Santa Mónica
Santa Mónica (hacia 331-387) fue una esposa y madre cristiana del norte de África, la madre de San Agustín de Hipona. Durante unos diecisiete años rezó y lloró por su hijo, hasta verlo convertido en Milán en el año 386. Su fiesta es el 27 de agosto y es patrona de las madres, las esposas y los matrimonios difíciles.
tradicional Agustín cuenta que, en la travesía hacia Italia, Mónica tranquilizó a los marineros en plena tormenta porque Dios le había prometido en una visión que llegarían a salvo.
¿Quién fue Santa Mónica?
Santa Mónica fue una mujer cristiana del norte de África que vivió en el siglo IV, y la recordamos sobre todo por una cosa: nunca dejó de rezar por su hijo. Ese hijo fue San Agustín de Hipona. Agustín abandonó la fe que ella le había enseñado, vivió años con una mujer con la que no se casó y entró en una secta que su madre consideraba una blasfemia. Mónica lloró y rezó por él, lo siguió por mar hasta Italia y vivió para verlo bautizado. Murió pocos meses después en Ostia, el puerto de Roma, con cincuenta y seis años.
Casi todo lo que sabemos de ella nos lo contó su hijo. En las Confesiones, escritas unos diez años después de su muerte, Agustín narra su vida como una larga oración dirigida a Dios, y su madre aparece en página tras página. El libro IX termina con un retrato de ella y el relato de su muerte. Mónica no dejó nada escrito. Las frases de las Confesiones que citamos aquí son traducción nuestra del original latino.

La vida de Santa Mónica
Una niña cristiana en Tagaste
Mónica nació hacia el año 331 o 332 en una familia cristiana de Tagaste, un pueblo de la provincia romana de Numidia, la actual Souk Ahras, en Argelia. Agustín dice que la educó menos su madre que una criada anciana de la casa, una mujer severa que no dejaba a las niñas beber ni agua fuera de las comidas, para que no se acostumbraran a un vicio que después las seguiría en el matrimonio.
Agustín cuenta también una historia que su madre le confió a él mismo (IX, 8). De niña la mandaban a sacar vino de la tinaja, y empezó a probar un sorbito antes de echarlo en la jarra. Poco a poco, sorbo a sorbo, llegó a beberse casi una copa entera. Un día, la criada que bajaba con ella a la bodega se peleó con la niña y, para herirla, la llamó meribibula, "borrachina". Mónica vio que era verdad, "y al instante lo condenó y lo dejó". Agustín comenta que a veces los enemigos que pelean nos corrigen más que los amigos que adulan.
Esposa de Patricio
En cuanto tuvo edad, la casaron con Patricio, un miembro del concejo de Tagaste que era pagano. No era un hombre fácil. Agustín reconoce que su padre le fue infiel y que tenía un genio violento. Mónica nunca le discutía mientras estaba enojado: esperaba a que se calmara y entonces le explicaba con serenidad lo que había hecho.

Muchas mujeres de Tagaste, escribe Agustín, llevaban en la cara las marcas de los golpes de sus maridos, y se asombraban de que nadie supiera que Patricio hubiera golpeado jamás a su esposa. Cuando le preguntaban el secreto, ella les aconsejaba, medio en broma, que cuidaran su lengua. Lo que su hijo admiraba era la paz que ella mantuvo en un hogar duro. Con su suegra, a quien los chismes de las esclavas habían puesto en su contra, hizo lo mismo: la ganó con paciencia y mansedumbre. Y cuando dos amigas peleadas le decían cosas amargas la una de la otra, ella no repetía más que lo que podía reconciliarlas.

Sus hijos y la conversión de su esposo
Mónica y Patricio tuvieron al menos tres hijos: Agustín, nacido en el año 354, otro hijo llamado Navigio, y una hija. Mónica hizo inscribir a Agustín como catecúmeno, pero no lo bautizaron de niño. Su paciencia con Patricio dio fruto: al final de su vida, escribe Agustín, ella lo ganó para Dios, y él recibió el bautismo antes de morir, hacia el año 371. Mónica, viuda a los cuarenta años, no volvió a casarse y gastó de lo suyo para que Agustín siguiera estudiando en Cartago.

