ella le dio un hijo hacia el año 372, Adeodato, "dado por Dios". Agustín le fue fiel unos quince años.
A los diecinueve años leyó el Hortensio de Cicerón, un libro hoy perdido, y se enamoró de la sabiduría. Probó a leer la Biblia y le pareció tosca al lado de Cicerón. Entonces se unió a los maniqueos, que se presentaban como los verdaderos cristianos, prometían respuestas por la sola razón y explicaban el mal como un poder igual al bien. Benedicto XVI señala que esa adhesión le permitía además seguir con su compañera y progresar en su carrera. Estuvo con ellos unos nueve años, como "oyente", y arrastró consigo a varios amigos. La desilusión llegó cuando Fausto, el famoso maestro maniqueo, por fin visitó Cartago y no supo responder a sus preguntas.

Roma y Milán
En 383 se embarcó hacia Roma, escabulléndose de noche mientras su madre rezaba en una capilla del puerto.

Después de una enfermedad grave en Roma, consiguió en 384 la cátedra de retórica de Milán, donde vivía la corte imperial. Fue a escuchar al obispo, San Ambrosio, al principio para estudiar su estilo, pero el contenido lo fue alcanzando. Ambrosio leía el Antiguo Testamento como un camino hacia Cristo, y las viejas objeciones de Agustín contra la Biblia empezaron a caerse.
Mónica lo siguió a Milán. Por su insistencia se comprometió con una muchacha de buena familia, demasiado joven todavía para casarse, y la madre de Adeodato fue enviada de vuelta a África. Agustín dice que ella hizo voto de no unirse a ningún otro hombre, y que a él se le quedó el corazón "desgarrado, herido y sangrando". De esa época es la frase más citada que escribió sobre sí mismo: de joven había rezado "dame castidad y continencia, pero no todavía" (VIII, 7).

El jardín de Milán
Los filósofos platónicos lo convencieron de que Dios es espíritu y de que el mal no tiene ser propio. Después se puso a leer las cartas de San Pablo. Ya creía, dice, pero no se decidía a cambiar de vida. Dos historias lo empujaron al borde: la conversión del famoso retórico Victorino y la de dos funcionarios de la corte que lo dejaron todo después de leer la vida de San Antonio Abad.
A finales del verano de 386, sentado en el jardín de la casa donde vivía con su amigo Alipio, se derrumbó. Se apartó a llorar bajo una higuera, preguntándose "¿Hasta cuándo? ¿Mañana, y mañana?". Entonces, en las Confesiones (VIII, 12), llega el momento que se ha pintado durante mil años: oyó desde una casa vecina la voz de un niño o de una niña, "no sé", que repetía cantando: tolle, lege; tolle, lege, "toma y lee; toma y lee".
No recordaba ningún juego infantil con esas palabras. Se acordó de que Antonio se había convertido por un solo versículo del Evangelio, volvió al lugar donde había dejado el libro de las cartas de Pablo, lo abrió y leyó lo primero que encontró: "No en comilonas y borracheras, no en lechos y lujurias, no en contiendas y envidias, sino revestíos del Señor Jesucristo, y no os preocupéis de la carne para satisfacer sus concupiscencias" (Rm 13, 13-14). No quiso leer más, ni le hacía falta, escribe: todas las sombras de la duda se disiparon. Alipio leyó el versículo siguiente y lo acompañó. Entraron a contárselo a Mónica, que saltó de alegría.

El bautismo
Agustín dejó su cátedra y pasó el otoño y el invierno en una casa de campo de un amigo en Casiciaco, al norte de Milán, con Mónica, Adeodato y unos pocos amigos, leyendo los salmos y escribiendo diálogos filosóficos. Lo bautizó Ambrosio en la Vigilia Pascual del año 387, la noche del 24 de abril, junto con Adeodato y Alipio. Una historia medieval cuenta que esa noche Ambrosio y Agustín compusieron el Te Deum cantando versos alternos. Es una leyenda sin fundamento, pero Gozzoli escribió las primeras palabras del himno detrás de la pila.

Ostia y la muerte de su madre
Aquel otoño la familia esperó en Ostia, el puerto de Roma, un barco para África. Asomados a una ventana que daba al jardín, Agustín y Mónica hablaron de la vida eterna hasta que, dice él, rozaron por un instante la Sabiduría de Dios "con todo el impulso del corazón". Días después ella enfermó, y al noveno día murió. La historia, del libro IX de las Confesiones, está en la página de Santa Mónica.