Lágrimas por un hijo perdido
En Cartago, Agustín vivió para el placer y el éxito. Tomó una compañera, con la que tuvo un hijo, Adeodato, y a los diecinueve años entró en la secta de los maniqueos, que enseñaba que el mundo lo gobiernan dos poderes iguales, el bien y el mal. Cuando volvió a casa hablando como ellos, su madre no quiso sentarlo a su mesa.
Entonces tuvo un sueño (III, 11). Se vio de pie sobre una regla de madera, llorando, cuando se le acercó un joven radiante y alegre que le preguntó por qué lloraba cada día. Ella le dijo que lloraba la perdición de su hijo. El joven le pidió que mirara bien, y ella vio a Agustín de pie a su lado, sobre la misma regla. Agustín quiso darle la vuelta al sueño: significaba, le dijo, que algún día ella pensaría como él. Mónica respondió sin dudar: "No; no se me dijo: donde está él, allí estarás tú, sino: donde estás tú, allí estará él". Agustín confiesa que esa respuesta lo impresionó más que el propio sueño.

"El hijo de tantas lágrimas"
Mónica fue a ver a un obispo, que Agustín no nombra, y le rogó que hablara con su hijo para sacarlo del error. El obispo se negó con prudencia: el muchacho estaba demasiado entusiasmado con la novedad para escuchar, y era mejor dejarlo y rezar por él, porque leyendo descubriría solo su error. Le contó que él mismo había sido maniqueo de joven y había salido de la secta por su cuenta. Mónica insistió entre lágrimas, hasta que el obispo, ya fastidiado, le dijo las palabras que la hicieron famosa (III, 12):
Vete en paz, que así vivas: no es posible que se pierda el hijo de tantas lágrimas.
Ella, cuenta Agustín, recordaba muchas veces esa respuesta "como si hubiera sonado del cielo". Pasaron todavía unos nueve años antes de que él saliera de aquella oscuridad.

La noche en el puerto de Cartago
En el año 383 Agustín decidió irse a enseñar a Roma. Mónica lo siguió hasta el mar y no quería dejarlo partir sin ella. Él la engañó: le dijo que solo iba a despedir a un amigo que esperaba viento para zarpar, y la convenció de pasar la noche en una capilla cercana dedicada al mártir San Cipriano. Esa noche se embarcó. "Le mentí a mi madre", escribe, "¡y a qué madre!" (V, 8).
Ella pasó la noche rezando y llorando para que Dios no lo dejara navegar. Agustín vio años después que Dios no le concedió lo que pedía aquella noche para concederle lo que pedía siempre: su conversión.

Milán y San Ambrosio
Cuando Agustín pasó de Roma a una cátedra en Milán, Mónica cruzó el mar para reunirse con él. En una tormenta, cuenta su hijo (VI, 1), ella consolaba a los mismos marineros, asegurándoles que llegarían a salvo porque Dios se lo había prometido en una visión. Encontró a Agustín ya fuera de los maniqueos, pero todavía no católico, y le dijo con calma que estaba segura de verlo católico antes de morir.

En Milán escuchaba a San Ambrosio como a un ángel de Dios. Un episodio muestra su humildad (VI, 2). En África acostumbraba llevar a las tumbas de los mártires pasteles, pan y vino, como hacían muchos cristianos. En Milán el portero se lo impidió, porque Ambrosio lo había prohibido: se prestaba a borracheras y se parecía demasiado a las ofrendas paganas a los muertos. Mónica obedeció al instante, sin discutir, y desde entonces llevó a los mártires un corazón lleno de oraciones y dio a los pobres lo que antes llevaba a las tumbas. Ambrosio, por su parte, felicitaba a Agustín cada vez que lo veía por tener una madre así.