Sacerdote y obispo de Hipona
De vuelta en África en 388, Agustín renunció a sus bienes y vivió con amigos en una pequeña comunidad de oración y estudio en Tagaste, donde murió el joven Adeodato. En 391 fue a la ciudad portuaria de Hipona, a unos cien kilómetros, a ver a un funcionario que, según Posidio, había prometido dejar el mundo si lo escuchaba hablar. Estaba en la iglesia cuando el obispo, Valerio, dijo al pueblo que necesitaba un sacerdote. La gente lo tomó y lo llevó adelante para que lo ordenaran, "mientras él lloraba abundantemente".

Fundó un monasterio junto a la iglesia, y en el año 395 fue consagrado obispo. Convirtió la casa episcopal en un monasterio para su clero, que renunció a la propiedad privada. Predicaba varias veces por semana, ayudaba a los pobres y a los huérfanos, juzgaba pleitos, respondía cartas de todo el mundo romano y acudía a los concilios de Cartago.

Donatistas y pelagianos
Dos grandes controversias llenaron sus años de obispo. Los donatistas eran una Iglesia rival en África, tan grande como la católica, que enseñaba que los sacramentos dados por sacerdotes indignos no valían. Agustín respondió que la Iglesia en la tierra reúne a santos y pecadores, y que es santa por Cristo, no por sus miembros. Al principio solo quiso el diálogo; después de años de violencia de bandas donatistas, que casi mataron a su amigo Posidio, aceptó las leyes imperiales contra ellos, aunque suplicó a los magistrados que nunca aplicaran la pena de muerte.
Los pelagianos, seguidores del monje britano Pelagio, enseñaban que una persona puede vivir sin pecado con su libre voluntad y su esfuerzo. Agustín, que recordaba bien su propia impotencia, respondió que todo deseo bueno, incluso el primer paso hacia Dios, es un don de la gracia. Por esos escritos se le llama desde entonces Doctor de la Gracia.

La ciudad de Dios
En el año 410 los godos de Alarico saquearon Roma. Llegaron refugiados a África, y los paganos echaron la culpa del desastre al abandono de los viejos dioses por Cristo. Agustín respondió con La ciudad de Dios, veintidós libros escritos entre 413 y 426 aproximadamente. Cuenta la historia humana como la historia de dos ciudades mezcladas hasta el fin de los tiempos: "Dos amores fundaron dos ciudades: la terrena, el amor de sí hasta el desprecio de Dios; la celestial, el amor de Dios hasta el desprecio de sí" (XIV, 28).
Al final de su vida releyó todos sus libros y escribió las Retractaciones, con lo que ahora corregiría.

El asedio de Hipona y la muerte
El 26 de septiembre de 426, Agustín reunió al pueblo en la basílica de la Paz de Hipona para presentarle a su sucesor, el sacerdote Heraclio. Benedicto XVI cuenta que la asamblea lo aprobó repitiendo veintitrés veces: "¡Demos gracias a Dios! ¡Alabemos a Cristo!". En 429 los vándalos pasaron de España a África, y en el verano de 430 rodeaban Hipona, donde se habían refugiado varios obispos, Posidio entre ellos.
En el tercer mes del asedio Agustín cayó enfermo. Solía decir que ningún cristiano, por bueno que fuera, debía morir sin penitencia. Posidio cuenta que mandó copiar los salmos penitenciales "y pidió que colgaran las hojas en la pared de enfrente, de manera que desde la cama, durante su enfermedad, los podía ver y leer, y lloraba intensamente sin interrupción". Los últimos diez días pidió que nadie entrara en su cuarto, salvo los médicos o quien le llevaba la comida.

Murió el 28 de agosto de 430, a los setenta y cinco años. "No hizo testamento", escribe Posidio, "porque, como pobre de Dios, no tenía de qué hacerlo". Pidió solo que se conservara la biblioteca de la iglesia. Hipona cayó en manos de los vándalos al año siguiente, pero sus libros se salvaron.
Los milagros de San Agustín
A San Agustín lo honramos por su enseñanza, no por sus prodigios, y vivió mucho antes de que la Iglesia examinara formalmente los milagros. Ninguno de los que se le atribuyen es un milagro aprobado.
- Reportado: Posidio, que estuvo con él al final, cuenta que en su última enfermedad un hombre le llevó a un pariente enfermo, diciendo que un sueño le había mandado pedirle a Agustín que le impusiera las manos. Agustín respondió que, si tuviera ese poder, lo habría usado primero consigo mismo; pero le impuso las manos, y el enfermo se fue curado.
- Reportado: Agustín mismo registraba con cuidado los milagros de otros santos. En La ciudad de Dios (XXII, 8) cuenta curaciones en los santuarios de San Esteban en África que había hecho poner por escrito y leer en la iglesia.
- Tradicional: la Leyenda dorada medieval habla de apariciones de Agustín y de curaciones en su sepulcro.
- Tradicional: el niño de la playa, que contamos más abajo, y el primer Te Deum la noche de su bautismo.

La historia del cuadro de Carpaccio sale de una carta atribuida falsamente a Agustín y es solo tradicional. El Agustín real y San Jerónimo sí se escribieron.
¿De qué es patrono San Agustín?
De los teólogos. Su enseñanza sobre la gracia, el pecado original, la Iglesia y la Trinidad recorre toda la teología medieval, pasa por Santo Tomás de Aquino y llega hasta hoy. La Iglesia lo cuenta entre los cuatro primeros Doctores de Occidente, con Ambrosio, Jerónimo y Gregorio Magno.
De los religiosos agustinos. La breve Regla de San Agustín, sacada de sus escritos sobre la vida en común, la siguen los agustinos, los canónigos regulares, los dominicos y muchas congregaciones de religiosas. De la Orden de San Agustín han salido santos como Santa Rita de Casia y San Nicolás de Tolentino, y en 2025 un fraile agustino, Robert Prevost, fue elegido papa con el nombre de León XIV. En su primer día se presentó así: "Soy agustino, hijo de San Agustín". Su lema, In Illo uno unum, "En Él, que es uno, somos uno", está tomado de un comentario de Agustín al salmo 127.
De los conversos. Porque su conversión llegó después de una larga búsqueda, le pedimos, junto con su madre, que interceda por los que se han alejado de la fe.
De los cerveceros. Las listas populares lo nombran también patrono de los cerveceros, por la juventud desordenada que dejó atrás.
Símbolos de San Agustín en el arte
En una iglesia o un museo, busque estas señales:
- Un corazón en llamas o atravesado por una flecha: su atributo más personal, el amor de Dios que, en sus propias palabras, lo encendía. El cuadro de Champaigne del comienzo de esta página lo muestra con un corazón ardiente. La flecha recuerda lo que escribe en las Confesiones sobre el corazón herido por el amor de Dios. El escudo del papa León XIV lleva un libro con un corazón atravesado por una flecha.
- Vestiduras de obispo espléndidas: mitra enjoyada, báculo y capa bordada, a menudo más lujosas que las de otros obispos.
- Un libro y una pluma: por las Confesiones, La ciudad de Dios y sus muchos otros libros, como en los estudios de Botticelli y de Carpaccio.
- Un hábito negro con correa de cuero: en las imágenes hechas para los frailes agustinos, que lo vestían.
- Un niño en la playa con una concha o una cuchara, junto a un hoyo en la arena.

La historia del niño de la playa es una leyenda medieval tradicional, que no está en sus escritos. Agustín paseaba junto al mar pensando en la Santísima Trinidad y vio a un niño que echaba agua del mar en un hoyo con una cuchara. Cuando le dijo que era imposible, el niño le respondió que más fácil sería vaciar el mar en aquel hoyo que meter la Trinidad en su entendimiento, y desapareció.
La mayoría de los frescos de esta página son del ciclo de su vida que pintó Benozzo Gozzoli en 1464 y 1465 en la iglesia agustina de San Gimignano, en la Toscana.
Fiesta de San Agustín y dónde se le venera
La Iglesia celebra su memoria el 28 de agosto, el día en que murió, justo después de la de su madre, el 27. La Iglesia ortodoxa recuerda al "bienaventurado Agustín" el 15 de junio. Puede ver más fiestas en el santoral católico.
Pavía: su tumba
Agustín fue enterrado en Hipona. En fecha incierta su cuerpo fue llevado a Cerdeña y, hacia el año 725, a la iglesia de San Pietro in Ciel d'Oro, en Pavía, en el norte de Italia, donde descansa todavía, dentro del Arca de San Agustín, un sepulcro de mármol blanco terminado en 1362. Benedicto XVI peregrinó allí el 22 de abril de 2007 y dijo que venía a venerar los restos mortales de san Agustín para rendirle "el homenaje de toda la Iglesia católica".