El jardín y el bautismo
A finales del verano del año 386, en un jardín de Milán, Agustín oyó una voz de niño que cantaba "toma y lee", abrió las cartas de San Pablo y se entregó a Cristo. Fue con su amigo Alipio a contárselo enseguida a su madre, que saltó de alegría y bendijo a Dios: le había pedido la conversión de su hijo y Dios le daba más, porque Agustín había decidido también dejar el matrimonio y servirle solo a Él. En la Vigilia Pascual del año 387, Ambrosio bautizó en Milán a Agustín, a su hijo Adeodato y a Alipio.
La ventana de Ostia y la muerte de Santa Mónica
Aquel otoño la familia emprendió el regreso a África. En Ostia, mientras esperaban el barco, madre e hijo se quedaron solos, apoyados en una ventana que daba al jardín de la casa, hablando de cómo sería la vida eterna de los santos (IX, 10). Agustín cuenta que su conversación fue subiendo por encima de todas las cosas creadas hasta tocar por un instante, con todo el impulso del corazón, la Sabiduría eterna. Mónica le dijo entonces:
Hijo, por lo que a mí toca, ya nada me deleita en esta vida. No sé qué hago aquí ni por qué sigo aquí, cumplida ya mi esperanza en este mundo. Una sola cosa me hacía desear quedarme un poco más en esta vida: verte cristiano católico antes de morir. Dios me lo ha concedido con creces, pues te veo despreciar la felicidad terrena y entregado a su servicio. ¿Qué hago aquí?
A los cinco días cayó enferma de fiebre. Siempre había querido que la enterraran junto a Patricio en África, pero cuando su hijo Navigio dijo que ojalá muriera en su tierra, ella lo miró con reproche y les dijo a los dos (IX, 11):
Pongan este cuerpo en cualquier parte; no se preocupen por él. Solo les pido que se acuerden de mí ante el altar del Señor, dondequiera que estén.
A unos amigos que le preguntaban si no le daba miedo dejar su cuerpo tan lejos de su ciudad, les respondió: "Nada está lejos para Dios". Murió al noveno día de su enfermedad, a los cincuenta y seis años.

Agustín le cerró los ojos y contuvo el llanto. El joven Adeodato rompió a llorar y lo hicieron callar. Su amigo Evodio tomó el salterio y empezó a cantar el salmo 101, "Cantaré la misericordia y la justicia", y toda la casa le respondía. Solo más tarde, a solas, Agustín se permitió llorar por ella y por sí mismo.

Reliquias y devoción a Santa Mónica
Mónica fue enterrada en Ostia. Según la Enciclopedia Católica, en el siglo VI su cuerpo pasó a una cripta escondida en la iglesia de Santa Áurea, y durante siglos quedó casi olvidada. La iglesia actual de Santa Áurea, en el viejo burgo de Ostia Antica, está en el mismo lugar.

Su culto empezó a extenderse en el siglo XIII, con una fiesta el 4 de mayo, y los frailes agustinos lo difundieron en el siglo XV. En 1430 el papa Martín V mandó llevar sus reliquias a Roma. La misma enciclopedia dice que en el camino ocurrieron muchos milagros, que aquí clasificamos como reportados. El cardenal Guillaume d'Estouteville construyó después en Roma la iglesia de San Agustín y colocó las reliquias de Mónica en una capilla a la izquierda del altar mayor, donde se veneran todavía.

En 1850 se fundó en París, en Notre-Dame de Sion, una asociación de madres cristianas bajo su patrocinio, para rezar unas por otras por sus hijos y maridos alejados de Dios. En 1856 fue elevada a archicofradía y se extendió por el mundo católico, hasta Buenos Aires.
Los milagros de Santa Mónica
A Santa Mónica no la honramos por sus prodigios, sino por su fe, su paciencia y su oración.
- Tradicional: el sueño de la regla de madera y la visión en el mar que le permitió tranquilizar a los marineros. Agustín los cuenta tal como ella se los contó; son experiencias personales, no milagros examinados por la Iglesia.
- Reportado: los "muchos milagros" que, según la Enciclopedia Católica, ocurrieron durante el traslado de sus reliquias de Ostia a Roma en 1430.
- Reportado: las conversiones de hijos y esposos que tantas madres han atribuido a su intercesión a lo largo de los siglos. Son testimonios privados.
¿De qué es patrona Santa Mónica?
De las madres, sobre todo las que tienen hijos alejados de la fe. No hay maternidad de santa mejor documentada. Agustín dice que su madre lo dio a luz dos veces: en la carne, para esta vida, y en el corazón, para la vida eterna.
De las esposas y los matrimonios difíciles. Vivió muchos años con un marido infiel y de mal genio sin pleitos públicos, y lo vio bautizado antes de morir.
De las viudas. Enviudó hacia los cuarenta años y no volvió a casarse.
De los alcohólicos. Este patronazgo no tiene nada de oficial. Nace de la historia del libro IX: la niña que se aficionó al vino a escondidas y lo dejó en cuanto la avergonzaron. Las familias de personas con adicciones también acuden a ella como a la madre que nunca se dio por vencida.
Símbolos de Santa Mónica en el arte
A Santa Mónica se la reconoce fácilmente:
- Velo de viuda y hábito oscuro: casi siempre aparece como una mujer madura o anciana, de negro o gris, con toca blanca, como en el cuadro de Luis Tristán.
- Lágrimas o manos juntas: por los años que lloró por su hijo.
- Un libro: su oración y su fe, como en la figura de Gozzoli en San Gimignano.
- Un cinturón de cuero: en el arte agustiniano. Los frailes contaban la leyenda de que la Virgen dio una correa a Mónica, y las cofradías de la Correa la honraban.
- Junto a San Agustín: en la ventana de Ostia, en su bautismo o llevándolo a la escuela.

La mayoría de sus imágenes son posteriores a 1430, cuando sus reliquias llegaron a los agustinos de Roma. Benozzo Gozzoli la pintó varias veces en el ciclo de la vida de San Agustín de San Gimignano (1464-1465), y el cuadro de Ary Scheffer de madre e hijo en la ventana, del siglo XIX, hizo famosa la escena de Ostia.