Annaba, la antigua Hipona
Sobre las ruinas de Hipona, en la ciudad argelina de Annaba, se levanta la basílica de San Agustín, construida a finales del siglo XIX. Desde la colina se ven las calles y termas excavadas de la ciudad donde predicó casi cuarenta años.

Oraciones de San Agustín
Las oraciones más conocidas de San Agustín son sus propias palabras: las Confesiones están escritas de principio a fin como una oración a Dios. Las que siguen son nuestra traducción del texto latino; las traducciones castellanas más difundidas tienen derechos de autor.
"Nuestro corazón está inquieto" (Confesiones I, 1)
Grande eres, Señor, y muy digno de alabanza; grande es tu poder, y tu sabiduría no tiene medida.
Tú nos mueves a deleitarnos en alabarte, porque nos hiciste para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.
"Tarde te amé" (Confesiones X, 27)
Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, ¡tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí, y yo fuera, y por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, y yo no estaba contigo. Me retenían lejos de ti esas cosas que, si no estuvieran en ti, no existirían.
Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y ahuyentaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora suspiro por ti; gusté de ti, y ahora tengo hambre y sed; me tocaste, y ardo en deseos de tu paz.
"Da lo que mandas" (Confesiones X, 29)
Toda mi esperanza está solo en tu inmensa misericordia. Da lo que mandas, y manda lo que quieras.
Esta breve oración es la que escandalizó al monje Pelagio, y la que mejor resume lo que Agustín aprendió: que Dios mismo nos da la fuerza para cumplir lo que nos pide. San Agustín, ruega por nosotros.
Frases de San Agustín verificadas
San Agustín es de los autores antiguos más citados, y muchas veces con palabras que nunca escribió. Cada frase de esta lista lleva su libro y capítulo para que pueda encontrarla. Las traducciones son nuestras, del original latino.
De las Confesiones (hacia 397-400)
- "Grande eres, Señor, y muy digno de alabanza." (Libro I, capítulo 1, las primeras palabras del libro.)
- "Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti." (I, 1.)
- "Llegué a Cartago, y por todas partes me rodeaba el chisporroteo de amores vergonzosos." (III, 1, sobre sus años de estudiante.)
- "Dame castidad y continencia, pero no todavía." (VIII, 7. Cita contra sí mismo la oración de su juventud.)
- "Toma y lee, toma y lee." (VIII, 12, la voz del jardín de Milán, tolle, lege.)
- "¿Qué amo cuando te amo?" (X, 6.)
- "Y van los hombres a admirar las cumbres de los montes, las olas enormes del mar, el ancho curso de los ríos, la inmensidad del océano y el giro de los astros, y se olvidan de sí mismos." (X, 8.)
- "Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva." (X, 27.)
- "Da lo que mandas, y manda lo que quieras." (X, 29.)
- "Mi peso es mi amor; él me lleva adondequiera que voy." (XIII, 9.)
De otras obras
- "Dos amores fundaron dos ciudades: la terrena, el amor de sí hasta el desprecio de Dios; la celestial, el amor de Dios hasta el desprecio de sí." (La ciudad de Dios, XIV, 28.)
- "Sin la justicia, ¿qué son los reinos sino grandes bandas de ladrones?" (La ciudad de Dios, IV, 4.)
- "Ama y haz lo que quieras." (Homilías sobre la primera carta de San Juan, 7, 8. Habla del amor de caridad, y sigue: si callas, calla por amor; si gritas, grita por amor.)
- "Para ustedes soy obispo, con ustedes soy cristiano." (Sermón 340, 1, citado por el Concilio Vaticano II en Lumen gentium, 32, y por el papa León XIV a los periodistas en 2025.)
Frases que no son de San Agustín
- "Odia el pecado y ama al pecador." No son sus palabras, aunque se acercan a su pensamiento. En su Carta 211, una regla para una comunidad de religiosas, pide corregir las faltas "con amor a las personas y odio a los vicios".
- "El mundo es un libro, y quienes no viajan leen solo una página." Nunca se ha encontrado en ninguna de sus obras.