Fiesta de Santa Mónica
Celebramos su memoria el 27 de agosto, víspera de la fiesta de San Agustín, de modo que madre e hijo quedan juntos en el calendario. Hasta 1969 su fiesta era el 4 de mayo, la fecha que conserva la Iglesia ortodoxa. Muchas madres rezan una novena a Santa Mónica del 18 al 26 de agosto, para terminarla en su fiesta.
La ciudad de Santa Mónica, en California, lleva su nombre. Se lo dieron los españoles en el siglo XVIII; una tradición local dice que unos manantiales de la zona recordaron a un fraile las lágrimas de la santa.
Oración a Santa Mónica
Circulan muchas oraciones a Santa Mónica, pero de casi ninguna se conoce el autor, y ninguna procede de ella. Estas tienen un origen claro.
La oración de la Iglesia en su fiesta
La colecta de la misa del 27 de agosto, en el Misal Romano, se dirige a Dios como consuelo de los que lloran, recuerda que Él acogió con misericordia las lágrimas de Mónica por la conversión de su hijo Agustín y le pide que, por la intercesión de los dos, lloremos nuestros pecados y alcancemos su perdón. Puede encontrar el texto oficial en el misal o en la liturgia del día de su país.
La oración de Agustín por su madre
Al final del libro IX de las Confesiones (IX, 13), Agustín reza por su madre y pide a sus lectores que recen por ella. En nuestra traducción:
Descanse, pues, en paz con su marido, antes y después del cual no tuvo otro, a quien sirvió ofreciéndote el fruto de su paciencia para ganarlo también para ti. E inspira, Señor mío y Dios mío, inspira a tus siervos, mis hermanos, a tus hijos, mis señores, a quienes sirvo con el corazón, con la voz y con la pluma, para que todos los que lean esto se acuerden ante tu altar de Mónica, tu sierva, y de Patricio, que fue su esposo.
Oración del Pastor Lyvers a Santa Mónica
Esta oración la escribió el Pastor Lyvers para esta página, para las madres y padres que rezan por un hijo alejado de la fe:
Santa Mónica, madre paciente, tú que lloraste tantos años por tu hijo sin dejar de esperar, ruega por nosotros. Presenta al Señor a nuestros hijos que se han alejado de Él (dígase su nombre). Alcánzanos tu constancia en la oración, tu mansedumbre en la casa y tu confianza en que nada está lejos para Dios. Que un día los veamos volver, como tú viste volver a Agustín, y alabemos juntos al Señor. Amén.
Sea cual sea la oración, podemos terminar como terminan todas: "Santa Mónica, ruega por nosotros".
Preguntas frecuentes
¿Quién fue Santa Mónica?
La madre de San Agustín de Hipona. Nació hacia el año 331 en Tagaste, en el África romana, se casó con un funcionario pagano llamado Patricio, lo ganó para la fe antes de que muriera y rezó durante años por la conversión de su hijo. Casi todo lo que sabemos de ella lo cuenta Agustín en sus Confesiones.
¿Cuándo es la fiesta de Santa Mónica?
El 27 de agosto, un día antes de la de su hijo San Agustín, que es el 28. Es memoria obligatoria en el calendario católico. Hasta la reforma de 1969 se celebraba el 4 de mayo, y la Iglesia ortodoxa la sigue recordando ese día.
¿De qué es patrona Santa Mónica?
De las madres y las esposas, sobre todo las que tienen hijos o maridos alejados de la fe; de las viudas y de los matrimonios difíciles. Las listas populares la nombran también patrona de los alcohólicos, por una historia de su juventud que cuenta Agustín: de niña se acostumbró a beber vino a escondidas y lo dejó en cuanto una criada se lo echó en cara.
¿Qué le dijo el obispo a Santa Mónica?
Cuando ella le rogaba llorando que hablara con Agustín para sacarlo de la secta de los maniqueos, el obispo, algo cansado de su insistencia, le dijo: "Vete en paz, que así vivas: no es posible que se pierda el hijo de tantas lágrimas" (Confesiones III, 12). Ella lo recibió como una voz del cielo.
¿Cuántos años rezó Santa Mónica por San Agustín?
Unos diecisiete años, según la Enciclopedia Católica: desde que Agustín dejó la fe siendo estudiante en Cartago hasta su conversión en el año 386. El propio Agustín dice que pasó nueve de esos años entre los maniqueos.
¿Dónde está enterrada Santa Mónica?
Sus reliquias están en la basílica de San Agustín (Sant'Agostino in Campo Marzio), en Roma, en una capilla a la izquierda del altar mayor. Murió y fue sepultada en Ostia, y el papa Martín V mandó llevar sus restos a Roma en 1430.
¿Hay una oración de Santa Mónica?
Ella no dejó escritos. La oración más antigua relacionada con ella es la que su hijo escribió por su alma al final del libro IX de las Confesiones, y la Iglesia reza en su fiesta una colecta propia. En esta página encontrará ambas, y también una oración del Pastor Lyvers por los hijos alejados de la fe.
Fuentes
- Agustín, Confessiones, libro III, texto latino (The Latin Library, ed. James J. O'Donnell). El sueño de la regla y las palabras del obispo (III, 11-12); nuestras traducciones salen de este texto
- Agustín, Confessiones, libro V, texto latino (The Latin Library). La noche en el puerto de Cartago y la capilla de San Cipriano (V, 8)
- Agustín, Confessiones, libro VI, texto latino (The Latin Library). La tormenta en el mar y la costumbre africana que Ambrosio había prohibido (VI, 1-2)
- Agustín, Confessiones, libro IX, texto latino (The Latin Library). Juventud, matrimonio, la ventana de Ostia, la muerte de Mónica y la oración de Agustín por ella (IX, 8-13)
- Enciclopedia Católica: Santa Mónica (traducción de la Catholic Encyclopedia de 1911). Traslado de las reliquias en 1430 y la asociación de madres cristianas de 1850
- Benedicto XVI, Audiencia general del 9 de enero de 2008: San Agustín (1)