- "Reza como si todo dependiera de Dios y trabaja como si todo dependiera de ti." No está en sus escritos. Una máxima parecida circula con el nombre de San Ignacio de Loyola.
- "En lo esencial, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad." Este lema es del siglo XVII, más de mil años posterior a Agustín.
Las frases auténticas de Agustín casi siempre son oraciones o argumentos, dirigidos a Dios o a un lector al que quiere ganar. Si una frase no suena a ninguna de las dos cosas, conviene comprobarla.
Preguntas frecuentes
¿Quién fue San Agustín?
Un ciudadano romano del norte de África, nacido en Tagaste en el año 354, que fue profesor de retórica, pasó nueve años con los maniqueos y se convirtió al cristianismo en Milán en 386. Fue bautizado por San Ambrosio en 387 y fue obispo de Hipona desde el año 395 hasta su muerte en 430. Benedicto XVI lo llamó "el Padre más grande de la Iglesia latina".
¿Cuándo es la fiesta de San Agustín?
El 28 de agosto, aniversario de su muerte en el año 430. Es memoria obligatoria en el calendario católico. Un día antes, el 27 de agosto, celebramos a su madre, Santa Mónica. La Iglesia ortodoxa lo recuerda el 15 de junio.
¿De qué es patrono San Agustín?
De los teólogos, por su enorme influencia en toda la teología cristiana, y de las órdenes y congregaciones que siguen su Regla. Muchos le piden, junto con Santa Mónica, la conversión de un ser querido. Las listas populares lo nombran también patrono de los cerveceros, por la juventud desordenada que dejó atrás.
¿Qué significa "tolle, lege"?
Es latín y quiere decir "toma y lee". En las Confesiones (libro VIII, capítulo 12) Agustín cuenta que oyó a un niño o una niña de una casa vecina repetir esas palabras como en un canto. Abrió las cartas de San Pablo, leyó Romanos 13, 13-14, y terminó su larga lucha.
¿Cuál es la frase más famosa de San Agustín?
La del comienzo de las Confesiones (libro I, capítulo 1): "Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti". Otras muy conocidas son "Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva" (X, 27) y "Ama y haz lo que quieras" (Homilías sobre la primera carta de San Juan, 7, 8). Más abajo están todas con su fuente.
¿San Agustín era africano?
Sí. Nació, trabajó y murió en el África romana, en lo que hoy es Argelia, y solo vivió unos cinco años en Italia. Escribía en latín. Benedicto XVI recordó que nunca aprendió el púnico, la lengua de sus paisanos.
¿Dónde está enterrado San Agustín?
En la basílica de San Pietro in Ciel d'Oro, en Pavía, Italia, dentro de un sepulcro de mármol de 1362 llamado el Arca. Su cuerpo fue llevado primero a Cerdeña y, hacia el año 725, a Pavía. Benedicto XVI peregrinó a su tumba en abril de 2007.
¿Qué significa el corazón en llamas en las imágenes de San Agustín?
Es su amor ardiente por Dios, tomado de sus propios escritos, donde habla de un corazón herido y encendido por el amor de Dios. A veces lo atraviesa una flecha. Es su atributo más común, junto con las vestiduras de obispo y un libro.
Fuentes
- Agustín, Confessiones, texto latino (The Latin Library). Texto latino de los libros I, III, VIII, X y XIII, del que traducimos las frases de esta página
- Posidio, Vida de San Agustín (trad. inglesa de H. T. Weiskotten, 1919)
- Benedicto XVI, Audiencia general del 9 de enero de 2008: San Agustín (1), la vida
- Benedicto XVI, Audiencia general del 16 de enero de 2008: San Agustín (2), los últimos años y la muerte. La elección de Heraclio en 426, el asedio de Hipona y el traslado del cuerpo a Pavía
- Benedicto XVI, homilía en Pavía ante la tumba de San Agustín (22 de abril de 2007)
- Juan Pablo II, carta apostólica Augustinum Hipponensem (28 de agosto de 1986)
- Enciclopedia Católica: San Agustín de Hipona (traducción de la Catholic Encyclopedia de 1907)
- Liliana Montes, «La huella de San Agustín en el Papado de León XIV», EWTN News (13 de abril de 2026)